lunes, 19 de diciembre de 2016


Gerónimo Pompa

ilustre guatireño sepultado en el olvido

Servio Tulio Forzán Dágger

Nota: El presente artículo fue publicado en el diario El Universal el 9 de enero de 1992. Fue escrito por el historiador tachirense Servio Tulio Forzán Dagger, a quien debemos agradecer que haya rescatado del olvido la figura de este insigne ciudadano, quien vivió en la casona de El Palmar, destruida en el año 2009 por negligencia del Alcalde y los Concejales del Municipio Zamora del Estado Miranda.  En esa vieja casa también nació Elías Calixto Pompa, su célebre hijo, poeta de las familias hispanoamericanas del siglo XIX. Del citado artículo, transcrito literalmente, hemos resaltado en negritas y cursivas los títulos de las obras del personaje.  – Aníbal Palacios B.-)
 


Son escasos los datos sobre la vida de don Gerónimo Pompa, quien tenía especial afición a las bellas letras. Su  mejor  trabajo, “Medicamentos Indígenas”, libro de gran éxito de ventas y en donde evidencia el autor sus sentimientos de humanidad y su deseo de dar a conocer a las generaciones venideras los recursos medicinales de nuestra flora, abundante, por cierto, en plantas que contienen principios utilizables en terapéutica.
Desgraciadamente, la época en que vivió don Gerónimo Pompa fue una época de pugnas y disidencias políticas en que las aplicaciones científicas para curar las enfermedades eran poco menos que inexistentes. Sin embargo, este insigne hijo de Guatire, que nació en 1810, no se dejó desanimar por las guerras civiles que arrasaban los pueblos y campos de la Venezuela de ese entonces. Antes por el contrario, su amor a la patria y su deseo de verla progresar lo animaron a cooperar, con varios facultativos, en el establecimiento de la Sociedad Médica de Caracas, fundada el 3 de noviembre de 1827 por decreto del Libertador.

Así fue  como Pompa tuvo oportunidad de  hacer  amistad con personajes de su época. Conoció, ente otros, a Simón Bolívar, José María Vargas, Juan Manuel Cajigal (el venezolano), José Antonio Páez… Su nombre figura también en la Constitución de 1857 como diputado por la Provincia de Caracas y aparece asimismo entre los promotores del primer Ateneo de Caracas en 1852. Aparte de esto, este hombre excepcional estaba dotado de cierta imaginación poética. Testimonio de ello son: “A la inteligencia”, “Las palmera del prado” y “Las flores parleras”, poesía lírica, publicada  en Caracas por la imprenta de Valentín Espinal en 1847. A más de esto, escribió algunas comedias, como “El amor casado”, comedia sentimental en verso, que dio a conocer  en 1850 y “El libertino arrepentido”, comedia sentimental en tres actos, editada en Caracas por la imprenta de A. Damirón en 1838. Dejó igualmente artículos sueltos en prosa como “El poder monetario”, “Las modas de Paris”, “No jugar más”, “Una noche y un sueño”. Tradujo del francés “Hermano y hermana”, opereta en un acto fechada el 31 de octubre de 1863 y también tradujo del francés la “Historia fisiológica de la generación humana o arte de procrear el sexo que se quiera”, obra de Jacques André Millot (1728-1811).

Redactó además un proyecto de ley en 1845 para establecer en Venezuela un Instituto Industrial. Fue, sin duda, Gerónimo Pompa literato por vocación. De ahí  que su nombre fuese incluido en la lista de escritores venezolanos elaborada en 1895 por don Manuel Landaeta Rosales.
A esto hay que  añadir que hizo excursiones por  pueblos, montañas, campos, valles, llanos, cerros, ríos, pantanos y  quebradas de Venezuela, estudiando en todo tiempo nuestra flora y arrostrando los mayores peligros de aquella naturaleza salvaje. Vez hubo que iba de a caballo o a pie; otras veces en piraguas o en curiaras, vadeando ríos y afanado siempre por sacar a luz los tesoros encerrados en la rica naturaleza de nuestra patria “que poseída por la actual y venideras generaciones –escribe el propio Pompa-, necesariamente habrían de dar importancia, honra y gloria a Venezuela”. Cuarenta años dedicó este esclarecido compatriota a tan acuciosa labor, hablando mano a mano con la gente del pueblo para traer al libro toda aquella medicina doméstica que recogió “de los labios del labrador inocente, del indígena curandero, del anciano experimentado”. Así pues, con devoción a su suelo y a sus tradiciones, con sacrificio y laboriosidad llegó a sazón el fruto de sus desvelos, “Medicamentos indígenas”, su célebre obra, cuya primera edición titulada “Colección de medicamentos indígenas y sus aplicaciones”, salió de la imprenta de J. A. Segrestáa en 1868, en Puerto Cabello. Luego se reeditó en 1889, 1897 y 1910 en Caracas. Recoge Pompa en este libro 456 recetas y se han hecho hasta el presente cerca de sesenta ediciones. Se ve, pues, que este libro ha gozado del favor del público latinoamericano. Lo que nos hace pensar que Gerónimo Pompa ha sido el más leído de los escritores de Venezuela.

Poeta Elías Calixto Pompa
Para concluir, nos basta agregar que este botánico de nuestra flora se casó con Gerónima Lozano en enero  de 1834, cuando  tenía 24 años de edad. El 14 de octubre de 1837 nació en Guatire su primer hijo, Elías Calixto Pompa, el que había de ser insigne poeta. Recorrió además gran parte de Venezuela, dejando en esos lugares el recuerdo de su simpatía y de su abierta modestia. No buscó jamás dignidades y sus excelencias mejores puso la vida en este venezolano admirable. Porque nada de lo humano le era ajeno y fue un defensor de los ideales de la libertad y la justicia. Murió en Caracas en 1880. Hoy día su memoria aún vive entregada almas completo silencio. Guatire, su pueblo natal, en ningún tiempo le ha rendido homenaje alguno. Es pues, una obligación moral redimir su esclarecida memoria del olvido.
 El Universal 9 de enero de 1992

sábado, 10 de diciembre de 2016


Rómulo Betancourt y su fuerte su arraigo pueblerino
Aníbal Palacios B.
 
Rómulo Betancourt, la más relevante figura política de la democracia venezolana del siglo XX, apenas vivió once años en Guatire, pero fueron suficientes para impregnarse de una atmósfera aldeana que jamás olvidó y cuya espiritualidad mantuvo a pesar de los avatares políticos que le tocó vivir.
Para 1908 Guatire era un pequeño pueblo cuyo espacio urbano lo ocupaban alrededor de dos mil ciudadanos. En una pequeña casa de la calle Bolívar, cerca de Candilito, vivía Luis Betancourt, de  origen canario, y su esposa guatireña Virginia Bello y allí nació el 22 de febrero un niño bautizado como Rómulo Ernesto. Aunque en esa época no se le denominaba así, podemos decir que la familia Betancourt-Bello era de clase media baja, con los apuros económicos que este grupo social ha tenido en cualquier período. Al mejorar su situación, la familia se mudó a la calle Miranda, en la casa que hoy es sede de la Biblioteca Don Luis y Misia Virginia.

Niñez determinante
La familia se mudó a Caracas en 1919, pero esos primeros años coexistidos en la sencillez y calidez de la vida aldeana marcaron para siempre a Betancourt de manera tal que ni  la cárcel, ni el exilio, ni la clandestinidad, ni los quehaceres de su investidura política, pudieron desarraigar de su vida la espiritualidad pueblerina, y más bien sirvieron para fortalecerlo en momentos en que el ánimo se debilitaba ante las muchas dificultades que tuvo que sortear.
Amigos como Luis Felipe Muñoz, Dimas Bolívar, Chuchú García y Pablo Antero Muñoz, entre otros con quienes compartió escapadas al pozo Las Catanas del rio Pacairigua y disfrutó las travesuras infantiles de la época, nunca fueron olvidados en las buenas ni en la malas. Figuras fraternales como Isidoro Gámez, heredado de su padre, Elías Centeno, Miguel Lorenzo García, Antero Muñoz, Régulo Rico y Vicente Emilio Sojo, de quienes recibió consejos, orientaciones y algún oportuno tatequieto, siempre merecieron el respeto y la consideración de un agradecido discípulo. Todo el ambiente que se generó en torno a estos y  otros personajes, aunado a la enseñanza familiar de valores como el amor por el terruño donde nacemos y nos formamos, convirtieron a Betancourt en un guatireño a carta cabal.
Rómulo no fue dotado de oído musical, lo cual fue una circunstancia afortunada;a fin de cuentas, la aldea ya tenía a Vicente Emilio Sojo. Decimos esto porque vivía justo enfrente de la casa de Régulo Rico y no aprendió a tocar ningún instrumento, para fortuna del país. Su preferencia por el rio Pacairigua en detrimento del rio Guatire era un asunto de longitudes; en cinco minutos llegaba al primero, mientras que el otro requería una caminata de media hora. Betancourt visitó al pueblo en 1945; sus viajes al terruño habían dejado de ser clandestinos desde el advenimiento al poder de Isaías Medina Angarita. Esta vez venía en calidad de Presidente de la República; en un acto en la Plaza 24 de Julio al doctor Gilberto Useche, en nombre de la comunidad zamorana, le correspondió solicitar la construcción de una escuela, la que hoy conocemos como Elías Calixto Pompa.

Anecdotario aldeano
Betancourt aprendió a leer y escribir guiado por las Hermanas Hernández, colindantes vecinas que dirigían una escuela de primera enseñanza para damas. En aquel entonces varones y hembras recibían clases en planteles separados, por lo que Rómulo no era formalmente alumno de las Hernández sino que ellas, como amigas de la familia, asumieron esa tarea; pero la mamadera de gallo de los amigos más grandecitos hicieron insoportable el aprendizaje y un buen día se presentó en la escuela dirigida por Elías Centeno, ubicada a tres cuadras de su casa, en la esquina donde hoy justamente está el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa y que en esa época conformaba una cuadra perteneciente a la Familia Nicolai, propietarios de la hacienda cafetalera El Norte. Entre maestro y alumno se produjo el siguiente diálogo:
-       “Don Elías quiero que usted me enseñe”
-       “Pero Rómulo, no tienes la edad suficiente  para asistir a este plantel”
-       “Yo no quiero ir más a la otra escuela”

No hubo maneras de convencerlo de que era muy pequeño para ese nivel; la terquedad, al parecer, le venía desde niño al futuro dirigente político. Virginia Betancourt opina que se trataba de perseverancia, no terquedad. Lo cierto fue que Elías Centeno se convirtió  en maestro formal de Rómulo con gran ascendiente en su vida extraescolar.
Perseguido político de Juan Vicente  Gómez y Eleazar López Contreras, Betancourt algunas veces se escondía en la casa de Chucho Pacheco, a una cuadra de la Jefatura Civil. Cuando eso ocurría las hijas de Pacheco no salían a jugar a la plaza, justo enfrente, por temor a deslices infantiles. Cuando Elías Centeno, a la sazón Jefe Civil del Municipio, se percataba del hecho mandaba un mensaje con los amigos: “Dile a Chucho que le aconseje a Rómulo que se vaya, que no me comprometa porque me lo están pidiendo y yo sé que él está allí”. Y Betancourt no abusaba ni de la hospitalidad de Pacheco ni de la tolerancia y complicidad de Centeno; al día siguiente las niñas volvían a jugar en la plaza. Tiempo después, una tarde se presentó  un anciano en casa de Centeno; Elías lo  reconoció pese al convincente disfraz:
-       “Rómulo ¿qué haces aquí, no sabes el peligro que corres?”
-       “Ayúdame Elías, me están acorralando”
-       “Me pones en un aprieto entre el deber de funcionario y  el de amigo”

Privó la amistad, y Elías Centeno  ayudó a escapar al fugitivo político. Años más tarde Betancourt se acordó del gesto. Cuando derrocaron a Isaías Medina Angarita, las nuevas autoridades adecas detuvieron a Elías Centeno, Ángel María Daló y Manuel María Yánez. Al enterarse, Betancourt se enfureció y ordenó la inmediata libertad de los detenidos. La solidaridad con sus amigos era absoluta; cuando murió Isidoro Gámez, el 11 de octubre de 1945, al no  poder asistir al sepelio por razones que saldrían a la luz siete días más tarde, hizo un alto en sus actividades encubiertas para enviar un telegrama con sentidas palabras para  manifestar su pesar por no poder estar presente.

A Rómulo le tocó vivir el nacimiento del beisbol en Guatire, ocurrido en 1918, y desde entonces se identificó con este deporte. En la década de los treinta, cuando se consolidó este juego en nuestra población, todo guatireño que se considerara tal tenía que seguir al Guatire o al Pacairigua, los dos equipos del momento. Rómulo era fanático de este último, tal vez por afinidad con el  rio que lo acogió en su niñez, ya que tuvo pocas oportunidades de verlo jugar por ser momentos de persecuciones políticas y vida clandestina.
En 1960 invitó a todos los guatireños residenciados en Caracas para salir en una caravana desde el Paseo Los Próceres hasta  la Iglesia Santa Cruz de Pacairigua, e instituyó el reencuentro entre paisanos el día de la Santa Patrona. Cuando se planteó el problema del deterioro físico de la iglesia, y ante la petición de algunos ciudadanos de construir una nueva, no quiso tomar la decisión por sí solo y convocó a los dirigentes de la comunidad (Vicente Milano, Manuel Hernández Suárez, René García, Guido Acuña, Luis Felipe Muñoz, Germán Pacheco, Mariano Marianchic, Gilberto Useche, Francisquito León, entre otros) a una reunión en el Palacio de Miraflores. Un informe de ingeniería del Ministerio de Obras Públicas confirmaba el deterioro de la edificación y recomendaba su demolición frente al temor de que no resistiera otro terremoto, que al final se produjo cinco años después. Rómulo se inclinó por la sugerencia técnica y Dimas Bolívar, camarero de Palacio, amigo del Presidente y guatireño conservador le recriminó al Presidente: “A ti no te duele la iglesia porque no fuiste bautizado en ella”; es que en esa reunión el Presidente se despojó de su investidura y actuó como un ciudadano más.

Gabinete aldeano
Ese día, tal vez para disminuir la tensión del momento, Betancourt apeló a una de sus facetas menos conocida: el humorismo; así, propuso la creación de un Gabinete Ejecutivo con puros guatireños, por lo que designó al diputado Guillermo Muñoz, Ministro de Hacienda; a Cruz Ana Ortega (esposa de Leopoldo Sucre Figarella) Ministra de Obras Públicas; César Gil Gómez, Ministro de Educación; el Obispo Feliciano González fue nombrado Cardenal, y así conformó un equipo de trabajo completo con sus entusiastas paisanos.

Mantener la costumbre
Una vez concluido su mandato, Betancourt no dejó de visitar al pueblo; cualquier oportunidad era propicia para visitar reservadamente a sus amigos, pero un 3 de mayo era casi imposible pasar inadvertido porque todo el mundo esperaba su presencia y aspiraba a que aceptara invitaciones a almorzar. Esto último no le incomodaba, sólo que carecían de la intimidad en la que prefería reunirse. El 29 de junio de 1975 acudió a la celebración de la Parranda de San Pedro, y luego de aceptar uno de tantos agasajos, sobre la marcha cambió de parecer Su intención era ir a casa de Luis Felipe Muñoz, en Macaira, como era su costumbre, pero afuera había mucha gente esperándolo, por lo que decidió darle una vuelta la manzana y repentinamente e inesperadamente se presentó en casa de Emilia Gámez, hija de su entrañable amigo Isidoro Gámez.  Allí se auto invitó a almorzar (o se coleó, si le parece a usted mejor) y en compañía de Marcos Falcón Briceño y Jesús María Graterol puso en aprieto a la desconcertada anfitriona, quien le ofreció lo que había preparado para sus hijas que venían a visitarla: mondongo, pernil y ensalada de gallina; el postre era quesillo y dulce de lechosa, y Betancourt adicionalmente solicitó conserva de cidra. Al convite se incorporaron Luis Felipe y Pablo Antero Muñoz y la puerta, siempre abierta un 29 de junio, se cerró a cal y canto. A duras penas lograron entrar las hijas de Emilia. Por casualidad, la familia Porto (que elaboraba las exquisitas conservas) vivía casi enfrente, en el Cerro de Piedra, y Emilia simplemente cruzó la calle en su búsqueda. Previsiblemente trajo más de lo requerido para el momento, porque el ex Presidente pidió para llevar; los sabores pueblerinos aún perduraban en su memoria y en su paladar. Rómulo siempre conservó su carácter aldeano y el apego sentimental por el terruño, a pesar de haber vivido aquí apenas once años.

martes, 22 de noviembre de 2016


El cine guatireño, magia artesanal
Aníbal Palacios B.

 El futuro se construye en el presente. Es la moraleja de una película que dio mucho de qué hablar en el año 2009 y que inevitablemente nos lleva a pensar en el glorioso pasado del cine guatireño para convencernos luego de que, ciertamente, el futuro del séptimo arte de nuestro municipio lo cimientan hoy un grupo de talentosos jóvenes con escasos recursos económicos pero a su vez con inmensa creatividad y fortaleza espiritual.

De repente cuatro jóvenes guatireños, trabajadores en el cotidiano y anónimo quehacer que les permite ganar el sustento para sus familias, saltan al reconocimiento mediático nacional e internacional gracias a una película, “Volver al pasado”, de confección casera (literalmente, no se trata de una frase hecha o metafórica) que impactó fuertemente en la comunidad, hasta el punto de convertirse en un éxito de ventas en los expendios donde los autores no obtienen beneficios; es decir, la piratería fílmica.
Sin experiencia alguna en el ámbito de la actuación, la producción y la edición cinematográfica formal, se atreven a plasmar una realidad con la que deben coexistir en los barrios donde habitan: la lucha de bandas armadas por crear, conservar y defender áreas de influencia delictiva. Yosmar Istúriz, dirige un elenco que en el que figuran Eric Miranda, Joselyn Ramos y Rubén Lozano como protagonistas, y donde además destacan Mariela Oropeza, José Yánez, Sandro Veliz y Gabriel Naguanagua. Una sólo cámara, una mini DV Panasonic de esas diseñadas para videos familiares, fue suficiente para que Istúriz demostrara su capacidad artística, su talento creativo y sus aptitudes cinematográficas instintivas. Decir que “es su cuarta película”  crea una sensación distorsionada de lo que es su experiencia como director, productor y guionista, puesto que las tres anteriores son cortometrajes (realizados por cierto con una cámara analógica también de uso familiar) con los cuales Istúriz quería demostrarse a sí mismo y a su equipo de colaboradores que si era posible emular exitosamente a los pioneros del cine aldeano de Guatire y Guarenas, representado por Agustín Oropeza y Antonio Barberán, sin recursos técnicos ni económicos, pero con mucha creatividad, talento artístico y cooperación comunitaria.

Pasado, presente y futuro
Conversamos con Yosmar Istúriz, Auristela Ramos, su esposa, José Yánez, Joselyn Ramos y Sandro Veliz sobre sus vivencias durante la filmación de la película y lo relatado es digno de convertirlo en guión cinematográfico, un poco al estilo de La noche americana, aquel film de Francois Truffaut que no es más que un homenaje al propio cine. Nos cuenta Yosmar sobre la motivación de más de 60 personas entre vecinos, familiares, amigos, compañeros de trabajo y curiosos en general que pusieron su granito de arena, sus motos, casas, ideas,  sugerencias y dinero, de principio a fin; es decir, en la producción y filmación de la película. La dirección y edición fue realizada por el propio Yosmar, esta última etapa en una lenovo, también doméstica y con un vetusto y sumamente útil moviemaker. Siempre han trabajado sin recursos económicos. En una oportunidad en la que debían filmar una escena con dos actores que conversaban mientras uno se tomaba un refresco, se percataron de que entre los tres (actores y director) no tenían para adquirirlo en una bodega cercana, por lo que hubo que retrasar la grabación mientras buscaban en una casa aledaña, una botella y un poco de agua.

En ese año 2009 filmar Volver al pasado costó alrededor de once mil bolívares, equivalente a trece salarios mínimos de la época; o sea, poco más del sueldo mensual de todo el elenco. Eso lo supieron cuando finalizó el proyecto; de haberlo sospechado antes quizás no se hubiesen animado a ejecutarlo. ¿De dónde salieron los reales?, de cada una de las personas que participaron en la producción, incluyendo algunos curiosos. Antes de comenzar la película buscaron ayuda en la Alcaldía, pero Ramón Milano, a la sazón Director de Cultura, les negó el apoyo con el argumento de que no tenían formación académica como cineastas y actores; es decir, no creyó en ellos. No hay resentimiento en la queja, sólo la frustración que también sentimos quienes cierta vez nos alegramos con la llegada de activos cultores a los puestos de gobierno, y llegamos a pensar que desde allí facilitarían los recursos que otrora exigían a sus predecesores, para luego observar un comportamiento algunas veces más negligente y siempre más displicente. Pero ni falta que hizo; también se acercaron a la Villa del Cine pero allí los recursos parecieran destinados a proyectos suntuosos y ajenos a la región, por lo que fueron igualmente ignorados. El ánimo se mantuvo en alto y lograron culminar la producción en siete meses en jornadas de fin de semana porque cada quien debía atender sus respectivos trabajos. Luego vino la dura e importantísima etapa de edición, en casa, por supuesto, con su esposa e hijos como asistentes. El producto estaba listo para ser exhibido y había que hacerlo por todo lo alto. Alquilaron dos salas en el Centro Comercial Oasis con el objeto de recaudar parte de lo gastado para invertirlo en el siguiente proyecto, pero subestimaron la capacidad de respuesta comunitaria, las dos salas fueron insuficientes para atender la convocatoria, vendieron copias a la salida, el boca a boca difundió la calidad del film… y se enteraron los buhoneros que piratean películas, quienes hicieron un buen negocio en detrimento de los realizadores: veinte mil copias en un mes, sin publicidad alguna.

A título de consuelo, la buhonería, cual si fuera una franquicia, ayudó a promocionar la película en todo el país, y la noticia llegó a oídos de la prensa local, regional, nacional e internacional, además de las publicaciones especializadas y los cineastas; es decir todo el mundo. De repente, por todas partes se hablaba de Guatire, de sus problemas, de sus valores, y de un humilde y talentoso grupo de habitantes de nuestras barriadas capaces de crear arte colectivo de muy buena factura y mucha prestancia.

Súbita notoriedad
Lo novedoso para esto jóvenes cineastas es la popularidad en la que repentinamente se vieron envueltos, ya en la calle se les reconoce, se les saluda a viva voz y hasta se les pide autógrafos. Para Yosmar Istúriz esto no es más que la adquisición de un compromiso mayor para el próximo proyecto, los sueños son los mismos, pero las perspectivas son mayores y los requerimientos se han acrecentado; ahora siente que el grupo tiene la imperiosa e impostergable necesidad de mejorar la formación técnica y artística, áreas en las cuales ya le han ofrecido ayuda concreta; pero aún falta adquirir nuevos e idóneos equipos de filmación y edición; las expectativas han crecido, tanto para el grupo como para jóvenes con inquietudes parecidas, quienes han visto no una película sino un paradigma digno de imitar y, por supuesto, para el público que ha quedado satisfecho con lo propuesto pero que, con toda seguridad, será más exigente.

Yosmar Istúriz no se envaneció con el éxito, y  continuó con dos películas más, Unidas Por Siempre, una historia totalmente distinta aunque con el mismo trasfondo argumental reflexivo, y Alirio El Más Buscado, dentro de la tónica  de Volver al pasado. En el interin, varios documentales sobre personajes del acontecer aldeano han copado el espacio de este cineasta que funge como productor, guionista y director y que conjuntamente con Auristela Ramos, su esposa, una especie de Productor Ejecutivo, realizan en paralelo una dura actividad familiar devenida en labor social a través de la Fundación Venezolana de Espina Bífida Sin Barreras en Zamora, para ayudar quienes, como  ellos, luchan una diaria batalla con su hija Aurismar Istúriz, quien padece esa enfermedad. La familia Istúriz-Ramos en pleno enfrenta retos de toda índole sin lamentarse y con la confianza de superar esos obstáculos. Esa vivencia nos permite entender con más facilidad porque Yosmar y Auristela han asumido el reto de hacer cine con presupuesto cero, porque los problemas familiares lo van solventando con el mismo presupuesto, la misma motivación e idéntica pasión.

lunes, 24 de octubre de 2016


De Foza a Guatire:
de vuelta a mis raíces
Soliria Menagatti

En el año 2006 comencé una ardua búsqueda de mis raíces italianas. La única pista que poseía provenía de los escritos del Sr. Ángel María Dalló, Cronista Oficial de Guatire, que en sus artículos hablaba de un grupo de familias italianas provenientes de la Provincia de Belluno, Véneto, llegadas a Guatire en 1877. Así que redacté un correo electrónico con los nombres de mis bisabuelos y me di a la tarea de enviarlo al mayor número posible de pueblos y ciudades de esa provincia. Lo único que recibía por respuesta era un “lo lamento mucho, pero en esta comuna no está registrado”. Cuando ya me disponía a tirar la toalla recibí un correo muy amable donde se me informaba que el apellido Menegatti no era de Belluno, sino de la Provincia de Vicenza, y seguidamente, me enviaron el listado de “comunes”, que ascendía a 121.
Reorienté la investigación hacia Vicenza; el 14 de agosto de 2007 recibí una respuesta del servicio anagráfico del pueblo de Foza certificándome que Doménico Menegatti había nacido en este pequeño pueblo. Seguramente los lectores podrán imaginarse la conmoción que me causó ese correo. En eso mismo correo supe que los Valente también eran de Foza. De modo que no todos los italianos que habían llegado a Guatire vinieron de Belluno.
Este encuentro con mis raíces me llevó en septiembre de 2007 a estudiar Historia en la UCV, y en el año 2009 me enrumbé a Foza, estuve en la misma casa desde donde salieron mis parientes el 24 de diciembre de 1876, 133 años después. ¿Qué razones tuvieron 75 familias, unas 354 personas para abandonar su tierra, arriesgando su vida en un peligroso viaje por altamar para llegar a una tierra desconocida? La respuesta es la pobreza y la desesperanza.
Todo proceso migratorio tiene elementos de extracción y atracción. Razones que te llevan a dejarlo todo, y motivos que te inducen a escoger un nuevo país.

Las razones de la gente del Véneto
A la caída del Imperio Romano, el territorio italiano se fragmentó en una serie de reinados, ducados, señoríos, etc. La región Véneta fue conquistada y dominada por varios reinos extranjeros. En 1422 fue conquistado por la Serenísima República de Venecia, dominación que duró hasta 1797 cuando Napoleón Bonaparte invade Italia y derrota a la República de Venecia. De esta manera el Véneto pasa a manos francesas, aunque por un brevísimo tiempo, debido a que Napoleón ese mismo año  negocia con Austria cediéndole el Véneto. Este primer dominio austriaco duró hasta 1805 cuando Napoleón es coronado como Rey de Italia y le arrebata de nuevo el Véneto a los austriacos. A la caída de Napoleón en 1814, los austriacos toman de nuevo el control del Véneto convirtiéndolos en sus vasallos hasta 1866 cuando por un referendo el Véneto se adhiere al Reino de Italia. Todos estos cambios políticos tuvieron su repercusión en la economía de la región.
Geográficamente el Véneto está compuesto por montañas, colinas o pie de monte y llanuras que desembocan en el mar Adriático. La economía era totalmente agraria y ligada a la morfología del terreno. Los que vivían en las montañas, como los belluneses que vinieron a Guatire, tenían una pequeña hacienda familiar, con una agricultura tradicional sin ninguna tecnificación. Poseían algunos animales, hacían usufructo del bosque recogiendo madera, hongos, frambuesas y semillas. Otros eran pastores como mi familia, y cada año al comenzar el otoño bajaban con sus rebaños a las llanuras –Treviso y Padova- para pernoctar durante el invierno. Por eso no es de extrañar que mi tatarabuelo y mi bisabuelo, se juntaran con los vecinos de Belluno durante la trashumancia y juntos hayan emprendido este largo viaje.
A medida que las familias crecieron en número la pequeña hacienda familiar se hizo insuficiente para alimentar a sus miembros, de modo que comenzó una migración interna, los hombres de la montaña emigraban a las llanuras en busca de empleo, mientras las mujeres, los niños y los ancianos permanecían en casa cuidando de los animales y la siembra. Hacia finales del siglo XIX la situación económica se tornó crítica, los pesados impuestos, las malas cosechas, los duros inviernos, la “pelagra”, enfermedad de la piel producto de la mala alimentación y de la convivencia con los animales, hizo que miles de personas del Véneto emigraran, esta vez no de manera estacional como era parte de su cultura por siglos, sino definitivamente.

Las razones de Venezuela
En 1870 Antonio Guzmán Blanco llega al poder en Venezuela. El país se encontraba en la bancarrota, en una verdadera crisis política, social y económica producto de la Guerra de Independencia, la Guerra Federal y el período conocido como la Federación que en términos económicos no había tenido ningunos resultados. Guzmán Blanco, caudillo de formación universitaria, permeado por los valores del positivismo –orden y progreso- llega al poder con un Proyecto Nacional, el primero en Venezuela, según Germán Carrera  Damas. Este proyecto se basaba en tres pilares: educación, comunicación e inmigración. La inmigración aportaría los brazos, abolida la esclavitud en 1854, que el país requería para echar andar la agricultura, nuestro único bien exportable para el momento.
El 14 de enero de 1874, Guzmán Blanco emite su decreto de Inmigración en el cual ofrece una serie de prebendas a los inmigrantes. El decreto también estuvo permeado por los valores positivistas de la época en lo que se refería a la mejor “raza”: gente blanca, europea, de buena costumbres, agricultores. La oferta fue tentadora: pasajes gratis para toda la familia, alojamiento y comida, libertad de religión, contratos de trabajo, y la posibilidad de ser propietarios territoriales.

 Así se conjugaron elementos de atracción y extracción. Millones partieron para “el nuevo mundo”, como se conocía a la América, y como aparece escrito en la hoja de vida de mi familia que reposa en la iglesia de Foza, El éxodo del Véneto se conoce como uno de los más grandes de la historia contemporánea. Apenas unos pocos vinieron a Venezuela, la mayoría fue al Brasil o Argentina. Han pasado 139 años desde que un grupo de 354 personas emprendió un viaje peligroso hacia una tierra desconocida: nuestra tierra. Sus descendientes somos venezolanos, nacimos aquí, amamos esta tierra. Como me duele que el éxodo haya comenzado de nuevo y por las mismas exactas razones.

 

martes, 11 de octubre de 2016


Guatire no tiene Plaza Bolívar
Aníbal Palacios B.

     La estatua de Bolívar Ecuestre, del escultor Julio César Briceño, se convirtió de repente en una especie de jarrón chino, y comenzaron a buscarle desesperadamente un lugar, cualquier lugar, donde ubicarla. Conversamos con el escultor Briceño quien negó categóricamente haber exigido a la Alcaldía que retire la estatua de su taller de Las Barrancas, y manifestó que tiene un convenio con la Alcaldía para la custodia, conservación, mantenimiento y protección de la estatua, pero que ningún Alcalde le ha pagado nada.

 Julio César Briceño considera que la Alcaldía lo que pretendía era realizar en tres meses los que no hizo en cuatro años, y dejar una obra de cierta importancia para la comunidad guatireña; nos mostró una carta dirigida al Alcalde de fecha 17 de agosto de 2000, en la que informaba sobre la estatua que tenía en custodia y de un proyecto para construir la plaza al lado del Centro Comercial Guatire Plaza, a través de un supuesto convenio de los constructores con la Alcaldesa Carmen Cuevas, cuya exigencia no fue concretada por ese gobierno. Expresó que la obra, un Bolívar ecuestre de carácter civil inspirado en el cuadro del pintor  Norberto Liendo, merece un espacio amplio y acogedor que dignifique al héroe y a la comunidad que le honra.  La improvisada intención de la Alcaldía de Zamora es una acción poco digna para el ductor de la independencia, para el escultor,  para la población guatireña que en el año 1930 participó activamente en un acto de rebelión pacífica contra las pretensiones excluyentes del dictador Juan Vicente Gómez y para la comunidad guatireña que en el año 1995 se enfrentó al gobierno local que pretendía, en aras del progreso y la magnificencia, desterrar al olvido lo que constituye uno de los patrimonios históricos y culturales más significativos del pueblo de Guatire desde su nacimiento en 1680.  

Refresquemos un poco la historia…
     La plaza principal de Guatire no se llama Plaza Bolívar; es más, Guatire no tiene plaza Bolívar. La plaza que todos conocemos frente a la iglesia, con la estatua pedestre del Libertador, es la Plaza 24 de Julio. Su nombre no es caprichoso; todo lo contrario, tiene un profundo significado histórico que enaltece el gentilicio aldeano. La estatua de Simón Bolívar que allí admiramos fue adquirida por colecta pública entre los pobladores de aquel Guatire en 1930; es decir, los guatireños, comerciantes, hacendados, peones de las haciendas, amas de casa y hasta los niños estudiantes que con orgullo cedieron sus  centavitos de la merienda escolar, aportaron, acorde con sus disponibilidades, el dinero que permitió adquirir tan significativa figura.

 Antecedente patrimonial
La plaza de Guatire no tuvo nombre hasta finales del siglo XIX. Ubicada exactamente en el lugar que hoy ocupa el abyecto, antiestético e inútil estacionamiento de la Alcaldía, la plaza era un pequeño lugar de encuentro, con una fuente en su centro, rodeada de árboles, flores y palmeras, bordeada por una empalizada, que luego fue sustituida por una estructura de hierro y en lugar de la fuente se colocó un faro, y se arreglaron las caminerías. Alrededor del año 1918, por iniciativa de Antero Muñoz, comerciante guatireño de la época con gran ascendencia en la población, se logró que el municipio Zamora del estado Aragua donara a Guatire un busto de Ezequiel Zamora, que fue enviado desde Villa de Cura hasta Caracas, y de allí, en una carreta, lo trasladaron a nuestra población. A partir de ese momento la plaza pasó a conocerse como “Plaza Zamora”.

 Antecedente político
     El 5 de mayo de 1929 hubo un alzamiento en Guatire contra la autoridad gomecista; la conspiración fracasó, pero en el enfrentamiento murió el Jefe Civil Luis Ostos y un funcionario policial. A los alzados se les persiguió y luego de su detención  fueron enviados a la Rotunda. A partir de ese momento Guatire cayó en desgracia para el gobierno de Juan Vicente Gómez, tanto así que se pretendió hasta silenciar su nombre, y según calificado relato de Elías Centeno, cuando la prensa capitalina tenía la necesidad de referirse a Guatire, solía utilizar expresiones como “... de una población mirandina…”.
Para el año 1930, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, Juan Vicente Gómez, entre otras disposiciones, ordenó que cada pueblo de Venezuela tuviese una plaza con un busto o una estatua del padre de la Patria, que financiaría el Estado. Cuando las autoridades guatireñas exigieron en la Gobernación de Miranda el busto de Bolívar que correspondía a nuestra población, se les negó la petición, por alzaos. Ante esta situación, los honorables ciudadanos guatireños no se quedaron con los brazos cruzados, y decidieron que la negativa de ayuda oficial no era motivo suficiente para que Guatire dejara de rendir un homenaje a Bolívar, y decidieron solicitarle a la población una colaboración para adquirir una réplica de la Estatua de Bolívar. El 24 de julio de 1930 se constituyó una Junta que conformaron el doctor Ramón Alfonzo Blanco, el padre Jacinto Soto, el doctor Manuel Hernández Suárez, Elías Centeno, Antero Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz, entre otros, quienes acordaron erigir la Estatua, remodelar la plaza y construir -a futuro- un hospital que llevaría por nombre 'Santa Marta', ciudad donde murió el prócer. Las autoridades mirandinas consideraron un desacato que los guatireños insistieran en tener su plaza y presionaron para que no llevara el nombre del Padre de la Patria, por lo que se optó por denominarle Plaza 24 de Julio.
Fue un acto de resistencia pacífica activa contra el gomecismo, y toda la comunidad participó en el mismo. Elías Centeno, describió el momento de la siguiente manera: “…Con este gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos nacionales, sino con el dinero del pueblo...”. El 17 de diciembre de 1930, con un solemne acto público, Guatire conmemoró los cien años de la muerte del Libertador, y bautizó su plaza como 24 de Julio.

Los precursores del 95
 Años después, en 1995, el Alcalde Arístides Martínez bajaba la ilustre figura de su pedestal, para sustituirla por una estatua ecuestre; demostrando así un desconocimiento de los valores patrimoniales del municipio que gobernaba, y en una acción que subestimó el ímpetu de una joven generación de guatireños, que logró movilizar a la comunidad para impedir que la soberbia de un funcionario se impusiera por sobre el sentimiento popular y relegara al olvido una gesta histórica que representa precisamente una demostración de resistencia a las arbitrariedades de los gobernantes. Fue el poeta Rafael Borges quien siguiendo los consejos de otro viejo bardo guatireño, Elías Calixto Pompa  “... entreabre con amor tus labios viejos, y alumbra al joven que te sigue el paso, con la bendita luz de tus consejos”, dolido, preocupado e indignado, detuvo en plena avenida Bermúdez a José Manuel Milano, tomándole del brazo le dijo: “!Cómo es posible esa barbaridad, chico;  eso es un crimen contra los valores culturales de un pueblo, a ustedes los muchachos les corresponde salvaguardar y honrar la memoria histórica de esta comunidad, cómo vamos a dejar que nos quiten nuestra estatua Mijo¡” y seguidamente le detalló lo que pretendía hacer la Alcaldía y le explicó las razones por las cuáles la estatua de Bolívar no era tan sólo un monumento más, erigido al padre de la patria, sino que tenía una connotación diferente para aquella generación de guatireños que en el año 1930 se atrevió a enfrentar la tiranía para rendir homenaje a El Libertador.
Milano trasmitió tal incertidumbre a otros jóvenes y el movimiento rescatista sumó adeptos en toda la población.  Lla gesta reivindicadora creció y se constituyó un Comité denominado Pro Defensa de la Plaza 24 de Julio y su estatuaría. Se movilizan hacia los planteles educativos, las organizaciones culturales, deportivas, políticas, vecinales y ambientalistas de Guatire...

Y se prende la mecha.
No se trataba de rechazar una obra de indiscutible valor artístico e histórico como la estatua del escultor Julio César Briceño; se pretendía defender el legado histórico de la población, y así se le hizo saber al Alcalde y a los Concejales. Pero prevaleció la prepotencia de los gobernantes y la estatua fue bajada de su pedestal a pesar del sólido razonamiento que constituía el tratarse de un genuino y enaltecedor patrimonio popular, de esos que dignifican la lucha de los pueblos. La actitud del Alcalde enardeció a los guatireños y a la iniciativa del Comité de Defensa de nuestra plaza se le fue sumando gente, que poco a poco iba aportando su granito de arena a la causa, y es así como Pedro (Pepote) Muñoz entrega un documento de significativa importancia en la discusión planteada: el programa elaborado para los actos del 17 de diciembre de 1930, denominado: OFRENDA QUE EL PUEBLO DE GUATIRE DEDICARÁ A LA MEMORIA DEL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE, y en reunión realizada en el salón de sesiones del Concejo Municipal, se acuerda que la estatua debe permanecer en su lugar. Pero la soberbia obnubila el entendimiento, y el Alcalde decidió días más tarde desconocer dicho acuerdo bajo el argumento de que ese “grupito” de personas no representaba el sentir popular.
La Alcaldía decide invitar al doctor Marcos París del Gallego, Director del Ceremonial y Acervo Histórico de la Nación, en su búsqueda de apoyo, pero los delegados voluntarios de la comunidad guatireña iban multiplicándose día a día, y esta vez le tocó a Marcos Lander, viejo amigo del académico, sumar su aporte: alertó al ilustre visitante sobre la polémica existente, y París del Gallego, a la par de exaltar las bondades de la estatua ecuestre, lo cual nunca estuvo en discusión, recomendó escuchar la voz del pueblo, y ese pueblo gritaba ¡Devuélvannos la estatua! Ante la sordera oficial aunada a una campaña mediática que tenía por objeto descalificar la voluntad popular, la movilización continuó, y el Comité decide convocar una Asamblea Popular para el día 1º de noviembre de 1995 en la Casa Sindical; la masiva asistencia exigió a los organizadores acciones contundentes para la defensa del patrimonio histórico y cultural de Guatire.  El panel lo coordina el Cronista Oficial de la Ciudad,  César Gil Gómez y se logra contener, no sin esfuerzo, la exacerbada e indignada concurrencia. Privó la sindéresis y la Asamblea se canalizó dentro del riguroso contexto histórico que le era propio. Ese día se acuerda por unanimidad dar un ultimátum al alcalde en manifiesto escrito donde se insta a colocar la estatua en su lugar de origen en un plazo no mayor de 15 días.

Volvió la estatua
 
      Al final, las autoridades ceden ante el peso de las circunstancias, y la estatua pedestre regresa al lugar al cual pertenece por decisión popular, el poeta Rafael Borges que se encontraba presente en ese momento aplaudía con el entusiasmo de quien ve en ese acto un desagravio a aquellos guatireños de 1930.

 

 

 

 

 

 

martes, 13 de septiembre de 2016


Guatire, cuna del beisbol femenino venezolano
            Aníbal Palacios B.

A propósito de la medalla de bronce obtenida por la Selección Nacional en el recién finalizado Campeonato Mundial de Beisbol Femenino jugado en Corea del Sur, donde las criollas derrotaron a China Taipei el pasado domingo 11 de septiembre de 2016, para constituirse en escoltas de Canadá y Japón, deseamos rendir homenaje a la mujeres pioneras de esta disciplina en Venezuela.
En 1962 un grupo de jóvenes guatireñas se mete de lleno en la historia deportiva de Venezuela. Un flamante, poderoso y, por supuesto, hermoso equipo de beisbol, salta al terreno del estadio Miguel Lorenzo García a practicar un deporte que para los habitantes de Guatire constituía no sólo el único y necesario entretenimiento dominical urbano, sino que además era un espectáculo del cual se consideraba muy conocedor, lo que lo convertía en un público muy exigente.

El comienzo                              
Beisbol, no kickingball ni softbol; las muchachas guatireñas, fanáticas que cada domingo animaban a los equipos Gavilanes, Zamora, Alacranes y Guatire Star, decidieron que era un buen momento para recibir ellas los aplausos y silbidos; sí, silbidos, no pitas, de quienes antes ellas aclamaban. Cirilo Loro Vegas comenta la idea con Pragedes Silvera, a la sazón presidente del equipo Zamora, a quien le agrada el planteamiento y ofrece financiarlo; seguidamente se lo comunican a Baltazar Guillén, presidente de la Liga de Beisbol del Distrito Zamora, y reciben el visto bueno correspondiente; luego buscan a Cruz Puñalito Gómez como entrenador. La conformación del equipo era más fácil; el estadio siempre se veía abarrotado de bellas mujeres animando a sus clubes favoritos, sólo había que alzar la vista y comenzar a invitar a estas jóvenes, que no se hicieron rogar; además la mayoría de ellas eran atletas de otras disciplinas deportivas “más femeninas”, de acuerdo con los preceptos sociales de la época. La resistencia vendría de parte de algunos padres, pero sobre todo de los novios de las futuras jugadoras. Así, las chicas se dispusieron emular a las damas norteamericanas que en 1943 conformaron el All American Girls Professional Baseball.

Pioneras
El equipo llevaba por nombre 3 Estrellas y estaba conformado por Nelly Reverón, Carmen González, Carlina Porras Briñoles, Evelia García, Pilar Palacios, Emma Pinto, Elsa Castillo, Miguelina Correa, Mercedes Rondón, Graciela Istúriz, Rosita Rondón (Madrina) y Marbelys Cruz (Mascota). Cilio Vegas, manager; Cruz Gómez, entrenador y Pragedes Silvera, una especie de Delegado, completaban la divisa. La tarea difícil fue encontrar contendientes porque no habían rivales femeninas contra quien jugar y los equipos juveniles de Guatire no aceptaban el reto que continuamente le lanzaban para calibrar a este club, ante el temor de perder el juego y quedar mal parados ante los fanáticos locales, lo cual, ciertamente, hubiese sido deshonroso. Baltazar Guillén continuamente indagaba, a través de la Asociación de Beisbol del estado Miranda, sobre la conformación de algún equipo, hasta que su búsqueda tuvo éxito.

Debut
La constelación de hermosas chicas saltó al terreno del estadio Miguel Lorenzo García para su primer encuentro el 17 de junio de 1962. El uniforme era una franela blanca con tres estrellas dibujadas, mono negro y zapatos deportivos. Su rival, un club compuesto por hermosas jóvenes cuya sola presencia imponía respeto, formado en el sector La Balsa de Rio Chico. La capacidad del estadio fue insuficiente para albergar la gran cantidad de espectadores que acudieron a la cita para ver el primer partido de beisbol femenino de que se tuviera noticia en el país, debidamente documentado, con el aliciente de una vieja rivalidad entre Guatire y Barlovento, ya considerada un clásico peloteril mirandino. No está demás aclarar que pocos fueron los fanáticos que asistieron al estadio motivados por este último factor. Las chicas no decepcionaron al público, no sólo por el triunfo, sino porque estas jóvenes se dieron por entero en el terreno de juego.
Yo era receptora, y jugaba mi posición como tal”.  - Nos comenta Nelly Reveron. –
Abría bien las piernas para ampliar la zona de strike, y me colocaba en la clásica posición de un buen receptor”.

Al mejor estilo de Santiago Rondón, extraordinario receptor guatireño. Todos los asistentes al estadio (alrededor de mil personas) excepto uno, admiraron la calidad, solvencia y eficiencia del trabajo de Nelly. Ese único fanático disconforme, paradójicamente su más ferviente admirador, estuvo disgustado durante todo el encuentro: se trataba del novio de la bella jugadora (Ramón X.), que consideraba poco elegante la manera de jugar de Nelly. No obstante, es pertinente destacar que el criterio general de la calificada concurrencia fue que la bella dama no perdió glamour.

Alineación
El equipo jugó de la siguiente manera:
  • Carmen González (2B)
  • Nelly Reverón (C)
  • Graciela Ciola Istúriz (1B)
  • Carlina Porras Briñoles (3B)
  • Miguelina Correa (SS)
  • Pilar Palacios (LF)
  • Mercedes Rondón (RF)
  • Evelia García (CF)
  • Emma La Negra Pinto (P).
“Éramos deportistas” – nos acota Emma Pinto –“Yo representé a Zamora en muchos campeonatos de voleibol”;

En efecto, se trataba de un compacto grupo de mujeres activas en los menesteres deportivos, pero que nunca habían agarrado un guante y un bate de béisbol, con la sola excepción de Nelly Reverón, quien desde niña vivía metida en el estadio.

Detalles fuera del terreno
Como elemento pintoresco, nos cuenta Emma Pinto que casi todas tenían por apodo el nombre del novio que por lo demás era un destacado pelotero de los equipos “AA”.
A mí me decían Reyita”-
Por Reyes Navas (Reyito), lanzador del Gavilanes con una recta de 90 millas. No faltó algún exagerado admirador de la hermosa chica quien dijera que la recta de Emma nada tenía que envidiar a la de Reyito, y hasta la compararon con la de Juan de Mata García, otra vieja gloria de nuestro beisbol.

El apodo de Carmen González era “Ricardita”-
Su novio, Ricardo Reverón, fuerte bateador de Gavilanes, al parecer no le transmitió sus secretos a Carmen por lo que ella se convirtió en hábil tocadora de la pelota, recurso que explotó con éxito.

A Nelly la llamaban “Ramoncita” (de su celoso novio ya nos referimos).

El desquite 
El equipo visitante invitó a sus rivales a una revancha en Rio Chico, y hasta allá fueron nuestras hermosas representantes. El resultado también fue favorable al 3 Estrellas. No era cuestión del terreno de juego, había superioridad técnica; “es que estas damas guatireñas se tomaron el asunto muy en serio”, señala Cirilo Vegas, el manager

Hoja de vida
Todo equipo de beisbol que se precie de aguerrido tiene en su currículum una que otra tángana y 3 Estrellas no sería la excepción. Por el equipo guatireño la estirpe señala que la protagonista de la pelea no podía ser otra sino Graciela Ciola Istúriz, hija de Vicente Machadito Istúriz, temperamental, fogoso y excelente jardinero central del Gavilanes de los años cuarenta.
A pesar de que le estábamos dando una paliza – o tal vez por eso-, en la novena entrada la lanzadora me dio un pelotazo, ¡y mire que tiraba duro! Me le fui encima y se armó la trifulca”.

Paradojas
Ser un equipo ganador incidió en la corta vida del club; para la época no era fácil encontrar rivales en esta categoría, y al tratarse de un trabuco nadie se animaba a enfrentarlas; ya decíamos que hasta los fuertes equipos juveniles de la zona se negaron a jugar contra estas valerosas mujeres; la vergüenza ante una posible derrota les hubiera obligado a emigrar a lejanas tierras. Pero ese día, 17 de junio de 1962, estas bellas damas escribieron, sin saberlo, unas cuantas páginas en la historia del beisbol aficionado venezolano. Sólo nos queda decir que muchos novios y pretendientes suspiraron con alivio cuando el equipo dejó de jugar.

 

 

 

lunes, 29 de agosto de 2016


Una ballena en Guatire
Aníbal Palacios B.
 Durante muchos años, el esqueleto de la ballena que adornaba de manera imponente el patio interior del Liceo Ramón Alfonso Blanco, ubicado en la calle Miranda, fue el símbolo más representativo de Guatire.

Tuvo la doble virtud de atraer la mirada y la admiración de propios y extraños, porque no sólo fueron los visitantes foráneos quienes se vieron cautivados por su figura sino que también los lugareños se paseaban por el recinto estudiantil para apreciar lo que fuera un animal lleno de misterios marinos.
Eso sí, sólo los visitantes especialistas en la materia se ocuparon de saber la manera cómo había llegado esa ballena hasta Guatire porque, definitivamente, nadando no fue. Transcurridos más de 50 años desde entonces, esos recuerdos pasaron al olvido y allí hubiesen permanecido de no ser por el concurso de tres personas, para el caso concreto de este relato.  
El profesor Narciso Simón Rodríguez Guevara, quien en su condición de Subdirector y Secretario del liceo, escribió una minuciosa crónica donde resta importancia al esfuerzo individual de recuperar los restos de una ballena muerta hallada en los Totumos, y realza el trabajo colectivo de un grupo de personas que hicieron posible la tarea que más adelante se describe. Fredis Guaramato, tiene el doble mérito de haber participado en las faenas de recuperación del esqueleto de la ballena y, quizás más importante aún, rescatado de algún olvidado archivo la crónica del profesor Rodríguez que aquí publicamos textualmente.
Emma Pinto (La Negra), fue la inspiración para que el cronista se interesa en la búsqueda de la información que nos llevó a Fredis y al profesor Rodríguez: rescató de una papelera de la Alcaldía de Zamora unas fotografías de la ballena que son fiel testimonio del relato. Un, para el momento,  recién ungido funcionario municipal no entendió la importancia que para la revolución tendría un poco de huesos  fotografiados, ni se ocupó de preguntar, y los archivó en la papelera más cercana. El destino quiso que La Negra se encontrase en el lugar, y no dudó en recoger el preciado tesoro de la historia aldeana, y los conservase para toda la comunidad zamorana.

Testimonio del profesor Rodríguez Guevara

Primer esqueleto de ballena armado en Sudamérica
“El 25 de julio de 1961 nuestro amigo el pescador Juan Ramírez, por intermedio del señor Félix Germán Flores, nos avisó que en Los Totumos (cerca de Cabo Codera) había encontrado una ballena muerta encallada cerca de la playa.
El 1° de agosto muy temprano el director del liceo, Br. Manuel Ángel González S., los estudiantes José Antonio García, Cruz Eudoro Hernández, Rogelio Delgado, nuestros amigos Jorge León, Elpidio Porras, Félix Germán Flores y yo nos trasladamos a Carenero, luego en el bote de Juan fuimos a Los Totumos. La ballena estaba en descomposición, pero esto no fue obstáculo para extraer los maxilares inferiores de tres metros cada uno y la cola.
El día 6 regresamos de nuevo y procedimos a la separación del cráneo y a extraer los músculos que cubrían los costados y el tórax. Fueron desarticuladas las costillas del lado derecho y el resto de la región caudal. Desde el 7 al 12 de agosto nos quedamos trabajando diariamente hasta el atardecer Rogelio Delgado, Elpidio Porras y yo. Para ese día ya se había extraído los órganos del tórax y del abdomen; sólo faltaba por desmembrar quince vértebras de la columna.
La tarea más incómoda y forzada fue traer el cráneo desde el lugar donde se descuartizó la ballena hasta los Totumos y de allí a Carenero, pero nuestro amigo Felipe Ordaz nos facilitó el jeep, el remolcador y él lo condujo por el tortuoso camino que fue carretera en un tiempo. Durante estos trece días Juan Ramírez en su bote cruzó la Ensenada de Carenero cuarenta y seis veces sin interés económico para transportar costillas y vértebras. La osamenta fue trasladada hasta Guatire en un transporte cedido por el señor Pedro Delgado y conducido desinteresadamente por el señor Francisco Ruiz.
El proceso de maceración y limpieza, y la estructuración del esqueleto y de la base metálica, duró ocho meses y medio. La base de hierro fue construida en el taller del Instituto. Participaron en esta labor los estudiantes José Antonio García, Pedro Luis Lugo, Carlos Guaramato, Hugo Hernández, Miguel Pérez Camacho, Francisco Antonio Martínez, Fredis Guaramato, Héctor Ramón Milano, Rogelio Delgado, Humberto Robledo Montalbán, y yo. Casi se me olvida el estudiante Carlos Jugo A. El señor Héctor Álvarez Rodríguez soldó toda la estructura de hierro desinteresadamente, con la buena colaboración de otro amigo nuestro, el señor Pedro Pérez González.
La preparación y montaje del esqueleto de 12, 46 metros de longitud se efectuó bajo la dirección y planificación del profesor de Ciencias Biológicas del Instituto, Br. Manuel Ángel González S. La labor ha sido dura, pero se ha trabajado intensamente en vacaciones y días de asueto porque ha sobrado buena voluntad.
El Instituto agradece a  todos su espontánea y eficaz ayuda.
El esqueleto de esta ballena junto con otros treinta esqueletos de vértebras y 2.140 muestras de Ciencias Biológicas preparadas en nuestro liceo, están en exposición durante las horas de labor y los domingos en la mañana”.
Guatire, 30 de septiembre de 1962

 Narciso S. Rodríguez Guevara
Subdirector-Secretario
 
La ballena perdida de Guatire
La nota descrita fue publicada en la edición N° 25 de Tere Tere en Noviembre de 2002, pero la historia continuó. La desaparición del viejo y noble Liceo dejó sin techo a la ballena y el Centro Excursionista Manuel Ángel González (CEMAG) desarmó el esqueleto y lo trasladó a su antigua sede, cercana al Hospitalito; es decir, sin espacio para exhibirla. Al no contar con la ayuda oficial necesaria la cedió al Parque Henry Pittier y allí se perdió su rastro; no obstante ya se había despertado el interés en preocupados aldeanos como Efrén Toro, Oscar Muñoz y Miguel Alciro Berroterán, quienes siguieron la pista y ubicaron el esqueleto en el Museo Marino de Cumaná, pero éste había sido seriamente dañado por el terremoto de 1997 y las especies exhibidas fueron trasladadas a distintos sitios de la ciudad. Paralelamente, Tere Tere ubicó un minucioso y documentado estudio realizado por el biólogo A. I. Agudo que permitió determinar, sin lugar a dudas, que el esqueleto exhibido en ese Museo era el mismo que por muchos años engalanó al Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco. El investigador partió de una crónica publicada en el diario El Nacional (11/08/61) para realizar un meticuloso seguimiento que le permitió establecer que el esqueleto fue entregado en 1986  “… para guarda y custodia (no donación) del Museo del Mar de la ciudad de Cumaná… Actualmente la osamenta presenta un marcado deterioro producto de su accidentado peregrinaje, que al parecer no concluye, y se encuentra bajo la custodia de la Universidad de Oriente
 
Confusión
En el ínterin, se corrió la voz sobre un hallazgo en el Museo del Mar en Margarita, pero  resultó ser una falsa alarma. El esqueleto que allí se exhibe es el de una ballena jardinera y no una jorobada, como la nuestra. Fue hallada en Cubagua y mide tres metros.
Sólo existen cuatro esqueletos de ballena armados en el país, el primero de ellos se aparejó en Guatire y es patrimonio de esta comunidad, sólo se requiere la disposición de rescatarla.