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martes, 9 de abril de 2019


La leyenda del Nazareno de Guatire
Aníbal Palacios B.

Un inusitado interés despertó en la población guatireña los actos conmemorativos de la Semana Santa de 2005 motivado a que después de 132 años volvió a verse la cabeza del Nazareno que alarmó a la bucólica aldea guatireña en el año 1873 y que, a falta de crónicas escritas, generó una leyenda en la cual se tejió una misma versión del suceso pero con diferentes protagonistas.

Conocía un lejano y difuso cuento de abuelos que narraba un hecho ocurrido en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, pero por inverosímil no le dedique mayor atención. Parecía una de tantas narraciones propias de Julio Lezama, un personaje nacido en Las dos Quebradas (El Bautismo) a principios del siglo XX a quien llamaban “el hombre más embustero del mundo” por su facilidad para inventar amenas y estrambóticas fábulas que nadie creía pero que a todos divertía. Así que cuando Margarita Centeno, en su casa de Maripérez, me invitó a narrar esta leyenda le expliqué lo poco que me gustaba escribir sobre temas que no podían sostenerse documentalmente, y ese hecho en particular tenía mucho mito y escasa veracidad.

-¿Cómo que escasa veracidad?, ¡la historia es real!- respondió enfática e indignada-. Por mucho tiempo yo tuve la cabeza del Nazareno en ese rincón de  la sala... Le diré a Esther María que hable contigo y te explique lo ocurrido.

Se refería a Esther María Jaspe Espinoza, nieta de Baldomero Espinoza. Margarita ignoraba que Esther había fallecido pocos días antes.  Esther María solicitó a sus hijos la cremación de su cuerpo y que sus cenizas reposaran en la capilla del Nazareno de Guatire. Tres días más tarde Gustavo y Luis Tortabú, sus hijos; vinieron al pueblo. Buscaban la manera de satisfacer los deseos de su madre y se toparon frente a la capilla del Nazareno con Antonio Pittol y este los envió al Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), donde había una reunión de la Academia de la Historia. Conversamos, les expliqué que, ¿casualmente?, estaba tras la pista de la familia para constatar la autenticidad de lo narrado por Margarita Centeno y me informaron que sí, ¡ellos tenían la cabeza del Nazareno!

Luego de exponer los pormenores del asunto hablaron sobre la petición de su madre y me comprometí a que si se exhibía la cabeza del Nazareno durante la Semana Santa, es decir, un mes más tarde,  podría convenir con los directivos de la Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro para que satisficieran  los deseos de Esther María, y así ocurrió.

Leyenda y realidad
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho real. Eso es precisamente lo que rodea a lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Santa, al momento de bautizar la nueva figura del Nazareno (ceremonia acostumbrada cuando llegaba una nueva imagen al templo), entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos. Esa relación de pareja hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era aceptada por la sociedad. Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿fortuitamente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara innecesariamente sólo por  satisfacer veleidades personales. .

Los sucesos
Cuenta la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante su asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, abrió la boca con expresión de incredulidad, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación.

La crónica
La Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro se fundó el 11 de abril de 1868; su primer Presidente fue Julián García y entre sus miembros estaba el padre José María Istúriz, Tesorero de la misma y párroco de esta feligresía para el momento en el cual ocurrió esta historia. En el Libro de Acta de esta Sociedad  consta que el 3 de mayo de 1873, 20 días después de lo acontecido, Baldomero Espinoza fue autorizado para trasladar a Caracas la imagen del Nazareno para sustituir la cabeza por otra semejante a la que está en la Iglesia de San Pablo. En dicha Acta no se especifica cómo ni por qué se deformó la figura. Otro elemento que se sumó a la polémica que generó este suceso gira en torno a la propiedad de la imagen y a la relación de Baldomero Espinoza con la Sociedad. Se dice que Espinoza no era miembro de ella, y por su gesto de sufragar la nueva imagen fue nombrado Miembro Honorario. Esta designación consta en el Acta del 03/05/1873; es decir un mes luego de ocurridos los hechos que narramos. Pensamos que bien pudo ser miembro de la Sociedad y recibir tal honor; de hecho, poco tiempo después fue nombrado Vicepresidente y meses más tarde, por razones no explicadas en los libros, renunció al cargo y a su condición de Miembro Activo, más no a su categoría de Honorario.
En relación con la propiedad del Nazareno, la familia Espinoza-Jaspe, siempre ha señalado que perteneció a ellos. Era costumbre en la época que las imágenes fuesen propiedad de las familias, y algunas de ellas las donaban a la Iglesia o a las Sociedades. En la misma Acta que citamos del 03/05/1873 está explícitamente escrito que la representación del Nazareno pertenecía a la Sociedad. No obstante, nos preguntamos ¿por qué Baldomero Espinoza conservó la cabeza original, una vez sustituida, y no la Sociedad? Tal vez los prejuicios propios de la época permitieron que la Sociedad no se interesase en ella.

Calle Concepción, casa de Baldomero Espinoza
¿Fue  originalmente suya la imagen? Es necesario acotar que el Nazareno estuvo por muchos años bajo la custodia de la familia de Baldomero Espinoza, quien por lo demás vivía en la calle Concepción, justo frente a la iglesia. En el año 1928 se construyó la capilla del Nazareno, ubicada en la calle Miranda, en la esquina que conduce al sector conocido como Candilito, y la remozada imagen fue

llevada desde la sala del hogar de los Espinoza-Jaspe hasta la nueva sede. De la Sociedad del Divino Maestro se conoce su Reglamento, que data de 1891, que nos sirvió de base para la investigación, pero se desconocen sus estatutos y su primer libro de Actas.

 ¿Casualidades o causalidades?
¿Es acaso casualidad que la Junta Directiva de la Sociedad del Divino Maestro de ese año 2005, a cuyo frente estaban Ángel Pereira, Rosana de Persis y Marianela Velásquez, haya exhibido la figura del Nazareno justamente en esta Semana Santa? Nuestra inquietud nace de la connotación que tiene la Conmemoración Pascual en ese año 2005.
Como es del conocimiento general, la Iglesia Católica celebra la resurrección del Señor el primer Domingo después de la primera luna llena que ocurre luego del equinoccio de primavera (marzo 21), y este año ocurre una confluencia poco común, que acontece tres o cuatro veces en un siglo: el Día de la Anunciación (25 de marzo) coincide con el Viernes Santo; es decir, el anuncio de la llegada de Jesús con el día de su pasión y muerte. La última vez que esto ocurrió fue en el año 1932; en el presente siglo se repitió el evento en el 2016 y volverá a suceder en  2089 y 2095.

¿Qué observó el público?
Iglesia vieja, plaza vieja
Explicamos la leyenda en referencia por la prensa local y anunciamos la exhibición de la cabeza del Nazareno en su capilla; esto generó  en la población  una gran expectativa por ver esa imagen. Para la gran mayoría era la primera vez que oían hablar de la leyenda; algunos estaban al tanto de ella a través de sus padres y abuelos, pero jamás habían visto la cabeza puesto que se desconocía su existencia y por ende no se exhibía en público. Sólo algunas personas privilegiadas allegadas a las hermanas Edelmira y Esther Jaspe, nietas de Baldomero Espinoza, habían tenido oportunidad de observarla, entre ellas Margarita Centeno, quien nos orientó hacia sus custodios.  La familia Jaspe manifestó que la imagen se "ennobleció" al volver al pueblo y sólo una expresión de asombro acentuada por unos ojos engrandecidos, queda como reminiscencia de lo ocurrido 147 años atrás. La boca abierta deja entrever la posibilidad de que ciertamente haya sacado la lengua y luego ésta se haya retraído; no faltó quien dijera que también se la habían cortado. Hubo quienes manifestaron que todo esto había sido un "invento" de la Sociedad para atraer gente a su sede. Lo cierto es que la expresión del rostro se suavizó; tal vez el Nazareno perdonó el agravio y a las actuales generaciones sólo nos haya impuesto como penitencia el soportar malos gobernantes desde el centenario de los hechos narrados a esta parte, por lo que elevamos nuestras plegarias por el perdón definitivo, y para que se nos libere de este tormento gubernamental.

Colofón
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la alcaldesa Solamey Blanco decidió reparar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy cortas y demasiado inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado y calificado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba en su capilla, a tres cuadras de allí.

Cosas veredes, amigos míos.


















domingo, 8 de octubre de 2017


El  ¿descubrimiento?  de  América
Aníbal Palacios B.

Más de quinientos años después, las inexactitudes, mitos, distorsiones, omisiones y las estériles desavenencias semánticas aún envuelven bajo un manto de misterio la llegada de Colón a nuestro continente, lo cual genera una lógica dificultad para entender cabalmente lo ocurrido.

 
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra Descubrimiento, en su primera acepción,  como “Hallazgo, encuentro, manifestación de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido”. Como segundo significado del término, puntualiza: Encuentro, invención o hallazgo de una tierra o un mar no descubierto o ignorado. Es decir establece la preexistencia del objeto desconocido. Pues bien el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón descubrió un nuevo territorio. Estaba allí, muchos navegantes pasaron, lo vieron y hasta estacionaron, pero nadie se percató de la novedad, hasta que lo hizo el marinero genovés. Si usted quiere regatearle méritos al personaje, puede decir que los indígenas descubrieron a Colón porque, con absoluta seguridad, ellos avistaron primero a los visitantes que éstos a los residentes… pero hubo un descubrimiento. No fue ningún “Día de la resistencia indígena” porque los indígenas no se resistieron. Tampoco un “Encuentro de dos mundos” porque mundo hay uno sólo; mucho menos el “Día de la raza” porque desde el punto de vista étnico faltaban dos. El encuentro de dos culturas suena más racional, pero igualmente una encontró (descubrió) a la otra. Podemos convenir en que se hable del Descubrimiento de América por comodidad pedagógica, aunque no fue sino hasta el año 1507, quince años después, cuando un cartógrafo alemán, Martín Waldseemüller, publicó el primer Mapa Oficial de la nueva región y lo llamó América, por la sencilla razón de haber sido Américo Vespucio quien primero se percató, o hizo público, que era un continente y no una isla grande. Igual convenimos en lo de las tres carabelas, aunque  en realidad fueron dos (la Santa María era una nao), porque para los efectos es igual y en estos menesteres el tamaño no importa; además, era lo  que había.

De inexactitudes, distorsiones y omisiones
Lo primero que nos enseñan es que en la época se pensaba que la tierra era plana y que Cristóbal Colón, cual un José Arcadio Buendía cualquiera, determinó, un buen día (valga la redundancia), que “la tierra es redonda como una naranja”. Pues resulta que un tal Eratóstenes, más de mil quinientos años antes, había demostrado la esfericidad de la tierra  y establecido la circunferencia ecuatorial en poco más de 40 mil kilómetros, y allí estaba precisamente el problema. Era de conocimiento público, entre especialistas, claro está, la información del matemático griego, pero Colón con insistente terquedad sostenía que eran apenas unos 30 mil kilómetros, lo cual significaba darle una vueltica en menos tiempo.

En relación con la tripulación de ese primer viaje, según el cuento, estuvo conformada por malandros,  sicópatas, ladrones, criminales, zagaletones, bachaqueros, reposeros, enchufados, caraquistas y motorizados. ¡No! A Colón lo acompañaban marineros. El que una buena cantidad de estos fueran reclutados en cárceles se debió a que los marinos, después de muchos meses en alta mar llega a los puertos en busca de bingos, botiquines y burdeles, por lo que suelen meterse en líos, algunos de ellos considerados delitos. Colón fue muy convincente con la Reina Isabel a la hora de conseguir financiamiento para el viaje, pero su capacidad de orador no le sirvió mucho para persuadir al común de los tripulantes que merodeaban por Palos, pueblo que por cierto se jactaba de formar a los mejores marineros del mundo. Así que hubo que ofrecer conmutación de penas por aventuras. Tampoco es cierto que estos aventureros vinieron atraídos por el espejismo del oro, puesto que después del horizonte se preveía encontrar especias, es decir, condimentos aromatizantes para las comidas, por lo cual es lógico pensar que a la voluntaria tripulación le atrajo simplemente la atractiva idea de ser excarcelados. Finalmente, nos informaron que Colón llegó a una isla llamada Guanahani, pero sin indicarnos dónde carrizo quedaba. ¿No es más didáctico decir que llegó a las Bahamas? Ahí,  a seis o siete cuadras de Los Roques.

 ¿Qué trajo Colón?
Lo más trascendente del portafolio colombino fue la cultura española, fundamentalmente idioma y religión.  Más de dos tercios de los colonizadores españoles fueron andaluces. ¡Gracias a Dios! Nuestra forma de hablar, nuestra música y hasta nuestro espíritu, es andaluz. No quiero imaginarme hablando como un madrileño. ¡Hostia, que ni siquiera saben pronunciar el nombre de la ciudad!  Los alimentos vinieron en el primer viaje como elementos de autoconsumo. Gallinas, ganado bovino y porcino, al principio fueron para  alimentar la tropa. Luego, una vez que arribaron los primeros colonizadores era  necesario  autoabastecerse y de España llegó algodón, cebada, trigo y  arroz. El café, que llegó a jugar un papel de primer orden en el fortalecimiento de las economías locales, también vino del Este. La caña de azúcar, plátanos, naranjas, limones y hasta el exquisito y americanizado mango, fueron frutos importados. También armas, primero como elemento de defensa y luego de conquista,  y por último las enfermedades europeas que causaban estragos por aquellos lares y aquí azotaron  a una población inmunológicamente desvalida

 ¿Qué se llevó Colon?                
Los reyes católicos no se decepcionaron porque Cristóbal Colón no les llevase lo que les prometió: una nueva ruta marítima para llegar a Oriente, proveedor comercial por excelencia. Su ingratitud no llegaba a tales extremos; se conformaron con las ingentes toneladas de oro y plata que estabilizó sus agotadas  finanzas luego de la cruenta, larga y costosa guerra contra los moros, y como valor agregado un territorio de más de 40 mil kilómetros cuadrados que explotar comercialmente y una población superior a las 500 mil almas para catequizar y ofrecer al paisano, nacido en Valencia, Rodrigo de Borgia que, a la sazón, ejercía en el Vaticano el cargo de Pontífice, con el nombre de Alejandro VI. Pero como no faltaban sibaritas aficionados entre los colonizadores, muy pronto la gastronomía española se enriqueció con productos como la papa, el maíz, tomates, piñas y el maní, aunque fueron el tabaco y el cacao los cultivos que marcaron la pauta económica de la región. A los escribientes españoles, que todo lo anotaban, se les pasó por alto registrar quien se comió el primer aguacate, que para muchos gourmets se trata de un héroe anónimo. En cuanto a la fauna utilitaria fue poco lo que aportamos por aquí, porque cocodrilos, anacondas, jaguares, cascabeles y jabalíes no encontraron mucha demanda en el  mercado europeo, más allá de los parques zoológicos.

Más recientemente, se afirma que la sífilis fue un aporte de los aborígenes americanos a la cultura europea, a manera de intercambio  viral, para compensar a los españoles por los microorganismos genéticos que tantas enfermedades importados por ellos desde el viejo continente.

El tercer viaje
Macuro. Fotografía de Luis Ovalles
Macuro tiene el exclusivo privilegio de haber sido el primer territorio continental al que llegó Colón; allí se instaló doce días; era su tercer viaje transoceánico. Esto ha sido un secreto bien guardado por los gobernantes venezolanos, quizás con la excepción de Juan Vicente Gómez, porque 520 años después Macuro sigue casi tan igual a como lo encontró el Almirante. La mayoría de los historiadores coinciden en que fue descubierto el 3 de agosto de 1498, aunque hay quienes insisten en que fue un día antes, porque Colón pasó por la desembocadura del Orinoco el día 2. Pero si nos ponemos a hilar muy fino tendríamos que señalar que fue en 1493 porque durante su segundo viaje el Almirante navegó por áreas del mar territorial venezolano. Es poca la información que recibimos al respecto, pero Venezuela limita por el norte con el mismísimo imperio estadounidense, si tomamos como referencia la territoriedad marítima. Macuro debería ser una fortaleza histórica y un fortín turístico, al punto de llegar a discutirle a los dominicanos eso de “donde todo comenzó”.

Pero la historia nos la enseñan incompleta, vaya usted a saber por qué.

 

viernes, 13 de mayo de 2016


Hernán Rengifo,

Un verdadero servidor público

Aníbal Palacios B.

 

 

 

La política, como actividad pública orientada a la resolución de los problemas de la comunidad en el momento en que se ejerce y la capacidad de prever las dificultades que puedan presentarse en el futuro a fin de evitarlos a través de una planificación coherente, acorde con las características sociales y culturales de esa comunidad, donde todos los factores humanos actúan de manera convergente, tuvo en Hernán Rengifo un verdadero paradigma.

 

Muy pocos, poquísimos en realidad, dirigentes políticos a quienes en la mal llamada Cuarta República les correspondió hacer vida pública en Guatire entendieron cuál es la verdadera función de un dirigente político aldeano. De la quinta ni hablar, ninguno entiende, ninguno aprende, ninguno sirve. Si dividimos la función pública guatireña en dos grandes etapas, antes y después de la dictadura de Pérez Jiménez, nos encontramos con que los dirigentes de la segunda etapa están en deuda con la población. Los dirigentes comunitarios de antes no cobraban sueldos, no disponían alegremente de los dineros públicos y solucionaban todos los problemas de la comunidad; a saber, alumbrado público, agua potable, escuelas municipales y las calles arregladitas, porque aunque eran de tierra, no tenían huecos debido a una cuadrilla de obreros municipales que ganaban poco y trabajaban mucho. Los de ahora tal vez sigan ganando poco pero son muchos, en realidad demasiados, los que cobran y no trabajan, porque en aquel entonces no existía burocracia municipal.

 

Quizás el gobernante local (Alcalde o Presidente del Concejo Municipal) que entendiera cabalmente la función pública y la ejerciera consecuentemente fue Francisco Delgado, pese a las limitaciones presupuestarias de la época. Hernán Rengifo quien no ejerció como edil en nuestra población, pero que se desenvolvió como diputado en la Asamblea Legislativa del Estado Miranda por varios períodos, jamás se desligó de su comunidad, trabajo por ella a tiempo completo y, además, consciente de que, por guatireño, no debía dedicarse exclusivamente a este pueblo porque su competencia abarcaba a todo el estado Miranda, atendió también a toda la geografía regional.

 

Amigo de todos

A la hora de ayudar a algún ciudadano, Hernán no consideraba su militancia política; adecos, copeyanos, masistas, comunistas, miristas, causaerristas, izquierdistas variopintos, independientes y ciudadanos comunes y corrientes, siempre tuvieron en él a un amigo con el que podían contar para resolver algún problema o para solventar obstáculos relacionados con las actividades políticas y sociales de cada cual. Hernán era el único dirigente político aldeano que usted sabía dónde encontrarlo cuando lo necesitaba. Particularmente nunca pude entender cómo hacía para estar en un estadio de beisbol, cancha de bolas criollas, polideportivo, una barriada, una comunidad rural, bautizo, un entierro, la biblioteca pública, la plaza 24 de Julio, un acto del CEA, una celebración del CEMAG, el San Pedro, el San Juan, las alfombras de flores en Araira, las fiestas patronales Guatire, Araira, Chuspita, Salmerón y las Barrancas, y además tener tiempo para trabajar activa y eficientemente con legislador. Parecía poseer el don de la ubicuidad.

 

Obras son amores

Ningún político guatireño y probablemente ningún dirigente regional puede mostrar un catálogo de obras gestionadas para la comunidad como las que lograra Hernán Rengifo. Y conste que jamás hizo alarde de su trabajo como servidor público. No como ahora que se gasta más dinero en promocionar una obra que lo efectivamente gastado en el trabajo mismo. La sede del CEA en el Calvario, la del CEMAG en La Rosa y de la Orquesta Municipal en la Calle Zamora. La sala de Fisiometría y la sede del San Pedro en el 23 de enero, para hablar de instituciones civiles emblemáticas de la población, son logros obtenidos gracias a la terquedad de Hernán Regnifo ante los distintos gobernadores de Miranda. Nunca le detuvo la militancia política de gobernante de turno. No se trata de un listado taxativo, es una mera referencia a obras tangibles de utilidad pública forjadas por el espíritu silencioso de trabajador social que siempre caracterizó a Hernán Rengifo.

 

No pretendemos hacer con esta nota un reconocimiento póstumo; si algún dirigente político llegó a ser respetado, apreciado y valorado durante su vida pública, ese fue Hernán Rengifo. Jamás se valió de su posición política para atropellar a nadie, jamás utilizó recursos o privilegios de su status en beneficio propio y jamás cambió su personalidad; siempre fue un hombre humilde y sencillo y así se comportó como político. En la despedida de sus amigos, observamos que eran todos los que estaban, pero no estaban todos los que eran: faltaron algunas personas, hoy dirigentes o encumbrados simpatizantes del gobierno de turno a quienes Hernán ayudó mucho en épocas de desasosiego político y personal, pero que no tuvieron vergüenza para acercarse a despedirlo, o porque simplemente ya no conocen ni reconocen a nadie que en el pasado les haya tendido la mano.

 

A Hernán Rengifo la comunidad no le debe honores porque él nunca los buscó ni trabajó en función de ello, pero el reconocimiento de su labor no es un acto de justicia política sino histórica, y la historia aldeana sabrá reconocerle los méritos que como dirigente político tuvo, y la influencia de su comportamiento público en beneficio tanto de las generaciones con las que convivió como con las futuras, porque eso fue precisamente lo que le distinguió: su visión de futuro.  

 

sábado, 7 de mayo de 2011

Estudia, Trabaja, Descansa

ELIAS CALIXTO POMPA
El poeta de la familia

Aníbal Palacios B.

Si en algún momento los sonetos de Elías Calixto Pompa tienen una vigencia real, indispensable y hasta urgente, es precisamente este inicio del siglo XXI. K-Listo, su seudónimo favorito, es el poeta de los valores familiares. Nació en Guatire el 14 de octubre de 1837 en la casona de la hacienda El Palmar. Hijo de Gerónima Lozano y Gerónimo Pompa, militar e insigne investigador de las propiedades curativas de las plantas venezolanas, lo cual le llevó a publicar el libro “Medicamentos indígenas”, quizá la obra más editada, en el mundo entero, de venezolano alguno.

Elías Calixto, comerciante de profesión, poeta y dramaturgo de vocación, si bien no tenía espíritu de militar, a pesar de su ascendencia familiar, no pudo eludir los enfrentamientos políticos, que en aquella época eran elementos intrínsecamente ligados. Eso le valió cárceles e incluso exilio. Su poesía le permitió trascender las tierras venezolanas para difundir su sensibilidad humana por todo el territorio americano y convertirse en lectura recomendada, que no obligatoria, incluso en las aulas españolas, cuna de grandes poetas. Su encomienda al niño… "Estudia, y no serás cuando crecido ni el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos"; su exhortación al joven… "Joven trabaja, sin cesar, trabaja; la frente honrada que en sudor se moja, jamás ante otra frente se sonroja, ni se rinde servil a quien la ultraja"; su exigencia al adulto… "Entreabre con amor tus labios viejos, y alumbra al joven que te sigue el paso, con la bendita luz de tus consejos", constituyen una exaltación de espiritualidad dirigida al ser humano en cada una de las significativas etapas de su vida, que le marcarán un rumbo y un sentido a su propia existencia.
Si en lejanos tiempos existió un médico de la familia, es decir una especie de  internista que atendía todos los problemas de salud de cada uno de los componentes del el hogar, desde el recién nacido hasta la abuelita, Elías Calixto Pompa se convirtió a su vez en el poeta de la familia. Para los padres de finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX los sonetos Estudia, Trabaja, Descansa, se convirtieron, de manera amena, por lo demás, en el soporte de orientación fundamental en la formación de los hijos en todo el mundo hispanohablante. Muchas tías y abuelitas que no sabían leer ni escribir recitaban con fluidez estos versos, y lograban transmitir el mensaje a plenitud.

ESTUDIA
Estudia, es puerta de luz un libro abierto;
entra por ella, niño, y de seguro,
que para ti serán en lo futuro,
Dios más visible, su poder más cierto.

El ignorante vive en un desierto,
donde es el agua poca, el aire impuro,
un grano le detiene el pie inseguro;
camina tropezando, vive muerto.

En esa de tu edad, abril florido,
recibe el corazón las impresiones,
como la cera el toque de las manos.

Estudia, y no serás cuando crecido,
ni el juguete vulgar de las pasiones,
ni el esclavo servil de los tiranos.

TRABAJA
Joven, trabaja, sin cesar, trabaja;
la frente honrada que en sudor se moja,
jamás ante otra frente se sonroja,
ni se rinde servil a quien la ultraja.

Tarde la nieve de los años cuaja,
sobre quien lejos la indolencia arroja;
su cuerpo al roble, por lo fuerte, enoja,
su alma orgullosa, al lodazal no baja.

El pan que da el trabajo es más sabroso
que la escondida miel que con empeño,
liba la abeja en el rosal frondoso.

Si comes ese pan, serás tu dueño;
más si del ocio ruedas al abismo,
todo serlo podrás, menos tu mismo.

DESCANSA
Ya es blanca tu cabeza, pobre anciano,
tu cuerpo, cual la espiga al torbellino,
se doble y rinde fácil,  ya tu mano
al amigo bordón del peregrino.

Maneja sin compás, y el aire sano,
es a tu pobre corazón mezquino;
deja la alforja, ve, descansa ufano,
en la sombreada orilla del camino.

Descansa, sí, más como el Sol se acuesta,
viajero, como tú, sobre el ocaso,
y al astro que le sigue un rayo presta.

Entreabre con amor tus labios viejos,
y alumbra al joven que te sigue el paso,
con la bendita luz de tus consejos.

La riqueza poética y espiritual de estos versos es tan grande y tuvo tanta trascendencia, que de alguna manera opacó el resto de su poesía, rica en rasgos costumbristas e incluso, ambientalistas como un canto premonitorio o visionario sobre problemas inexistentes para la época.
K-Listo falleció en Caracas el 20 de diciembre de 1887, y legó al mundo entero una humilde, sencilla, pero sobre todo útil manera de asumir el compromiso de vivir

sábado, 30 de abril de 2011

Elías Nicolás Centeno

Un Guatireño por convicción

 Aníbal Palacios B.


Elías Nicolás Centeno nació en Cariaco, estado Sucre, el 10 de septiembre de 1881. Su familia  emigró a Caracas, y José, el hermano mayor, se estableció años después en Guatire. En las postrimerías del siglo XIX el viaje de la capital hasta esta población había que hacerlo a caballo. En los primeros días de diciembre de 1893, Elías Centeno llegó a Guarenas, y de allí una familia amiga de José Centeno tenía el encargo de enviarlo  a Guatire. Como en ese momento no había quien lo acompañase, decidieron enviarlo en una yegua que al parecer se sabía el camino solita hasta la entrada del pueblo, de tantas veces recorrerlo. Allí lo estaría esperando José... Pero hubo un pequeño detalle que pasó inadvertido para todos: a la yegua la ensillaron con la cabeza hacia el Oeste y al arrearla, hacia allá se dirigió. Cuando Elías se percató de que transitaba el camino por el que había venido, torció el rumbo, y el destino, de cara al Este. Cuando llegó a Guatire, ahora sí, fielmente conducido por el noble animal, se despejó la cara de preocupación de su hermano por el retraso, y  cielo y valle dieron una cálida bienvenida a quien se convertiría en una figura de primer orden durante las primeras seis décadas de historia social, cultural, política y económica en el siglo XX de esta población.

El maestro
Elías Centeno se graduó de bachiller en Caracas, e inició estudios de Derecho que no pudo culminar. En Guatire fue comerciante, administrador, maestro, Director de la Escuela Federal, Registrador Subalterno, Concejal, músico -estudió bajo la batuta del maestro Régulo Rico, y formó parte de la Banda Unión Filarmónica-, poeta, pero fundamentalmente un hombre que se entregó por entero a trabajar por el fortalecimiento de las estructuras culturales de nuestro pueblo, junto con personalidades como Antero Muñoz, Ramón Alfonzo Blanco; Régulo Rico, Ágel María Daló y el padre Istúriz, entre otros. Como docente, tuvo entre sus destacados pupilos a Rómulo Betancourt, Vicente Emilio Sojo  y Ángel María Daló; el primero por voluntad propia.

Nos cuenta Margarita Centeno, hija de Elías, que dos casas más abajo de la residencia de Luis Betancourt y Virginia Bello (padres de Rómulo Betancourt), en la calle Miranda, las hermanas Hernández Suárez dirigían una escuela de primera enseñanza para niñas. En aquel entonces los planteles eran separados para varones y hembras, pero los varoncitos de pocos años solían recibir sus primeras enseñanzas de lectura y escritura en las escuelas para damas. Rómulo era, dada la vecindad, se convirtió en alumno irregular de este plantel, pero las mamaderitas de gallo de sus amigos más grandecitos se le hicieron insoportables y un buen día decidió irse directo a la escuela dirigida por Elías Centeno, ubicada a tres cuadras de su casa, en la esquina donde justamente hoy está el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa, que en la época conformaba una cuadra perteneciente a la familia Nicolai, dueños de la hacienda El Norte. Rómulo se dirigió al aula de Elías Centeno y entablaron el siguiente diálogo:

- “Don Elías, quiero que usted me enseñe”.
- “Pero Rómulo, no tienes la edad suficiente para asistir a este plantel”-
- “Yo no quiero ir más a la otra escuela, quiero ser alumno suyo”.

No hubo manera de convencer a Rómulo de que era muy pequeño para ese nivel; la terquedad, al parecer, le venía de niño al futuro dirigente político, quien jamás volvió a las aulas de las hermanas Hernández Suárez y e inició sus estudios formales de la mano de Elías Centeno..

Vicente Emilio Sojo decía que Elías Centeno era muy exigente con la ortografía, la caligrafía y la oratoria. A pesar de ser casi contemporáneos, el músico fue su alumno. En varias oportunidades contó la siguiente anécdota: - “Escribía en la pizarra con una letra muy pequeña, cuando Elías me dijo: “Esa garrapata de letra yo no la entiendo, me vuelves a escribir en castellano como te enseñé; hay que escribir para que los demás lean, y yo no entiendo lo que dice ahí”. 

Su actividad pública dentro de los acontecimientos sociales, culturales y políticos comenzó cuando a los 19 años fue designado Secretario de la Junta que asumió la reconstrucción del templo derrumbado por el terremoto del año 1900.  Bolivariano, de los de antes, Elías Centeno era casi el Orador de Orden Oficial de los actos públicos protocolares con motivo de las fiestas patrias. Fue designado Presidente de la Junta que celebró el Centenario de la Independencia, el 5 de julio de 1911.

En diciembre de ese mismo año, 1911, es nombrado apoderado del Distrito Zamora, ad honorem,  para resolver la disputa de límites con el Distrito Acevedo, cuyas autoridades sostenían que sus linderos llegaban hasta Reventón, muy cerquita de Araira. Ante las constantes disputas por parte de los concejos municipales de ambos distritos, el Gobierno del Estado Miranda decidió intervenir para solucionar el problema, y nombró al Procurador General para que mediara en la disputa. Elías Centeno, quien había investigado acuciosa y profusamente la  problemática, demostró los verdaderos linderos del Distrito Zamora, con documentos auténticos, con leyes territoriales y con mapas, no con cuentos de los abuelos e interpretaciones ligeras, logrando así solucionar definitivamente esta disputa que restableció los límites de Guatire por el Este, que son los que conocemos actualmente.

Se casó con María Derifa Guía, y tuvo tres hijos: Margarita (la Nena), Teresita y Elías. Derifa, como se le conocía, era pianista y guitarrista, además muy culta. Con motivo de la presencia de estudiantes presos por el régimen gomecista en las Colonias, prácticamente toda la población de Guatire y Araira se identificó con ellos, quizá más por razones humanitarias que políticas, pero lo cierto es que en una oportunidad estuvo a punto de ir a La Rotunda por una falsa acusación de antigomecista. “Él no trabaja por política, el trabaja por su pueblo” le precisó alguien al gobernante, y no fue detenido.

En el año 1930, el general Gómez dispuso que para conmemorar los cien años de la muerte del Libertador, cada pueblo debería contar con una Plaza Bolívar con su estatua alusiva al héroe de la independencia, financiada por el gobierno. Pero para Guatire no habría financiamiento de estatua alguna, “por alzaos”, le dijeron en la Gobernacion del estado Miranda. El cinco de mayo del año anterior un grupo de guatireños, en un alzamiento, habían dado muerte al Jefe Civil, compadre del general, lo que generó la posterior exclusión. Los habitantes de Guatire esta vez sí se alzaron en su totalidad y en un acto de resistencia pacífica, decidieron comprar ellos mismos su estatua. Se nombró una Junta presidida por Ramón Alfonzo Blanco, y conformada además por el presbítero Jacinto Soto, Manuel Hernández Suárez, Elías Centeno (Tesorero), Antero Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz. La plaza se bautizó con el nombre de “24 de julio” en acto solemne el 17 de diciembre de 1930; pero dejemos que el propio Elías nos relate la historia:

 “...corría el mes de junio de 1930, se acercaba el 17 de diciembre, fecha del primer centenario de la muerte del Libertador, los principales pueblos de Venezuela, desde el mes de enero de ese año, se preparaban para la gran conmemoración con Bustos y Estatuas ofrecidos por el Gobierno Nacional y por los Estados. Este Distrito pidió un Busto que le fue negado; había cometido un pecado político: el brote revolucionario que tuvo lugar el 5 de mayo del año anterior, con pérdida de varios funcionarios del Gobierno. Pero  el pueblo no se amilanó, había que tributar un homenaje póstumo al Libertador, no con un busto como se había pensado, sino con una Estatua. Se nombró el 24 de Julio, día de su nacimiento, la Junta Directiva... (que acordó la inauguración de la Estatua, el mosaico de la plaza '24 de Julio', sus barandas y la construcción -a futuro- de un hospital que llevaría por nombre 'Santa Marta', ciudad donde murió el prócer)... Con este gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos nacionales, sino con el dinero del pueblo...” 

Elías político
Fue Jefe Civil desde 1939 hasta junio de 1945, su gestión quedó enmarcada dentro de unos sencillos parámetros que expuso en una alocución pública: juró ser fiel guardián de los intereses comunales y respetar las leyes con igualdad, a su vez que exigió de los guatireños cumplir con su deber de ciudadanos. Sin demagogia, no ofreció prebendas y dejó claramente establecido que en el fiel cumplimiento de las leyes tienen igual responsabilidad gobernantes y ciudadanos. Aprovechó las relaciones que el cargo le confería, para gestionar, junto con otros destacados guatireños, la construcción del prometido hospital, que se inauguró a finales de 1939.
Rómulo Betancourt, perseguido político para la época, algunas veces se escondía en la casa de Chucho Pacheco, a una cuadra de la Jefatura Civil, iglesia de por medio. Cuando esto ocurría las hijas de Pacheco no salían a jugar a la plaza, por temor a deslices infantiles. Elías Centeno se percataba del hecho y mandaba un mensaje con los amigos: “Dile a Chucho Pacheco que le aconseje a Rómulo, que se vaya, que no me comprometa, que me lo están pidiendo y yo sé que él está allí...” y Rómulo no abusaba ni de la hospitalidad de Pacheco ni de la complicidad de Centeno. Al día siguiente las niñas volvían a jugar en la Plaza.

Una tarde, años después, se presentó en su casa un anciano, Elías lo reconoció enseguida, pese al convincente disfraz: “Rómulo, que haces aquí, no sabes el peligro que corres”.  “Ayúdame Elías, me andan buscando.”  “Me pones en un aprieto Rómulo, entre el deber de funcionario y el de amigo”... Privó la amistad, y Elías Centeno ayudo a escapar al fugitivo político. Años después Rómulo se acordó del gesto. Cuando derrocaron a Isaías Medina Angarita, las nuevas autoridades adecas dispusieron la detención de Elías Centeno, Ángel María Daló y Manuel María Yánez. No hubo maltratos físicos, sólo estuvieron detenidos. “No tomes agua de la que te ofrezcan allá”, le recomendaba una preocupada Derifa. Cuando al ahora presidente Rómulo Betancourt le llegó la noticia, se enfureció y ordenó la inmediata libertad de los detenidos. Al salir en libertad, todos se fueron inmediatamente a sus casas, pero en el hogar de los Centeno-Guía hubo un poco de angustia porque el jefe de familia no llegaba a casa... se detuvo a saludar a todos los vecinos que le manifestaban su solidaridad.

En los años 40 y 50 no ser adeco era casi una afrenta, además de un error político. Elías Centeno, entre otros pocos destacados personajes, no lo era, y se lo cobraron en 1958 con un sórdido, inmoral y  anónimo panfleto que trató de enlodar su figura junto con ciudadanos como Julio Omaña, Ángel María Daló y Andrés Pacheco Anderson, entre otros. Pocos años más tarde, en uno de esos días en los cuales Betancourt dejaba a un lado la majestad presidencial para visitar a sus viejos amigos guatireños, Rómulo le dijo: “¡Como te aprecio Elías! Casi como si fueras mi padre, lástima que no seas adeco, con esa cabeza que tienes”. Y Elías le respondió: “No soy adeco, Rómulo, sólo soy del pueblo y me preocupo por él”. Fue, si se quiere, una especie de desagravio político.

Este hijo adoptivo de la patria chica, tras décadas de actividad por su pueblo, dejó un vacío al morir, el 10 de abril de 1962.

domingo, 24 de abril de 2011

Colegio Santa María Goretti

Colegio Santa María Goretti
Patrimonio Institucional de Guatire

Aníbal Palacios B.

Para medir la importancia y trascendencia de lo que ha sido la labor educativa de en esta región de las Misioneras del Divino Maestro, cariñosamente conocidas simplemente como las monjas del Goretti, es necesario remontarse al Guatire semirural del año 1952, cuando llegaron a estos valles.

Nos atreveríamos a afirmar que la fundación del colegio Santa María Goretti tuvo más visión de futuro que de aquel lejano presente. Con una pequeña población en edad de asistir a la escuela primaria, el recién creado grupo escolar Elías Calixto Pompa cubría satisfactoriamente las necesidades pedagógicas de Guatire en aquel entonces, toda vez que concentró en su seno a las escuelas existentes; de hecho, el Elías Calixto Pompa fue la primera escuela que albergó a niños y niñas en un mismo salón de clases; anteriormente los varones estudiaban en el colegio Narvarte frente a la actual plaza 24 de Julio, mientras que las pequeñas damas asistían al Padre Puerto, ubicado un poco más arriba de la hoy Biblioteca Don Luis y Misia Virginia.

Posiblemente haya causado extrañeza que se fundara otra escuela exclusivamente para niñas, pero el padre Augusto Laboren, párroco local, consideró que la educación religiosa, como complemento de la formación laica, solamente podía garantizarse a través de un colegio dirigido por monjas, y nadie mejor que las Misioneras del Divino Maestro para esa tarea. Es así como el 4 de septiembre de 1952, en un local ubicado en la calle Miranda cercano a la capilla del Nazareno, que luego ocuparía el Liceo Ramón Alfonzo Blanco, las Hermanas de la Congregación, Soledad Rodríguez, Pipo y María López, fundan oficialmente esta escuela, según nos cuenta el doctor Gilberto Useche. El primer director fue el padre Laboren, y lo sustituyó el doctor Useche, quien  señala que esto ocurrió porque las monjas, de origen español, debían realizar una equivalencia de sus estudios para poder dirigir el plantel. Es a partir de 1954 cuando se cumplen con los requisitos exigidos por el Ministerio de Educación, y la hermana María Elena de Jesús asume el cargo de directora.

No le tomó mucho tiempo al Goretti ganarse la voluntad, el cariño y el respeto de los guatireños, y pronto las familias de Araira y Guarenas optaron por inscribir allí a sus hijas. El colegio se mudó a un local ubicado frente a la iglesia, y años más tarde se trasladaron al local que ocupaba el club social El Campestre, que modificado, remodelado y ampliado, hoy conocemos.

La nostalgia nos lleva a finales de los años sesenta y principio de los setenta cuando la congregación rompe algunos esquemas y abre sus espacios a los adolescentes guatireños a través de un club juvenil, bajo la conducción de la hermana Teresita Puertas, que orientó, y formó como líderes a no pocos muchachos y muchachas en una época en la cual no abundaban los lugares de esparcimiento y recreación. Lo que hoy conocemos como Movimiento Carismático Católico de alguna manera tuvo sus raíces, por lo menos en Guatire, para ese entonces y de la mano de esta simpática monja.

Transcurrieron 35 años para que el "Goretti" se convirtiera en escuela mixta; la congregación decidió llevar paso a paso este proceso, y en el año 1987 ingresaron por primera vez los varoncitos, desde el último nivel de preescolar.