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jueves, 22 de noviembre de 2018


Centro Excursionista Manuel Ángel González:
 50 años de orgullo aldeano
Aníbal Palacios B.

Pudiéramos decir que la curiosidad de un grupo de jóvenes por saber si era cierto lo que un profesor de Biología explicaba en las aulas del Liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco de Guatire llevó finalmente a constituir, a finales de los años sesenta, lo que hoy conocemos como el CEMAG.

No era desconfianza hacia la palabra de Manuel Ángel González; todo lo contrario, sus clases eran tan motivadoras que a esos estudiantes no les bastó la excelente dotación de los laboratorios del Liceo, y optaron por hacer investigaciones de campo, en busca de alacranes culebras y arañas. Ciertamente, ayudó también que no eran muchas las opciones que tenía un joven guatireño para distraerse en esa época. El Centro Excursionista Manuel Ángel González se gesta entonces en las montañas que rodean al Valle de Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, y nace un 22 de noviembre de 1968, eso le otorga un fresco sabor rural y la característica cordialidad campesina. El profesor Manuel Ángel, a pesar del aprecio y consideración que sentía por sus discípulos, se negaba a aceptar que su nombre engalanara a la institución; argumentaba que ellos no sabían si después, con el correr de los años, él “se echaba a perder”, con el consecuente efecto devastador sobre la organización.
Pero aquellos muchachos conocían bien a su mentor; de él no sólo obtenían conocimientos sobre las ciencias naturales; también recibían, a manera de refuerzo de la educación familiar, un fortalecimiento de los valores espirituales del hombre, entre los que destacaba la modestia del investigador en los fines y objetivos de su vida profesional y personal. Estos jóvenes estaban plenamente seguros de que su tutor jamás se “echaría a perder”, más bien podía existir el temor de que fuesen ellos quienes no estuviesen a la altura de la figura del nombre que identificaría a la institución, por lo que el proyecto se convirtió no solo en un reto, sino en una responsabilidad, y convencieron finalmente al profesor Manuel Ángel González. Originalmente, el CEMAG lo conformaban cinco secciones: Herpetología, Espeleología, Biología, Rescate y Cemagitos; el excursionismo era la base para desarrollara las actividades.

El duro comienzo
El CEMAG nace por iniciativa de siete jóvenes: Rogelio Palacios Berroterán, Edgar Oliva Medina, Francisco Núñez Flores, José Muñoz Reggio, Cristóbal Fernández Daló, Guillermo Patruyo Pedroza y Elías Silva Aponte; a la sazón, militantes de la juventud comunista la mayoría de ellos. Eso permitió que algunas voces maledicentes dijeran que estos jóvenes iban a las montañas a llevar comida a los guerrilleros, y se propagó el rumor sin importar que para la época el movimiento guerrillero estaba prácticamente acabado, que el Parque Nacional El Ávila no era el lugar más idóneo para esconderse nadie y que los muchachos solían subir a esos parajes a recolectar culebras y escorpiones y a llevar ropa y juguetes a los niños que allí habitaban. Lo cierto fue que causó daño, pero la mano extendida de Francisco Delgado, Presidente del Concejo Municipal, ayudó a superar el obstáculo. Del Ministerio de Relaciones Interiores emanó la orden de investigar al grupo y Francisco no sólo defendió a los muchachos, sino que además los acogió en el seno del Centro Cívico y así el CEMAG tuvo su primera sede fija: la azotea del edificio. Esto tuvo otro efecto determinante en el futuro de la institución porque allí se incorporaron un nutrido grupo de jóvenes habitantes del caso central cuyas familias, por lo demás, militaban en los partidos AD y Copei, y que le dieron el dinamismo y la diversidad que el CEMAG requería y a la vez le quitaron el sambenito político a la institución. Oscar Muñoz, Edgar García, Ricardo Toro, Rhadamé Livinalli, Leonel Hernández, Iván Delgado, Mauricio Flores, Alfredo Oropeza, Luis Amador García, Efrén Toro, Antonio Irureta, Manuel Berroterán, Rogelio Delgado, Miguel Santana, Abilio Da Silva, Antonio Olivier y Luis Martínez, son algunos de esos muchachos que se incorporaron al CEMAG en esa oportunidad. 

El aliento de vida
Casona El Norte
El CEMAG crece y se desarrolla con el ejemplo de nuestro padre afectivo Manuel Ángel González, pero también el de una gran mujer que fungió de madre, Custodia Reggio de Muñoz y hasta de unos padrinos Benito Ribas y Blasina, custodios del Parque Nacional El Ávila en las montañas del norte de Guatire. Pero a su vez hemos seguido los pasos de quien siempre consideramos nuestro hermano mayor: el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), en cuyo seno encontramos el apoyo físico y anímico suficiente para no desfallecer. También contó con la ayuda de la Congregación del Divino Maestro a través de la madre Teresita Puertas quien le inculcó al grupo la oportuna orientación espiritual que todo joven requiere. De personas como Pedro Lovera, quien donó al CEMAG una variedad de equipos de radiocomunicaciones que nos convirtió en el grupo mejor dotado del país; Francisco Delgado, la primera persona fuera del entorno en creer en estos jóvenes y prestar una decisiva y determinante ayuda; Hernán Rengifo, cuya determinación hizo posible la construcción de la actual sede; Francis Citty Pittol, autor del diseño arquitectónico de la edificación, que más allá de lo profesional le agregó ese toquecito especial de afecto que establece diferencias; Francisco Mujica, quien desde el CEA guió nuestros pasos por ese intrincado camino que deben transitar las organizaciones no gubernamentales y Miguel Alciro Berroterán; quien silenciosamente se convirtió en factor fundamental en el éxito de nuestra lucha contra quienes pretendieron expropiar nuestra sede. Por supuesto que ha sido la juventud de Guatire y Araira, quienes han sostenido a través de estos 50 años nuestra institución, así como la comunidad de la Urbanización La Rosa que poco a poco se ha identificado con la organización, integrándose a ella. No tardó mucho tiempo el CEMAG en ganarse el respeto, aprecio y reconocimiento de la comunidad zamorana en particular, y mirandina en general; pronto también su esfuerzo fue reconocido en todo el territorio nacional, y las cualidades ambientalistas y de solidaridad social de la agrupación traspasaron nuestras fronteras para ponerse a la disposición de los ciudadanos del mundo.

La sedes
La primera sede del CEMAG fue el propio ambiente natural donde nació; es decir, la vieja casona de la Hacienda El Norte, que en un tiempo perteneció a la familia Nicolai. Pero luego la necesidad de crecer y de integrarse a la población le llevó a un continuo peregrinar por los hogares de sus miembros y muy especialmente la casa de Custodia Reggio, en la calle Brión. Luego nos acogió por algunos meses el Colegio Santa María Goretti, de la mano de la madre Teresita Puertas, en el marco de aquel Centro Juvenil de grata recordación para los jóvenes guatreño; con un nutrido grupo de monjas subimos a la hacienda el Norte, a pesar de lo incómodo de sus hábitos. La siguiente parada sur, por invitación de Jesús María Sánchez, la Biblioteca Elías Calixto Pompa, en sus sedes de las calles Girardot y 9 de diciembre, hasta que en 1971 llegamos al Centro Cívico por cortesía de Francisco Delgado. La edificación era muy grande para el Concejo Municipal en esa época; tenían arrendado la mitad del espacio a Eleggua y el INOS y la Prefectura. y sobraba la azotea. De esta época recordamos la arborización de las calles de las calles de Guatire en un operativo financiado por el Concejo Municipal y la entusiasta participación de toda la muchachada del CEMAG. Luego llegamos a la sede del hospitalito (en 1974), donde crecimos junto con los jóvenes de Los Malavares y Barrio Ajuro; pero arribar a este hogar tiene su historia.
Llegó el año 1974 y con él un cambio de gobierno. Acción Democrática ganó las elecciones y el nuevo Presidente del Concejo Municipal era Ramón Pérez quien tenía planes de expansión y necesitaba sus espacios. Salió Eleggua y la Prefectura, el INOS se redujo a una oficina en la Planta Baja y el CEMAG tuvo que entregar la sede en medio de un conflicto generado en parte por una inapropiada declaración de prensa. Estábamos conscientes de que había que salir de allí; pero a su vez requeríamos otra sede, eso también estaba claro. En la disputa nos ganamos la simpatía de la opinión pública que presionó una solución inmediata; en eso surgió una especie de confluencia astral donde se alinearon los intereses económicos de Aquino Espinoza, con la urgente necesidad de Ramón Pérez de salir del aprieto y la nuestra de obtener una sede: Aquino ofreció un local de su propiedad ubicado en la entrada del hospitalito, allí transcurrieron 35 años hasta que en 2009 realizamos nuestra última excursión desde ese lugar; en una alegre caminata al frente de la cual estaba Esther Rodríguez, llegamos a nuestra sede definitiva, un acogedor e idóneo lugar,  porque el confort no es algo que preocupe mucho a un excursionista.
La época de Los Malavares devino en la incorporación de un nutrido grupo de jóvenes habitantes del sector que significó una importante renovación de la generación fundadora que ya se dedicaba a otros quehaceres: Carlos Tovar, Ramón Milano, Carlos Toro, José Noria, Eleazar Marrero, Jesús Torrealba, Edgar Toro, José Luis Salazar, Jesús Blanco; Julio Aragort,  Cheo Aragort.  En esa época también destacan Simón Palacios, Raúl Suárez, Alfredo Rodríguez, Guillermo Olivier, Antonio Ibarra, José Rodríguez, Juan Graterol, Miguel Delli Carpini, Geofrey Cancino, William Rodríguez, J. J. Lugo, Domingo Delli Carpini y Aurelio Utrera; algunos de ellos habían ingresado como cemagitos cuando ocupábamos otros espacios y ya habían crecido lo suficiente para ejercer tareas directivas. Fueron momentos difíciles por cuanto no hubo transición entre los fundadores, el grupo de relevo y esta nueva generación de muchachos, literalmente, porque los mayorcitos éramos Oscar Muñoz y quien suscribe, con apenas 20 años. Se habían perdido todos los contactos con las autoridades de Defensa Civil,  Fundasocial y otros entes públicos y privados con los que se relacionaba el la organización, pero con la oportuna asistencia de Luis Amador García, se pudo reencontrar el camino.

Fue también la época (1978) de la incorporación de la mujer a las actividades cotidianas del CEMAG, venciendo tabúes aún existentes: Zulay Hidalgo, Nujat Blanco, Maribel Calcurian, Ludmila Palacios, Yaneth Blanco, Betty Piñate, María Matos, Josefina Aragort, María Rodríguez, Fátima Da Silva, Belkis Monterola, Isaura Muñoz, Silvia Monterola, Fiorella Machado, Naxsos Ñañez y Evelyn Piñate, pioneras en medio de un escenario diseñado para la población masculina.
También los años en que el Toyota de Antonio Olivier y el Willys de Carlos Bustamante eran los vehículos oficiales de la institución hasta que el Ministerio del Ambiente nos asignó uno.  Período cuando frenamos las pretensiones de establecer una cantera en La Siria y enfrentamos a las areneras. La de formación en paracaidismo, helitácticas, supervivencia en selva, primeros auxilios, entrenamientos para desalojos en casos de emergencia en los colegios Ramón Alfonzo Blanco, Elías Calixto Pompa, Santa María Goretti, Juan José Abreu y Araira.

Los héroes olvidados

El nombre del CEMAG está asociado a las excursiones, el combate de incendio forestales, el rescate de personas y la actuación en desastres naturales (terremotos, inundaciones, aguadas); dentro y fuera del país. Hoy pocos recuerdan la importante labor científica que en sus orígenes fue factor indefectiblemente asociado al grupo, como es el caso de las tres expediciones realizadas en los años 1973, 1974 y 1975 a Santa Elena de Uairén, el tepuy Roraima y el rio Caura, en Guayana. El objeto fue recolectar escorpiones para una investigación que realizada el profesor Manuel Ángel González. A tal efecto, el grupo realizó un exhaustivo curso sobre la materia y salieron armados con un kit de preservación que incluía cajas, frascos, etiquetas, luz fluorescente, pinzas, sueros antivenenosos, formalina, rollos fotográficos, etc. En un par de jeeps con sus respectivos remolques partieron en el primer viaje Rhadamé Livin
 
ally, Edgar García, Leonel Hernández, Maite Bilbao (padre e hijo), Efrén Toro, Rogelio Delgado, Abilio Da Silva y Miguel Santana. Un accidente estuvo a punto de frustrar la expedición: un jeep volcó y salió herido Maite Bilbao padre; hubo que devolverse a Upata, unos 300 km, y dejarlo en el hospital. De allí, una avioneta de Pedro Lovera lo trasladó a Caracas. El grupo regresó a cumplir con sus objetivos y recolectó 108 nuevas especies y géneros de escorpiones. En el año 1974, el mismo grupo, con la excepción de Miguel 
Cruzando el Kuquenan
Santana se llegó hasta la meseta de Roraima, esta vez tenían que traer las especies vivas, por lo que se llevaron una gran cantidad de potes de frescavena, y el mismo kit sin la formalina; regresaron con 130 nuevas especies. Todas debidamente clasificadas por Manuel Ángel González. Para el viaje al Caura en 1975 no estuvo Rhadamé, pero si 
Alfredo Perdomo, quien se incorporó desde San Félix, donde vivía. En este viaje hubo otro accidente, esta vez de tipo doméstico: Henry Bueno sufrió una herida en el pié con un machete y tardó cuatro días en recibir asistencia médica, hasta que finalmente fue
 
trasladado a Puerto Ordaz y de allí al Hospital Universitario. Estuvo a punto de perder el pié; una larga convalecencia de 4 meses le permitió salir caminando del recinto. En reconocimiento al trabajo realizado algunos géneros de esos escorpiones llevan el nombre de los muchachos del CEMAG que participaron en la expedición; a saber:

Broteas libinallyi (Rhadamé Livibally)
Broteas dasilvai (Abilio Da Silva)
Broteochactas bilbaoi (Maite Bilbao)
Broteochactas efreni (Efrén Toro)
Broteochactas leoneli (Leonel Hernández)
Broteochactas garciai (Edgar García)
Broteochactas santanai (Miguel Santana)
Chactas rogelioi (Rogelio Delgado)

Anteriormente géneros como Broteochactas eliassilvai (Elías Silva) y Microtityus biordi (Luis Biord) habían sido incorporados al catálogo del profesor Manuel Ángel González.

Y vino el corre corre
La fortaleza de una institución se cimienta sobre la responsabilidad, la constancia, la credibilidad y el efectivo compromiso social labrado a través del tiempo, y el CEMAG, el arribar a 50 años, es hoy por hoy –junto con el CEA- una de las instituciones más sólidas y de mayor prestigio en la comunidad zamorana. Es una especie de axioma, por tanto no necesita ser demostrado, sin embargo, el pasado 11 de febrero de 2017, la comunidad zamorana puso en evidencia esa fortaleza cuando envolvió al CEMAG en un manto de protección ante el atropello de la alcaldesa del Municipio Zamora quien pretendió desalojar a la Institución de su propia sede, con la arbitrariedad, la arrogancia y el desafuero que otorga el poder político mal ejercido.
Fue el jueves 9 de febrero de 1917, aproximadamente a las 9 de la mañana, cuando un vehículo de la Policía Nacional Bolivariana, con tres funcionarios, bloqueó la entrada del CEMAG. A la una de la tarde llegaron seis vehículos más y dieciocho agentes policiales; esta vez no se quedaron en la entrada sino que irrumpieron en el estacionamiento en absurda demostración de fuerza digna de mejores causas; un allanamiento por todo lo alto.
Oscar Muñoz, visiblemente preocupado, preguntó qué ocurría; un oficial le respondió que esperaban a un representante de la Alcaldía que vendría a conversar con él,  y comenzaron a fotografiar el perímetro. Poco después llegó una persona y se reunió con los efectivos policiales, se identificó como asistente del Síndico Procurador Municipal y señaló que se había firmado un decreto que expropiaba las instalaciones del CEMAG y entregaban las instalaciones a la Policía Nacional Bolivariana. Seguidamente Oscar Muñoz prendió la alarma y declaró al CEMAG en emergencia. A las cinco de la tarde Oscar Kahara  publicó una nota en el Facebook de la institución (Más de 1400 seguidores) denunciando el acoso por parte de la Alcaldía y lanzaba un SOS a la comunidad zamorana. ¡Inundó las redes! La información se propagó de inmediato como uno de esos incendios forestales que suele apagar el CEMAG, sin participación de la Alcaldía, por cierto. Twitter, Facebook, Instagram, Periscope y cuanta red social exista por allí sirvió de vaso comunicante y en cuestión de pocas horas miles de ciudadanos e instituciones de todo el país se solidarizaban con el CEMAG.
Paralelamente Oscar Muñoz se movía en otros escenarios; se comunicaba telefónicamente con viejos amigos, al menos pensaba que lo eran, del CEMAG cercanos a la Alcaldesa para informarles del problema y todos le dieron la espalda. Por suerte, amigos como Miguel Alciro Berroterán y Cruz Ortiz elevaron el problema a otras instancias y conversaron con la diputada Aurora Morales, Presidente de la Asamblea Legislativa del Estado Miranda, una vez le explicaron lo qué representa la institución para la comunidad zamorana, la diputada prometió que investigaría la situación y actuar en consecuencia.
El día viernes, a las 11 de la mañana llega la alcaldesa con actitud petulante, avasallante, soberbia y pendenciera a imponer su decisión. Oscar Muñoz y Yolanda Crespo le expresan que su actitud es un atropello a la institución y que el CEMAG  rechaza su arbitrariedad. Los ánimos se exaltan, la alcaldesa se altera y exige que se entregue las instalaciones a la Policía Nacional. A todas estas, el conflicto ya es vox populi y de las redes sociales pasa a la calle, la gente comienza a llegar a la sede a expresar su solidaridad. Ex miembros de la institución, Grupos Scout, Voluntarios de Defensa Civil, Bomberos, ONG ambientalistas, estudiantes  de Escuelas, Liceos, Institutos Universitarios a quienes el CEMAG ha asesorado en sus tareas y tesis de grado, organizaciones culturales, sociales, deportivas, vecinales y políticas, todos se acercan y manifiestan su perplejidad ante lo que está ocurriendo y ofrecen su apoyo incondicional. Se convoca una Asamblea Popular para el sábado 12, a las 4 de la tarde y se procede a informar a la comunidad a través de las redes sociales. Pese a la premura la asistencia fue masiva y la conclusión unánime: ¡Resistir!  
El lunes 13 de febrero el Consejo Directivo de la Red de Patrimonios Culturales del Estado Miranda manifiesta “… su pleno apoyo y solidaridad, en nombre del conglomerado de tradiciones declaradas Patrimonio, que conforman esta Organización”. El martes 14 de febrero el Concejo Municipal publica un acuerdo “… mediante el cual se declara al CEMAG y a las instalaciones donde este centro se encuentra ubicado, como Patrimonio Cultural y Ambiental el Municipio Zamora”.

La politización del problema
La presencia de los concejales y otros dirigentes políticos llevó a algunos funcionarios de la Alcaldía a expresar que el CEMAG había politizado el conflicto cuando era exactamente lo contrario; fue el comportamiento ilegal, abusivo y arbitrario de la alcaldesa lo que obligó al CEMAG a buscar una solución política en el seno de Consejo Legislativo del Estado Miranda;  fue la firme disposición de la diputada Aurora Morales y el concejal Cruz Ortiz lo que puso freno al atropello. No obstante fue una tarea ardua, la ilegal ocupación duro unos siete meses; tiempo durante el cual el CEMAG no abandonó las instalaciones. El conflicto en sí no era con la policía propiamente dicha, sino con la Alcaldía; en este sentido es pertinente destacar que si bien el despliegue policial era intimidante por su dimensión, la actitud de los funcionarios siempre fue respetuosa hacia la institución; No obstante, el 29 de agosto el concejal Cruz Ortiz fue detenido por el cuerpo policial cuando quiso ingresar a las instalaciones del CEMAG.

Apoyo institucional
Además de los cientos de personas que individualmente se acercaron a la sede a expresar su sólido respaldo a la institución y las miles que lo hicieron a través de las redes sociales, el CEMAG recibió el incondicional apoyo de instituciones como el CEA, Ecosendero, las Niñas que Siembran, Parroquia Católica Beato Manuel Domingo y Sol de la Urbanización la Rosa, Biblioteca Don Luis y Misia Virginia, Artegua, la Fundación Ambiental Amigos del Camino, la Red de Patrimonio Cultural del Estado Miranda y la Asociación de Vecinos de La Campiña, entre tantas. Por esta razón no extrañamos la ausencia de los dirigentes de ASOPUEBLO, pero dado el respeto y la consideración que una vez le tuvimos nos hubiese gustado verlos allí, apoyando al CEMAG en su lucha contra el atropello del cual era víctima; pero los tiempos cambian, y algunas organizaciones también.
El CEMAG continuó su lucha en procura de un reconocimiento que pusiese trabas a futuras tentativas de atropello, y en una labor coordinada por Alfredo Rodríguez frente a un equipo conformadopor Oscar Kahara, Oscar Muñoz, José Noria, Rhadamé Livinalli y Zulay Hidalgo, se logró el 16 de noviembre de 2018, en Sesión Extraordinaria realizada en nuestra sede, que el Consejo Legislativo del Estado Miranda declarase al CEMAG Patrimonio del Estado Miranda, bajo la figura de Institución de Buenas Prácticas Sociales y Ambientales.
El trabajo continúa.
22 noviembre de 2018

 
Fotografías cortesía de Rhadamé Livinalli, Efrén Toro, CEMAG
 

 


 

 

 

 

 

 

 





 

 

 

 

 

 
 

domingo, 26 de noviembre de 2017


FRANCISCO DELGADO DALO:
LA VISION FUTURISTA DE UN CONCEJAL GUATIREÑO
Aníbal Palacios B.

El terremoto del 29 de octubre de 1900 puede servir como punto de partida para un análisis de la gestión municipal en Guatire, porque nos permite observar dos claras tendencias de estilo gerencial que podemos definir como de carácter social, el que prevaleció desde citada fecha hasta el 23 de enero de 1958;  y política, el que hemos conocido a partir de la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez.
Terremoto de 1900 (Foto El Cojo Ilustrado)
A las 4 de la mañana del 29 de octubre del año 1900 un violento terremoto sacudió al bucólico pueblo de Guatire y destruyó casi todas sus viviendas desde La Lagunita (Macaira), hasta los predios de Curazao, límites urbanos de Norte y Sur, así como entre las Calles Manzanares (hoy calle 9 de diciembre) y Sucre, límites de Este y Oeste. De la iglesia, sólo quedó en pie la Torre del Campanario, visiblemente fracturada. Luego de las lamentaciones de rigor, un grupo de ciudadanos entre los que destacaban Antero Muñoz Escalona, Elías Centeno, Luis Betancourt y Antonio García Guerra, asumen la responsabilidad de reconstruir al pueblo en general y a la iglesia en particular. Ese comportamiento fue el modelo de gestión municipal que guió a las autoridades municipales guatireñas durante seis décadas; es decir, solucionar los problemas del pueblo, sin excusas por falta de recursos presupuestarios. Acueductos, escuelas, hospitales, calles y plazas quedaron como evidencias tangibles de un mandato administrativo orientado al servicio de una comunidad y no de intereses personales o grupales. Llegó la democracia y los criterios políticos comenzaron lentamente a imponerse sobre los fundamentos sociales y luego, en los últimos dieciocho años, el desatino, la improvisación y el desarraigo aldeano, se convirtieron en el manual operativo de la gestión municipal.

La excepción que confirma la regla
Desde 1958 hasta el 2015 han ejercido la dirección de la Administración Municipal en Guatire unas 20 personas; bajo la denominación de Presidente del Concejo Municipal, al principio y luego como Alcaldes, a partir de 1989. De ellas solamente podemos catalogar como sobresaliente la gestión de Francisco Delgado Daló, quien ejerció como Presidente del Cuerpo Edilicio entre 1968 y 1971, y luego entre 1983 y  1985. El criterio de gestión gubernamental que orientó el mandato de Francisco Delgado fue el de quienes condujeron los destinos del pueblo durante las primeras seis décadas del siglo XX; es decir darle un matiz social a su administración, por lo que los resultados no se hicieron esperar.
Un problema recurrente del guatireño ha sido la falta de vivienda, aún en épocas de poco movimiento migratorio, situación que se vio agravada con el terremoto de 29 de julio de 1967. Guatire no tuvo ejidos, lo cual visto en retrospectiva, dado el comportamiento habitual de los dirigentes políticos del país, podemos considerarlo una bendición. Eso motivó que los dueños de las haciendas que circundaban el municipio, cedieran terrenos para que sus trabajadores construyesen viviendas cerca de sus lugares de trabajo, pero en pocos casos se legalizaron títulos de propiedad y cuando el terremoto destruyó sus casas y surgió el convenio entre Fedecámaras y el Banco Obrero para reconstruirlas se presentó el problema de respaldo al préstamo hipotecario. Francisco Delgado, en un acto de absoluta justicia social pero carente de fundamento jurídico, dictó una Ordenanza que convirtió al Municipio en garante de los préstamos y agilizó los trámites de traspaso de la propiedad de los terrenos afectados. Al final las hipotecas fueron condonadas, pero el problema se enfrentó con hidalguía.

Las Barrancas, el barrio más antiguo de Guatire y quizás el más olvidado, recibió una atención integral: asfaltado, acueducto, cloacas, la Capilla de Santa Isabel de Guía y una cancha deportiva. La Urbanización Tapaima (o Las Casitas, o Arnaldo Arocha, como quiera usted llamarla) fue producto de la gestión de Francisco Delgado, desde la consecución del terreno hasta la edificación de las viviendas y el urbanismo inicial. A todas las barriadas de la población se les construyó canchas deportivas y se les atendió otras necesidades. Las familias de Araira recibieron títulos de propiedad de los terrenos de sus viviendas, que eran propiedad del Instituto Agrario Nacional y el bulevar paralelo al rio se convirtió en un desahogo vial expedito. Todo eso con un pírrico presupuesto municipal; es decir, que el trabajo en favor de las comunidades  de realizó a fuerza de gestiones políticas ante instituciones públicas y privadas.

Visón de futuro
 
A la par de atender las barriadas, Francisco Delgado acometió la obra social más transcendente del período democrático en Guatire: la remodelación del casco urbano de la población. El proyecto no tuvo oposición política ni ciudadana; todos entendieron la necesidad de ampliar la calle Bermúdez (cuyo propósito inicial la extendía hasta Terrinca), y la calle Miranda (que en su primera etapa debía llegar hasta el Colegio San Martin de Porres). Sólo hubo un poco de comprensible aflicción por parte de algunas familias residentes en dichas calles cuyos hogares de ancestral tradición debían modificarse para ceder espacios (unos 10 metros de  cada frente) que permitiese convertir las calles en avenidas. Cora de Useche, Lourdes Hernández, Ángel María Daló, la familia de Régulo Rico, los Muñoz, García, Graterol, etc., enfrentaron su propia nostalgia convencidas de que el pueblo requería una cuota de sacrificio urbanístico. Lágrimas no faltaron, pero comprensión tampoco. De no haberse ampliado estas vías, Guatire sufriría  un caos vial semejante al de las calles Páez y Comercio de Guarenas, agravadas por la carencia de ejidos que se constituía es una especie de camisa de fuerza que constreñía el desarrollo urbano. Guarenas pudo crecer hacia las áreas periféricas, aislando al casco central; Guatire ni siquiera tenía esa opción. Hoy, un  autobús de pasajeros tendría que maniobrar en las 4 Esquinas hacia adelante y atrás para cruzar de la calle Bermúdez hacia la Miranda.

 
 
Paralelamente, Delgado Daló conversó con los propietarios de las Haciendas El Rincón, El Palmar, La Margarita y El Ingenio y les expuso que de no urbanizar sus predios corrían el riesgo de ser invadidos, porque la presión social era alta y a la municipalidad cada vez le era más difícil contenerla. En pocos años surgieron proyectos urbanísticos en La Rosa, Valle Arriba, Villa Heroica y Castillejo. Por otra parte se invitó a numerosas empresas para crear parques industriales con la oferta de exonerar impuestos por un año, con la condición de que empleasen mano de obra local, porque hasta ese entonces, los guatireños trabajaban en Caracas y Guarenas. El Centro Cívico era muy grande para albergar la nómina de trabajadores (¡Que en ese entonces si trabajaban!) del Concejo Municipal, por lo que hubo que alquilar  un piso entero a Eleggua  y cederle la azotea al CEMAG. El Cañaote del Barrio pasó a  llamarse Bulevar I y II, al ser embaulada la maloliente quebrada y construida las caminerías; se reforestaron las calles en labor conjunta con el CEMAG y se edificó la Sala de Fisiometría. Todo eso logró Francisco Delgado Daló a pulso de visión futurista y gestión política y administrativa concebida en función de generar bienestar a la comunidad, porque los recursos presupuestarios eran escasos; vendrían, sí, después, precisamente como consecuencia de su gestión al promover la construcción de esas viviendas que generarían impuestos catastrales y esas industrias que aportarían ingentes impuestos municipales, que hoy sirven sólo para alimentar la voracidad política y burocrática.

Sí, Francisco Delgado Daló es un político que se convirtió en paradigma de lo que debe ser un gerente municipal; allí está su obra, la tangible y la intangible, porque ambas se pueden valorar e imitar. Delgado Daló recuperó el carácter social de la gestión gubernamental de quienes dirigieron los destinos de Guatire y Araira durante la primera mitad del siglo XX, y así merece ser reconocido.