jueves, 6 de abril de 2017



La leyenda del Nazareno de Guatire
Aníbal Palacios B.

Un inusitado interés despertó en la población guatireña los actos conmemorativos de la Semana Santa de 2005 motivado a que después de 144 años volvió a verse la cabeza del Nazareno que alarmó a la bucólica aldea guatireña en el año 1873 y que, a falta de crónicas escritas, generó una leyenda en la cual se tejió una misma versión del suceso pero con diferentes protagonistas.

Conocíamos un lejano y difuso cuento de abuelos que narraba un hecho ocurrido en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, pero por inverosímil no le dábamos mayor crédito. Parecía una de tantas narraciones propias de Julio Lezama un personaje nacido en Las dos Quebradas (Araira) a principios del siglo XX a quien llamaban “el hombre más embustero del mundo” por su facilidad para inventar amenas y estrambóticas fábulas que nadie creía pero que a todos gustaba. Así que cuando Margarita Centeno me invitó a narrar esta leyenda le expliqué lo poco que me gustaba escribir sobre temas que no podían sostenerse documentalmente, y esos hechos tenían mucho mito y escasa veracidad.
-¿Cómo que escasa veracidad?, ¡la historia es real!- respondió enfática. Por mucho tiempo yo tuve la cabeza del Nazareno en la esquina de esta sala. Le diré a Esther María que hable contigo y te explique lo ocurrido.

Se refería a Esther María Jaspe Espinoza, nieta de Baldomero Espinoza. Margarita ignoraba que Esther había fallecido pocos días antes de nuestra conversación y había solicitado la cremación y que sus cenizas reposaran en la capilla del Nazareno de Guatire. Tres días más tarde Gustavo y Luis Tortabú, hijos de Esther, se presentaron en la sede del CEA donde casualmente ese día había una reunión de la Academia de la Historia de Guatire; conversamos sobre la petición de su madre y les expliqué si se exhibía la cabeza del Nazareno durante la Semana Santa podía convenir con los directivos de la Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro que satisficieran  los deseos Esther María Jaspe Espinoza, y así ocurrió
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Leyenda y realidad
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho real; y eso es precisamente lo que rodea lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Santa, al momento de bautizar la nueva figura del Nazareno (ceremonia acostumbrada cuando llegaba una nueva imagen al templo), entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos. Esa relación de parejas hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era aceptada por la sociedad. Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿casualmente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara innecesariamente sólo por  satisfacer veleidades personales. .
 
Los sucesos
Dice la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante el asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación

La crónica
La Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro se fundó el 11 de abril de 1868; su primer Presidente fue Julián García y entre sus miembros estaba el padre José María Istúriz, Tesorero de la misma y párroco de esta feligresía para el momento en el cual ocurrió esta historia. En el Libro de Acta de esta Sociedad  consta que el 3 de mayo de 1873, Baldomero Espinoza fue autorizado para trasladar a Caracas la imagen del Nazareno para sustituir la cabeza por otra semejante a la del Nazareno de San Pablo. En dicha Acta no se especifica cómo ni por qué se deformó la imagen. Otro elemento que se sumó a la polémica que generó este acontecimiento gira en torno a la propiedad de la imagen y a la relación de Baldomero Espinoza con la Sociedad. Se dice que Espinoza no era miembro de ella, y por su gesto de sufragar la nueva imagen fue nombrado Miembro Honorario. Esta designación consta en el Acta del 03/05/1873; es decir un mes luego de ocurridos los hechos que narramos. Pensamos que bien pudo ser miembro de la Sociedad y recibir tal honor; de hecho, poco tiempo después fue nombrado Vicepresidente y meses más tarde, por razones no explicadas en los libros, renunció al cargo y a su condición de Miembro Activo, más no a su categoría de Honorario.
En relación a la propiedad del Nazareno, la familia Espinoza-Jaspe, siempre ha señalado que perteneció a ellos. Era costumbre en la época que las imágenes eran propiedad de las familias, y algunas de ellas las donaban a la Iglesia o a las Sociedades. En la misma Acta que citamos del 03/05/1873 está explícitamente escrito que la imagen del Nazareno pertenecía a la Sociedad. No obstante, nos preguntamos ¿por qué Baldomero Espinoza conservó la cabeza original, una vez sustituida, y no la Sociedad? Tal vez los prejuicios propios de la época permitieron que la Sociedad no se interesase en ella.
¿Fue  originalmente suya la imagen? Es necesario acotar que el Nazareno estuvo por muchos años bajo la custodia de la Familia Espinoza, que por lo demás vivía justo frente a la iglesia. En el año 1928 se construyó la capilla del Nazareno, ubicada en la calle Miranda, en la esquina que conduce al sector conocido como Candilito, y la remozada imagen fue llevada de la sala del hogar de los Espinoza-Jaspe hasta la nueva sede. De la Sociedad del Divino Maestro se conoce su Reglamento, que data de 1891, que nos sirvió de base para nuestra investigación, pero se desconocen sus estatutos y su primer libro de Actas.

¿Casualidades o causalidades?
¿Es acaso casualidad que la Junta Directiva de la Sociedad del Divino Maestro de ese año 2005, a cuyo frente están Ángel Pereira, Rosana de Persis y Marianela Velásquez, haya exhibido la imagen del Nazareno en esta Semana Santa? Nuestra inquietud nace de la connotación que tiene la Conmemoración Pascual en este año 2005. Como es del conocimiento general, la Iglesia Católica celebra la resurrección del Señor el primer Domingo después de la primera luna llena que ocurre luego del equinoccio de primavera (marzo 21), y este año ocurre una confluencia poco común, que acontece tres o cuatro veces en un siglo: el Día de la Anunciación (25 de marzo) coincide con el Viernes Santo, el anuncio de la llegada de Jesús con el día de su pasión y muerte. La última vez que esto ocurrió fue en 1932; en el presente siglo se repetiría el acontecimiento en pasado año 2016 y luego volverá a suceder en  2089 y 2095.

¿Qué observó el público?
Explicamos la leyenda en referencia por la prensa local y anunciamos la exhibición de la cabeza del Nazareno en su capilla; esto generó  en la población  una gran expectativa por ver esa imagen. Para la gran mayoría era la primera vez que oían sobre la leyenda; algunos estaban al tanto de ella a través de sus padres y abuelos, pero jamás habían visto la cabeza puesto que de desconocía su existencia y por ende no se exhibía en público. Sólo algunas personas privilegiadas allegadas a las hermanas Edelmira y Esther Jaspe, nietas de Baldomero Espinoza, habían tenido oportunidad de observarla, entre ellas Margarita Centeno, quien nos orientó hacia sus custodios.  La familia Jaspe manifestó que la imagen se "ennobleció" al volver al pueblo y sólo una expresión de asombro acentuada por unos ojos engrandecidos, queda como reminiscencia de lo ocurrido 132 años atrás. La boca abierta deja entrever la posibilidad de que ciertamente haya sacado la lengua y luego ésta se haya retraído; no faltó quien dijera que también se la habían cortado. Hubo quienes manifestaron que todo esto había sido un "invento" de la Sociedad para atraer gente a su sede. Lo cierto es que la expresión del rostro se suavizó; tal vez el Nazareno perdonó el agravio y a las actuales generaciones sólo nos haya impuesto como penitencia el soportar malos gobernantes desde el centenario de los hechos narrados a esta parte, por lo que elevaremos nuestras plegarias por el perdón definitivo, y nos libere de este tormento..

Colofón
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la alcaldesa Solamey Blanco decidió reparar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy cortas y demasiado inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado y calificado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba a tres cuadras de allí.
Cosas veredes, amigos míos.









jueves, 23 de marzo de 2017


El día en que embrujaron a Rada
De que vuelan, vuelan
Aníbal Palacios B.

Hubiese sido un domingo cualquiera del mes de abril de 1966, uno de tantos rutinarios juegos de beisbol en el estadio Miguel Lorenzo García; sólo que ciertas actividades realizadas al día siguiente le dieron trascendencia dentro de las tantas, disímiles y enriquecedoras leyendas que se tejen en el pueblo, y lo que debió ser un juego común y corriente, se convirtió en histórico.

El estadio Miguel Lorenzo García rebosaba de gente y entusiasmo, ese día había mucha expectativa entre la afición guatireña; jugaban Caribes y Gavilanes, sólo que estos últimos necesitaban desesperadamente ganar para poder mantenerse en la pelea; una derrota los dejaba sin opción. Caribes, por su parte, mantenía su opción aun en caso de perder. Había otro elemento en juego: la arrogancia gavilanera versus la humildad de los caribeños, un modesto equipo compuesto en su mayoría por jugadores que vivían en el barrio Las Barrancas, que ese año debutaba en la fuerte liga AA guaireña, que había reforzado sus filas con jóvenes emergentes de las categorías juveniles que no tenían cabida en equipos fuertes y tradicionales como Zamora, Alacranes y Aguilas  (ni que decir el propio Gavilanes), cargados de fulgurantes estrellas.

Acción dentro y fuera del terreno de juego
José Rada
La numerosa, altanera y bullanguera afición gavilanera colmó las tribunas y apenas dejó espacio a un modesto grupo de seguidores del conjunto del barrio más antiguo de Guatire, que no se dejaron amedrentar y que poco a poco, a medida que avanzaba el juego, pudo expresar su algarabía. La mesa estaba servida. Alejandro Ibarra dirigía a Gavilanes y Ángel (Barriga e' Burro) Clemente a Caribes; la alineación de Las Barrancas, ciertamente, no impresionaba a nadie, ni daba fundamento alguno a la entusiasta bulla de sus seguidores: Félix Cochinito, CF; Rigoberto Muñoz, SS, Jesús Echezuría, 2B; Sixto González, lB; Armando Reverón, 3B; Félix Pereira, C; Elio. Pérez, LF; Peruchito, RF y José (joche) Rada. Echezuría, a quien todos nos remitieron en busca de olvidados nombres tampoco tenía la memoria clara y a duras penas los recordaba, y no era para menos, ¡ocurrió hace 50 años!

Por su parte, Gavilanes tenía un respetable, temible y demoledor trabuco que justificaba plenamente la exagerada confianza de su fanaticada: Antonio García, SS; Alberto Tovar, 2B; Narciso López, LF; Santiago Díaz, RF; Rafael Ferraro, CF; Alberto Reverón, C; Gustavo Marrero, 1 B; Jesús Rafael (Feito) Espinoza, 3b y Jesús Llamozas, lanzador. Aunque hubo quien dijera que el pitcher fue Martín Sojo, lo cual no significaba mucha diferencia. Los apostadores se veían en la necesidad de ofrecer dos y tres carreras para poder cazar incautos, ya que la evidente debilidad del rival, aunado al tradicional engreimiento gavilanero, no facilitaba sus labores.

Desarrollo
Gavilanes
El manager Clemente abrió con José (Joche) Rada, un lanzador de modestísima recta y una buena curva, quien ya había enfrentado a su rival de turno y aunque perdió, no lograron anotarle más de tres carreras. Gavilanes, por su parte, abrió con Jesús Llamozas, importado barloventeño de impresionante recta y grandes recursos en e montículo. Caribes anotó las tres carreras del juego a cuenta gotas, y Gavilanes apenas pudo batearle tres hits a Rada. Mientras avanzaba el juego, en la tribuna y en el banco gavilanero existía la certeza más que la esperanza de que la próxima entrada cazarían a Joche porque le bateaban muy bien, aunque siempre de frente y la inspiración no sólo era del lanzador sino de la defensiva  que las atrapaba todo. Pero la Indignación llegó a la tribuna del conjunto que representaba los muchachos del barrio cuando en el séptimo capítulo le dieron un pelotazo a José Rada. El manager Alejandro Ibarra no recuerda el incidente pero dijo que si ocurrió sería por circunstancias del juego, él no ordenaría una jugada así, lo cual es cierto; damos fe de que ese no era su estilo. Joche Rada coincide en la apreciación  y señala que fue una decisión tomada entre el lanzador y el receptor, pero hubo intencionalidad.

Jesús Echezuría, quien al final del torneo cargaría con el título de bateo, fue la figura ofensiva del encuentro al impulsar dos carreras. El drama vino en el último ining; luego de dos outs, Feito bateó un doble que despertó a la apagada barra gavilanera; el manager Alejandro Ibarra decidió entrar como emergente y colocó un batazo por el jardín izquierdo; los decibeles subieron repentinamente en la alicaída afición; pero Feíto asumió que anotaría muy cómodamente y su extremada confianza le llevó a correr despacio hacia el home, lo que le dio oportunidad a Elio Pérez de ponerlo out, para terminar el juego e iniciar la leyenda. La hazaña había sido consumada y la fanaticada vencedora se fue caminando con una ensordecedora gritería hasta la entrada de Las Barrancas, donde el Cámara les tenía preparado un suculento sancocho en el bar El Guarandol, situado en la entrada del barrio. Caribes, Rada y la Virgen de Guía, patrona de la barriada, humillaron a Gavilanes; no sólo ganaron el juego y los eliminaron de la competencia, se trataba además de las humillantes nueve arepas. Para José Rada, el héroe del partido, se trataba de un juego más, pero aún así su modestia se vio sacudida por la satisfacción de haberle colgado esos nueve ceros al poderoso equipo Gavilanes.

A confesión de parte...
Pedro Flores
Mientras Caribes celebraba en Las Barrancas, a poco menos de un kilómetro de allí, en la pollera de la Shell, cerca de La Palomera, los Directivos de Gavilanes se reunían para sacudirse el desconcierto, tratar de explicarse lo ocurrido y tomar las acciones de rigor que evitasen la repetición de semejante ignominia; Pedrito Flores, presidente del equipo, explicó lo ocurrido dentro y fuera del terreno, en una crónica publicada tiempo después: Los recuerdos son lejanos y confusos  por lo cual el lector podrá observar algunas discrepancias de nombres, pero en cuanto a los hechos, circunstancias y  protagonistas hay absoluta consonancia y la consecuente certeza:


“Como si fuera ayer, hurgando en la petaca de los recuerdos, pude extraer unas notas que revelan una vez más nuestra gran afición por la pelota. Todo sucedió un domingo de abril de 1966, sol a todo dar, como para sudar negro y tostar blanco, como dijera el poeta. Todo listo en el Estadio Miguel Lorenzo García para dar inicio al partido entre las novenas Caribes de Las Barrancas y Gavilanes B.B.C. Como era de esperarse, el favorito para ganar era Gavilanes, con una trayectoria en el beisbol por demás conocida. Empezaron a llegar los fanáticos de ambos equipos; puedo recordar que nosotros nos colocamos al lado derecho de las tribunas.
Entre los aficionados, o más bien fanáticos, de Gavilanes se encontraban: Vicentico Milano, José López, Miguel J. Prieto, Juan García (Reposo), Vicente  Amalio Gómez, Antonio el Mocho, y otros. El manager del equipo Caribes era el popular Barriga e' Burro, y como de costumbre, Gavilanes estaba dirigido por todos los fanáticos que se creían con autoridad para hacerlo; así lo demuestra el desarrollo de los acontecimientos. José López grita, Juan Reposo no está de acuerdo con la jugada, el Mocho dice ¡Arriba mi equipo!, Vicente Ao, comenta algo que no se le entiende, Prieto se va poniendo rojo, Amalio baja seis veces para el baño; yo, que era el Presidente del equipo, no me podía sentir peor, pero hacía lo imposible por mantener la moral de mis compañeros, Vicentico no decía nada, pero su cara era de tragedia.

Le salió Birongo
Esto se ponía de mal en peor, el picher contrario era José Rada, a quien Barriga e' Burro, o como diría el poeta Borges, abdomen de asno, había encomendado tan difícil tarea que con ayuda de la Virgen de Guía, no había pa' nadie, el milagro estaba a punto de cumplirse. Novena entrada, a batear Gustavito Tovar por Gavilanes, se embasa y roba la segunda base, en ese momento se para Juan Reposo y le  grita: ¡Juega con el segundero muchacho' el carajo! No obstante todo este esfuerzo, el picher José Rada, la Virgen de Guía y Barriga e' Burro, salen airosos: le anotaron  NUEVE CEROS a nuestro equipo Gavilanes. Los fanáticos se quedaron con una calentura de padre y señor nuestro; López se desespera, se quita el sombrero blanco una y otra vez, Ao habla solo, Amalio aprovechó la oportunidad y se quedó en el baño, Prieto no articulaba palabra, Antonio el Mocho me abrazó y yo le comprendí sus lágrimas. Al día siguiente todos estábamos de acuerdo que teníamos que hacer algo, y encomendamos a Prieto y a López para esta tarea; ellos, ni cortos ni perezosos,  se dirigieron a Birongo... ¿Qué hicieron? ¿Para Qué?
¡Sorpresa!  José Rada no pudo pichar más. Nadie supo, nadie sabe, nadie sabrá.
¡Allí queda eso! Hasta luego, amigos de siempre”.

Colofón
José Rada afirma no creer en brujería pero reconoce que nunca pudo explicarse porque jamás pudo lanzar algún juego siquiera parecido al de ese día; siempre le caían a palo limpio cada vez que se subía a la lomita, inexplicable… hasta que Pedrito Flores publicó su crónica. Aún así tiene sus dudas, pero su familia si piensan desde entonces que de que vuelan, vuelan.







 



domingo, 26 de febrero de 2017


Límites Guatire-Guarenas
René García Jaspe

El presente ensayo constituye una síntesis analítica de la extensa, ardua y rigurosa investigación realizada por René García Jaspe de los documentos relacionados con los límites entre Plaza y Zamora, localizados en los registros subalternos de ambos municipios y en diferentes archivos históricos de Caracas,  tanto civiles como eclesiásticos. Las conclusiones no expresan conjeturas, especulaciones ni ambiciones político-territoriales, simplemente plasman una realidad histórica fehacientemente documentada.
Para fines estrictamente didácticos fue editado por quien suscribe, de allí que si alguien requiere de una explicación más amplia debe acudir a René García Jaspe, excelso cronista aldeano.
Aníbal Palacios B.

 Ubicación de la quebrada de Auyare
            Desde la época de nuestros antepasados indígenas así como durante el período colonial y el republicano, se ha sabido que la quebrada Auyare es la que nace en las montañas de Siquire, en la zona conocida como El Naranjal y desemboca en el río Caucagua o Guarenas. La primera hacienda que se estableció en esa zona, hacia el este de dicha quebrada, fue conocida como hacienda Auyare. Esas tierras se las vendió Pedro Romero al capitán Mateo González en 1717 y en el documento de venta se especifica que estas lindaban por el poniente (oeste) con la quebrada Auyare (Escribanías de Nicolás Bartolomé Cedillo, año 1717, Fol. 280 Vto., Archivo General de la Nación-AGN-). Analicemos la tradición histórica de dicha hacienda para dejar claro a qué jurisdicción ha pertenecido desde el principio del siglo XVIII en adelante.
1) Esta hacienda ubicada al este de la quebrada Auyare fue anexada a la parroquia Guatire el 19 de marzo de 1728 cuando el obispo de la provincia don Juan José de Escalona y Calatayud, ordenó al cura capellán de Pacairigua reconocer como feligreses al capitán Mateo González, a Bartolomé Pérez del Castillos y a sus familias y esclavos para que les suministrara atención espiritual. A continuación se realizó la matrícula de la esclavitud de dicha hacienda (Libro de Gobierno N° 1 de Guatire, folio 40, Archivo Parroquial de Guatire), de ese momento en adelante quedó establecida la quebrada Auyare como límite entre las parroquias Guarenas y Guatire en la zona sur del río Guarenas o Caucagua. Esta hacienda fue conocida durante todo el tiempo colonial y republicano como hacienda Auyare.
2) En el Archivo Arquidiocesano de Caracas en la sección “Matrículas Parroquiales” se encuentran los censos de los pueblos de la provincia y las haciendas que estaban bajo la jurisdicción de estos, llevados por la iglesia católica. Estos censos comienzan en 1758 aproximadamente y allí están los referentes a Guarenas y Guatire. En las matrículas de Guatire siempre, desde el primero hasta el último, está registrada en esa feligresía la hacienda Auyare junto con su esclavitud y la familia de los dueños. A quien le interese ver dichas matrículas con mucho gusto se les mostrarán certificadas por dicho Archivo.
3) Como prueba tenemos además el testamento del capitán Mateo González otorgado el 1 de marzo de 1741 en su hacienda; al final del mismo, el escribano Gregorio del Portillo especificó que fue hecho “en este sitio de Auyare, partido de Guarenas y feligresía de Santa Cruz de Pacairigua jurisdicción de la ciudad de Santiago de León de Caracas” (Escribanías de Gregorio del Portillo, año 1741, fol. 36, AGN).
Queda entonces demostrado con documentación histórica que las tierras que se encuentran hacia el este de la quebrada Auyare han pertenecido a Guatire desde 1728 y eran conocidas como hacienda Auyare. La pregunta que cabe ahora es: ¿Varió este lindero con el cambio de los distritos Guarenas y Guatire por Plaza y Zamora, respectivamente, creados en 1865?, la respuesta es NO; se respetaron los linderos de siempre.

Nacimiento de la Quebrada Auyare
Como prueba que los linderos no variaron existe un documento en el cual Bernabé, Trinidad Concepción y Francisca de Paula Maestri, vecinos de Caracas, declararon que entre los bienes que heredaron de sus legítimos padres, los señores José Antonio Maestri y Josefa Pompa, les quedaban aún sin partir una posesión de tierras altas nombradas El Naranjal y una casa de pajareque y paredes cubierta de tejas, nombrada La Florida, ésta última construida en terrenos de la hacienda Vega Arriba con consentimiento de su antiguo dueño. El documento además especifica que “Estas fincas están situadas en jurisdicción del Distrito Zamora antes Guatire del Estado Bolívar...”, mediante dicho instrumento hicieron donación de esas fincas a su hermano Mariano Maestri quien de ese momento en adelante quedó como dueño de esas dos propiedades.
Dicho documento prueba que unas tierras altas denominadas El Naranjal estaban en jurisdicción del Distrito Zamora. El mismo fue otorgado en Caracas el 2 de noviembre de 1875, protocolizado en Guatire el 4 de marzo de 1876 (Registro Subalterno del Municipio Autónomo Zamora, N° 2, Primer trimestre de 1876). 
Existe además otro documento que aclara geográficamente dónde estaban esos terrenos conocidos como El Naranjal, en éste, Mariano Maestri, vecino del Distrito Zamora, arrienda al señor Esteban Guevara, vecino de Guarenas, unos terrenos de su propiedad situados en jurisdicción de Zamora “en el punto denominado ‘El Naranjal’, comprendidos en la delineación siguiente, desde la cabecera del lindero con la viuda y herederos del finado Señor Juan González, cogiendo después por el camino del Eneal, todas las vertientes a la quebrada Auyare, hasta el pie de la subida del mismo camino Eneal”. Este documento fue registrado en “la Oficina Subalterna de Registro del Distrito Zamora, Guatire, abril ventiocho de mil ochocientos setenta y nueve, bajo el número doce”.
Mediante ese arrendamiento queda claro que esa posesión llamada El Naranjal está en la misma zona donde se encuentra la región conocida como El Eneal y la quebrada Auyare y todos esos sitios eran jurisdicción del Distrito Zamora, de hecho si analizamos los planos que posee el Instituto Geográfico Simón Bolívar observaremos que esos sitios geográficos están en jurisdicción del actual Municipio Zamora. Eso comprueba que cuando se crearon los distritos Plaza y Zamora se respetaron los linderos antiguos y no se efectuó ningún cambio.
Analicemos a continuación si hubo algún cambio cuando se estableció la primera Ley de División Político Territorial del recién creado Estado Miranda, aprobada el 7 de marzo de 1912. En ésta se especificó la primera división político-territorial entre los distritos Plaza y Zamora del Estado Miranda, publicada en Gaceta Oficial el 11 de abril de 1912, y especifica que el Distrito Plaza tendría como límite por el “Naciente: Distrito Zamora, desde la fila de El Naranjal en el punto en que nace la quebrada Auyare, bajando por ésta hasta el Rio Caucagua...”, de nuevo se especifica como lindero la quebrada Auyare desde su nacimiento en la fila El Naranjal, con lo antes expuesto se observa que en la fijación de linderos de 1912 se continuó respetando el lindero formado por la quebrada Auyare.
Toda esa documentación además establece que la quebrada Auyare nace en la fila El Naranjal y no es la quebrada que nace en la fila Jericó como se quiere hacer creer en la actualidad, violentándose de esa manera la verdad histórica establecida desde 1728, esa otra quebrada es la que se conoce como El Mulato. La ubicación de la fila El Naranjal y la quebrada que nace allí puede ser constatada en los planos del Instituto Geográfico Simón Bolívar (Cartografía Nacional) para conocer exactamente por donde está establecido el límite entre estos dos municipios en esa zona actualmente.

La hacienda Auyare del Municipio Plaza
Con relación al documento existente en el Registro Subalterno del Municipio Plaza de fecha 18-9-1866, N° 328, podemos decir que éste se refiere a una hacienda que se encontraba en la zona de Auyare al oeste de la quebrada Auyare, en el territorio del Distrito Plaza, y que siempre perteneció a la Parroquia Guarenas, en el siglo XVIII se denominaba Nuestra Señora de la Soledad de Auyare. Esta era diferente a la hacienda Auyare que estaba al este de la quebrada y pertenecía a Guatire, las dos posesiones eran vecinas y las separaba dicha quebrada, por ello las matrículas parroquiales ubicadas en el Archivo Arquidiocesano de Caracas, referentes a Guarenas, la ubican en “el sitio de Auyare”. Esa hacienda limitaba al este con la quebrada Auyare y al oeste con las tierras de Potuco o el Carmen como lo demuestra la tradición histórica que a continuación vamos a exponer.
El 27 de abril de 1719 doña Ana Rengifo Pimentel vende a Gaspar Gómez 14 fanegadas (aproximadamente 9 hectáreas) de tierra con los linderos siguientes: norte, río Caucagua; oeste, lindero de Potuco; este, quebrada Auyare y punta del cerro que divide las tierras de Mateo González; y sur, serranía de Siquire (Escribanías de Nicolás Bartolomé Cedillo, año 1719, folio 124, AGN). Revisando los protocolos existentes en el Registro Subalterno del Municipio Plaza nos encontramos que en un documento ubicado en los protocolos del año 1789, folio 87 vuelto, don José Sebastián Rodríguez vende a don José Gabriel Caraballo dicha hacienda y allí se le denomina Nuestra Señora de La Soledad de Auyare y mantiene los mismos linderos de 1719. Rodríguez especifica que la compró a doña Regina Francisca del Castillo, viuda del capitán don José González Mengo (éste a su vez la había comprado en 1742 a Juan Pablo Gómez, hijo del primer propietario Gaspar Gómez de Villanueva). Al revisar los linderos que refiere el documento de 1866 y los de años sucesivos referentes a esta hacienda nos encontramos que coinciden con la aquí expuesta y que comienza su tradición histórica en 1719, ya que siempre limita por el oeste con Potuco o El Carmen, por el norte con el río Caucagua y por el sur fila última del Naranjal (Siquire), las copias documentales de lo expuesto podemos facilitarlas a los interesados en este proceso.
Con el transcurso del tiempo esa hacienda fue perdiendo el nombre de Nuestra Señora de La Soledad (lo que se conoce como economía del lenguaje) y en el siglo XIX quedó registrada solo como hacienda Auyare, trayendo eso confusión con la vecina y antigua hacienda Auyare perteneciente a Guatire desde 1728.
Ahora vamos a analizar la tradición histórica de las haciendas que constituyeron el lindero al otro lado del río Caucagua o Guarenas, hacia el Norte.  
Ubicación de La Florida
El otro lindero que hay que establecer históricamente es el que desde el río Guarenas o Caucagua sigue dirección sur-norte hacia la serranía de El Ávila. Para 1679 aproximadamente, cuando se separa Guatire como parroquia independiente de Guarenas, las haciendas que constituían el límite oeste de Guatire y este de Guarenas, pertenecientes a la parroquia Guatire, eran, en dirección sur-norte desde el río Caucagua o Guarenas, la hacienda Vega Arriba, conocida como La Vega de San Miguel y la hacienda El Ingenio. En estos últimos tiempos ha habido confusión en cuanto al límite que por esa parte estableció la ley del 7 de marzo de 1912, en esta se dice: “...hasta el río Caucagua y de aquí subiendo por dicho río hasta el Pozo de la Peñita, de este por las lomas de La Florida y la Crucecita hasta la cortada de Santa Cruz”. Debemos tener claro cuáles son las lomas de La Florida y de La Crucecita para saber por dónde se ubicó el lindero ese año.
Primeramente La Florida fue el nombre dado a una porción de tierras dentro de la hacienda Vega Arriba, según se conoce mediante un documento protocolizado en Guatire el 4 de marzo de 1876, en esta tenían bienhechurías constantes de una casa y vega de frutales la familia Maestri Pompa, estas fueron establecidas allí con permiso de los dueños de la hacienda y mediante este protocolo las adquiere en propiedad Mariano Maestri por vía de donación de parte de sus hermanos (Registro Subalterno del Municipio Zamora, primer trimestre de 1876).
El 3 de septiembre de 1879 Mariano Maestri vende la casa y la vega de frutales en el lugar denominado La Florida a Francisco Báez y menciona como linderos para esa posesión por el naciente, poniente y norte con terrenos de la hacienda Vega Arriba y por el sur con el río titulado la quebrada de Guarenas (Registro Subalterno de Zamora, 4° trimestre de 1879, N° 3, Protocolo Primero). Si comparamos los linderos dados en este documento con los mencionados en documentos posteriores referidos al sitio nombrado La Laguna observamos que coinciden como se verá después.
De acuerdo al documento protocolizado en el Registro Subalterno de Zamora, 1° trimestre de 1908, N° 6, folio 9 del protocolo primero, Gerónima Torres de González vende sus derechos proindivisos en la hacienda Vega Arriba al ciudadano Sixto Castillo Gómez y especifica que dicha hacienda hacia el poniente (oeste) tenía la posesión La Florida y la hacienda San Pedro. Lo antes dicho demuestra que La Florida estaba ubicada hacia el lindero oeste de Vega Arriba.
Según documentos protocolizados en el Registro Subalterno de Zamora, 3° trimestre de 1908, números 4 y 5, y 1° trimestre de 1909, N° 7, todos del protocolo 1°, los hermanos Sixto y Ramón Castillo Gómez adquieren de los demás propietarios de la hacienda Vega Arriba la propiedad total de ésta. Mediante documento protocolizado en el Registro Subalterno de Plaza, 2° trimestre de 1916, N° 28 del protocolo 1°, los hermanos Castillo Gómez venden a los herederos del Sr. Luis María Bello, propietarios para ese entonces de la hacienda San Pedro, una porción de tierras que verbalmente la habían vendido al Sr. Bello en 1908 pero de lo cual no habían hecho documento protocolizado.
Especificaron que la porción constaba de cinco (5) hectáreas aproximadamente y que era parte integrante de la posesión La Florida, perteneciente a la hacienda Vega Arriba y estaba situada en el cañaote denominado La Laguna. Además mencionaron “cuya loma occidental desde su nacimiento en la fila de la crucecita hasta el desagüe vertiente a La Laguna es el lindero entre nuestra hacienda San Miguel de la Vega y la hacienda San Pedro”. Los linderos que tenía ésta porción vendida eran: naciente, norte y poniente con la hacienda Vega Arriba y por el sur la hacienda San Pedro.
Analizando el anterior documento llegamos a las siguientes conclusiones: la primera de ellas es que esta es la misma porción de tierras dentro de la posesión llamada La Florida sobre la cual tenían los Maestri Pompa las bienhechurías que en 1879 Mariano Maestri vendió al Sr. Báez ya que los linderos coinciden con los de este documento por el naciente, norte y poniente, y por el sur que lindaba con el río fue por donde se anexó a la hacienda San Pedro, y la segunda es que cuando se estableció el lindero entre los distritos Plaza y Zamora en 1865 esa porción había quedado dentro del Distrito Zamora ya que la transacción de 1879 fue protocolizada en ese distrito y la que estamos analizando ahora se registró en el Distrito Plaza, por lo que se infiere que cuando se trazó el límite entre los dos distritos en 1912 esa parte que siempre había pertenecido a la hacienda Vega Arriba y al Distrito Zamora pasó a formar parte del Distrito Plaza.
Revisando el documento protocolizado en el Registro Subalterno del Municipio Plaza el primer trimestre de 1918, N° 2, del protocolo primero en el que los herederos de Luis María Bello vendieron la hacienda San Pedro y La Laguna a los hermanos Pedro Ramón Vera Bello y José María Vera Bello. En los linderos de San Pedro especificaron que dicha hacienda lindaba por el este con terrenos de la hacienda Vega Arriba; oeste con montes altos de la hacienda Santa Cruz, vega del Ahilado y río Caucagua; por el norte la hacienda El Ingenio, camino real viejo de Guatire por el medio y terrenos de la hacienda Vega Arriba, y por el sur el río Caucagua. Los linderos que dieron para La Laguna fueron, naciente, norte y poniente con terrenos de la hacienda Vega Arriba, acequia en medio y por el sur la hacienda San Pedro, por el desagüe que está del lado debajo de la acequia de Vega Arriba.
Otros documentos consultados de allí en adelante dan los mismos linderos, ejemplos de eso son: el del segundo trimestre de 1919, N° 15; y el del cuarto trimestre de 1939, N° 12, ambos del protocolo primero. Mediante el análisis de estos documentos concluimos que la hacienda San Pedro por el norte lindaba por una parte con El Ingenio y también con la hacienda Vega Arriba, lo cual cambió con el transcurso del tiempo como veremos a continuación.  
Cambian linderos Vega Arriba y San Pedro
Para la última mitad del siglo XX el lindero entre las haciendas San Pedro y Vega Arriba cambió y lo vino a constituir un camino que desde la carretera vieja Guarenas-Guatire se desprende en dirección norte-sur hacia el río Caucagua o Guarenas. Para entender ese cambio de linderos analizaremos los documentos relacionados.
En febrero de 1948 Rafael Ramón Patiño le vende como garantía hipotecaria a la familia Vera la hacienda Vega Arriba y La Laguna, ubicadas en los distritos Zamora y Plaza y se mencionan para ambas los linderos de siempre con la diferencia que en este documento se especifica la existencia de un camino que atravesaba tierras de Vega Arriba, de San Pedro y La Laguna y era paso para la hacienda Auyare que era propiedad del mismo vendedor, pero en ningún lugar del documento se dice que ese camino era división entre las dos propiedades sino se especifica que se usaría para que Patiño tuviera acceso a la hacienda Auyare y transportara sus frutos por él (Registro Subalterno de Plaza, 1° trimestre del 1948, N° 18, Protocolo Primero).
En 1952 Patiño declara extinguidas las garantías hipotecarias y los Vera venden al Sr. Ramón Yánez Hernández la hacienda Vega Arriba reservando para ellos La Laguna anexándola a la hacienda San Pedro, extendiendo así el lindero norte de San Pedro hasta la carretera Guarenas-Guatire y estableciendo el lindero este en el camino carretero que de esa carretera se desprendía en dirección sur, hacia el río Caucagua. Es interesante notar el hecho que ese cambio de linderos trajo un pleito legal entre los Yánez y los Vera que tuvo que ser resuelto amistosamente en 1983.
Queda claro que estos movimientos de linderos fueron relativos a las haciendas y de ninguna manera deben alterar los linderos de los municipios, por lo tanto no podemos aceptar que el lindero entre Zamora y Plaza sea ese camino que hoy día existe asfaltado y divide las dos propiedades pero que nunca ha sido el lindero entre los dos municipios. Si analizamos el lindero en dirección sur-norte que se determinó en 1912 este dice “...por las lomas de la Florida y la Crucecita hasta la cortada de Santa Cruz”, ese era también el lindero para aquel entonces de las haciendas Vega Arriba y San Pedro ya que los documentos de la hacienda Vega Arriba analizados especificaban que su lindero con San Pedro estaba en la loma occidental de La Florida desde su nacimiento en La Crucecita, lo cual coincide con el lindero oficial establecido en 1912.
Otro punto geográfico especificado en la ley de división de 1912 es La Cortada de Santa Cruz. Según lo que la ley estipulaba, ese sitio tenía que estar contiguo a La Crucecita y realmente es así puesto que está cercano a la loma de La Crucecita y de allí se baja por la loma occidental de La Florida hasta llegar a la boca de la quebrada de Auyare.
Por lo explicado aquí la Academia de la Historia del Municipio Zamora es del parecer que el lindero actual debe mantenerse para no continuar complicando esta situación, esto a pesar de que con el establecimiento de la línea recta desde La Cortada de Santa Cruz hasta la boca de la Quebrada Auyare Zamora perdió una parte de su territorio en la zona del pozo de La Peñita. 
 
Conclusiones
1) El lindero que se estableció en 1912 mediante la Ley de División Político Territorial del Estado Miranda respetó en su mayor parte el lindero histórico entre los dos municipios establecido en 1865, cuando los distritos Guarenas y Guatire se transformaron en distritos Plaza y Zamora.
2) La quebrada Auyare tiene su nacimiento en la fila El Naranjal, la parte este de esa fila está en territorio del Municipio Zamora y la parte oeste en Plaza, así ha sido desde 1728 cuando hubo la primera división entre Guarenas y Guatire, fue respetada cuando se establecieron los distritos Plaza y Zamora en 1865 y fue ratificado en la División Político Territorial de 1912.
3) La división que ocasionó que la hacienda Vega Arriba tuviera una parte pequeña en el Distrito Plaza (parte de La Florida y La Laguna) y el resto en el Distrito Zamora fue la efectuada en 1912, y no la posterior línea recta de 1983, esto se demuestra mediante la tradición documental de la hacienda Vega Arriba ya presentada.
4) La delimitación reciente entre las haciendas Vega Arriba y San Pedro por el camino (actualmente ampliado y asfaltado en parte) que desde la antigua carretera nacional Guarenas-Guatire sigue dirección norte-sur hacia el río Caucagua o Guarenas, no puede ser el límite entre los dos municipios puesto que históricamente nunca lo ha sido, el límite por ese lado debe seguir siendo la loma occidental de La Florida que es la última al oeste por donde se baja a la Hondura de Santa Cruz y Casarapa.
5) Se debe respetar el lindero este de Plaza y oeste de Zamora establecido en la ley vigente ya que está bastante cercano a lo que ha sido el lindero con tradición histórica entre las dos parroquias, y en caso de que hubiese de efectuarse un cambio sería el de anexar al Municipio Zamora la parte de las tierras de La Laguna que históricamente formaron parte de la hacienda Vega Arriba, la cual ha pertenecido a Guatire desde finales del siglo XVII y esas tierras de La Laguna estaban en jurisdicción del Distrito Zamora después de la división de 1865, y fue  modificado por la división de 1912 a favor del Distrito Plaza.