viernes, 13 de noviembre de 2020

 

Guatire no tiene Plaza Bolívar

Aníbal Palacios B.

 A mediados del año 1995 la comunidad guatireña se enfrentó al gobierno local que pretendía, en aras del progreso, la magnificencia y el derroche, desterrar al olvido lo que constituye uno de los patrimonios históricos y culturales más significativos del pueblo de Guatire desde su fundación.

Vieja iglesia, viaja plaza
La plaza principal de Guatire no se llama Plaza Bolívar; es más, Guatire no tiene plaza Bolívar. La plaza que todos conocemos frente a la iglesia, con la estatua pedestre del Libertador es la Plaza 24 de Julio. Su nombre no es caprichoso; todo lo contrario, tiene un profundo significado histórico que enaltece el gentilicio guatireño. La estatua de Simón Bolívar que allí admiramos fue adquirida por colecta pública entre todos los pobladores de aquel Guatire del año 1930: comerciantes, hacendados, peones de las haciendas, empleados del comercio, amas de casa y hasta los niños estudiantes de la Escuela Federal Narvarte (varones) y de la Escuela Federal N° 74 (mujeres) que con orgullo cedieron sus  centavitos de la merienda escolar; la comunidad entera aportó, acorde con sus disponibilidades, el dinero que permitió adquirir tan significativa escultura.

Antecedente patrimonial

Plaza antigua

La plaza de Guatire no tuvo nombre hasta finales del siglo XIX. Ubicada exactamente en el lugar que hoy ocupa el abandonado, feo e inútil estacionamiento del Centro Cívico, actual sede del Concejo Municipal, la plaza era un pequeño lugar de encuentro, con una fuente en su centro, rodeada de árboles, flores y palmeras, bordeada por una empalizada, que luego fue sustituida por una estructura de hierro y en lugar de la fuente se colocó un faro, y se arreglaron las caminerías. En 1917, por iniciativa de Antero Muñoz, comerciante guatireño de la época con gran ascendencia en la población, se logró que el Distrito Zamora del estado Aragua donara a Guatire un busto de Ezequiel Zamora, que fue enviado desde Villa de Cura hasta Caracas, y de allí, en una carreta, lo trasladaron a nuestra población; a partir de ese momento la plaza, que ya venía conociéndose como Zamora, tenía una figura representativa de su nombre.

Antecedente histórico

Jefatura Civil, al fondo

El 5 de mayo de 1929, a las 4 y media de la tarde, hubo un alzamiento en Guatire contra el régimen de Juan Vicente Gómez. La conspiración local se enmarcaba dentro de una descoordinada rebelión nacional que en Miranda comandaba el general Norberto Borges. La insurrección fue abortada, pero los guatireños no se enteraron y actuaron según lo planeado. Los rebeldes no lograron tomar la Oficina del Telégrafo y la conjura fracasó, no obstante en el enfrentamiento murió el Jefe Civil Luis Rafael Ostos y un funcionario policial. Juan Francisco Pacheco era el jefe de los insurgentes que, entre otros, conformaban Néstor Silva, Eugenio Muñoz, Gregorio Suárez y Félix Mijares. Desde Araira se incorporaron Natividad Rojas y sus hijos Miguel y Simón González, Luis Mario Monroy y los hermanos Fernández, según una crónica de Ángel María Daló, quien agrega que Ramón Dorta no estaba implicado pero juzgó que de todas maneras lo acusarían y decidió sumarse al movimiento. Por su parte Andrés Pacheco Anderson (Pachequito), quien no tenía nada que ver con el asunto, se convirtió en el primer preso debido a que su ímpetu juvenil, tenía 18 años, le llevo a tomar el viejo Ford Tablitas del Jefe Civil e informar a todo el vecindario sobre los acontecimientos, para luego ir a Guarenas con el mismo propósito, pero fue detenido y torturado. Al resto de los alzados se les persiguió y luego de su detención fueron enviados a la cárcel de la Rotunda, lugar donde ya les esperaba Pachequito. A partir de ese momento Guatire cayó en desgracia para el gobierno del general Gómez, tanto así que se pretendió hasta silenciar su nombre, y según un calificado relato de Elías Centeno, prominente vecino de la época, cuando la prensa capitalina tenía la necesidad de referirse a Guatire, solía utilizar expresiones como “… de una población mirandina…”.

Para el año 1930, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, el general Juan Vicente Gómez, entre otras disposiciones, ordenó que cada pueblo de Venezuela tuviese una plaza con un busto o una estatua del padre de la Patria, financiada por el gobierno nacional. Cuando las autoridades guatireñas fueron a Los Teques, capital del estado, y solicitaron en la Gobernación de Miranda el busto de Bolívar que correspondía a nuestra población se les negó la petición, por insubordinados. Ante esta situación, los honorables ciudadanos guatireños constituyeron una Junta que conformaron el doctor Ramón Alfonzo Blanco (Presidente), el padre Jacinto Soto (Vicepresidente), el doctor Manuel Hernández Suárez (Secretario), Elías Centeno (Tesorero), Antero Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz, entre otros, quienes no se quedaron con los brazos cruzados y decidieron que la negativa de ayuda oficial no era motivo suficiente para que Guatire no rindiera un homenaje a Bolívar, por lo que decidieron solicitar a la población una colaboración para adquirir un busto del padre de la patria. La respuesta fue tan contundente que los fondos aportados (Bs. 27.139.80, según el autorizado testimonio de Ángel María Daló, primer Cronista Oficial de la ciudad ) permitirían adquirir no ya un busto sino una estatua a un costo de Bs. 30.281,67. La diferencia, Bs. 3.141,87, la aportó la municipalidad. Eran tiempos de transparencia administrativa y no existía malversación; en otras palabras… bueno, ustedes entienden.

Lo cierto es que acordaron remodelar la plaza y erigir una estatua en lugar de un busto. La efigie escogida fue la de Bolívar estadista y guerrero, como se le conoce. Se trata de una réplica de la escultura de Pietro Tenerani (1789-1869) erigida originalmente para la Plaza Bolívar de Bogotá en 1846, que fue la primera estatua pública del Libertador en el mundo. En Ciudad Bolívar también existe una réplica de la misma obra, del año 1869, según relata César Urbano Taylor en una publicación titulada Pietro Tenerani: el escultor del Libertador. De manera, que no es cierto que la estatua de nuestra plaza haya sido solicitada directamente al famoso escultor italiano (ya había fallecido), ni importada desde Francia o Italia. No había recursos suficientes para adquirirla, ni el tiempo para tramitarla, vaciarla y trasladarla, ya que fue enaltecida el 17 de diciembre de 1930.

Plaza, vista desde el Grupo Escolar

Por lo demás, las autoridades mirandinas consideraron un desacato que los guatireños insistieran en tener su plaza y presionaron para que no llevara el nombre del Padre de la Patria, por lo que se optó por denominarle Plaza 24 de Julio. Fue un acto de resistencia pacífica activa contra el gomecismo, y toda la comunidad participó en el mismo. Elías Centeno describió el momento de la siguiente manera: “…Con este gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos nacionales, sino con el dinero del pueblo…”. El 17 de diciembre de 1930, con un solemne acto público, Guatire conmemoró los cien años de la muerte del Libertador, y bautizó la plaza como 24 de julio.  

El busto de Zamora fue trasladado a la Plaza 5 de Julio, una pequeña franja de terreno colindante también con la calle Girardot, ubicada en lo que es hoy la entrada del Centro Cívico. A partir de ese momento esa Plaza pasó a llamarse Plaza Zamora.


La defensa patrimonial

Años después, en 1995, el Alcalde Arístides Martínez y el Concejo Municipal abatían la ilustre figura de su pedestal para sustituirla por una estatua ecuestre; demostrando así un absoluto desconocimiento de los valores patrimoniales del municipio que gobernaban, en una acción que subestimó el ímpetu de una joven generación de guatireños, que logró movilizar a la comunidad para impedir que la soberbia de unos funcionarios se impusiera por sobre el sentimiento popular y relegara al olvido una gesta histórica que representa precisamente una demostración de resistencia a las arbitrariedades de los gobernantes. Fue el poeta Rafael Borges quien siguiendo los consejos de otro viejo bardo guatireño, Elías Calixto Pompa  (“… entreabre con amor tus labios viejos, y alumbra al joven que te sigue el paso, con la bendita luz de tus consejos”), dolido, preocupado e indignado, exclamó en la plaza ante un grupo de jóvenes: “!Cómo es posible esa barbaridad;  eso es un crimen contra los valores culturales de un pueblo, a ustedes los muchachos les corresponde salvaguardar y honrar la memoria histórica de esta comunidad, cómo vamos a dejar que nos quiten nuestra estatua¡” Seguidamente detalló las intenciones de las autoridades locales  y  explicó las razones por las cuáles la estatua de Bolívar no era tan sólo un monumento más erigido al padre de la patria, sino que tenía una connotación diferente para aquella generación de guatireños que en el año 1930 se atrevió a enfrentar la tiranía para rendir homenaje al Libertador. La arenga caló entre los jóvenes y el movimiento rescatista sumó adeptos en toda la población. La gesta reivindicadora creció y se constituyó el Comité Pro Defensa de la Plaza 24 de Julio, al frente del cual estaba, entre otros César Gil, Cronista Oficial de la Ciudad, José Manuel Milano, César Martínez, Oswaldo Gómez y Marcos Milano. Hubo movilización hacia los planteles educativos, las organizaciones culturales, deportivas, políticas, vecinales y ambientalistas de Guatire, lo que fortaleció al Comité.

Y se prendió la mecha.

Agravio

El Alcalde pretendía colocar en la plaza una estatua de Bolívar civil encargada al prestigioso escultor Julio César Briceño, pero la comunidad guatireña no aceptó la imposición. No se trataba de rechazar una obra de indiscutible valor artístico e histórico como la figura creada por Briceño; se trataba de defender el legado histórico de la población, y así se le hizo saber al Alcalde y a los Concejales. Pero prevaleció la prepotencia de los gobernantes y la estatua fue bajada de su pedestal a pesar del sólido razonamiento que constituía el hecho de ser un genuino y enaltecedor patrimonio público, de esos que dignifican la lucha de los pueblos. La actitud del Alcalde enardeció a los guatireños y a la iniciativa del Comité de Defensa de nuestra plaza se le fue sumando gente, que poco a poco iba aportando su granito de arena a la causa, y es así como Pedro (Pepote) Muñoz entrega un documento de significativa importancia en la discusión planteada: el programa elaborado para los actos del 17 de diciembre de 1930, denominado: OFRENDA QUE EL PUEBLO DE GUATIRE DEDICARÁ A LA MEMORIA DEL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE, y en reunión realizada en el salón de sesiones del Concejo Municipal, se acuerda que la estatua debe permanecer en su lugar. Pero la soberbia obnubila el entendimiento, y el Alcalde decidió días más tarde desconocer dicho acuerdo bajo el argumento de que ese “grupito” de personas no representaba el sentir popular.

La Alcaldía decide invitar al doctor Marcos París del Gallego, Director del Ceremonial y Acervo Histórico de la Nación, en su búsqueda de apoyo, pero los delegados voluntarios de la comunidad guatireña iban multiplicándose día a día y esta vez le tocó a Marcos Lander, viejo amigo del académico, sumar su aporte: alertó al ilustre visitante sobre la polémica existente, y París del Gallego, a la par de exaltar las bondades de la estatua ecuestre, lo cual nunca estuvo en discusión, recomendó escuchar la voz del pueblo, y ese pueblo gritaba ¡Devuélvannos la estatua! Ante la sordera oficial aunada a una campaña mediática que tenía por objeto descalificar la voluntad popular, la movilización continuó, y el Comité decide convocar una Asamblea Popular para el día 1º de noviembre de 1995 en la Casa Sindical; la masiva asistencia exigió a los organizadores acciones contundentes para la defensa del patrimonio histórico y cultural de Guatire; los miembros del citado Comité Pro Defensa de la Plaza 24 de Julio lograron contener con mucho esfuerzo a la exacerbada e indignada concurrencia. Privó la sindéresis y la Asamblea se canalizó dentro del riguroso contexto histórico que le era propio. Ese día se acuerda por unanimidad dar un ultimátum al alcalde en manifiesto escrito donde se insta a colocar la estatua en su lugar de origen en un plazo no mayor de 15 días.

Volvió la estatua

Al final, las autoridades ceden ante el peso de las circunstancias, y la estatua pedestre regresa al lugar al cual pertenecía por decisión popular, el poeta Rafael Borges que se encontraba presente en ese momento aplaudía con el entusiasmo de quien ve en ese acto un desagravio a aquellos guatireños de 1930.  

La estatua de Bolívar Ecuestre, del escultor Julio César Briceño,

inspirada en un cuadro del pintor Norberto Liendo, se convirtió entonces en una especie de jarrón chino, y comenzaron a buscarle desesperadamente un lugar, cualquier lugar, donde ubicarla. Su escultor negó categóricamente haber exigido a la Alcaldía que retire la estatua de su taller en Las Barrancas, y manifestó que pese a tener un convenio para su custodia, conservación, mantenimiento y protección, jamás le pagaron. El proyecto original era construir una plaza con el nombre del Libertador al lado del Centro Comercial Guatire Plaza, a través de un acuerdo de los constructores con la Alcaldesa Carmen Cuevas, cuya exigencia no fue concretada por ese gobierno. Años después, en 2016, los gobernantes de turno consideraron que ese espacio era más adecuado para ubicar buhoneros y construyeron allí una especie de centro comercial para ellos, mientras confinaban la estatua en la orilla del rio Guatire en la Urbanización Castillejo, en un parque denominado Paseo Ezequiel Zamora; un final que, podemos decir, no fue tan feliz.

palacitto@gmail.com

Publicado en TereTere N° 42 - Junio 2004

Actualizado en guatireysugente - Noviembre 2020

domingo, 4 de octubre de 2020

 

Rafael Borges, perfil biográfico

Aníbal Palacios B.

Nació un 25 de octubre de 1916 en Macaira, un sector de Guatire en el cual también había nacido Vicente Emilio Sojo 29 años antes; de hechos sus casas eran contiguas. 

Bautizado como Rafael Servando Borges Pellicer, sus primeras letras las aprende de la mano de la maestra Belén Blanco, por cuya sala pasaron dos generaciones de guatireños de principios del siglo XX. Una vez con el conocimiento de la lectura y la escritura, Borges estuvo bajo la tutela de Régulo Rico, el mismo que dirigió los pasos musicales de Vicente Emilio Sojo, pero la escala musical no compaginaba con Rafael Borges, se le daba mejor la métrica lírica.

Para los jóvenes de escasos recursos económicos el Guatire de entonces ofrecía pocas oportunidades de trabajo: jornalero en las haciendas de caña o en las obras de construcción, que para la época eran escasas. Pero su constitución física no le ayudaba mucho para esos menesteres pues era alto y delgado o enjuto, para utilizar un término ya en desuso, así que se dedicó a los espectáculos artísticos de fin de semana ya que era contorsionista, cantante y declamador; de hecho, tenía demanda como serenatero porque su repertorio romántico gardeliano contaba con un valor agregado: su poesía. Ya comenzaba a escribir sus primeros poemas solo que las oportunidades de publicar eran escasas, pese a que hacia el año 1939 circulaban en Guatire dos semanarios, El Indio (de corte político opositor) y La Voz de Guatire (también de corte político aunque gubernamental), pero Rafael Borges tenía una significativa limitación: era joven, y en un mundo de adultos, los jóvenes tenían pocos espacios. Autodidacta como cualquier ciudadano de su tiempo, ejerció de maestro y de funcionario público lo que le facilitó la estabilidad económica necesaria para casarse y dedicarse en sus ratos de ocio a la poesía. Su amistad con Vicente Emilio Sojo le abrió puertas en los círculos literarios de Caracas, lo que amplió sus conocimientos y sus horizontes: Aquiles Nazoa, Juan Liscano, Miguel Otero Silva, Evencio Castellanos, Héctor Guillermo Villalobos, Mario Briceño Iragorry, Nicolás Guillén...

En 1957 publicó Los Portales de la Aurora, poemario con el que cautiva a los críticos literarios. Manuel Salvador Páez, por ejemplo, dice que Borges “… maneja a perfección el soneto y, para ser sonetista se necesita, además de ser poeta, dominar el endecasílabo…”, y lo compara con Petrarca. Resalta su manejo de las octavas reales, lo que le hace recordar a Garcilaso de la Vega.

Salvador Páez ejemplifica su análisis con la siguiente estrofa de su poema inspirado en el terremoto de 1900:

Caravanas de alarmas agoreras

Rasgaron prestas la quietud del cielo;                                                        

el tiempo se detuvo en sus fronteras

y el sol no pudo levantar el vuelo.

La tierra alzó sus voces lastimeras

como buscando a Dios en su revuelo;

porque es en Él, -en la justicia alcana-,

Donde hay perdón a nuestra falta humana.

 

Con  Inocente Carreño

Para Miguel Otero Silva…”Rafael Borges es un poeta de pueblo, nacido del pueblo y vuelto hacia él para cantarlo… Borges desentraña súbitamente metáforas de sorprendente valor clásico y maneja en ocasiones la técnica del soneto con mayor soltura que muchos poetas cultos que publican en las páginas literarias de los diarios”…

Poeta lírico por excelencia, publicó en 1961 su Poética Narrativa. Borges le cantó a su pueblo, a sus personajes, costumbres y leyendas, que destacar algunas sobre otras se dificulta mucho, por tanto, y solo a título enunciativo, señalamos: La leyenda del Pozo de la Churca, Adiós al loco Tomás, Terremoto en Guatire en 1900, Décimas a la hermosura y al dolor del campo.

Autor del Himno del Municipio Zamora, del Grupo Escolar Elías Calixto Pompa y del Liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco, su poesía ha sido compuesta musicalmente por músicos como Evencio Castellanos, Pedro Muñoz y Antonio Machado.

Cuando en el año 1995 las autoridades locales pretendieron eliminar la estatua pedestre de Bolívar de la Plaza 24 de julio para sustituirla con una estatua ecuestre, fue el poeta Borges quien alertó sobre el despropósito de la Alcaldía y el Concejo Municipal; y explicó a las nuevas generaciones las razones por las cuáles la estatua en cuestión no era tan sólo un monumento más erigido al padre de la patria, sino que tenía una connotación histórica, diferente para aquellos guatireños que en el año 1930 enfrentaron la tiranía para rendir homenaje al Libertador. La arenga caló entre los jóvenes y el desaguisado se impidió.

Rafael Borges es el poeta más representativo del género en el Guatire de siglo XX; murió el 16 de febrero de 2009.

Bibliografía:

ACUÑA: Guido. Rafael Borges. Obra Poética. Contraloría General del Estado Miranda. Los Teques, Octubre 1994

BORGES, Rafael: Los Portales de la Aurora. Tipografía Matheus. Caracas, 1959

MILANO M., José Manuel: Rafael Borges. Biografía. Alcaldía del Municipio Zamora. Guatire, 2000.

martes, 7 de abril de 2020

La leyenda del Nazareno de Guatire
Aníbal Palacios B.

Un inusitado interés despertó en la población guatireña los actos conmemorativos de la Semana Santa de 2005 motivado a que después de 132 años volvió a verse la cabeza del Nazareno que alarmó a la bucólica aldea guatireña en el año 1873 y que, a falta de crónicas escritas, generó una leyenda en la cual se tejió una misma versión del suceso pero con diferentes protagonistas.

Conocía un lejano y difuso cuento de abuelos que narraba un hecho ocurrido en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, pero por inverosímil no le dedique mayor atención. Parecía una de tantas narraciones propias de Julio Lezama, un personaje nacido en Las dos Quebradas (El Bautismo) a principios del siglo XX a quien llamaban “el hombre más embustero del mundo” por su facilidad para inventar amenas y estrambóticas fábulas que nadie creía pero que a todos divertía. Así que cuando Margarita Centeno, en su casa de Maripérez, me invitó a narrar esta leyenda le expliqué lo poco que me gustaba escribir sobre temas que no podían sostenerse documentalmente, y ese hecho en particular tenía mucho mito y escasa veracidad.

-¿Cómo que escasa veracidad?, ¡la historia es real!- respondió enfática e indignada-. Por mucho tiempo yo tuve la cabeza del Nazareno en ese rincón de  la sala... Le diré a Esther María que hable contigo y te explique lo ocurrido.

Se refería a Esther María Jaspe Espinoza, nieta de Baldomero Espinoza. Margarita ignoraba que Esther había fallecido pocos días antes.  Esther María solicitó a sus hijos la cremación de su cuerpo y que sus cenizas reposaran en la capilla del Nazareno de Guatire. Tres días más tarde Gustavo y Luis Tortabú, sus hijos; vinieron al pueblo. Buscaban la manera de satisfacer los deseos de su madre y se toparon frente a la capilla del Nazareno con Antonio Pittol y este los envió al Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), donde había una reunión de la Academia de la Historia. Conversamos, les expliqué que, ¿casualmente?, estaba tras la pista de la familia para constatar la autenticidad de lo narrado por Margarita Centeno y me informaron que sí, ¡ellos tenían la cabeza del Nazareno!

Luego de exponer los pormenores del asunto hablaron sobre la petición de su madre y me comprometí a que si se exhibía la cabeza del Nazareno durante la Semana Santa, es decir, un mes más tarde,  podría convenir con los directivos de la Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro para que satisficieran  los deseos de Esther María, y así ocurrió.

Leyenda y realidad
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho realEso es precisamente lo que rodea a lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Santa, al momento de bautizar la nueva figura del Nazareno (ceremonia acostumbrada cuando llegaba una nueva imagen al templo), entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos. Esa relación de pareja hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era aceptada por la sociedad. Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿fortuitamente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara innecesariamente sólo por  satisfacer veleidades personales. .

Los sucesos
Cuenta la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante su asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, abrió la boca con expresión de incredulidad, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación.

La crónica
La Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro se fundó el 11 de abril de 1868; su primer Presidente fue Julián García y entre sus miembros estaba el padre José María Istúriz, Tesorero de la misma y párroco de esta feligresía para el momento en el cual ocurrió esta historia. En el Libro de Acta de esta Sociedad  consta que el 3 de mayo de 1873, 20 días después de lo acontecido, Baldomero Espinoza fue autorizado para trasladar a Caracas la imagen del Nazareno para sustituir la cabeza por otra semejante a la que está en la Iglesia de San Pablo. En dicha Acta no se especifica cómo ni por qué se deformó la figura. Otro elemento que se sumó a la polémica que generó este suceso gira en torno a la propiedad de la imagen y a la relación de Baldomero Espinoza con la Sociedad. Se dice que Espinoza no era miembro de ella, y por su gesto de sufragar la nueva imagen fue nombrado Miembro Honorario. Esta designación consta en el Acta del 03/05/1873; es decir un mes luego de ocurridos los hechos que narramos. Pensamos que bien pudo ser miembro de la Sociedad y recibir tal honor; de hecho, poco tiempo después fue nombrado Vicepresidente y meses más tarde, por razones no explicadas en los libros, renunció al cargo y a su condición de Miembro Activo, más no a su categoría de Honorario.
En relación con la propiedad del Nazareno, la familia Espinoza-Jaspe, siempre ha señalado que perteneció a ellos. Era costumbre en la época que las imágenes fuesen propiedad de las familias, y algunas de ellas las donaban a la Iglesia o a las Sociedades. En la misma Acta que citamos del 03/05/1873 está explícitamente escrito que la representación del Nazareno pertenecía a la Sociedad. No obstante, nos preguntamos ¿por qué Baldomero Espinoza conservó la cabeza original, una vez sustituida, y no la Sociedad? Tal vez los prejuicios propios de la época permitieron que la Sociedad no se interesase en ella.

Calle Concepción, casa de Baldomero Espinoza
¿Fue  originalmente suya la imagen? Es necesario acotar que el Nazareno estuvo por muchos años bajo la custodia de la familia de Baldomero Espinoza, quien por lo demás vivía en la calle Concepción, justo frente a la iglesia. En el año 1928 se construyó la capilla del Nazareno, ubicada en la calle Miranda, en la esquina que conduce al sector conocido como Candilito, y la remozada imagen fue

llevada desde la sala del hogar de los Espinoza-Jaspe hasta la nueva sede. De la Sociedad del Divino Maestro se conoce su Reglamento, que data de 1891, que nos sirvió de base para la investigación, pero se desconocen sus estatutos y su primer libro de Actas.

 ¿Casualidades o causalidades?
¿Es acaso casualidad que la Junta Directiva de la Sociedad del Divino Maestro de ese año 2005, a cuyo frente estaban Ángel Pereira, Rosana de Persis y Marianela Velásquez, haya exhibido la figura del Nazareno justamente en esta Semana Santa? Nuestra inquietud nace de la connotación que tiene la Conmemoración Pascual en ese año 2005.
Como es del conocimiento general, la Iglesia Católica celebra la resurrección del Señor el primer Domingo después de la primera luna llena que ocurre luego del equinoccio de primavera (marzo 21), y este año ocurre una confluencia poco común, que acontece tres o cuatro veces en un siglo: el Día de la Anunciación (25 de marzo) coincide con el Viernes Santo; es decir, el anuncio de la llegada de Jesús con el día de su pasión y muerte. La última vez que esto ocurrió fue en el año 1932; en el presente siglo se repitió el evento en el 2016 y volverá a suceder en  2089 y 2095.

¿Qué observó el público?
Iglesia vieja, plaza vieja
Explicamos la leyenda en referencia por la prensa local y anunciamos la exhibición de la cabeza del Nazareno en su capilla; esto generó  en la población  una gran expectativa por ver esa imagen. Para la gran mayoría era la primera vez que oían hablar de la leyenda; algunos estaban al tanto de ella a través de sus padres y abuelos, pero jamás habían visto la cabeza puesto que se desconocía su existencia y por ende no se exhibía en público. Sólo algunas personas privilegiadas allegadas a las hermanas Edelmira y Esther Jaspe, nietas de Baldomero Espinoza, habían tenido oportunidad de observarla, entre ellas Margarita Centeno, quien nos orientó hacia sus custodios.  La familia Jaspe manifestó que la imagen se "ennobleció" al volver al pueblo y sólo una expresión de asombro acentuada por unos ojos engrandecidos, queda como reminiscencia de lo ocurrido 147 años atrás. La boca abierta deja entrever la posibilidad de que ciertamente haya sacado la lengua y luego ésta se haya retraído; no faltó quien dijera que también se la habían cortado. Hubo quienes manifestaron que todo esto había sido un "invento" de la Sociedad para atraer gente a su sede. Lo cierto es que la expresión del rostro se suavizó; tal vez el Nazareno perdonó el agravio y a las actuales generaciones sólo nos haya impuesto como penitencia el soportar malos gobernantes desde el centenario de los hechos narrados a esta parte, por lo que elevamos nuestras plegarias por el perdón definitivo, y para que se nos libere de este tormento gubernamental.

Colofón
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la alcaldesa Solamey Blanco decidió reparar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy cortas y demasiado inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado y calificado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba en su capilla, a tres cuadras de allí.

Cosas veredes, amigos míos.

palacitto@gmail.com