jueves, 4 de agosto de 2016


Carlos Grippa: El último comerciante autóctono
Aníbal Palacios B.
 
La noticia se regó cual chisme pueblerino: de boca en boca; en poco tiempo ya todos sabían que Carlos Grippa había tirado la toalla y vendido su tienda de lencería. Su sonrisa franca y sincera que compensaba la reciedumbre de su carácter a la hora de conquistar al cliente, ya no será vista tras un mostrador. Era el 14 de julio de 2007. A las doce del mediodía Casa Grippa registró su última venta bajo la propiedad de Carlos…  
Por supuesto que la mayoría de los habitantes de esta aldea lo lamentó, entre otras razones porque Casa Grippa no sólo era un establecimiento comercial muy arraigado en la sociedad zamorana, sino porque también era una especie de centro de tertulias muy concurrido. Allí iban a parar quienes deseaban expresar cualquier preocupación sobre los problemas comunitarios a sabiendas de que la solución no estaba en manos de Carlos Grippa. Los chismes, datos e informaciones diversas de la Cámara Municipal y la Alcaldía llegaban primero a su tienda que a la redacción de cualquier periódico. Por supuesto, no faltó quien dijera ¡por fin!, y agradeciera al cielo. Es que  Carlos Grippa no era monedita de oro y en distintos ámbitos caía mal su franqueza a la hora de expresar cualquier idea, fuera esta deportiva, cultural, social o  política. 
 
Orígenes
Carlos Grippa nació hace un montón de años (23 de julio de 2007) en la hacienda Bermúdez, en los predios de Terrinca. La dinámica social lo llevó a convertirse en Maestro Rural y hoy tal vez fuese un mal pagado jubilado docente si los avatares políticos de los años cuarenta no lo hubiesen obligado a renunciar al oficio. Desde 1938 aprendió los fundamentos del  tendero de la mano de Isaac Bherger, comerciante judío de la tienda Las Cuatro Esquinas, ubicada en el lugar homónimo que el modernismo urbano se empeña en borrar como punto de referencia aldeana. Algunos dicen que aprendió a ser tacaño de ese tutor, pero ese perfil forma parte de los mitos que se han creado sobre su persona; nos consta la generosidad de Carlos con las causas en las cuales creía. Durante muchos años, después de la muerte de Miguel Lorenzo García, ningún comerciante guatireño financió tanto a las instituciones deportivas, culturales, vecinales, sociales y hasta políticas como Casa Grippa, y eso ya es mucho decir. El único aval que exigía Carlos era la honestidad del interesado.
Su famosa tienda, Casa Cultura al principio y luego por razones de registro legal, Casa Grippa, fue fundada en 1946. Con ella han tenido que ver por más de seis décadas todo el Guatire y Araira urbano y rural, porque desde Salmerón hasta Oruza, y desde Zamurito a Jericó, los lugareños venían a comprar un carrete de hilo Elefante,  o dos metros de popelina para engalanar a las niñas de la casa, porque en bisutería, mercería y confección, Casa Grippa era la tienda más surtida desde Guarenas hasta Cúpira, y además del producto se llevaban como ñapa información útil en un pueblo sin medios de comunicación de circulación regular. No fueron pocos los jóvenes que dieron sus primeros pasos como trabajadores entre los estante de esta tienda, y en los clientes más añejos todavía persiste el recuerdo de Cipriano Toro (Torito), uno de sus empleados más emblemáticos. 
 
¿Por qué se fue?
La idea de vender la tienda no era nueva, y en el hogar Arelys, Elina e Iliana, sus hijas, conjuntamente con Aida, su esposa, le insistían en que era hora de retirarse. Pero Carlos quería venderle a un comerciante criollo; tal vez fuese una excusa para no irse, porque bajo ese perfil no eran muchos los candidatos. Lo  cierto es que de repente decidió abandonar toda una vida de relaciones públicas desde tan privilegiado lugar, y como no era hombre de chinchorros, siempre lo  veíamos caminando por las calles de su pueblo y asomarse en cuanta reunión observaba, porque ese hábito no lo perdió jamás. Algunos allegados le exhortaron a escribir un libro, una especie de anecdotario pueblerino de tantas historias y cuentos que conoció o le narraron. Es que Carlos, rara avis, mantuvo una relación con su clientela no ya desde un mostrador sino desde cualquier esquina y a cada paso era saludado por infinidad de contertulios, para envidia de muchos dirigentes políticos, a quienes nadie dirige la palabra, porque para Carlos el mostrador fue una especie de tarima desde la cual supo llegarle a un pueblo al que nunca defraudó.
Metódico, Carlos esperó cumplir 91 años para despedirse de su pueblo, y un 31 de julio de 2016 arrió velas hacia ese camino desconocido, pero lo hizo desde esta aldea que tanto quiso y por la cual luchó desde diferentes frentes (político, deportivo, social, cultural). La comunidad le correspondió con genuino afecto  esa querencia, porque Carlos, tal como aquella compañía autobusera, siempre fue el amigo del pueblo.
 

viernes, 13 de mayo de 2016


Hernán Rengifo,

Un verdadero servidor público

Aníbal Palacios B.

 

 

 

La política, como actividad pública orientada a la resolución de los problemas de la comunidad en el momento en que se ejerce y la capacidad de prever las dificultades que puedan presentarse en el futuro a fin de evitarlos a través de una planificación coherente, acorde con las características sociales y culturales de esa comunidad, donde todos los factores humanos actúan de manera convergente, tuvo en Hernán Rengifo un verdadero paradigma.

 

Muy pocos, poquísimos en realidad, dirigentes políticos a quienes en la mal llamada Cuarta República les correspondió hacer vida pública en Guatire entendieron cuál es la verdadera función de un dirigente político aldeano. De la quinta ni hablar, ninguno entiende, ninguno aprende, ninguno sirve. Si dividimos la función pública guatireña en dos grandes etapas, antes y después de la dictadura de Pérez Jiménez, nos encontramos con que los dirigentes de la segunda etapa están en deuda con la población. Los dirigentes comunitarios de antes no cobraban sueldos, no disponían alegremente de los dineros públicos y solucionaban todos los problemas de la comunidad; a saber, alumbrado público, agua potable, escuelas municipales y las calles arregladitas, porque aunque eran de tierra, no tenían huecos debido a una cuadrilla de obreros municipales que ganaban poco y trabajaban mucho. Los de ahora tal vez sigan ganando poco pero son muchos, en realidad demasiados, los que cobran y no trabajan, porque en aquel entonces no existía burocracia municipal.

 

Quizás el gobernante local (Alcalde o Presidente del Concejo Municipal) que entendiera cabalmente la función pública y la ejerciera consecuentemente fue Francisco Delgado, pese a las limitaciones presupuestarias de la época. Hernán Rengifo quien no ejerció como edil en nuestra población, pero que se desenvolvió como diputado en la Asamblea Legislativa del Estado Miranda por varios períodos, jamás se desligó de su comunidad, trabajo por ella a tiempo completo y, además, consciente de que, por guatireño, no debía dedicarse exclusivamente a este pueblo porque su competencia abarcaba a todo el estado Miranda, atendió también a toda la geografía regional.

 

Amigo de todos

A la hora de ayudar a algún ciudadano, Hernán no consideraba su militancia política; adecos, copeyanos, masistas, comunistas, miristas, causaerristas, izquierdistas variopintos, independientes y ciudadanos comunes y corrientes, siempre tuvieron en él a un amigo con el que podían contar para resolver algún problema o para solventar obstáculos relacionados con las actividades políticas y sociales de cada cual. Hernán era el único dirigente político aldeano que usted sabía dónde encontrarlo cuando lo necesitaba. Particularmente nunca pude entender cómo hacía para estar en un estadio de beisbol, cancha de bolas criollas, polideportivo, una barriada, una comunidad rural, bautizo, un entierro, la biblioteca pública, la plaza 24 de Julio, un acto del CEA, una celebración del CEMAG, el San Pedro, el San Juan, las alfombras de flores en Araira, las fiestas patronales Guatire, Araira, Chuspita, Salmerón y las Barrancas, y además tener tiempo para trabajar activa y eficientemente con legislador. Parecía poseer el don de la ubicuidad.

 

Obras son amores

Ningún político guatireño y probablemente ningún dirigente regional puede mostrar un catálogo de obras gestionadas para la comunidad como las que lograra Hernán Rengifo. Y conste que jamás hizo alarde de su trabajo como servidor público. No como ahora que se gasta más dinero en promocionar una obra que lo efectivamente gastado en el trabajo mismo. La sede del CEA en el Calvario, la del CEMAG en La Rosa y de la Orquesta Municipal en la Calle Zamora. La sala de Fisiometría y la sede del San Pedro en el 23 de enero, para hablar de instituciones civiles emblemáticas de la población, son logros obtenidos gracias a la terquedad de Hernán Regnifo ante los distintos gobernadores de Miranda. Nunca le detuvo la militancia política de gobernante de turno. No se trata de un listado taxativo, es una mera referencia a obras tangibles de utilidad pública forjadas por el espíritu silencioso de trabajador social que siempre caracterizó a Hernán Rengifo.

 

No pretendemos hacer con esta nota un reconocimiento póstumo; si algún dirigente político llegó a ser respetado, apreciado y valorado durante su vida pública, ese fue Hernán Rengifo. Jamás se valió de su posición política para atropellar a nadie, jamás utilizó recursos o privilegios de su status en beneficio propio y jamás cambió su personalidad; siempre fue un hombre humilde y sencillo y así se comportó como político. En la despedida de sus amigos, observamos que eran todos los que estaban, pero no estaban todos los que eran: faltaron algunas personas, hoy dirigentes o encumbrados simpatizantes del gobierno de turno a quienes Hernán ayudó mucho en épocas de desasosiego político y personal, pero que no tuvieron vergüenza para acercarse a despedirlo, o porque simplemente ya no conocen ni reconocen a nadie que en el pasado les haya tendido la mano.

 

A Hernán Rengifo la comunidad no le debe honores porque él nunca los buscó ni trabajó en función de ello, pero el reconocimiento de su labor no es un acto de justicia política sino histórica, y la historia aldeana sabrá reconocerle los méritos que como dirigente político tuvo, y la influencia de su comportamiento público en beneficio tanto de las generaciones con las que convivió como con las futuras, porque eso fue precisamente lo que le distinguió: su visión de futuro.  

 

¡Qué vaina contigo, Henry Gil!

Aníbal Palacios B.

 

Nuestra amistad con Henry era reciente, apenas databa de unos cuatro años. Pero fue sólida y fructífera, incluso didáctica. Claro que le conocíamos desde hace mucho tiempo. ¿Quién no conocía a Henry Gil en Guarenas y Guatire? Sólo que entonces le veíamos como alguien distante y difícil, esquivo y de mal talante, ermitaño y retrechero. ¡Cuán equivocado estábamos!

 El azar quiso que coincidiésemos una tarde en la panadería de Bartolo y compartiésemos un café. Preguntó por Tere Tere, y para nuestra sorpresa supimos que lo leía con la regularidad de su edición, le gustaba y lo difundía. Por supuesto con el disenso y el consenso que cada crónica le merecía. Los encuentros continuaron por un tiempo en el mismo lugar, pero siempre fueron casuales, sólo que la conversación abarcaba aspectos relacionados con la historia aldeana y nacional, música, literatura, política, etc. Y, otra sorpresa, de repente percibimos que Henry no era el tipo antipático, desapacible y huraño que él mismo se empeñaba en aparentar sino que se trataba de un individuo abierto, generoso, inteligente, agudo y con una humildad espiritual tan grande que, ciertamente, era necesario esconderla para no ser víctima de los aprovechadores de oficio.


Poeta, trovador, compositor, bohemio, amigo

Cambiamos el lugar de encuentros vespertinos, el local de Bartolo no disponía de las comodidades que las ya largas tertulias exigían, y nos mudamos al Centro Comercial Castillejo donde Gleixis Ortega detentaba un pequeño Café llamado Aga’s, que se convirtió en nuestro centro de operaciones. Esas tertulias permitieron conocerlo más, y mejor. Respetuoso con los caballeros, galante con las damas, Henry conservaba intactas sus cualidades de poeta y en más de una ocasión nos hizo sentir mal porque mientras uno tenía que hablar parejo para llamar la atención de una dama, llegaba él, tomaba una servilleta de la mesa y en par de minutos escribía un soneto que la hacía suspirar. Afortunadamente, en beneficio de la amistad, no abusaba de sus aptitudes.

Revolucionario, de los de antes, Henry Gil siempre conservó sus ideales en defensa de las causas sociales dirigidas a los menos favorecidos económica y socialmente, y cuando le correspondió ejercer funciones públicas, no traicionó esos ideales. Las generaciones actuales quizás desconozcan la valentía con que defendió los intereses municipales guareneros ante la toda poderosa compañía eléctrica local. Sus correrías políticas no las inició, como pudiera pensarse, dentro de las filas de Acción Democrática, sino de la izquierda venezolana. Un amigo español huido del franquismo, Manolo Huelves, le dio las primeras enseñanzas en materia de teoría política y Alfredo Mechita Gil, su hermano, se las consolidó. Luego, la madurez, los amigos y uno que otro regaño de César Gil Gómez, su padre, le recondujeron al camino de la democracia partidista y representativa. Sin embargo, Henry siempre prefirió mantenerse un tanto al margen de la militancia política, mientras era amigo de unos y otros y colaboraba con todos. Es que si eres político difícilmente puedes ser amigo a carta cabal, y Henry prefería la amistad.

Un buen día se nos ocurrió llevar parte de las conversaciones cotidianas, las musicales concretamente, a la radio y surgió el programa Tertulias, a través de Millenium en principio y luego en Súper Romántica. El programa fue todo un éxito y en buena medida se le debía a Henry Gil. Mientras este cronista tenía que leer libros, buscar viejas revistas y visitar páginas web para conocer sobre algún artista, resulta que Henry Gil se había echado palos con él, compartido escenario o simplemente conversado un rato en un lejano bar dominicano o de la Isla del Encanto. Amigo y admirador, de Alfredo Sadel, Henry grabó con su sello disquero y conoció a cuanto cantante criollo y extranjero actuaba en los auditorios caraqueños, incluidos los escenarios de las radioemisoras capitalinas, porque los programas eran en vivo, y él solía estar, como muchos, en la esquina del Teatro Municipal esperando un llamado de Radiodifusora Venezuela u Ondas Populares.

Henry estuvo en una audición con el maestro Billo Frómeta cuando se fue Felipe Pirela; era un tema del cual no le gustaba hablar mucho, pero un buen día accedió a contarnos la experiencia. Era un muchacho recién casado, y luego de la exitosa audición la esposa fue a hablar con el maestro; nuestro amigo desconoce el diálogo, pero luego Billo le dijo que la vida de un cantante de orquestas no era muy compatible con la idea de un matrimonio feliz, y hasta allí llegó todo, optó por el matrimonio. ¡Estabas enamoradísimo!, comentamos. Nos dirigió una mirada fulminante y dijo: ¡No joda, nos divorciamos a los ocho meses! No pude evitar reirme.

Durante muchos años Henry Gil y Pedro Escalona formaron un admirable dúo de parrandas, serenatas, presentaciones y actividades afines y consecuentes, para llenar de satisfacciones a muchísimos guareneros y guatireños y de tribulaciones a Ana Julia Pompa, esposa de Pedro. Fue tanta la compatibilidad, la armonía y la empatía entre ambos juglares, que algunos amigos, jodedores, por lo demás, decían que Pedro era el mejor guitarrista del mundo, porque era el único que se atrevía acompañar a Henry Gil; suponemos que igual dirían en Guarenas de Juancho Carpio. Es que Henry era muy exigente con los músicos que le acompañaban y no aceptaba una nota discordante y mucho menos un instrumento desafinado, un poco cual Camejo en su época. No conoció el arrepentimiento, sus errores los asumía con responsabilidad y los trataba con seriedad, no todos los corregía. Siempre nos manifestó estar satisfecho con lo que hizo y vivió;  de volver a nacer haría lo mismo, insistía.

          
Lo que nunca supo, lo que no aceptó

De sus amigos sólo quiso respuestas a temas que le inquietaban en su afán permanente de aprendizaje, de allí que si conocía un funcionario del CIPC, o como quiera que ahora se llame, en seguida indagaba si ya habían determinado quién fue que mató a Consuelo. Al dueño de una lencería le comentó: tú eres la persona que me puede explicar cuál es la tela del juicio. Así, de un maratonista experto o de algún ingeniero de carreteras pretendía que le explicasen cuál era el término de la distancia. Su cara seria no cambiaba ante el desconcierto de los interpelados.

En cuanto observaba que una institución o una comunidad necesitaba solucionar un problema o desarrollar un proyecto para consolidarse, pretendía a incorporarse a la consecución del objetivo, olvidando que ya no tenía treinta; lo malo era que además intentaba involucrar a quienes le rodeaban, y no era sencillo hacerle entender que uno tenía suficientes responsabilidades sociales y culturales que atender y que él ya no estaba para esos trotes. Poseía una habilidad extraordinaria para llamarnos la atención sin que pareciera un regaño y a su vez la virtud de saber escuchar explicaciones sin recriminar que le parecían excusas.

Si la palabra amistad tiene algún sinónimo más espiritual que semántico, ese es Henry Gil. De ello pueden dar fe Alexis Castro, Matilde Muñoz, Rosita, Luis y Mercedes Rondón, entre tantos con quienes compartió. Nosotros siempre sabremos valorar el afecto que nos brindó y los conocimientos que compartió.

El desorden de las Órdenes


EL DESORDEN DE LAS ÓRDENES

Aníbal Palacios B.

 Los Concejales del Municipio Zamora siempre han sido displicentes a la hora de promulgar Ordenanzas relativas al reconocimiento de méritos ciudadanos. La razón es sencilla, los Ediles sólo se interesan en la ciudadanía durante el breve período legal de las campañas electorales.

 De acuerdo con la Ley del Poder Municipal las Ordenanzas son de obligatorio cumplimiento por parte de particulares y autoridades, pero en el caso de las Ordenanzas creadas para rendir homenaje a ciudadanos preocupados por el municipio, observamos una desigual lucha entre la comunidad que exige el cumplimiento cabal de la respectiva Ordenanza y las autoridades empeñadas en desobedecer sus propios mandatos para imponer candidaturas basadas en afinidades políticas o personales, algunas con méritos, la mayoría sin ellos.

 El  pecado original

Se supone que el Concejo Municipal legisla y el Alcalde ejecuta, pero si en la normativa se establece que es un Concejal (generalmente el Presidente de la Comisión correspondiente) quien asume la ejecución de la Ordenanza, la circunstancia,  además de ilegal y absurda, se convierte en una especie de ucase, coto personal del edil y por ende, inoperante. Se trata de una usurpación de poderes mediante la cual, a través de una figura llamada Consejo de la Orden,  se otorga relevancia a la discrecionalidad como herramienta jurídica; es decir al no reglamentar sus potestades, estas se convierten en actos discrecionales. Por supuesto, para evitar conflictos internos, se otorgan distintas Ordenanzas a cada Concejal, o se rota a fin de que cada cual atienda sus cuotas de  compadrazgo. En estos casos el secreto radica en que el referido Consejo de la Orden, cuya conformación aparenta una imagen de pluralidad, es designado por el Concejal de turno, conforme a sus propios criterios e intereses, amparados en una potestad extralegal. No está demás agregar que cuando hablamos de desorden nos referimos también a que en el Concejo Municipal de Zamora se desconoce el número de ordenanzas vigentes, que muchas están desactualizadas en función del nuevo régimen legislativo, que su publicación soslaya los propios parámetros que la regulan, y que los ediles manifiestan una lamentable pereza legislativa a la hora de reformarlas. Observemos algunas normativas.

 

Orden Guerrera Urquía

A falta de héroes y heroínas propias, en 2009 a los ediles se les ocurrió honrar  “…a aquellas mujeres que han desempeñado un trabajo comprobado en pro de la lucha por la igualdad de oportunidades y condiciones…”. Por lo general este tipo de ordenanzas se promulgan para honrar a ciudadanos zamoranos, pero ésta no se limita a nuestra jurisdicción, tal vez por ello los concejales ignoraron la existencias de tantas meritorias guatireñas Lo cierto es que el curriculum vitae de esta guerrera se conoce más a través de las estampitas de imágenes de la santería que de las crónicas de la historia patria. A Urquía se le atribuye como mérito haber sido la esposa del indio Guaicaipuro, obviando que la institución social del matrimonio la impusieron los españoles durante el proceso de colonización; es decir cuando Guaicaipuro ya había muerto. La poligamia regia la sociedad indígena venezolana por lo que atribuir una esposa al héroe en cuestión no es más que afán propagandístico. La norma copia un elemento recurrente en todas las demás al ofrecer una venera de oro, que se estilaba en los años sesenta cuando una onza de ese metal era accesible hasta para el más humilde de los ciudadanos. Finalmente, asumimos que la imagen de la india que debe llevar la medalla es la que cualquiera puede observar en los establecimientos de santería, la cual varía según el gusto del artista, solo deseamos que no la hayan encargado al mismo diseñador del indio de Solamey. Se desconoce si se otorgó alguna vez, porque una de las características más comunes de todas estas ordenanzas es la ausencia de registros históricos.

 Orden del educador

La Orden, de acuerdo con su texto, no es para honrar a ilustres educadores aldeanos como Belén Blanco, las hermanas Hernández, Elías Centeno, María Pittol Jaspe, Manuel Ángel González y el maestro Fermín,  sino para homenajear  “… al grupo de abnegados educadores que fundó en Venezuela la primera Organización Gremial Docente, aquel histórico 15 de Enero de 1936, así como el insigne Maestro Narciso Simón Rodríguez Guevara…”, merecido sin duda, pero excluyente. No se establece fecha de entrega y  aunque alguien pudiera inferir que se trata del día del Maestro, pues no es así. Se confiere cuando se puede, o cuando alguien se acuerda. La gramática castellana es brutalmente atropellada en esta Ordenanza y, hasta donde sabemos, la autonomía municipal no tiene competencia en materia lingüística. No hay Capitulo I y si un Capitulo II; usted tendrá que suponer que las Disposiciones Generales corresponden a ese Capítulo I; en fin, una Ordenanza, poco didáctica para tratarse de docentes.

 Orden Régulo Rico

La Orden se crea “… en atención y  como complemento a lo establecido en el Artículo 4 del Decreto Ejecutivo de fecha 25 de marzo de 1996, dictado para rendir homenaje a… Don Régulo Rico Lugo, en ocasión de celebrarse el 30 del citado mes los primeros ciento veinte años de su natalicio”. El texto completo del referente instrumento legal, así como su fecha de publicación y número de Gaceta fueron datos poco importantes para los legisladores locales. Además de las tres clases de reconocimiento, la Ordenanza prevé la entrega de un diploma “Especial” a una miríada de candidatos que nos hace suponer que al tratarse de músicos, los legisladores se imaginaron el acto como una animadísima velada musical sin costo alguno para la municipalidad. Los períodos de postulaciones se anunciarán “oportunamente”, lo cual significa que nunca se anuncian y la comunidad se entera del nombre de los agraciados el día del acto.

 Orden Rescate de la Dignidad:

Lo primero que pensamos sobre esta Orden es que los ediles no encontraron en las filas de sus organizaciones políticas personajes dignos de recibirla, a juzgar por la poca trascendencia que tuvo. Y razón no les falta, al circunscribir el ámbito de los méritos al comportamiento de esos ciudadanos durante una fecha específica, ciertamente, no hubo mucho dónde escoger. Otra particularidad de la Ordenanza es que el reconocimiento no es permanente. Fiel a la costumbre del Ejecutivo Nacional de no dar titularidad sobre las prebendas que otorga,  la Orden está sujeta a revocación,  lo que nos lleva a pensar que de haber sido acatada en toda su extensión, y en consecuencia otorgado medallas de oro de 12 kilates, los favorecidos hubiesen vendido el recuerdito, en legítimo acto previsivo.

 Orden Villa Heroica

Se trata de una Ordenanza muy original: por primera vez en la historia de la instrumentación legal del Municipio los concejales ceden las prerrogativas de su ejecución al Alcalde; así se establece en el Artículo 9° del mandato. No obstante desde su promulgación hasta la fecha los concejales se han subrogado ese derecho. Si algún ciudadano solicita una copia de esta Ordenanza le suministran un ejemplar al cual le faltan los artículos 16 al 19; esto tiene un carácter más anecdótico que trascendental porque a fin de cuenta no  es mucho la atención que le prestan los ediles a las ordenanzas. Al igual que con las demás, la discrecionalidad y el irrespeto a las formalidades establecidas en la Ordenanza genera dudas, en algunos casos inmerecidas, sobre la pertinencia de los favorecidos.

 Orden Santa Cruz de Pacairigua

Se trata de la condecoración aldeana más importante que puede recibir un ciudadano en este municipio. Creada en 1983 su  intención era “… premiar a personas e instituciones que se destaquen en alguna actividad orientada al progreso y bienestar moral o social del Distrito Zamora del Estado Miranda”. Originalmente se estableció que la Orden se confería en una sola clase, y el Consejo de la Orden lo conformaban los  Concejales. Esta Orden preveía su revocatoria por causales específicos y otorgaba al Síndico Procurador Municipal el carácter de Fiscal Instructor de las posibles averiguaciones. La Ordenanza fue reformada en 1992, y se estableció concederla en tres clases; también se modificó la conformación del Consejo de la Orden para integrar al Alcalde como Presidente del mismo, al Cronista de la Ciudad y al Presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara como miembros permanente, además de otro Concejal, un representante de las Instituciones Culturales, uno de las Asociaciones de Vecinos y otro de la Cámara de Comercio, sujetos a ratificación o relevo. Se estableció un período de postulaciones comprendido  entre el 15 de marzo y el 5 de abril y se derogó inescrupulosamente la Ordenanza anterior, y al hacerlo eliminó los elementos que otorgaban realce a la condecoración: La Insignia, el Distintivo y el Diploma, minuciosamente descritos en la Ordenanza original. Podemos afirmar que el 28 de abril de 1992 el Concejo Municipal no  reformó la Ordenanza que creaba la Orden Santa Cruz de Pacairigua, sino que promulgó una nueva, deficiente, mermada y chucuta, por lo demás.    

Pero los desaguisados legales no culminaron allí, el 25 de noviembre de 1997 los concejales vuelven a sus andadas y sancionan una reforma parcial de la Orden Santa Cruz de Pacairigua y en su Artículo 1°, como Disposición Fundamental, se crea la Orden, generando la confusión de si se trata de una reforma o una nueva normativa y como quiera que la Ordenanza sobre la Gaceta Municipal establece, y el sentido común también, que cuando se reforma una Ordenanza debe publicarse el texto completo de la norma reformada y no es este el caso, se puede asumir que, ciertamente, se trata de una Orden nueva, más escueta aún que la anterior, lo cual es mucho decir; y para colmo, la hermosa y distinguida condecoración de otrora se redujo a un simple Botón y un Certificado de Acreditación. El Consejo de la Orden también se modificó; ahora lo conforman un representante del Alcalde, un Concejal, el Cronista y representantes de las Instituciones Culturales,  Educativas, Deportivas y de Comerciantes, uno por ente; esta vez los vecinos quedaron fuera. El período de postulaciones se ubica entre el 16 de enero  y el 16 de marzo. En la misma fecha, 25/11/9, el Ayuntamiento aprueba un Reglamento General de la Ordenanza, que pareciera no redactado por los concejales, a juzgar por su sencillez, claridad y especificidad. Paralelamente a estos tejemanejes leguleyescos, Carlos Grippa, representante de los comerciantes en el Consejo de la Orden, mantenía una quijotesca lucha por elevar y mantener la dignidad de esta distinción ciudadana, hasta que fue apartado por terco, quisquilloso y fastidioso; así, la más alta y otrora distinguida condecoración municipal, la Orden Santa Cruz de Pacairigua, perdió su relevancia e invirtió sus valores y razón de ser; ahora alguno que otro ciudadano, es quien da realce a la Orden, pese a ser seleccionado como cortina de humo.

sábado, 7 de mayo de 2011

Estudia, Trabaja, Descansa

ELIAS CALIXTO POMPA
El poeta de la familia

Aníbal Palacios B.

Si en algún momento los sonetos de Elías Calixto Pompa tienen una vigencia real, indispensable y hasta urgente, es precisamente este inicio del siglo XXI. K-Listo, su seudónimo favorito, es el poeta de los valores familiares. Nació en Guatire el 14 de octubre de 1837 en la casona de la hacienda El Palmar. Hijo de Gerónima Lozano y Gerónimo Pompa, militar e insigne investigador de las propiedades curativas de las plantas venezolanas, lo cual le llevó a publicar el libro “Medicamentos indígenas”, quizá la obra más editada, en el mundo entero, de venezolano alguno.

Elías Calixto, comerciante de profesión, poeta y dramaturgo de vocación, si bien no tenía espíritu de militar, a pesar de su ascendencia familiar, no pudo eludir los enfrentamientos políticos, que en aquella época eran elementos intrínsecamente ligados. Eso le valió cárceles e incluso exilio. Su poesía le permitió trascender las tierras venezolanas para difundir su sensibilidad humana por todo el territorio americano y convertirse en lectura recomendada, que no obligatoria, incluso en las aulas españolas, cuna de grandes poetas. Su encomienda al niño… "Estudia, y no serás cuando crecido ni el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos"; su exhortación al joven… "Joven trabaja, sin cesar, trabaja; la frente honrada que en sudor se moja, jamás ante otra frente se sonroja, ni se rinde servil a quien la ultraja"; su exigencia al adulto… "Entreabre con amor tus labios viejos, y alumbra al joven que te sigue el paso, con la bendita luz de tus consejos", constituyen una exaltación de espiritualidad dirigida al ser humano en cada una de las significativas etapas de su vida, que le marcarán un rumbo y un sentido a su propia existencia.
Si en lejanos tiempos existió un médico de la familia, es decir una especie de  internista que atendía todos los problemas de salud de cada uno de los componentes del el hogar, desde el recién nacido hasta la abuelita, Elías Calixto Pompa se convirtió a su vez en el poeta de la familia. Para los padres de finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX los sonetos Estudia, Trabaja, Descansa, se convirtieron, de manera amena, por lo demás, en el soporte de orientación fundamental en la formación de los hijos en todo el mundo hispanohablante. Muchas tías y abuelitas que no sabían leer ni escribir recitaban con fluidez estos versos, y lograban transmitir el mensaje a plenitud.

ESTUDIA
Estudia, es puerta de luz un libro abierto;
entra por ella, niño, y de seguro,
que para ti serán en lo futuro,
Dios más visible, su poder más cierto.

El ignorante vive en un desierto,
donde es el agua poca, el aire impuro,
un grano le detiene el pie inseguro;
camina tropezando, vive muerto.

En esa de tu edad, abril florido,
recibe el corazón las impresiones,
como la cera el toque de las manos.

Estudia, y no serás cuando crecido,
ni el juguete vulgar de las pasiones,
ni el esclavo servil de los tiranos.

TRABAJA
Joven, trabaja, sin cesar, trabaja;
la frente honrada que en sudor se moja,
jamás ante otra frente se sonroja,
ni se rinde servil a quien la ultraja.

Tarde la nieve de los años cuaja,
sobre quien lejos la indolencia arroja;
su cuerpo al roble, por lo fuerte, enoja,
su alma orgullosa, al lodazal no baja.

El pan que da el trabajo es más sabroso
que la escondida miel que con empeño,
liba la abeja en el rosal frondoso.

Si comes ese pan, serás tu dueño;
más si del ocio ruedas al abismo,
todo serlo podrás, menos tu mismo.

DESCANSA
Ya es blanca tu cabeza, pobre anciano,
tu cuerpo, cual la espiga al torbellino,
se doble y rinde fácil,  ya tu mano
al amigo bordón del peregrino.

Maneja sin compás, y el aire sano,
es a tu pobre corazón mezquino;
deja la alforja, ve, descansa ufano,
en la sombreada orilla del camino.

Descansa, sí, más como el Sol se acuesta,
viajero, como tú, sobre el ocaso,
y al astro que le sigue un rayo presta.

Entreabre con amor tus labios viejos,
y alumbra al joven que te sigue el paso,
con la bendita luz de tus consejos.

La riqueza poética y espiritual de estos versos es tan grande y tuvo tanta trascendencia, que de alguna manera opacó el resto de su poesía, rica en rasgos costumbristas e incluso, ambientalistas como un canto premonitorio o visionario sobre problemas inexistentes para la época.
K-Listo falleció en Caracas el 20 de diciembre de 1887, y legó al mundo entero una humilde, sencilla, pero sobre todo útil manera de asumir el compromiso de vivir

domingo, 1 de mayo de 2011

Hospital Santa Marta de Guatire

Su historia y el por qué se llama Santa Marta
Elías Nicolás Centeno

A mediados del año 1930, un grupo de ciudadanos encargados de la organización de los actos que debían constituir el homenaje que se tributara a Bolívar con motivo de la conmemoración del Primer Centenario de su muerte, acaecida en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, inició entre varios proyectos de obras útiles cuya realización sería para el presente y para el porvenir el más grande testimonio de admiración del pueblo de Guatire por la memoria esclarecida y la gloria siempre ascendente del Libertador, inició, repetimos, el más beneficioso, el más urgente de los proyectos por realizar, el de un Hospital para el Distrito que perpetuará un instante, el último de la vida del Héroe, el más doloroso en la historia de América: El tránsito de Bolívar a la Inmortalidad. Este mismo grupo de ciudadanos, al lanzar el proyecto de construcción del Hospital le escogió un nombre simbólico que representara al Libertador ante las generaciones de nuestro pueblo, en el ocaso de su vida, moribundo, agonizante en su lecho de muerte; este nombre fue “Santa Marta”.

La Junta que entonces echó sobre sus hombros con el eficaz apoyo de los habitantes del Distrito la espléndida conmemoración centenaria, tuvo el plausible pensamiento de que los actos conmemorativos no se redujeran simplemente a aquellos hechos que, transcurridas las horas recordatorias de la fecha luctuosa, se olvidarían pronto, extinguidos que fuesen los comentarios de la esplendidez; como hubiese sucedido si todo se hubiese concretado, como es costumbre, a los solemnes funerales, a los largos discursos históricos, a los actos literarios, a las ofrendas florales, al minuto de silencio en el momento memorativo de la muerte con la lectura de la última proclama, a la guardia de Honor que durante el día ante la figura del héroe montó un grupo de cultos caballeros, al acto apoteósico de las cinco naciones velando al pie de la Estatua representadas por cinco bellas señoritas y al concierto por escogida orquesta de los Himnos de las Naciones Bolivarianas.

Todos estos actos y muchos otros imponentes y de igual naturaleza que tuvieron lugar en la fecha centenaria de la muerte, se hubieran desvanecido como el humo, como la estela, quedando sólo al correr de los primeros años un pálido recuerdo que el tiempo borraría sin dejar ningún indicio, ninguna prueba del esplendor de la conmemoración. Pero, para evitar esto, quiso la Junta que la memoria de Bolívar se glorificase también, no con actos pasajeros expuestos a caer pronto en el olvido, sino con obras perdurables que llevasen a las generaciones venideras, el sentimiento bolivariano de las generaciones del presente; y para ello tuvo el acierto de elaborar los proyectos para erección de una estatua de bronce del Libertador, de una plaza digna de su memoria a la que se le pondría el nombre de “24 de Julio”, día de su nacimiento, de un hospital que se llamaría “Santa Marta”, ciudad donde murió, y de un paseo en la colina del Calvario que se llamaría “Paseo América” en honor a las naciones americanas que sirven de pedestal a su gloria.
Para la construcción de estas obras se requería de enormes sumas de dinero y el año de 1930 no era propicio para solicitar como era necesario, la ayuda de los gobiernos Nacional y del Estado, porque muy frescos estaban aún los sucesos del 5 de mayo de 1929 en que el pueblo de Guatire, a las puertas de Caracas y enemigo siempre de todas las tiranías, se levantó en armas contra el gobierno despótico de Juan Vicente Gómez. Guatire era desde ese entonces un pueblo odiado en las altas esferas del gomecismo; hasta guatireños ausentes hubo que lo negaron en su desgracia, y cabe aquí recordar un hecho histórico que pone de manifiesto el miedo de la época; algunos periódicos de Caracas, cuando por algún motivo que no se podía esquivar, saludaban a alguna persona llegada de Guatire, lo hacían en esta velada forma: Procedente de un pueblo mirandino ha llegado a esta ciudad nuestro amigo don N.N.&.&”; o de este otro modo: “...del Estado Miranda, o bien del interior de la República &.&.” Parecía como si una terminante orden velasquera hubiese dispuesto borrar a Guatire del mapa de Venezuela.

Así pues, viviendo en silencio, privados hasta de respirar en una época de terror y de odio, no había para que pensar en auxilios económicos del Gobierno Estadal y mucho menos del Nacional, para la realización de las cuatro importantes obras proyectadas, y completamente solos, con la voluntad y unánime concurso de todos los guatireños (para esa época Guatire era todavía un pueblo unido) la Junta del Centenario pudo llevar a feliz término la realización de las dos primeras obras: la erección de la imponente Estatua del Libertador en su doble carácter de Magistrado y Guerrero y la construcción de la hermosa plaza donde fue erigida. Cabe recordar aquí también que hasta las inscripciones que lleva el pedestal del monumento, fueron un motivo más para aumentar la aversión del gomecismo imperante, inscripciones que leídas hoy no tienen la torcida interpretación que se les quiso dar en el régimen pasado.

Han pasado nueve años sin que se extinguiera el propósito de la construcción del Hospital. Después de muerto Gómez han desfilado por la Presidencia del Estado Miranda varios Magistrados; ante los dos penúltimos que fueron los de más duración, se hicieron repetidas veces las gestiones para la construcción de esta obra, y sólo el último gobernante, el Coronel Ramón Ayala, actual Magistrado regional, a los seis o menos días de encargarse de la Presidencia del Estado, atendió solícito a la primera gestión que le hiciera el señor Jesús María García Tellechea; antes del mes ya habían empezado los trabajos y ya hoy es un hecho tangible la terminación del magnífico Hospital.

Presidente de Miranda, y a los miembros de la Junta del Centenario de 1930 y al señor García Tellechea, la inmensa satisfacción de haber sido los iniciadores y propulsores de la benéfica idea, convertida hoy en realidad al contemplar la hermosa construcción del hospital “Santa Marta”.

 

Hospital Santa Marta. Ubicado al final de la calle 9 de Diciembre, sector El Placer, donde actualmente
está  un colegio.








sábado, 30 de abril de 2011

Elías Nicolás Centeno

Un Guatireño por convicción

 Aníbal Palacios B.


Elías Nicolás Centeno nació en Cariaco, estado Sucre, el 10 de septiembre de 1881. Su familia  emigró a Caracas, y José, el hermano mayor, se estableció años después en Guatire. En las postrimerías del siglo XIX el viaje de la capital hasta esta población había que hacerlo a caballo. En los primeros días de diciembre de 1893, Elías Centeno llegó a Guarenas, y de allí una familia amiga de José Centeno tenía el encargo de enviarlo  a Guatire. Como en ese momento no había quien lo acompañase, decidieron enviarlo en una yegua que al parecer se sabía el camino solita hasta la entrada del pueblo, de tantas veces recorrerlo. Allí lo estaría esperando José... Pero hubo un pequeño detalle que pasó inadvertido para todos: a la yegua la ensillaron con la cabeza hacia el Oeste y al arrearla, hacia allá se dirigió. Cuando Elías se percató de que transitaba el camino por el que había venido, torció el rumbo, y el destino, de cara al Este. Cuando llegó a Guatire, ahora sí, fielmente conducido por el noble animal, se despejó la cara de preocupación de su hermano por el retraso, y  cielo y valle dieron una cálida bienvenida a quien se convertiría en una figura de primer orden durante las primeras seis décadas de historia social, cultural, política y económica en el siglo XX de esta población.

El maestro
Elías Centeno se graduó de bachiller en Caracas, e inició estudios de Derecho que no pudo culminar. En Guatire fue comerciante, administrador, maestro, Director de la Escuela Federal, Registrador Subalterno, Concejal, músico -estudió bajo la batuta del maestro Régulo Rico, y formó parte de la Banda Unión Filarmónica-, poeta, pero fundamentalmente un hombre que se entregó por entero a trabajar por el fortalecimiento de las estructuras culturales de nuestro pueblo, junto con personalidades como Antero Muñoz, Ramón Alfonzo Blanco; Régulo Rico, Ágel María Daló y el padre Istúriz, entre otros. Como docente, tuvo entre sus destacados pupilos a Rómulo Betancourt, Vicente Emilio Sojo  y Ángel María Daló; el primero por voluntad propia.

Nos cuenta Margarita Centeno, hija de Elías, que dos casas más abajo de la residencia de Luis Betancourt y Virginia Bello (padres de Rómulo Betancourt), en la calle Miranda, las hermanas Hernández Suárez dirigían una escuela de primera enseñanza para niñas. En aquel entonces los planteles eran separados para varones y hembras, pero los varoncitos de pocos años solían recibir sus primeras enseñanzas de lectura y escritura en las escuelas para damas. Rómulo era, dada la vecindad, se convirtió en alumno irregular de este plantel, pero las mamaderitas de gallo de sus amigos más grandecitos se le hicieron insoportables y un buen día decidió irse directo a la escuela dirigida por Elías Centeno, ubicada a tres cuadras de su casa, en la esquina donde justamente hoy está el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa, que en la época conformaba una cuadra perteneciente a la familia Nicolai, dueños de la hacienda El Norte. Rómulo se dirigió al aula de Elías Centeno y entablaron el siguiente diálogo:

- “Don Elías, quiero que usted me enseñe”.
- “Pero Rómulo, no tienes la edad suficiente para asistir a este plantel”-
- “Yo no quiero ir más a la otra escuela, quiero ser alumno suyo”.

No hubo manera de convencer a Rómulo de que era muy pequeño para ese nivel; la terquedad, al parecer, le venía de niño al futuro dirigente político, quien jamás volvió a las aulas de las hermanas Hernández Suárez y e inició sus estudios formales de la mano de Elías Centeno..

Vicente Emilio Sojo decía que Elías Centeno era muy exigente con la ortografía, la caligrafía y la oratoria. A pesar de ser casi contemporáneos, el músico fue su alumno. En varias oportunidades contó la siguiente anécdota: - “Escribía en la pizarra con una letra muy pequeña, cuando Elías me dijo: “Esa garrapata de letra yo no la entiendo, me vuelves a escribir en castellano como te enseñé; hay que escribir para que los demás lean, y yo no entiendo lo que dice ahí”. 

Su actividad pública dentro de los acontecimientos sociales, culturales y políticos comenzó cuando a los 19 años fue designado Secretario de la Junta que asumió la reconstrucción del templo derrumbado por el terremoto del año 1900.  Bolivariano, de los de antes, Elías Centeno era casi el Orador de Orden Oficial de los actos públicos protocolares con motivo de las fiestas patrias. Fue designado Presidente de la Junta que celebró el Centenario de la Independencia, el 5 de julio de 1911.

En diciembre de ese mismo año, 1911, es nombrado apoderado del Distrito Zamora, ad honorem,  para resolver la disputa de límites con el Distrito Acevedo, cuyas autoridades sostenían que sus linderos llegaban hasta Reventón, muy cerquita de Araira. Ante las constantes disputas por parte de los concejos municipales de ambos distritos, el Gobierno del Estado Miranda decidió intervenir para solucionar el problema, y nombró al Procurador General para que mediara en la disputa. Elías Centeno, quien había investigado acuciosa y profusamente la  problemática, demostró los verdaderos linderos del Distrito Zamora, con documentos auténticos, con leyes territoriales y con mapas, no con cuentos de los abuelos e interpretaciones ligeras, logrando así solucionar definitivamente esta disputa que restableció los límites de Guatire por el Este, que son los que conocemos actualmente.

Se casó con María Derifa Guía, y tuvo tres hijos: Margarita (la Nena), Teresita y Elías. Derifa, como se le conocía, era pianista y guitarrista, además muy culta. Con motivo de la presencia de estudiantes presos por el régimen gomecista en las Colonias, prácticamente toda la población de Guatire y Araira se identificó con ellos, quizá más por razones humanitarias que políticas, pero lo cierto es que en una oportunidad estuvo a punto de ir a La Rotunda por una falsa acusación de antigomecista. “Él no trabaja por política, el trabaja por su pueblo” le precisó alguien al gobernante, y no fue detenido.

En el año 1930, el general Gómez dispuso que para conmemorar los cien años de la muerte del Libertador, cada pueblo debería contar con una Plaza Bolívar con su estatua alusiva al héroe de la independencia, financiada por el gobierno. Pero para Guatire no habría financiamiento de estatua alguna, “por alzaos”, le dijeron en la Gobernacion del estado Miranda. El cinco de mayo del año anterior un grupo de guatireños, en un alzamiento, habían dado muerte al Jefe Civil, compadre del general, lo que generó la posterior exclusión. Los habitantes de Guatire esta vez sí se alzaron en su totalidad y en un acto de resistencia pacífica, decidieron comprar ellos mismos su estatua. Se nombró una Junta presidida por Ramón Alfonzo Blanco, y conformada además por el presbítero Jacinto Soto, Manuel Hernández Suárez, Elías Centeno (Tesorero), Antero Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz. La plaza se bautizó con el nombre de “24 de julio” en acto solemne el 17 de diciembre de 1930; pero dejemos que el propio Elías nos relate la historia:

 “...corría el mes de junio de 1930, se acercaba el 17 de diciembre, fecha del primer centenario de la muerte del Libertador, los principales pueblos de Venezuela, desde el mes de enero de ese año, se preparaban para la gran conmemoración con Bustos y Estatuas ofrecidos por el Gobierno Nacional y por los Estados. Este Distrito pidió un Busto que le fue negado; había cometido un pecado político: el brote revolucionario que tuvo lugar el 5 de mayo del año anterior, con pérdida de varios funcionarios del Gobierno. Pero  el pueblo no se amilanó, había que tributar un homenaje póstumo al Libertador, no con un busto como se había pensado, sino con una Estatua. Se nombró el 24 de Julio, día de su nacimiento, la Junta Directiva... (que acordó la inauguración de la Estatua, el mosaico de la plaza '24 de Julio', sus barandas y la construcción -a futuro- de un hospital que llevaría por nombre 'Santa Marta', ciudad donde murió el prócer)... Con este gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos nacionales, sino con el dinero del pueblo...” 

Elías político
Fue Jefe Civil desde 1939 hasta junio de 1945, su gestión quedó enmarcada dentro de unos sencillos parámetros que expuso en una alocución pública: juró ser fiel guardián de los intereses comunales y respetar las leyes con igualdad, a su vez que exigió de los guatireños cumplir con su deber de ciudadanos. Sin demagogia, no ofreció prebendas y dejó claramente establecido que en el fiel cumplimiento de las leyes tienen igual responsabilidad gobernantes y ciudadanos. Aprovechó las relaciones que el cargo le confería, para gestionar, junto con otros destacados guatireños, la construcción del prometido hospital, que se inauguró a finales de 1939.
Rómulo Betancourt, perseguido político para la época, algunas veces se escondía en la casa de Chucho Pacheco, a una cuadra de la Jefatura Civil, iglesia de por medio. Cuando esto ocurría las hijas de Pacheco no salían a jugar a la plaza, por temor a deslices infantiles. Elías Centeno se percataba del hecho y mandaba un mensaje con los amigos: “Dile a Chucho Pacheco que le aconseje a Rómulo, que se vaya, que no me comprometa, que me lo están pidiendo y yo sé que él está allí...” y Rómulo no abusaba ni de la hospitalidad de Pacheco ni de la complicidad de Centeno. Al día siguiente las niñas volvían a jugar en la Plaza.

Una tarde, años después, se presentó en su casa un anciano, Elías lo reconoció enseguida, pese al convincente disfraz: “Rómulo, que haces aquí, no sabes el peligro que corres”.  “Ayúdame Elías, me andan buscando.”  “Me pones en un aprieto Rómulo, entre el deber de funcionario y el de amigo”... Privó la amistad, y Elías Centeno ayudo a escapar al fugitivo político. Años después Rómulo se acordó del gesto. Cuando derrocaron a Isaías Medina Angarita, las nuevas autoridades adecas dispusieron la detención de Elías Centeno, Ángel María Daló y Manuel María Yánez. No hubo maltratos físicos, sólo estuvieron detenidos. “No tomes agua de la que te ofrezcan allá”, le recomendaba una preocupada Derifa. Cuando al ahora presidente Rómulo Betancourt le llegó la noticia, se enfureció y ordenó la inmediata libertad de los detenidos. Al salir en libertad, todos se fueron inmediatamente a sus casas, pero en el hogar de los Centeno-Guía hubo un poco de angustia porque el jefe de familia no llegaba a casa... se detuvo a saludar a todos los vecinos que le manifestaban su solidaridad.

En los años 40 y 50 no ser adeco era casi una afrenta, además de un error político. Elías Centeno, entre otros pocos destacados personajes, no lo era, y se lo cobraron en 1958 con un sórdido, inmoral y  anónimo panfleto que trató de enlodar su figura junto con ciudadanos como Julio Omaña, Ángel María Daló y Andrés Pacheco Anderson, entre otros. Pocos años más tarde, en uno de esos días en los cuales Betancourt dejaba a un lado la majestad presidencial para visitar a sus viejos amigos guatireños, Rómulo le dijo: “¡Como te aprecio Elías! Casi como si fueras mi padre, lástima que no seas adeco, con esa cabeza que tienes”. Y Elías le respondió: “No soy adeco, Rómulo, sólo soy del pueblo y me preocupo por él”. Fue, si se quiere, una especie de desagravio político.

Este hijo adoptivo de la patria chica, tras décadas de actividad por su pueblo, dejó un vacío al morir, el 10 de abril de 1962.

Ángel María Daló

Paradigma Zamorano


Aníbal Palacios B.


Cualquier comunidad requiere de figuras ejemplares que marquen pautas de conducta social, de convivencia, solidaridad, humildad y por sobre todo de dignidad. Ángel María Daló representa en tal sentido una de los más prominentes ciudadanos nacido en estas tierras, y de ello da fe su comportamiento lineal como padre de familia, funcionario público,  profesional, y ciudadano que puso todo su intelecto a disposición del municipio que le vio nacer y crecer, sin pedir retribución alguna que no fuera más allá de la simple gratitud que todos los zamoranos le debemos.

Hace 108 años, un 19 de abril de 1903,  Araira servía de cuna para que Ángel María Daló diera una alegría inmediata a Olivo Daló y Rosa Dalponte, sus padres, y futura a todos los habitantes de esa población en particular y de todo el municipio Zamora, en general. Nació en una fecha significativa de nuestra república, y de allí pudo llegarle el gusto no sólo por conocer la historia en sí, sino fundamentalmente de difundirla, concentrando sus esfuerzos en el rescate del acontecer histórico y de la cotidianidad de Guatire y Araira.

De sus padres, inmigrantes italianos, heredó la dedicación al trabajo y la sencillez espiritual; porque más allá de los distintos méritos y grandes virtudes, en Ángel María Daló resaltaba su humildad, una característica que le granjeó el aprecio, la confianza, el respeto y la admiración de todos los vecinos de esta región mirandina. Se casó con Dominga Sandón, de cuya unión nacieron Rosa, Elena, Raquel y Judith, pero no fueron pocos los araireños y guatireños que se cobijaron bajo su recia y cordial figura para recibir consejos y orientaciones de diversa índole.

Fue un padre cariñoso -nos comenta Elena, su hija-, preguntaba, dialogaba y daba consejos; no ofrecía castigos pero tampoco premiaba actos como el de obtener buenas notas, porque el estudio era un deber de todo joven. Su sola presencia infundía respeto, y nosotros agregaríamos que no sólo a sus hijas, sino a todos quienes le conocieron.

Fue un hombre asiduo al trabajo, tenaz, constante, sudó con la faena dura de los tablones de caña y luego ejerció tareas administrativas en las mismas haciendas. A comienzos del siglo XX, ser autodidacta era una característica propia de cualquier persona a quien no le satisfacía limitarse a la enseñanza básica de leer, escribir y conocer las operaciones aritméticas. Ángel María Daló rápidamente entendió la necesidad de adquirir conocimientos para acceder a una profesión y estudió contabilidad, lo cual le permitió laborar en el campo público y privado con la misma dedicación, rigurosidad y honestidad con la que asumía todos sus compromisos; pero el asunto no era solamente labrarse una profesión, quería serle útil a estas poblaciones donde residía; la lectura, la investigación documental y la tertulia con los lugareños, le fueron proporcionando una sólida información que recopilaba metódicamente, para luego reflejar a las futuras generaciones la rutina de los habitantes de este municipio desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, porque la real historia de los pueblos no se observa en los hechos épicos, sino en la cotidianidad de su manera de vivir.

Entre sus amigos podemos mencionar a Elías Centeno, Pablo Antero Muñoz, Guido Acuña, César Gil, Cruz Hernández, Humberto Pittol, Gilberto Useche, Rafael Borges y Jesús María Sánchez, para destacar algunos porque, y esto lo relatan quienes le conocieron, Ángel María Daló era amigo de toda la comunidad, de la cual en cierta manera llegó a ser su confesor.

Como Administrador de Rentas Municipales se relacionó con todos los habitantes de Guatire y Araira, quienes acudían a él no sólo en busca de una solución a inconvenientes con el pago de impuestos, sino a solicitarle orientación para dificultades de cualquier tipo. Su pulcra gestión administrativa hoy la añoramos quienes habitamos en este municipio. Ángel María Daló supo conjugar sus obligaciones de funcionario público con su humanitario carácter, y en más de una oportunidad hubo de sufragar de su propio peculio servicios públicos -como el agua, por ejemplo-, porque una humilde señora le solicitaba que no le cortasen el servicio.

¿De dónde nace su interés por la historia local?

Ángel María Daló era buen conversador, pero fundamentalmente sabía escuchar; y tal virtud le permitió conocer cuentos e historias, muchas veces de sus propios protagonistas. Le gustaba hilvanar la información que obtenía a través de tantas personas, y contrastaba lo que le decían sus interlocutores con la versión que recogida en otras fuentes; así fue consolidando realidades que no figuraban en los registros oficiales y eclesiásticos. El éxito de sus crónicas radica en el hecho de haber sido un investigador acucioso, metódico y minucioso; no dejaba nada al azar, su credibilidad infundía confianza en todos quienes le conocían.

En una época en la cual no abundaban las opciones de entretenimientos, Ángel María Daló se apasionó por conocer la historia local, y se convirtió en una especie de enciclopedia viviente, fuente de investigación para todo aquel que necesitara enterarse no sólo de los acontecimientos ocurridos en el municipio Zamora de antaño, sino además su cultura, costumbres, actividades políticas, sociales y económicas; su casa pasó a ser algo así como una biblioteca pública abierta a propios y extraños, un aula de enseñanza de la historia regional, porque en él no hubo, jamás, signo alguno de mezquindad, y todo cuanto investigó lo compartió, aún sin haberlo publicado.

Optó por la crónica como recurso literario para dar a conocer cuanto supo, recopiló, oyó, investigó y observó; de esa manera llegó a conformar la base de datos más importante y significativa de Guatire y Araira, la cual dejó como legado a las generaciones futuras. Sus escritos, regados cual semillas en distintos medios escritos, han crecido, florecido y dado sus frutos. Fue Cronista de hecho y por derecho propio, el que le confería su amor por el terruño que le vio nacer y crecer. Oficialmente fue designado como tal, es decir, Cronista Oficial de la Ciudad, el 20 de abril de 1982, cuando se le declara Hijo Ilustre de este municipio, título éste que rinde justicia a quien sin lugar a dudas tuvo una vida meritoria dedicada a sentar las bases de la regionalidad.

Murió un 31 de octubre de 1990, a los 87 años de edad; y su herencia no la dejó a su familia sino a su comunidad, porque .Ángel María Daló no se dedicó a acumular riquezas sino conocimientos, y gracias a su dedicación, hoy conocemos más y mejor  a estas dos comunidades, Guatire y Araira.