domingo, 26 de febrero de 2017


Límites Guatire-Guarenas
René García Jaspe

El presente ensayo constituye una síntesis analítica de la extensa, ardua y rigurosa investigación realizada por René García Jaspe de los documentos relacionados con los límites entre Plaza y Zamora, localizados en los registros subalternos de ambos municipios y en diferentes archivos históricos de Caracas,  tanto civiles como eclesiásticos. Las conclusiones no expresan conjeturas, especulaciones ni ambiciones político-territoriales, simplemente plasman una realidad histórica fehacientemente documentada.
Para fines estrictamente didácticos fue editado por quien suscribe, de allí que si alguien requiere de una explicación más amplia debe acudir a René García Jaspe, excelso cronista aldeano.
Aníbal Palacios B.

 Ubicación de la quebrada de Auyare
            Desde la época de nuestros antepasados indígenas así como durante el período colonial y el republicano, se ha sabido que la quebrada Auyare es la que nace en las montañas de Siquire, en la zona conocida como El Naranjal y desemboca en el río Caucagua o Guarenas. La primera hacienda que se estableció en esa zona, hacia el este de dicha quebrada, fue conocida como hacienda Auyare. Esas tierras se las vendió Pedro Romero al capitán Mateo González en 1717 y en el documento de venta se especifica que estas lindaban por el poniente (oeste) con la quebrada Auyare (Escribanías de Nicolás Bartolomé Cedillo, año 1717, Fol. 280 Vto., Archivo General de la Nación-AGN-). Analicemos la tradición histórica de dicha hacienda para dejar claro a qué jurisdicción ha pertenecido desde el principio del siglo XVIII en adelante.
1) Esta hacienda ubicada al este de la quebrada Auyare fue anexada a la parroquia Guatire el 19 de marzo de 1728 cuando el obispo de la provincia don Juan José de Escalona y Calatayud, ordenó al cura capellán de Pacairigua reconocer como feligreses al capitán Mateo González, a Bartolomé Pérez del Castillos y a sus familias y esclavos para que les suministrara atención espiritual. A continuación se realizó la matrícula de la esclavitud de dicha hacienda (Libro de Gobierno N° 1 de Guatire, folio 40, Archivo Parroquial de Guatire), de ese momento en adelante quedó establecida la quebrada Auyare como límite entre las parroquias Guarenas y Guatire en la zona sur del río Guarenas o Caucagua. Esta hacienda fue conocida durante todo el tiempo colonial y republicano como hacienda Auyare.
2) En el Archivo Arquidiocesano de Caracas en la sección “Matrículas Parroquiales” se encuentran los censos de los pueblos de la provincia y las haciendas que estaban bajo la jurisdicción de estos, llevados por la iglesia católica. Estos censos comienzan en 1758 aproximadamente y allí están los referentes a Guarenas y Guatire. En las matrículas de Guatire siempre, desde el primero hasta el último, está registrada en esa feligresía la hacienda Auyare junto con su esclavitud y la familia de los dueños. A quien le interese ver dichas matrículas con mucho gusto se les mostrarán certificadas por dicho Archivo.
3) Como prueba tenemos además el testamento del capitán Mateo González otorgado el 1 de marzo de 1741 en su hacienda; al final del mismo, el escribano Gregorio del Portillo especificó que fue hecho “en este sitio de Auyare, partido de Guarenas y feligresía de Santa Cruz de Pacairigua jurisdicción de la ciudad de Santiago de León de Caracas” (Escribanías de Gregorio del Portillo, año 1741, fol. 36, AGN).
Queda entonces demostrado con documentación histórica que las tierras que se encuentran hacia el este de la quebrada Auyare han pertenecido a Guatire desde 1728 y eran conocidas como hacienda Auyare. La pregunta que cabe ahora es: ¿Varió este lindero con el cambio de los distritos Guarenas y Guatire por Plaza y Zamora, respectivamente, creados en 1865?, la respuesta es NO; se respetaron los linderos de siempre.

Nacimiento de la Quebrada Auyare
Como prueba que los linderos no variaron existe un documento en el cual Bernabé, Trinidad Concepción y Francisca de Paula Maestri, vecinos de Caracas, declararon que entre los bienes que heredaron de sus legítimos padres, los señores José Antonio Maestri y Josefa Pompa, les quedaban aún sin partir una posesión de tierras altas nombradas El Naranjal y una casa de pajareque y paredes cubierta de tejas, nombrada La Florida, ésta última construida en terrenos de la hacienda Vega Arriba con consentimiento de su antiguo dueño. El documento además especifica que “Estas fincas están situadas en jurisdicción del Distrito Zamora antes Guatire del Estado Bolívar...”, mediante dicho instrumento hicieron donación de esas fincas a su hermano Mariano Maestri quien de ese momento en adelante quedó como dueño de esas dos propiedades.
Dicho documento prueba que unas tierras altas denominadas El Naranjal estaban en jurisdicción del Distrito Zamora. El mismo fue otorgado en Caracas el 2 de noviembre de 1875, protocolizado en Guatire el 4 de marzo de 1876 (Registro Subalterno del Municipio Autónomo Zamora, N° 2, Primer trimestre de 1876). 
Existe además otro documento que aclara geográficamente dónde estaban esos terrenos conocidos como El Naranjal, en éste, Mariano Maestri, vecino del Distrito Zamora, arrienda al señor Esteban Guevara, vecino de Guarenas, unos terrenos de su propiedad situados en jurisdicción de Zamora “en el punto denominado ‘El Naranjal’, comprendidos en la delineación siguiente, desde la cabecera del lindero con la viuda y herederos del finado Señor Juan González, cogiendo después por el camino del Eneal, todas las vertientes a la quebrada Auyare, hasta el pie de la subida del mismo camino Eneal”. Este documento fue registrado en “la Oficina Subalterna de Registro del Distrito Zamora, Guatire, abril ventiocho de mil ochocientos setenta y nueve, bajo el número doce”.
Mediante ese arrendamiento queda claro que esa posesión llamada El Naranjal está en la misma zona donde se encuentra la región conocida como El Eneal y la quebrada Auyare y todos esos sitios eran jurisdicción del Distrito Zamora, de hecho si analizamos los planos que posee el Instituto Geográfico Simón Bolívar observaremos que esos sitios geográficos están en jurisdicción del actual Municipio Zamora. Eso comprueba que cuando se crearon los distritos Plaza y Zamora se respetaron los linderos antiguos y no se efectuó ningún cambio.
Analicemos a continuación si hubo algún cambio cuando se estableció la primera Ley de División Político Territorial del recién creado Estado Miranda, aprobada el 7 de marzo de 1912. En ésta se especificó la primera división político-territorial entre los distritos Plaza y Zamora del Estado Miranda, publicada en Gaceta Oficial el 11 de abril de 1912, y especifica que el Distrito Plaza tendría como límite por el “Naciente: Distrito Zamora, desde la fila de El Naranjal en el punto en que nace la quebrada Auyare, bajando por ésta hasta el Rio Caucagua...”, de nuevo se especifica como lindero la quebrada Auyare desde su nacimiento en la fila El Naranjal, con lo antes expuesto se observa que en la fijación de linderos de 1912 se continuó respetando el lindero formado por la quebrada Auyare.
Toda esa documentación además establece que la quebrada Auyare nace en la fila El Naranjal y no es la quebrada que nace en la fila Jericó como se quiere hacer creer en la actualidad, violentándose de esa manera la verdad histórica establecida desde 1728, esa otra quebrada es la que se conoce como El Mulato. La ubicación de la fila El Naranjal y la quebrada que nace allí puede ser constatada en los planos del Instituto Geográfico Simón Bolívar (Cartografía Nacional) para conocer exactamente por donde está establecido el límite entre estos dos municipios en esa zona actualmente.

La hacienda Auyare del Municipio Plaza
Con relación al documento existente en el Registro Subalterno del Municipio Plaza de fecha 18-9-1866, N° 328, podemos decir que éste se refiere a una hacienda que se encontraba en la zona de Auyare al oeste de la quebrada Auyare, en el territorio del Distrito Plaza, y que siempre perteneció a la Parroquia Guarenas, en el siglo XVIII se denominaba Nuestra Señora de la Soledad de Auyare. Esta era diferente a la hacienda Auyare que estaba al este de la quebrada y pertenecía a Guatire, las dos posesiones eran vecinas y las separaba dicha quebrada, por ello las matrículas parroquiales ubicadas en el Archivo Arquidiocesano de Caracas, referentes a Guarenas, la ubican en “el sitio de Auyare”. Esa hacienda limitaba al este con la quebrada Auyare y al oeste con las tierras de Potuco o el Carmen como lo demuestra la tradición histórica que a continuación vamos a exponer.
El 27 de abril de 1719 doña Ana Rengifo Pimentel vende a Gaspar Gómez 14 fanegadas (aproximadamente 9 hectáreas) de tierra con los linderos siguientes: norte, río Caucagua; oeste, lindero de Potuco; este, quebrada Auyare y punta del cerro que divide las tierras de Mateo González; y sur, serranía de Siquire (Escribanías de Nicolás Bartolomé Cedillo, año 1719, folio 124, AGN). Revisando los protocolos existentes en el Registro Subalterno del Municipio Plaza nos encontramos que en un documento ubicado en los protocolos del año 1789, folio 87 vuelto, don José Sebastián Rodríguez vende a don José Gabriel Caraballo dicha hacienda y allí se le denomina Nuestra Señora de La Soledad de Auyare y mantiene los mismos linderos de 1719. Rodríguez especifica que la compró a doña Regina Francisca del Castillo, viuda del capitán don José González Mengo (éste a su vez la había comprado en 1742 a Juan Pablo Gómez, hijo del primer propietario Gaspar Gómez de Villanueva). Al revisar los linderos que refiere el documento de 1866 y los de años sucesivos referentes a esta hacienda nos encontramos que coinciden con la aquí expuesta y que comienza su tradición histórica en 1719, ya que siempre limita por el oeste con Potuco o El Carmen, por el norte con el río Caucagua y por el sur fila última del Naranjal (Siquire), las copias documentales de lo expuesto podemos facilitarlas a los interesados en este proceso.
Con el transcurso del tiempo esa hacienda fue perdiendo el nombre de Nuestra Señora de La Soledad (lo que se conoce como economía del lenguaje) y en el siglo XIX quedó registrada solo como hacienda Auyare, trayendo eso confusión con la vecina y antigua hacienda Auyare perteneciente a Guatire desde 1728.
Ahora vamos a analizar la tradición histórica de las haciendas que constituyeron el lindero al otro lado del río Caucagua o Guarenas, hacia el Norte.  
Ubicación de La Florida
El otro lindero que hay que establecer históricamente es el que desde el río Guarenas o Caucagua sigue dirección sur-norte hacia la serranía de El Ávila. Para 1679 aproximadamente, cuando se separa Guatire como parroquia independiente de Guarenas, las haciendas que constituían el límite oeste de Guatire y este de Guarenas, pertenecientes a la parroquia Guatire, eran, en dirección sur-norte desde el río Caucagua o Guarenas, la hacienda Vega Arriba, conocida como La Vega de San Miguel y la hacienda El Ingenio. En estos últimos tiempos ha habido confusión en cuanto al límite que por esa parte estableció la ley del 7 de marzo de 1912, en esta se dice: “...hasta el río Caucagua y de aquí subiendo por dicho río hasta el Pozo de la Peñita, de este por las lomas de La Florida y la Crucecita hasta la cortada de Santa Cruz”. Debemos tener claro cuáles son las lomas de La Florida y de La Crucecita para saber por dónde se ubicó el lindero ese año.
Primeramente La Florida fue el nombre dado a una porción de tierras dentro de la hacienda Vega Arriba, según se conoce mediante un documento protocolizado en Guatire el 4 de marzo de 1876, en esta tenían bienhechurías constantes de una casa y vega de frutales la familia Maestri Pompa, estas fueron establecidas allí con permiso de los dueños de la hacienda y mediante este protocolo las adquiere en propiedad Mariano Maestri por vía de donación de parte de sus hermanos (Registro Subalterno del Municipio Zamora, primer trimestre de 1876).
El 3 de septiembre de 1879 Mariano Maestri vende la casa y la vega de frutales en el lugar denominado La Florida a Francisco Báez y menciona como linderos para esa posesión por el naciente, poniente y norte con terrenos de la hacienda Vega Arriba y por el sur con el río titulado la quebrada de Guarenas (Registro Subalterno de Zamora, 4° trimestre de 1879, N° 3, Protocolo Primero). Si comparamos los linderos dados en este documento con los mencionados en documentos posteriores referidos al sitio nombrado La Laguna observamos que coinciden como se verá después.
De acuerdo al documento protocolizado en el Registro Subalterno de Zamora, 1° trimestre de 1908, N° 6, folio 9 del protocolo primero, Gerónima Torres de González vende sus derechos proindivisos en la hacienda Vega Arriba al ciudadano Sixto Castillo Gómez y especifica que dicha hacienda hacia el poniente (oeste) tenía la posesión La Florida y la hacienda San Pedro. Lo antes dicho demuestra que La Florida estaba ubicada hacia el lindero oeste de Vega Arriba.
Según documentos protocolizados en el Registro Subalterno de Zamora, 3° trimestre de 1908, números 4 y 5, y 1° trimestre de 1909, N° 7, todos del protocolo 1°, los hermanos Sixto y Ramón Castillo Gómez adquieren de los demás propietarios de la hacienda Vega Arriba la propiedad total de ésta. Mediante documento protocolizado en el Registro Subalterno de Plaza, 2° trimestre de 1916, N° 28 del protocolo 1°, los hermanos Castillo Gómez venden a los herederos del Sr. Luis María Bello, propietarios para ese entonces de la hacienda San Pedro, una porción de tierras que verbalmente la habían vendido al Sr. Bello en 1908 pero de lo cual no habían hecho documento protocolizado.
Especificaron que la porción constaba de cinco (5) hectáreas aproximadamente y que era parte integrante de la posesión La Florida, perteneciente a la hacienda Vega Arriba y estaba situada en el cañaote denominado La Laguna. Además mencionaron “cuya loma occidental desde su nacimiento en la fila de la crucecita hasta el desagüe vertiente a La Laguna es el lindero entre nuestra hacienda San Miguel de la Vega y la hacienda San Pedro”. Los linderos que tenía ésta porción vendida eran: naciente, norte y poniente con la hacienda Vega Arriba y por el sur la hacienda San Pedro.
Analizando el anterior documento llegamos a las siguientes conclusiones: la primera de ellas es que esta es la misma porción de tierras dentro de la posesión llamada La Florida sobre la cual tenían los Maestri Pompa las bienhechurías que en 1879 Mariano Maestri vendió al Sr. Báez ya que los linderos coinciden con los de este documento por el naciente, norte y poniente, y por el sur que lindaba con el río fue por donde se anexó a la hacienda San Pedro, y la segunda es que cuando se estableció el lindero entre los distritos Plaza y Zamora en 1865 esa porción había quedado dentro del Distrito Zamora ya que la transacción de 1879 fue protocolizada en ese distrito y la que estamos analizando ahora se registró en el Distrito Plaza, por lo que se infiere que cuando se trazó el límite entre los dos distritos en 1912 esa parte que siempre había pertenecido a la hacienda Vega Arriba y al Distrito Zamora pasó a formar parte del Distrito Plaza.
Revisando el documento protocolizado en el Registro Subalterno del Municipio Plaza el primer trimestre de 1918, N° 2, del protocolo primero en el que los herederos de Luis María Bello vendieron la hacienda San Pedro y La Laguna a los hermanos Pedro Ramón Vera Bello y José María Vera Bello. En los linderos de San Pedro especificaron que dicha hacienda lindaba por el este con terrenos de la hacienda Vega Arriba; oeste con montes altos de la hacienda Santa Cruz, vega del Ahilado y río Caucagua; por el norte la hacienda El Ingenio, camino real viejo de Guatire por el medio y terrenos de la hacienda Vega Arriba, y por el sur el río Caucagua. Los linderos que dieron para La Laguna fueron, naciente, norte y poniente con terrenos de la hacienda Vega Arriba, acequia en medio y por el sur la hacienda San Pedro, por el desagüe que está del lado debajo de la acequia de Vega Arriba.
Otros documentos consultados de allí en adelante dan los mismos linderos, ejemplos de eso son: el del segundo trimestre de 1919, N° 15; y el del cuarto trimestre de 1939, N° 12, ambos del protocolo primero. Mediante el análisis de estos documentos concluimos que la hacienda San Pedro por el norte lindaba por una parte con El Ingenio y también con la hacienda Vega Arriba, lo cual cambió con el transcurso del tiempo como veremos a continuación.  
Cambian linderos Vega Arriba y San Pedro
Para la última mitad del siglo XX el lindero entre las haciendas San Pedro y Vega Arriba cambió y lo vino a constituir un camino que desde la carretera vieja Guarenas-Guatire se desprende en dirección norte-sur hacia el río Caucagua o Guarenas. Para entender ese cambio de linderos analizaremos los documentos relacionados.
En febrero de 1948 Rafael Ramón Patiño le vende como garantía hipotecaria a la familia Vera la hacienda Vega Arriba y La Laguna, ubicadas en los distritos Zamora y Plaza y se mencionan para ambas los linderos de siempre con la diferencia que en este documento se especifica la existencia de un camino que atravesaba tierras de Vega Arriba, de San Pedro y La Laguna y era paso para la hacienda Auyare que era propiedad del mismo vendedor, pero en ningún lugar del documento se dice que ese camino era división entre las dos propiedades sino se especifica que se usaría para que Patiño tuviera acceso a la hacienda Auyare y transportara sus frutos por él (Registro Subalterno de Plaza, 1° trimestre del 1948, N° 18, Protocolo Primero).
En 1952 Patiño declara extinguidas las garantías hipotecarias y los Vera venden al Sr. Ramón Yánez Hernández la hacienda Vega Arriba reservando para ellos La Laguna anexándola a la hacienda San Pedro, extendiendo así el lindero norte de San Pedro hasta la carretera Guarenas-Guatire y estableciendo el lindero este en el camino carretero que de esa carretera se desprendía en dirección sur, hacia el río Caucagua. Es interesante notar el hecho que ese cambio de linderos trajo un pleito legal entre los Yánez y los Vera que tuvo que ser resuelto amistosamente en 1983.
Queda claro que estos movimientos de linderos fueron relativos a las haciendas y de ninguna manera deben alterar los linderos de los municipios, por lo tanto no podemos aceptar que el lindero entre Zamora y Plaza sea ese camino que hoy día existe asfaltado y divide las dos propiedades pero que nunca ha sido el lindero entre los dos municipios. Si analizamos el lindero en dirección sur-norte que se determinó en 1912 este dice “...por las lomas de la Florida y la Crucecita hasta la cortada de Santa Cruz”, ese era también el lindero para aquel entonces de las haciendas Vega Arriba y San Pedro ya que los documentos de la hacienda Vega Arriba analizados especificaban que su lindero con San Pedro estaba en la loma occidental de La Florida desde su nacimiento en La Crucecita, lo cual coincide con el lindero oficial establecido en 1912.
Otro punto geográfico especificado en la ley de división de 1912 es La Cortada de Santa Cruz. Según lo que la ley estipulaba, ese sitio tenía que estar contiguo a La Crucecita y realmente es así puesto que está cercano a la loma de La Crucecita y de allí se baja por la loma occidental de La Florida hasta llegar a la boca de la quebrada de Auyare.
Por lo explicado aquí la Academia de la Historia del Municipio Zamora es del parecer que el lindero actual debe mantenerse para no continuar complicando esta situación, esto a pesar de que con el establecimiento de la línea recta desde La Cortada de Santa Cruz hasta la boca de la Quebrada Auyare Zamora perdió una parte de su territorio en la zona del pozo de La Peñita. 
 
Conclusiones
1) El lindero que se estableció en 1912 mediante la Ley de División Político Territorial del Estado Miranda respetó en su mayor parte el lindero histórico entre los dos municipios establecido en 1865, cuando los distritos Guarenas y Guatire se transformaron en distritos Plaza y Zamora.
2) La quebrada Auyare tiene su nacimiento en la fila El Naranjal, la parte este de esa fila está en territorio del Municipio Zamora y la parte oeste en Plaza, así ha sido desde 1728 cuando hubo la primera división entre Guarenas y Guatire, fue respetada cuando se establecieron los distritos Plaza y Zamora en 1865 y fue ratificado en la División Político Territorial de 1912.
3) La división que ocasionó que la hacienda Vega Arriba tuviera una parte pequeña en el Distrito Plaza (parte de La Florida y La Laguna) y el resto en el Distrito Zamora fue la efectuada en 1912, y no la posterior línea recta de 1983, esto se demuestra mediante la tradición documental de la hacienda Vega Arriba ya presentada.
4) La delimitación reciente entre las haciendas Vega Arriba y San Pedro por el camino (actualmente ampliado y asfaltado en parte) que desde la antigua carretera nacional Guarenas-Guatire sigue dirección norte-sur hacia el río Caucagua o Guarenas, no puede ser el límite entre los dos municipios puesto que históricamente nunca lo ha sido, el límite por ese lado debe seguir siendo la loma occidental de La Florida que es la última al oeste por donde se baja a la Hondura de Santa Cruz y Casarapa.
5) Se debe respetar el lindero este de Plaza y oeste de Zamora establecido en la ley vigente ya que está bastante cercano a lo que ha sido el lindero con tradición histórica entre las dos parroquias, y en caso de que hubiese de efectuarse un cambio sería el de anexar al Municipio Zamora la parte de las tierras de La Laguna que históricamente formaron parte de la hacienda Vega Arriba, la cual ha pertenecido a Guatire desde finales del siglo XVII y esas tierras de La Laguna estaban en jurisdicción del Distrito Zamora después de la división de 1865, y fue  modificado por la división de 1912 a favor del Distrito Plaza.
 



jueves, 2 de febrero de 2017


El “Dr. Ramón Alfonzo Blanco”
La trascendente y dinámica historia de un liceo
Aníbal Palacios B.

La década de los cincuenta constituye el período más importante de la historia de la educación en Guatire; en ese breve lapso se fundaron las tres instituciones escolares más representativas y emblemáticas de la población: El Grupo Escolar Elías Calixto Pompa (1950), El Liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco (1951) y el Colegio Santa  María Goretti (1952).

Son tres conceptos distintos orientados a un
mismo objetivo: la satisfacción de las necesidades educativas de la comunidad. El Grupo Escolar Elías Calixto Pompa, estaba enmarcado en la política de masificación de la educación básica de alta calidad programática concebida durante el primer mandato de Rómulo Betancourt. El plantel fue una promesa de Betancourt al pueblo de Guatire, que se lo solicitó en un acto público realizado en la plaza 24 de Julio, meses después de la toma de posesión de su cargo en 1945, pero la obra la culminó Pérez Jiménez luego del derrocamiento de Rómulo Gallegos. Este plantel terminó con la disgregación escolar entre varones y hembras que hasta entonces estudiaban en colegios distintos. Las damas en la Escuela Federal Padre Puerto, ubicado en la avenida Miranda en un local que pasó a ser sede del Club Social y donde hoy está una mueblería: Los caballeros en la Escuela Federal Narvarte, también en la calle Miranda, en un local que luego ocupó el Hospital Santa Marta luego de abandonar su sede de El Placer,  y hoy es la sede de un banco. Los otros dos colegios corresponden a iniciativas privadas; una laica (el liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco) y otra religiosa (el Colegio Santa María Goretti), que rápidamente calaron en la comunidad y por décadas llenaron el vacío educacional existente en Guatire, Guarenas, Araira y Caucagua.

La razón existencial del liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco
El Liceo nace en el año 1951 por iniciativa del maestro Narciso Simón Rodríguez Guevara, ante la necesidad que tenía la cada vez más creciente población estudiantil aldeana de continuar estudios de bachillerato en la zona, dado que los liceos más cercanos estaban ubicados en Caracas y la mayoría de las familias no contaban con recursos económicos suficientes para enviar a sus hijos a la lejana capital. A Rodríguez Guevara no le requirió mucho esfuerzo convencer a los líderes de la comunidad guatireña; entre los más entusiastas estuvo Guillermo Jugo, comerciante, autodidacta afecto a las nuevas filosofías existenciales de la época, quien apoyó el proyecto y motivó a colegas y allegados. Podemos decir que cual Fuenteovejuna, la población en su totalidad puso su granito de arena para cristalizar la idea, conscientes de la importancia del proyecto que abría nuevas perspectivas de formación educativa para los jóvenes. En Araira, Caucagua y Guarenas también hubo motivación, porque las carencias eran las mismas, de allí que en la matricula escolar se observaran muchos estudiantes de esas localidades. De hecho Daniel Romero, en un artículo publicado en la edición N° 24 de Tere Tere (Octubre de 2002) señala que por iniciativa de estudiantes, padres y representantes y el gobierno municipal, no fue sino hasta 1959 cuando se comenzó la educación media en Guarenas de la mano del profesor Luis Gustavo Chacón. No  hubo  ningún inconveniente en seleccionar el nombre del liceo; el doctor Ramón Alfonzo Blanco, médico, investigador, humanista, políglota, reconocido intelectual y respetado líder de la comunidad fue homenajeado en vida por una población agradecida de sus servicios. Tampoco  hubo objeción alguna a su designación como Director, aunque pronto declinó el cargo y en su lugar fue nombrado el joven bachiller Manuel Ángel González y finalmente el gestor de la idea, profesor Rodríguez Guevara.

Pioneros
Entre los docentes que dieron inicio al nuevo Liceo se encontraban el propio Dr. Alfonzo Blanco, Castellano y Literatura; Abelardo Cuadra, docente nicaragüense llegado a estos lares huyendo de Anastasio Somoza, inglés; Dr. Héctor Cancino, Historia Universal; Lic. Alicia Rosas, Física; Dr. Rafael Azopardo, Biología; Manuel Ángel González, Castellano y Literatura y luego Biología; Vicente Milano, Historia Universal; Josefina Grippa, Geografía; Gustavo Churión, Química; Casto Felipe Mijares, Castellano y Literatura; Francisco Mujica, Educación Artística, y Narciso Simón Rodríguez Guevara, Matemáticas; todo un trabuco. También se incorporaron como docentes algunos exalumnos del plantel como Humberto Robledo, Formación Social Moral y Cívica; Pedro García, Historia de Venezuela;  Rogelio Palacios, Física y Ángel Rengifo.

Entre los alumnos fundadores de la nueva institución podemos mencionar a Eduvigis Oramas, Juan Pittol Oses, Manuel Hernández Rosas, Gustavo D´León, Temístocles Hernández, Félix Mendoza, Nana Pacheco, Ángela Mendoza, Ely Guillermo Jugo, Eduardo Beltrán Rico y Ada Olivier.
Luego se sumaron Freddy Grippa, Pedro Guadarrama, Francisco Manzo, Henry Leroux, , Ronnie Leroux, Francia Moreno, Fanny Reina, Beatriz D´Leau, José Luis Ferro, Pilar Oramas, Janeth Manrique, Josefina Nena Reverón, Luis Jaspe, Pedro García, Luis González Porto, Gilberto Useche, Floridelia Hernández, Margarita González, Rafael Guaramato, Omaira Palacios, Francisco Delgado, Jesús María Sánchez, Providencia Rodríguez, Nelly Olivier, Marta Oses, Humberto Robledo, Gonzalo Grippa, Ercilia Teresa Lobo, Freddy Delgado Daló, Heriberto Oramas, Luis Enrique Moreno, Régulo García, Gaetano Colicio, Enma Lucía Pinto, Marcial Peña, Eduardo Martus, y Pablo Emilio Regalado.
Desde Guarenas se incorporaron Ángel Rengifo, Elio Bolívar, Héctor Silva, Melecio Vilera, Pablo Emilio García, Ángel Urbina, Aquiles Rodríguez, Luis Ernesto Vera, Granella Porrello, Alberto Sequín Vera, Yaneth Monique, Rosa Aponte, las hermanas Galván, Petra Censual, Rafael Rojas, Ángel Valera, Mariano Di Gregorio, Jorge Ullanda y Miguel Hernández, entre otros.. Nos atrevemos a afirmar que todo estudiante nacido en Guatire, Araira y Guarenas entre 1935 y 1955 fue formado en el liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco. Esto da una idea cabal de la importancia que tuvo esta institución en el forjamiento del futuro de estos jóvenes y el fortalecimiento social y económico de estas comunidades.

Pilar, guía y mentor del Liceo
Mención especial merece Narciso Simón Rodríguez Guevara; nacido en Ocumare del Tuy el 29 de Octubre de 1923, llegó a Guatire luego de prestar servicio militar e ingreso a la Escuela Narvarte como Maestro no Graduado y en 1950 se incorporó al recién fundado Grupo Escolar Elías Calixto Pompa. Gestor de la creación del Liceo, Rodríguez Guevara fue su Secretario y Coordinador Administrativo y Académico y años más tarde su Director, pero también fue su alumno, y no dejó escapar la oportunidad de obtener su título de bachiller. Eduvigis  Oramas lo recuerda como un estudiante inteligente, aplicado, solidario con sus compañeros y sumamente preocupado por la  calidad de la enseñanza. En principio, en el liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco se cursaba hasta 4° año y había que terminar el bachillerato en Caracas; esto hizo Rodríguez Guevara junto con otros compañeros. Pedagogo innato y poseedor  de amplios conocimientos, Rodríguez tomó para sí la cátedra de Matemáticas y suplía con facilidad y soltura la ausencia de otros profesores; de allí que dictara clases de Inglés, Historia Universal, Castellano y Literatura, Geografía de Venezuela y Formación Social, Moral y Cívica. La vida del Profesor Rodríguez Guevara giraba en torno al Liceo, y cuando éste cerró su ciclo al abrir sus puestas el liceo Juan José Abreu, también comenzó a decaer la salud de este insigne docente tuyero que para complacencia de la comunidad zamorana decidió radicarse en Guatire.

Sedes
Una vez realizados los trámites de rigor  ante el Ministerio de Educación, se buscó un local para su funcionamiento y ninguno más apropiado que el de la calle Miranda, que ocupara hasta el año anterior el colegio Narvarte. Este plantel había cesado sus actividades académicas para dar paso al Elías Calixto Pompa. El local, propiedad del comerciante Pedro Augusto Rodríguez, sirvió de asiento inicial al recién creado liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco durante su primer año y luego albergaría en su seno al Hospital Santa Marta, institución que también andaba errante luego del inexplicable cierre de su sede ubicada en El Placer. Los muchachos del Liceo fueron a parar a la casa de los Lander en la calle Monagas, en lo que para entonces se conocía como Barrio Abajo y hoy como Barrio Plaza. Allí estuvieron hasta 1959, luego se mudaron a la calle Bolívar, al pie de Candilito, en la casa de los Machado y en 1963 el Liceo se trasladó nuevamente a la calle Miranda donde permaneció hasta su cierre. Los espaciosos salones de la vieja casa de José Pinto Pilo permitieron ubicar cómodamente los tres cursos (hasta tercer año) y los mejores laboratorios de Biología, Física y Química con que contara liceo alguno en toda Caracas y Miranda, en el decir de los Supervisores del Ministerio de Educación. Allí se exhibió también el esqueleto de la ballena que fuera rescatada en Carenero por alumnos y profesores y que se constituyó en símbolo de toda la comunidad zamorana.

En 1970 abrió sus puertas el Liceo Juan José Abreu; la población había crecido y se requería más espacios físicos para albergar a sus estudiantes; es entonces cuando comienza a declinar el liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco. Los objetivos por los que había sido creado 20 años antes habían sido satisfechos satisfactoriamente, como pueden dar fe miles de araireños, guatireños, guareneros y barloventeños. Cierto que se resistió a desaparecer, pero las circunstancia se impusieron y con la frente en alto el Liceo dio pasó a la educación pública. Era un Liceo privado, pero no todos pagaban por la sencilla razón de que no todos podían hacerlo. Recibían un pequeño subsidio de la Gobernación de Miranda, que después le fue retirado, pero subsistió porque los docentes no cobraban; vocación llamaban entonces a esa pasión por enseñar.

 

 

 

lunes, 19 de diciembre de 2016


Gerónimo Pompa

ilustre guatireño sepultado en el olvido

Servio Tulio Forzán Dágger

Nota: El presente artículo fue publicado en el diario El Universal el 9 de enero de 1992. Fue escrito por el historiador tachirense Servio Tulio Forzán Dagger, a quien debemos agradecer que haya rescatado del olvido la figura de este insigne ciudadano, quien vivió en la casona de El Palmar, destruida en el año 2009 por negligencia del Alcalde y los Concejales del Municipio Zamora del Estado Miranda.  En esa vieja casa también nació Elías Calixto Pompa, su célebre hijo, poeta de las familias hispanoamericanas del siglo XIX. Del citado artículo, transcrito literalmente, hemos resaltado en negritas y cursivas los títulos de las obras del personaje.  – Aníbal Palacios B.-)
 


Son escasos los datos sobre la vida de don Gerónimo Pompa, quien tenía especial afición a las bellas letras. Su  mejor  trabajo, “Medicamentos Indígenas”, libro de gran éxito de ventas y en donde evidencia el autor sus sentimientos de humanidad y su deseo de dar a conocer a las generaciones venideras los recursos medicinales de nuestra flora, abundante, por cierto, en plantas que contienen principios utilizables en terapéutica.
Desgraciadamente, la época en que vivió don Gerónimo Pompa fue una época de pugnas y disidencias políticas en que las aplicaciones científicas para curar las enfermedades eran poco menos que inexistentes. Sin embargo, este insigne hijo de Guatire, que nació en 1810, no se dejó desanimar por las guerras civiles que arrasaban los pueblos y campos de la Venezuela de ese entonces. Antes por el contrario, su amor a la patria y su deseo de verla progresar lo animaron a cooperar, con varios facultativos, en el establecimiento de la Sociedad Médica de Caracas, fundada el 3 de noviembre de 1827 por decreto del Libertador.

Así fue  como Pompa tuvo oportunidad de  hacer  amistad con personajes de su época. Conoció, ente otros, a Simón Bolívar, José María Vargas, Juan Manuel Cajigal (el venezolano), José Antonio Páez… Su nombre figura también en la Constitución de 1857 como diputado por la Provincia de Caracas y aparece asimismo entre los promotores del primer Ateneo de Caracas en 1852. Aparte de esto, este hombre excepcional estaba dotado de cierta imaginación poética. Testimonio de ello son: “A la inteligencia”, “Las palmera del prado” y “Las flores parleras”, poesía lírica, publicada  en Caracas por la imprenta de Valentín Espinal en 1847. A más de esto, escribió algunas comedias, como “El amor casado”, comedia sentimental en verso, que dio a conocer  en 1850 y “El libertino arrepentido”, comedia sentimental en tres actos, editada en Caracas por la imprenta de A. Damirón en 1838. Dejó igualmente artículos sueltos en prosa como “El poder monetario”, “Las modas de Paris”, “No jugar más”, “Una noche y un sueño”. Tradujo del francés “Hermano y hermana”, opereta en un acto fechada el 31 de octubre de 1863 y también tradujo del francés la “Historia fisiológica de la generación humana o arte de procrear el sexo que se quiera”, obra de Jacques André Millot (1728-1811).

Redactó además un proyecto de ley en 1845 para establecer en Venezuela un Instituto Industrial. Fue, sin duda, Gerónimo Pompa literato por vocación. De ahí  que su nombre fuese incluido en la lista de escritores venezolanos elaborada en 1895 por don Manuel Landaeta Rosales.
A esto hay que  añadir que hizo excursiones por  pueblos, montañas, campos, valles, llanos, cerros, ríos, pantanos y  quebradas de Venezuela, estudiando en todo tiempo nuestra flora y arrostrando los mayores peligros de aquella naturaleza salvaje. Vez hubo que iba de a caballo o a pie; otras veces en piraguas o en curiaras, vadeando ríos y afanado siempre por sacar a luz los tesoros encerrados en la rica naturaleza de nuestra patria “que poseída por la actual y venideras generaciones –escribe el propio Pompa-, necesariamente habrían de dar importancia, honra y gloria a Venezuela”. Cuarenta años dedicó este esclarecido compatriota a tan acuciosa labor, hablando mano a mano con la gente del pueblo para traer al libro toda aquella medicina doméstica que recogió “de los labios del labrador inocente, del indígena curandero, del anciano experimentado”. Así pues, con devoción a su suelo y a sus tradiciones, con sacrificio y laboriosidad llegó a sazón el fruto de sus desvelos, “Medicamentos indígenas”, su célebre obra, cuya primera edición titulada “Colección de medicamentos indígenas y sus aplicaciones”, salió de la imprenta de J. A. Segrestáa en 1868, en Puerto Cabello. Luego se reeditó en 1889, 1897 y 1910 en Caracas. Recoge Pompa en este libro 456 recetas y se han hecho hasta el presente cerca de sesenta ediciones. Se ve, pues, que este libro ha gozado del favor del público latinoamericano. Lo que nos hace pensar que Gerónimo Pompa ha sido el más leído de los escritores de Venezuela.

Poeta Elías Calixto Pompa
Para concluir, nos basta agregar que este botánico de nuestra flora se casó con Gerónima Lozano en enero  de 1834, cuando  tenía 24 años de edad. El 14 de octubre de 1837 nació en Guatire su primer hijo, Elías Calixto Pompa, el que había de ser insigne poeta. Recorrió además gran parte de Venezuela, dejando en esos lugares el recuerdo de su simpatía y de su abierta modestia. No buscó jamás dignidades y sus excelencias mejores puso la vida en este venezolano admirable. Porque nada de lo humano le era ajeno y fue un defensor de los ideales de la libertad y la justicia. Murió en Caracas en 1880. Hoy día su memoria aún vive entregada almas completo silencio. Guatire, su pueblo natal, en ningún tiempo le ha rendido homenaje alguno. Es pues, una obligación moral redimir su esclarecida memoria del olvido.
 El Universal 9 de enero de 1992

sábado, 10 de diciembre de 2016


Rómulo Betancourt y su fuerte su arraigo pueblerino
Aníbal Palacios B.
 
Rómulo Betancourt, la más relevante figura política de la democracia venezolana del siglo XX, apenas vivió once años en Guatire, pero fueron suficientes para impregnarse de una atmósfera aldeana que jamás olvidó y cuya espiritualidad mantuvo a pesar de los avatares políticos que le tocó vivir.
Para 1908 Guatire era un pequeño pueblo cuyo espacio urbano lo ocupaban alrededor de dos mil ciudadanos. En una pequeña casa de la calle Bolívar, cerca de Candilito, vivía Luis Betancourt, de  origen canario, y su esposa guatireña Virginia Bello y allí nació el 22 de febrero un niño bautizado como Rómulo Ernesto. Aunque en esa época no se le denominaba así, podemos decir que la familia Betancourt-Bello era de clase media baja, con los apuros económicos que este grupo social ha tenido en cualquier período. Al mejorar su situación, la familia se mudó a la calle Miranda, en la casa que hoy es sede de la Biblioteca Don Luis y Misia Virginia.

Niñez determinante
La familia se mudó a Caracas en 1919, pero esos primeros años coexistidos en la sencillez y calidez de la vida aldeana marcaron para siempre a Betancourt de manera tal que ni  la cárcel, ni el exilio, ni la clandestinidad, ni los quehaceres de su investidura política, pudieron desarraigar de su vida la espiritualidad pueblerina, y más bien sirvieron para fortalecerlo en momentos en que el ánimo se debilitaba ante las muchas dificultades que tuvo que sortear.
Amigos como Luis Felipe Muñoz, Dimas Bolívar, Chuchú García y Pablo Antero Muñoz, entre otros con quienes compartió escapadas al pozo Las Catanas del rio Pacairigua y disfrutó las travesuras infantiles de la época, nunca fueron olvidados en las buenas ni en la malas. Figuras fraternales como Isidoro Gámez, heredado de su padre, Elías Centeno, Miguel Lorenzo García, Antero Muñoz, Régulo Rico y Vicente Emilio Sojo, de quienes recibió consejos, orientaciones y algún oportuno tatequieto, siempre merecieron el respeto y la consideración de un agradecido discípulo. Todo el ambiente que se generó en torno a estos y  otros personajes, aunado a la enseñanza familiar de valores como el amor por el terruño donde nacemos y nos formamos, convirtieron a Betancourt en un guatireño a carta cabal.
Rómulo no fue dotado de oído musical, lo cual fue una circunstancia afortunada;a fin de cuentas, la aldea ya tenía a Vicente Emilio Sojo. Decimos esto porque vivía justo enfrente de la casa de Régulo Rico y no aprendió a tocar ningún instrumento, para fortuna del país. Su preferencia por el rio Pacairigua en detrimento del rio Guatire era un asunto de longitudes; en cinco minutos llegaba al primero, mientras que el otro requería una caminata de media hora. Betancourt visitó al pueblo en 1945; sus viajes al terruño habían dejado de ser clandestinos desde el advenimiento al poder de Isaías Medina Angarita. Esta vez venía en calidad de Presidente de la República; en un acto en la Plaza 24 de Julio al doctor Gilberto Useche, en nombre de la comunidad zamorana, le correspondió solicitar la construcción de una escuela, la que hoy conocemos como Elías Calixto Pompa.

Anecdotario aldeano
Betancourt aprendió a leer y escribir guiado por las Hermanas Hernández, colindantes vecinas que dirigían una escuela de primera enseñanza para damas. En aquel entonces varones y hembras recibían clases en planteles separados, por lo que Rómulo no era formalmente alumno de las Hernández sino que ellas, como amigas de la familia, asumieron esa tarea; pero la mamadera de gallo de los amigos más grandecitos hicieron insoportable el aprendizaje y un buen día se presentó en la escuela dirigida por Elías Centeno, ubicada a tres cuadras de su casa, en la esquina donde hoy justamente está el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa y que en esa época conformaba una cuadra perteneciente a la Familia Nicolai, propietarios de la hacienda cafetalera El Norte. Entre maestro y alumno se produjo el siguiente diálogo:
-       “Don Elías quiero que usted me enseñe”
-       “Pero Rómulo, no tienes la edad suficiente  para asistir a este plantel”
-       “Yo no quiero ir más a la otra escuela”

No hubo maneras de convencerlo de que era muy pequeño para ese nivel; la terquedad, al parecer, le venía desde niño al futuro dirigente político. Virginia Betancourt opina que se trataba de perseverancia, no terquedad. Lo cierto fue que Elías Centeno se convirtió  en maestro formal de Rómulo con gran ascendiente en su vida extraescolar.
Perseguido político de Juan Vicente  Gómez y Eleazar López Contreras, Betancourt algunas veces se escondía en la casa de Chucho Pacheco, a una cuadra de la Jefatura Civil. Cuando eso ocurría las hijas de Pacheco no salían a jugar a la plaza, justo enfrente, por temor a deslices infantiles. Cuando Elías Centeno, a la sazón Jefe Civil del Municipio, se percataba del hecho mandaba un mensaje con los amigos: “Dile a Chucho que le aconseje a Rómulo que se vaya, que no me comprometa porque me lo están pidiendo y yo sé que él está allí”. Y Betancourt no abusaba ni de la hospitalidad de Pacheco ni de la tolerancia y complicidad de Centeno; al día siguiente las niñas volvían a jugar en la plaza. Tiempo después, una tarde se presentó  un anciano en casa de Centeno; Elías lo  reconoció pese al convincente disfraz:
-       “Rómulo ¿qué haces aquí, no sabes el peligro que corres?”
-       “Ayúdame Elías, me están acorralando”
-       “Me pones en un aprieto entre el deber de funcionario y  el de amigo”

Privó la amistad, y Elías Centeno  ayudó a escapar al fugitivo político. Años más tarde Betancourt se acordó del gesto. Cuando derrocaron a Isaías Medina Angarita, las nuevas autoridades adecas detuvieron a Elías Centeno, Ángel María Daló y Manuel María Yánez. Al enterarse, Betancourt se enfureció y ordenó la inmediata libertad de los detenidos. La solidaridad con sus amigos era absoluta; cuando murió Isidoro Gámez, el 11 de octubre de 1945, al no  poder asistir al sepelio por razones que saldrían a la luz siete días más tarde, hizo un alto en sus actividades encubiertas para enviar un telegrama con sentidas palabras para  manifestar su pesar por no poder estar presente.

A Rómulo le tocó vivir el nacimiento del beisbol en Guatire, ocurrido en 1918, y desde entonces se identificó con este deporte. En la década de los treinta, cuando se consolidó este juego en nuestra población, todo guatireño que se considerara tal tenía que seguir al Guatire o al Pacairigua, los dos equipos del momento. Rómulo era fanático de este último, tal vez por afinidad con el  rio que lo acogió en su niñez, ya que tuvo pocas oportunidades de verlo jugar por ser momentos de persecuciones políticas y vida clandestina.
En 1960 invitó a todos los guatireños residenciados en Caracas para salir en una caravana desde el Paseo Los Próceres hasta  la Iglesia Santa Cruz de Pacairigua, e instituyó el reencuentro entre paisanos el día de la Santa Patrona. Cuando se planteó el problema del deterioro físico de la iglesia, y ante la petición de algunos ciudadanos de construir una nueva, no quiso tomar la decisión por sí solo y convocó a los dirigentes de la comunidad (Vicente Milano, Manuel Hernández Suárez, René García, Guido Acuña, Luis Felipe Muñoz, Germán Pacheco, Mariano Marianchic, Gilberto Useche, Francisquito León, entre otros) a una reunión en el Palacio de Miraflores. Un informe de ingeniería del Ministerio de Obras Públicas confirmaba el deterioro de la edificación y recomendaba su demolición frente al temor de que no resistiera otro terremoto, que al final se produjo cinco años después. Rómulo se inclinó por la sugerencia técnica y Dimas Bolívar, camarero de Palacio, amigo del Presidente y guatireño conservador le recriminó al Presidente: “A ti no te duele la iglesia porque no fuiste bautizado en ella”; es que en esa reunión el Presidente se despojó de su investidura y actuó como un ciudadano más.

Gabinete aldeano
Ese día, tal vez para disminuir la tensión del momento, Betancourt apeló a una de sus facetas menos conocida: el humorismo; así, propuso la creación de un Gabinete Ejecutivo con puros guatireños, por lo que designó al diputado Guillermo Muñoz, Ministro de Hacienda; a Cruz Ana Ortega (esposa de Leopoldo Sucre Figarella) Ministra de Obras Públicas; César Gil Gómez, Ministro de Educación; el Obispo Feliciano González fue nombrado Cardenal, y así conformó un equipo de trabajo completo con sus entusiastas paisanos.

Mantener la costumbre
Una vez concluido su mandato, Betancourt no dejó de visitar al pueblo; cualquier oportunidad era propicia para visitar reservadamente a sus amigos, pero un 3 de mayo era casi imposible pasar inadvertido porque todo el mundo esperaba su presencia y aspiraba a que aceptara invitaciones a almorzar. Esto último no le incomodaba, sólo que carecían de la intimidad en la que prefería reunirse. El 29 de junio de 1975 acudió a la celebración de la Parranda de San Pedro, y luego de aceptar uno de tantos agasajos, sobre la marcha cambió de parecer Su intención era ir a casa de Luis Felipe Muñoz, en Macaira, como era su costumbre, pero afuera había mucha gente esperándolo, por lo que decidió darle una vuelta la manzana y repentinamente e inesperadamente se presentó en casa de Emilia Gámez, hija de su entrañable amigo Isidoro Gámez.  Allí se auto invitó a almorzar (o se coleó, si le parece a usted mejor) y en compañía de Marcos Falcón Briceño y Jesús María Graterol puso en aprieto a la desconcertada anfitriona, quien le ofreció lo que había preparado para sus hijas que venían a visitarla: mondongo, pernil y ensalada de gallina; el postre era quesillo y dulce de lechosa, y Betancourt adicionalmente solicitó conserva de cidra. Al convite se incorporaron Luis Felipe y Pablo Antero Muñoz y la puerta, siempre abierta un 29 de junio, se cerró a cal y canto. A duras penas lograron entrar las hijas de Emilia. Por casualidad, la familia Porto (que elaboraba las exquisitas conservas) vivía casi enfrente, en el Cerro de Piedra, y Emilia simplemente cruzó la calle en su búsqueda. Previsiblemente trajo más de lo requerido para el momento, porque el ex Presidente pidió para llevar; los sabores pueblerinos aún perduraban en su memoria y en su paladar. Rómulo siempre conservó su carácter aldeano y el apego sentimental por el terruño, a pesar de haber vivido aquí apenas once años.

martes, 22 de noviembre de 2016


El cine guatireño, magia artesanal
Aníbal Palacios B.

 El futuro se construye en el presente. Es la moraleja de una película que dio mucho de qué hablar en el año 2009 y que inevitablemente nos lleva a pensar en el glorioso pasado del cine guatireño para convencernos luego de que, ciertamente, el futuro del séptimo arte de nuestro municipio lo cimientan hoy un grupo de talentosos jóvenes con escasos recursos económicos pero a su vez con inmensa creatividad y fortaleza espiritual.

De repente cuatro jóvenes guatireños, trabajadores en el cotidiano y anónimo quehacer que les permite ganar el sustento para sus familias, saltan al reconocimiento mediático nacional e internacional gracias a una película, “Volver al pasado”, de confección casera (literalmente, no se trata de una frase hecha o metafórica) que impactó fuertemente en la comunidad, hasta el punto de convertirse en un éxito de ventas en los expendios donde los autores no obtienen beneficios; es decir, la piratería fílmica.
Sin experiencia alguna en el ámbito de la actuación, la producción y la edición cinematográfica formal, se atreven a plasmar una realidad con la que deben coexistir en los barrios donde habitan: la lucha de bandas armadas por crear, conservar y defender áreas de influencia delictiva. Yosmar Istúriz, dirige un elenco que en el que figuran Eric Miranda, Joselyn Ramos y Rubén Lozano como protagonistas, y donde además destacan Mariela Oropeza, José Yánez, Sandro Veliz y Gabriel Naguanagua. Una sólo cámara, una mini DV Panasonic de esas diseñadas para videos familiares, fue suficiente para que Istúriz demostrara su capacidad artística, su talento creativo y sus aptitudes cinematográficas instintivas. Decir que “es su cuarta película”  crea una sensación distorsionada de lo que es su experiencia como director, productor y guionista, puesto que las tres anteriores son cortometrajes (realizados por cierto con una cámara analógica también de uso familiar) con los cuales Istúriz quería demostrarse a sí mismo y a su equipo de colaboradores que si era posible emular exitosamente a los pioneros del cine aldeano de Guatire y Guarenas, representado por Agustín Oropeza y Antonio Barberán, sin recursos técnicos ni económicos, pero con mucha creatividad, talento artístico y cooperación comunitaria.

Pasado, presente y futuro
Conversamos con Yosmar Istúriz, Auristela Ramos, su esposa, José Yánez, Joselyn Ramos y Sandro Veliz sobre sus vivencias durante la filmación de la película y lo relatado es digno de convertirlo en guión cinematográfico, un poco al estilo de La noche americana, aquel film de Francois Truffaut que no es más que un homenaje al propio cine. Nos cuenta Yosmar sobre la motivación de más de 60 personas entre vecinos, familiares, amigos, compañeros de trabajo y curiosos en general que pusieron su granito de arena, sus motos, casas, ideas,  sugerencias y dinero, de principio a fin; es decir, en la producción y filmación de la película. La dirección y edición fue realizada por el propio Yosmar, esta última etapa en una lenovo, también doméstica y con un vetusto y sumamente útil moviemaker. Siempre han trabajado sin recursos económicos. En una oportunidad en la que debían filmar una escena con dos actores que conversaban mientras uno se tomaba un refresco, se percataron de que entre los tres (actores y director) no tenían para adquirirlo en una bodega cercana, por lo que hubo que retrasar la grabación mientras buscaban en una casa aledaña, una botella y un poco de agua.

En ese año 2009 filmar Volver al pasado costó alrededor de once mil bolívares, equivalente a trece salarios mínimos de la época; o sea, poco más del sueldo mensual de todo el elenco. Eso lo supieron cuando finalizó el proyecto; de haberlo sospechado antes quizás no se hubiesen animado a ejecutarlo. ¿De dónde salieron los reales?, de cada una de las personas que participaron en la producción, incluyendo algunos curiosos. Antes de comenzar la película buscaron ayuda en la Alcaldía, pero Ramón Milano, a la sazón Director de Cultura, les negó el apoyo con el argumento de que no tenían formación académica como cineastas y actores; es decir, no creyó en ellos. No hay resentimiento en la queja, sólo la frustración que también sentimos quienes cierta vez nos alegramos con la llegada de activos cultores a los puestos de gobierno, y llegamos a pensar que desde allí facilitarían los recursos que otrora exigían a sus predecesores, para luego observar un comportamiento algunas veces más negligente y siempre más displicente. Pero ni falta que hizo; también se acercaron a la Villa del Cine pero allí los recursos parecieran destinados a proyectos suntuosos y ajenos a la región, por lo que fueron igualmente ignorados. El ánimo se mantuvo en alto y lograron culminar la producción en siete meses en jornadas de fin de semana porque cada quien debía atender sus respectivos trabajos. Luego vino la dura e importantísima etapa de edición, en casa, por supuesto, con su esposa e hijos como asistentes. El producto estaba listo para ser exhibido y había que hacerlo por todo lo alto. Alquilaron dos salas en el Centro Comercial Oasis con el objeto de recaudar parte de lo gastado para invertirlo en el siguiente proyecto, pero subestimaron la capacidad de respuesta comunitaria, las dos salas fueron insuficientes para atender la convocatoria, vendieron copias a la salida, el boca a boca difundió la calidad del film… y se enteraron los buhoneros que piratean películas, quienes hicieron un buen negocio en detrimento de los realizadores: veinte mil copias en un mes, sin publicidad alguna.

A título de consuelo, la buhonería, cual si fuera una franquicia, ayudó a promocionar la película en todo el país, y la noticia llegó a oídos de la prensa local, regional, nacional e internacional, además de las publicaciones especializadas y los cineastas; es decir todo el mundo. De repente, por todas partes se hablaba de Guatire, de sus problemas, de sus valores, y de un humilde y talentoso grupo de habitantes de nuestras barriadas capaces de crear arte colectivo de muy buena factura y mucha prestancia.

Súbita notoriedad
Lo novedoso para esto jóvenes cineastas es la popularidad en la que repentinamente se vieron envueltos, ya en la calle se les reconoce, se les saluda a viva voz y hasta se les pide autógrafos. Para Yosmar Istúriz esto no es más que la adquisición de un compromiso mayor para el próximo proyecto, los sueños son los mismos, pero las perspectivas son mayores y los requerimientos se han acrecentado; ahora siente que el grupo tiene la imperiosa e impostergable necesidad de mejorar la formación técnica y artística, áreas en las cuales ya le han ofrecido ayuda concreta; pero aún falta adquirir nuevos e idóneos equipos de filmación y edición; las expectativas han crecido, tanto para el grupo como para jóvenes con inquietudes parecidas, quienes han visto no una película sino un paradigma digno de imitar y, por supuesto, para el público que ha quedado satisfecho con lo propuesto pero que, con toda seguridad, será más exigente.

Yosmar Istúriz no se envaneció con el éxito, y  continuó con dos películas más, Unidas Por Siempre, una historia totalmente distinta aunque con el mismo trasfondo argumental reflexivo, y Alirio El Más Buscado, dentro de la tónica  de Volver al pasado. En el interin, varios documentales sobre personajes del acontecer aldeano han copado el espacio de este cineasta que funge como productor, guionista y director y que conjuntamente con Auristela Ramos, su esposa, una especie de Productor Ejecutivo, realizan en paralelo una dura actividad familiar devenida en labor social a través de la Fundación Venezolana de Espina Bífida Sin Barreras en Zamora, para ayudar quienes, como  ellos, luchan una diaria batalla con su hija Aurismar Istúriz, quien padece esa enfermedad. La familia Istúriz-Ramos en pleno enfrenta retos de toda índole sin lamentarse y con la confianza de superar esos obstáculos. Esa vivencia nos permite entender con más facilidad porque Yosmar y Auristela han asumido el reto de hacer cine con presupuesto cero, porque los problemas familiares lo van solventando con el mismo presupuesto, la misma motivación e idéntica pasión.