martes, 9 de abril de 2019


La leyenda del Nazareno de Guatire
Aníbal Palacios B.

Un inusitado interés despertó en la población guatireña los actos conmemorativos de la Semana Santa de 2005 motivado a que después de 132 años volvió a verse la cabeza del Nazareno que alarmó a la bucólica aldea guatireña en el año 1873 y que, a falta de crónicas escritas, generó una leyenda en la cual se tejió una misma versión del suceso pero con diferentes protagonistas.

Conocía un lejano y difuso cuento de abuelos que narraba un hecho ocurrido en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, pero por inverosímil no le dedicaba mayor atención. Parecía una de tantas narraciones propias de Julio Lezama, un personaje nacido en Las dos Quebradas (El Bautismo) a principios del siglo XX a quien llamaban “el hombre más embustero del mundo” por su facilidad para inventar amenas y estrambóticas fábulas que nadie creía pero que a todos divertía. Así que cuando Margarita Centeno, en su casa de Maripérez, me invitó a narrar esta leyenda le expliqué lo poco que me gustaba escribir sobre temas que no podían sostenerse documentalmente, y ese hecho en particular tenía mucho mito y escasa veracidad.

-¿Cómo que escasa veracidad?, ¡la historia es real!- respondió enfática e indignada-. Por mucho tiempo yo tuve la cabeza del Nazareno en ese rincón de  la sala... Le diré a Esther María que hable contigo y te explique lo ocurrido.

Se refería a Esther María Jaspe Espinoza, nieta de Baldomero Espinoza. Margarita ignoraba que Esther había fallecido pocos días antes.  Esther María solicitó a sus hijos la cremación de su cuerpo y que sus cenizas reposaran en la capilla del Nazareno de Guatire. Tres días más tarde Gustavo y Luis Tortabú, sus hijos; vinieron al pueblo. Buscaban la manera de satisfacer los deseos de su madre y se toparon frente a la capilla del Nazareno con Antonio Pittol y este los envió al Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), donde había una reunión de la Academia de la Historia. Conversamos, les expliqué que, ¿casualmente?, estaba tras la pista de la familia para constatar la autenticidad de lo narrado por Margarita Centeno y me informaron que sí, ¡ellos tenían la cabeza del Nazareno!

Luego de exponer los pormenores del asunto hablaron sobre la petición de su madre y me comprometí a que si se exhibía la cabeza del Nazareno durante la Semana Santa, es decir, un mes más tarde,  podría convenir con los directivos de la Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro para que satisficieran  los deseos de Esther María, y así ocurrió.

Leyenda y realidad
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho real; y eso es precisamente lo que rodea lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Santa, al momento de bautizar la nueva figura del Nazareno (ceremonia acostumbrada cuando llegaba una nueva imagen al templo), entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos. Esa relación de parejas hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era aceptada por la sociedad. Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿fortuitamente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara innecesariamente sólo por  satisfacer veleidades personales. .

Los sucesos
Dice la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante su asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, abrió la boca con expresión de incredulidad, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación.

La crónica
La Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro se fundó el 11 de abril de 1868; su primer Presidente fue Julián García y entre sus miembros estaba el padre José María Istúriz, Tesorero de la misma y párroco de esta feligresía para el momento en el cual ocurrió esta historia. En el Libro de Acta de esta Sociedad  consta que el 3 de mayo de 1873, 20 días después de lo acontecido, Baldomero Espinoza fue autorizado para trasladar a Caracas la imagen del Nazareno para sustituir la cabeza por otra semejante a la que está en la Iglesia de San Pablo. En dicha Acta no se especifica cómo ni por qué se deformó la figura. Otro elemento que se sumó a la polémica que generó este acontecimiento gira en torno a la propiedad de la imagen y a la relación de Baldomero Espinoza con la Sociedad. Se dice que Espinoza no era miembro de ella, y por su gesto de sufragar la nueva imagen fue nombrado Miembro Honorario. Esta designación consta en el Acta del 03/05/1873; es decir un mes luego de ocurridos los hechos que narramos. Pensamos que bien pudo ser miembro de la Sociedad y recibir tal honor; de hecho, poco tiempo después fue nombrado Vicepresidente y meses más tarde, por razones no explicadas en los libros, renunció al cargo y a su condición de Miembro Activo, más no a su categoría de Honorario.
En relación a la propiedad del Nazareno, la familia Espinoza-Jaspe, siempre ha señalado que perteneció a ellos. Era costumbre en la época que las imágenes fuesen propiedad de las familias, y algunas de ellas las donaban a la Iglesia o a las Sociedades. En la misma Acta que citamos del 03/05/1873 está explícitamente escrito que la representación del Nazareno pertenecía a la Sociedad. No obstante, nos preguntamos ¿por qué Baldomero Espinoza conservó la cabeza original, una vez sustituida, y no la Sociedad? Tal vez los prejuicios propios de la época permitieron que la Sociedad no se interesase en ella.

Calle Concepción, casa de Baldomero Espinoza
¿Fue  originalmente suya la imagen? Es necesario acotar que el Nazareno estuvo por muchos años bajo la custodia de la familia de Baldomero Espinoza, quien por lo demás vivía en la calle Concepción, justo frente a la iglesia. En el año 1928 se construyó la capilla del Nazareno, ubicada en la calle Miranda, en la esquina que conduce al sector conocido como Candilito, y la remozada imagen fue

llevada desde la sala del hogar de los Espinoza-Jaspe hasta la nueva sede. De la Sociedad del Divino Maestro se conoce su Reglamento, que data de 1891, que nos sirvió de base para la investigación, pero se desconocen sus estatutos y su primer libro de Actas.

 ¿Casualidades o causalidades?
¿Es acaso casualidad que la Junta Directiva de la Sociedad del Divino Maestro de ese año 2005, a cuyo frente estaban Ángel Pereira, Rosana de Persis y Marianela Velásquez, haya exhibido la figura del Nazareno justamente en esta Semana Santa? Nuestra inquietud nace de la connotación que tiene la Conmemoración Pascual en ese año 2005.
Como es del conocimiento general, la Iglesia Católica celebra la resurrección del Señor el primer Domingo después de la primera luna llena que ocurre luego del equinoccio de primavera (marzo 21), y este año ocurre una confluencia poco común, que acontece tres o cuatro veces en un siglo: el Día de la Anunciación (25 de marzo) coincide con el Viernes Santo; es decir, el anuncio de la llegada de Jesús con el día de su pasión y muerte. La última vez que esto ocurrió fue en el año 1932; en el presente siglo se repitió el acontecimiento en el 2016 y volverá a suceder en  2089 y 2095.

¿Qué observó el público?
Iglesia vieja, plaza vieja
Explicamos la leyenda en referencia por la prensa local y anunciamos la exhibición de la cabeza del Nazareno en su capilla; esto generó  en la población  una gran expectativa por ver esa imagen. Para la gran mayoría era la primera vez que oían hablar de la leyenda; algunos estaban al tanto de ella a través de sus padres y abuelos, pero jamás habían visto la cabeza puesto que de desconocía su existencia y por ende no se exhibía en público. Sólo algunas personas privilegiadas allegadas a las hermanas Edelmira y Esther Jaspe, nietas de Baldomero Espinoza, habían tenido oportunidad de observarla, entre ellas Margarita Centeno, quien nos orientó hacia sus custodios.  La familia Jaspe manifestó que la imagen se "ennobleció" al volver al pueblo y sólo una expresión de asombro acentuada por unos ojos engrandecidos, queda como reminiscencia de lo ocurrido 145 años atrás. La boca abierta deja entrever la posibilidad de que ciertamente haya sacado la lengua y luego ésta se haya retraído; no faltó quien dijera que también se la habían cortado. Hubo quienes manifestaron que todo esto había sido un "invento" de la Sociedad para atraer gente a su sede. Lo cierto es que la expresión del rostro se suavizó; tal vez el Nazareno perdonó el agravio y a las actuales generaciones sólo nos haya impuesto como penitencia el soportar malos gobernantes desde el centenario de los hechos narrados a esta parte, por lo que elevamos nuestras plegarias por el perdón definitivo, y para que se nos libere de este tormento.

Colofón
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la alcaldesa Solamey Blanco decidió reparar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy cortas y demasiado inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado y calificado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba en su capilla, a tres cuadras de allí.

Cosas veredes, amigos míos.


















domingo, 20 de enero de 2019

Una ballena en Guatire


La ballena del Liceo Ramón Alfonzo Blanco
Aníbal Palacios B.
        Durante muchos años, el esqueleto de la ballena que adornaba de manera imponente el patio interior de este liceo ubicado en la calle Miranda, fue el símbolo más representativo de Guatire.
        Tuvo la doble virtud de atraer la mirada y la admiración de propios y extraños, porque no sólo fueron los visitantes foráneos quienes se vieron cautivados por su figura sino que también los lugareños se paseaban por el recinto estudiantil para apreciar lo que fuera un animal lleno de misterios marinos. Eso sí, sólo los visitantes especialistas en la materia se ocuparon de saber la manera cómo había llegado esa ballena hasta Guatire porque, definitivamente, nadando no fue. Transcurridos casi 60 años desde entonces, esos recuerdos pasaron al olvido y allí hubiesen permanecido de no ser por el concurso de tres personas, para el caso concreto de este relato.  

El profesor Narciso Simón Rodríguez Guevara, quien en su condición de Subdirector y Secretario del liceo, escribió una minuciosa crónica donde resta importancia al esfuerzo individual de recuperar los restos de una ballena muerta hallada en los Totumos, y realza el trabajo colectivo de un grupo de personas que hicieron posible la tarea que más adelante se describe.
           Fredis Guaramato, tiene el doble mérito de haber participado en las faenas de recuperación del esqueleto de la ballena y, quizás más importante aún, rescatado de algún olvidado archivo la crónica del profesor Rodríguez Guevara que aquí publicamos textualmente.
           Emma La Negra Pinto, fue la inspiración para que el cronista se interesa en la búsqueda de la información que nos llevó a Fredis y al profesor Rodríguez: rescató de una papelera de la Alcaldía de Zamora unas fotografías de la ballena que son fiel testimonio del relato. Un recién ungido funcionario municipal no entendió la importancia que para la revolución tendría un poco de huesos  fotografiados, ni se ocupó de preguntar, y los archivó en la papelera más cercana. El destino quiso que La Negra se encontrase en el lugar, y no dudó en rescatar el preciado tesoro de la historia aldeana, y los conservase para toda la comunidad zamorana.

Primer esqueleto de ballena armado en Sudamérica

            “El 25 de julio de 1961 nuestro amigo el pescador Juan Ramírez, por intermedio del señor Félix Germán Flores, nos avisó que en Los Totumos (cerca de Cabo Codera) había encontrado una ballena muerta encallada cerca de la playa. El 1° de agosto muy temprano el director del liceo, Br. Manuel Ángel González S., los estudiantes José Antonio García, Cruz Eudoro Hernández, Rogelio Delgado, nuestros amigos Jorge León, Elpidio Porras, Félix Germán Flores y yo nos trasladamos a Carenero, luego en el bote de Juan fuimos a Los Totumos. La ballena estaba en descomposición, pero esto no fue obstáculo para extraer los maxilares inferiores de tres metros cada uno y la cola.
             El día 6 regresamos de nuevo y procedimos a la separación del cráneo y a extraer los músculos que cubrían los costados y el tórax. Fueron desarticuladas las costillas del lado derecho y el resto de la región caudal. Desde el 7 al 12 de agosto nos quedamos trabajando diariamente hasta el atardecer Rogelio Delgado, Elpidio Porras y yo. Para ese día ya se había extraído los órganos del tórax y del abdomen; sólo faltaba por desmembrar quince vértebras de la columna.
Fredis Guaramato
            La tarea más incómoda y forzada fue traer el cráneo desde el lugar donde se descuartizó la ballena hasta los Totumos y de allí a Carenero, pero nuestro amigo Felipe Ordaz nos facilitó el jeep, el remolcador y él lo condujo por el tortuoso camino que fue carretera en un tiempo. Durante estos trece días Juan Ramírez en su bote cruzó la Ensenada de Carenero cuarenta y seis veces sin interés económico para transportar costillas y vértebras. La osamenta fue trasladada hasta Guatire en un transporte cedido por el señor Pedro Delgado y conducido desinteresadamente por el señor Francisco Ruiz.
            El proceso de maceración y limpieza, y la estructuración del esqueleto y de la base metálica, duró ocho meses y medio. La base de hierro fue construida en el taller del Instituto. Participaron en esta labor los estudiantes José Antonio García, Pedro Luis Lugo, Carlos Guaramato, Hugo Hernández, Miguel Pérez Camacho, Francisco Antonio Martínez, Fredis Guaramato, Héctor Ramón Milano, Rogelio Delgado, Humberto Robledo Montalbán, y yo. Casi se me olvida el estudiante Carlos Jugo A. El señor Héctor Álvarez Rodríguez soldó toda la estructura de hierro desinteresadamente, con la buena colaboración de otro amigo nuestro, el señor Pedro Pérez González.
             La preparación y montaje del esqueleto de 12, 46 metros de longitud se efectuó bajo la dirección y planificación del profesor de Ciencias Biológicas del Instituto, Br. Manuel Ángel González S. La labor ha sido dura, pero se ha trabajado intensamente en vacaciones y días de asueto porque ha sobrado buena voluntad.
             El Instituto agradece a  todos su espontánea y eficaz ayuda. El esqueleto de esta ballena junto con otros treinta esqueletos de vértebras y 2.140 muestras de Ciencias Biológicas preparadas en nuestro liceo, están en exposición durante las horas de labor y los domingos en la mañana".

Guatire, 30 de septiembre de 1962

Narciso S. Rodríguez Guevara
Subdirector-Secretario
 
Calle Miranda - Sede del Liceo
La ballena perdida de Guatire
             La nota descrita fue publicada en la edición N° 25 de Tere Tere en Noviembre de 2002, pero la historia continuó. La desaparición del viejo y noble Liceo dejó sin techo a la ballena y el Centro Excursionista Manuel Ángel González (CEMAG) desarmó el esqueleto y lo trasladó a su antigua sede, cercana al Hospitalito; es decir, sin espacio para exhibirla. Al no contar con la ayuda oficial necesaria la cedió al Parque Henry Pittier y allí se perdió su rastro; no obstante ya se había despertado el interés en preocupados aldeanos como Efrén Toro, Oscar Muñoz y Miguel Alciro Berroterán, quienes siguieron la pista y ubicaron el esqueleto en el Museo Marino de Cumaná, pero éste había sido seriamente dañado por el terremoto de 1997 y las especies exhibidas fueron trasladadas a distintos sitios de la ciudad. Paralelamente, Tere Tere ubicó un minucioso y documentado estudio realizado por el biólogo A. I. Agudo que permitió determinar, sin lugar a dudas, que el esqueleto exhibido en ese Museo era el mismo que por muchos años engalanó al Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco. El investigador partió de una crónica publicada en el diario El Nacional (11/08/61) para realizar un meticuloso seguimiento que le permitió establecer que el esqueleto fue entregado en 1986 “… para guarda y custodia (no donación) del Museo del Mar de la ciudad de Cumaná…”  Actualmente la osamenta presenta un marcado deterioro producto de su accidentado peregrinaje, que al parecer no concluye, y se encuentra bajo la custodia de la Universidad de Oriente

 

Confusión
           En el ínterin, se corrió la voz sobre un hallazgo en el Museo del Mar en Margarita, pero resultó ser una falsa alarma. El esqueleto que allí se exhibe es el de una ballena jardinera y no una jorobada, como la nuestra. Fue hallada en Cubagua y mide tres metros. Sólo existen cuatro esqueletos de ballena armados en el país, el primero de ellos se aparejó en Guatire y es patrimonio de esta comunidad, sólo se requiere la disposición gubernamental de rescatarla.

                                                                                                                            04242193635

viernes, 28 de diciembre de 2018


La chiva de ña Virginia
Majandra Hernández

 En la sierra de Zamurito, entre sembradíos de café y cacao, se levantaba una vieja casona rodeada de grandes patios en los que se secaban las preciadas cosechas. En sus alrededores vivían peones y jornaleros en pequeñas casas de bahareque y techos de pajas; y más allá, en una hermosa loma se encontraba la casa de ña Virginia, un sitio mágico y misterioso lleno de destellos de luces, con jardines de colores de girasoles, clavellinas y tulipanes, y también de olores a toronjil, malojillo y mejorana.

Ña Virginia era una viejecita de talle delgado y faldones anchos. Apreciada comadrona y rezandera. A ella acudían enfermos y parturientas de la sierra en busca de alivio para sus males que, con la unción de sus manos, la luz de su cirio, cataplasmas de yerbas santas y susurros de oraciones, daba la sanación a penas y dolores.

De la luz de sus manos nacían todos los niños de la comarca; ella daba sus cuidos a las mamás entre dolores y pujidos hasta ver alumbrar las caritas de llanto de aquellos angelitos. Para esas ocasiones ña Virginia recogía su bojotico lleno de hierbas y unciones. Mientras duraba su ausencia le encargaba sus maticas y animales a su nieto Julián, que vivía más abajito con su mamá y sus hermanos, camino al platanal.

Julián se encargaba de regar las matas, recoger las frutas y darle de comer a todos los animales: gallinas, pavos, cochinos, perros y gatos; ah, y dos chivas tremendas que siempre saltaban la cerca. En una ocasión, ya de regreso su abuela, Julián le preguntó:

-       Abuela, ¿quiénes son esos que siempre veo sentados debajo del jabillo cuando tú no estás? No me hablan ni se mueven y ni sus caras les veo. ¡A mí me dan mucho miedo y paso corriendo derecho al corral!
 
-       ¡Mijito, no le tenga miedo, que ellos están pa’ cuidalo a usted y cuidá lo mío!

Una tarde fresca y tranquila ña Virginia estaba sentada en su mecedora tomándose un guarapito contemplando la inmensidad de las montañas, cuando a lo lejos ve a un hombre que se acercaba corriendo a su casa. Era José, el capataz del cafetal, que llegó jadeando y ña Virginia le dijo:

-       José, mijo, cálmese, tome un poco de agua y cuénteme ¿qué le pasa?

El se calma y le dice:

-       Ña Virginia, Sara, mi mujer, anda con dolores de parto, y yo la veo muy mal.

Ña Virginia soltó el posillo y entró a buscar sus macundales, dio un grito llamando a Julián que llegó con la rapidez de un ratón.

-       ¿Qué pasa abuela?

-       Mijo, me voy con José, Sara está pariendo. Ya sabe, cuide la casa, las matas y los animales.

           Terminó de recoger y se fueron antes de que la noche los agarrara en el camino.

A la mañana siguiente Julián se quedó dormido, y de un salto voló de la cama y gritó:
          -       ¡Mamá ya es tarde, los animales de la abuela deben de estar alborotados del hambre!

-       Pero Julián, ven acá -dijo ella- siéntate y cómete una arepa y el guarapo.

Ña Virginia en la sierra de Zamurito
Él, casi que atarugado, salió corriendo, llegó jadeando, pasó sigiloso al lado del jabillo y se fue directo al corral. Las gallinas cacareando, los perros ladrando y en eso vio que faltaba la chiva grande; la buscó por todo el corral y no la encontró. Entonces atendió a los otros animales, recogió las frutas y se fue a su casa. Cuando llegó le dio la noticia a su mamá.

-       ¡Mamá, mire, mamá¡

-       ¿Qué pasó Julián?

-       Sabe, la chiva grande no está en el corral, la busqué y busqué y nada que la encontré.

-       Ah pues Julián- Seguro que saltó la cerca del corral, tenemos que salir a buscarla, no vaya ser que se meta en el maizal del vecino.

Y así, buscaron por todo el camino entre el monte y la quebrada; al fin, cerca del barranco, al lado de la ceiba, la encontraron tirada y tajeada.

            Mientras, montaña arriba ña Virginia atendía a Sara, sobándole la barriga con ungüentos y dándole a beber sus guarapos de canela y hierba santa. Sara pujaba y ella le alentaba:

-       Falta poco mija. ¡Puja Sara!

Y por fin asomó la cabecita y salió la morenita linda con ojitos azabache; entonces cortó el cordón y embojotó la niña con una cobijita. Ña Virginia al terminar la faena encendió su cirio, dio gracias al Santísimo, recogió y se marchó dejando la buena bendición.

Cuando llegó a su casa Julián fue a contarle lo sucedido; ella lo escuchó y se santiguó.

-Julián, vaya y búsqueme la chiva, debemos preparar su carne y dar de comer.

            Ña Virginia limpió la carne y le dijo a su nieto que le llevara a los vecinos y ellos, agradecidos, se preguntaban quién habría hecho esa maldad con la pobre chiva.

            Ña Virginia, entre susurros, dijo:

-       Pronto llegará y se develará quién hizo el mal.

Julián tenía la certeza de que su abuela era una sabia iluminada por Dios, y cuando ella susurraba al cielo sus palabras eran escuchadas. Y así, al siguiente día se apareció en la puerta de la casa de ña Virginia Elías, doblado del dolor.
            Ella le preguntó:

-¿Y qué le pasa Elías?

 Y él respondió:

-¡Ña Virginia, vengo a pedir perdón por el daño contra su chiva y a que me alivie este dolor que me está matando!

-Pues siéntese en el taburete, usted sabe que quien obra mal, mal le va, pero siempre Dios perdona a quien busca misericordia.

            Así pues, ella encendió el cirio y buscó sus ungüentos y colocándole las manos en la cabeza susurró sus oraciones. Julián observaba desde el rincón, aprendiendo del arrepentimiento y el perdón; él desde ese momento sintió en su corazón el llamado de la fe y supo que debía acompañar a su abuela ña Virginia a hacer el bien.

            El tiempo transcurría y su abuela se hacía cada día más vieja y un día, cuando las fuerzas ya la abandonaban, llamó a su nieto Julián, le entregó su cirio, sus oraciones y los ungüentos para que siguiera sus pasos por la montaña llevando el alivio y la sanación a todo aquel que lo necesitara.

            Dicen y cuentan que muchos años pasaron desde que ña Virginia tomó el  sendero de las nubes, pero que en la sierra se sigue sintiendo su presencia susurrando oraciones, brisas con olores a hierbas santas y la luz de su cirio recorriendo los caminos de la montaña.

 

jueves, 22 de noviembre de 2018


Centro Excursionista Manuel Ángel González:
 50 años de orgullo aldeano
Aníbal Palacios B.

Pudiéramos decir que la curiosidad de un grupo de jóvenes por saber si era cierto lo que un profesor de Biología explicaba en las aulas del Liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco de Guatire llevó finalmente a constituir, a finales de los años sesenta, lo que hoy conocemos como el CEMAG.

No era desconfianza hacia la palabra de Manuel Ángel González; todo lo contrario, sus clases eran tan motivadoras que a esos estudiantes no les bastó la excelente dotación de los laboratorios del Liceo, y optaron por hacer investigaciones de campo, en busca de alacranes culebras y arañas. Ciertamente, ayudó también que no eran muchas las opciones que tenía un joven guatireño para distraerse en esa época. El Centro Excursionista Manuel Ángel González se gesta entonces en las montañas que rodean al Valle de Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, y nace un 22 de noviembre de 1968, eso le otorga un fresco sabor rural y la característica cordialidad campesina. El profesor Manuel Ángel, a pesar del aprecio y consideración que sentía por sus discípulos, se negaba a aceptar que su nombre engalanara a la institución; argumentaba que ellos no sabían si después, con el correr de los años, él “se echaba a perder”, con el consecuente efecto devastador sobre la organización.
Pero aquellos muchachos conocían bien a su mentor; de él no sólo obtenían conocimientos sobre las ciencias naturales; también recibían, a manera de refuerzo de la educación familiar, un fortalecimiento de los valores espirituales del hombre, entre los que destacaba la modestia del investigador en los fines y objetivos de su vida profesional y personal. Estos jóvenes estaban plenamente seguros de que su tutor jamás se “echaría a perder”, más bien podía existir el temor de que fuesen ellos quienes no estuviesen a la altura de la figura del nombre que identificaría a la institución, por lo que el proyecto se convirtió no solo en un reto, sino en una responsabilidad, y convencieron finalmente al profesor Manuel Ángel González. Originalmente, el CEMAG lo conformaban cinco secciones: Herpetología, Espeleología, Biología, Rescate y Cemagitos; el excursionismo era la base para desarrollara las actividades.

El duro comienzo
El CEMAG nace por iniciativa de siete jóvenes: Rogelio Palacios Berroterán, Edgar Oliva Medina, Francisco Núñez Flores, José Muñoz Reggio, Cristóbal Fernández Daló, Guillermo Patruyo Pedroza y Elías Silva Aponte; a la sazón, militantes de la juventud comunista la mayoría de ellos. Eso permitió que algunas voces maledicentes dijeran que estos jóvenes iban a las montañas a llevar comida a los guerrilleros, y se propagó el rumor sin importar que para la época el movimiento guerrillero estaba prácticamente acabado, que el Parque Nacional El Ávila no era el lugar más idóneo para esconderse nadie y que los muchachos solían subir a esos parajes a recolectar culebras y escorpiones y a llevar ropa y juguetes a los niños que allí habitaban. Lo cierto fue que causó daño, pero la mano extendida de Francisco Delgado, Presidente del Concejo Municipal, ayudó a superar el obstáculo. Del Ministerio de Relaciones Interiores emanó la orden de investigar al grupo y Francisco no sólo defendió a los muchachos, sino que además los acogió en el seno del Centro Cívico y así el CEMAG tuvo su primera sede fija: la azotea del edificio. Esto tuvo otro efecto determinante en el futuro de la institución porque allí se incorporaron un nutrido grupo de jóvenes habitantes del caso central cuyas familias, por lo demás, militaban en los partidos AD y Copei, y que le dieron el dinamismo y la diversidad que el CEMAG requería y a la vez le quitaron el sambenito político a la institución. Oscar Muñoz, Edgar García, Ricardo Toro, Rhadamé Livinalli, Leonel Hernández, Iván Delgado, Mauricio Flores, Alfredo Oropeza, Luis Amador García, Efrén Toro, Antonio Irureta, Manuel Berroterán, Rogelio Delgado, Miguel Santana, Abilio Da Silva, Antonio Olivier y Luis Martínez, son algunos de esos muchachos que se incorporaron al CEMAG en esa oportunidad. 

El aliento de vida
Casona El Norte
El CEMAG crece y se desarrolla con el ejemplo de nuestro padre afectivo Manuel Ángel González, pero también el de una gran mujer que fungió de madre, Custodia Reggio de Muñoz y hasta de unos padrinos Benito Ribas y Blasina, custodios del Parque Nacional El Ávila en las montañas del norte de Guatire. Pero a su vez hemos seguido los pasos de quien siempre consideramos nuestro hermano mayor: el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), en cuyo seno encontramos el apoyo físico y anímico suficiente para no desfallecer. También contó con la ayuda de la Congregación del Divino Maestro a través de la madre Teresita Puertas quien le inculcó al grupo la oportuna orientación espiritual que todo joven requiere. De personas como Pedro Lovera, quien donó al CEMAG una variedad de equipos de radiocomunicaciones que nos convirtió en el grupo mejor dotado del país; Francisco Delgado, la primera persona fuera del entorno en creer en estos jóvenes y prestar una decisiva y determinante ayuda; Hernán Rengifo, cuya determinación hizo posible la construcción de la actual sede; Francis Citty Pittol, autor del diseño arquitectónico de la edificación, que más allá de lo profesional le agregó ese toquecito especial de afecto que establece diferencias; Francisco Mujica, quien desde el CEA guió nuestros pasos por ese intrincado camino que deben transitar las organizaciones no gubernamentales y Miguel Alciro Berroterán; quien silenciosamente se convirtió en factor fundamental en el éxito de nuestra lucha contra quienes pretendieron expropiar nuestra sede. Por supuesto que ha sido la juventud de Guatire y Araira, quienes han sostenido a través de estos 50 años nuestra institución, así como la comunidad de la Urbanización La Rosa que poco a poco se ha identificado con la organización, integrándose a ella. No tardó mucho tiempo el CEMAG en ganarse el respeto, aprecio y reconocimiento de la comunidad zamorana en particular, y mirandina en general; pronto también su esfuerzo fue reconocido en todo el territorio nacional, y las cualidades ambientalistas y de solidaridad social de la agrupación traspasaron nuestras fronteras para ponerse a la disposición de los ciudadanos del mundo.

La sedes
La primera sede del CEMAG fue el propio ambiente natural donde nació; es decir, la vieja casona de la Hacienda El Norte, que en un tiempo perteneció a la familia Nicolai. Pero luego la necesidad de crecer y de integrarse a la población le llevó a un continuo peregrinar por los hogares de sus miembros y muy especialmente la casa de Custodia Reggio, en la calle Brión. Luego nos acogió por algunos meses el Colegio Santa María Goretti, de la mano de la madre Teresita Puertas, en el marco de aquel Centro Juvenil de grata recordación para los jóvenes guatreño; con un nutrido grupo de monjas subimos a la hacienda el Norte, a pesar de lo incómodo de sus hábitos. La siguiente parada sur, por invitación de Jesús María Sánchez, la Biblioteca Elías Calixto Pompa, en sus sedes de las calles Girardot y 9 de diciembre, hasta que en 1971 llegamos al Centro Cívico por cortesía de Francisco Delgado. La edificación era muy grande para el Concejo Municipal en esa época; tenían arrendado la mitad del espacio a Eleggua y el INOS y la Prefectura. y sobraba la azotea. De esta época recordamos la arborización de las calles de las calles de Guatire en un operativo financiado por el Concejo Municipal y la entusiasta participación de toda la muchachada del CEMAG. Luego llegamos a la sede del hospitalito (en 1974), donde crecimos junto con los jóvenes de Los Malavares y Barrio Ajuro; pero arribar a este hogar tiene su historia.
Llegó el año 1974 y con él un cambio de gobierno. Acción Democrática ganó las elecciones y el nuevo Presidente del Concejo Municipal era Ramón Pérez quien tenía planes de expansión y necesitaba sus espacios. Salió Eleggua y la Prefectura, el INOS se redujo a una oficina en la Planta Baja y el CEMAG tuvo que entregar la sede en medio de un conflicto generado en parte por una inapropiada declaración de prensa. Estábamos conscientes de que había que salir de allí; pero a su vez requeríamos otra sede, eso también estaba claro. En la disputa nos ganamos la simpatía de la opinión pública que presionó una solución inmediata; en eso surgió una especie de confluencia astral donde se alinearon los intereses económicos de Aquino Espinoza, con la urgente necesidad de Ramón Pérez de salir del aprieto y la nuestra de obtener una sede: Aquino ofreció un local de su propiedad ubicado en la entrada del hospitalito, allí transcurrieron 35 años hasta que en 2009 realizamos nuestra última excursión desde ese lugar; en una alegre caminata al frente de la cual estaba Esther Rodríguez, llegamos a nuestra sede definitiva, un acogedor e idóneo lugar,  porque el confort no es algo que preocupe mucho a un excursionista.
La época de Los Malavares devino en la incorporación de un nutrido grupo de jóvenes habitantes del sector que significó una importante renovación de la generación fundadora que ya se dedicaba a otros quehaceres: Carlos Tovar, Ramón Milano, Carlos Toro, José Noria, Eleazar Marrero, Jesús Torrealba, Edgar Toro, José Luis Salazar, Jesús Blanco; Julio Aragort,  Cheo Aragort.  En esa época también destacan Simón Palacios, Raúl Suárez, Alfredo Rodríguez, Guillermo Olivier, Antonio Ibarra, José Rodríguez, Juan Graterol, Miguel Delli Carpini, Geofrey Cancino, William Rodríguez, J. J. Lugo, Domingo Delli Carpini y Aurelio Utrera; algunos de ellos habían ingresado como cemagitos cuando ocupábamos otros espacios y ya habían crecido lo suficiente para ejercer tareas directivas. Fueron momentos difíciles por cuanto no hubo transición entre los fundadores, el grupo de relevo y esta nueva generación de muchachos, literalmente, porque los mayorcitos éramos Oscar Muñoz y quien suscribe, con apenas 20 años. Se habían perdido todos los contactos con las autoridades de Defensa Civil,  Fundasocial y otros entes públicos y privados con los que se relacionaba el la organización, pero con la oportuna asistencia de Luis Amador García, se pudo reencontrar el camino.

Fue también la época (1978) de la incorporación de la mujer a las actividades cotidianas del CEMAG, venciendo tabúes aún existentes: Zulay Hidalgo, Nujat Blanco, Maribel Calcurian, Ludmila Palacios, Yaneth Blanco, Betty Piñate, María Matos, Josefina Aragort, María Rodríguez, Fátima Da Silva, Belkis Monterola, Isaura Muñoz, Silvia Monterola, Fiorella Machado, Naxsos Ñañez y Evelyn Piñate, pioneras en medio de un escenario diseñado para la población masculina.
También los años en que el Toyota de Antonio Olivier y el Willys de Carlos Bustamante eran los vehículos oficiales de la institución hasta que el Ministerio del Ambiente nos asignó uno.  Período cuando frenamos las pretensiones de establecer una cantera en La Siria y enfrentamos a las areneras. La de formación en paracaidismo, helitácticas, supervivencia en selva, primeros auxilios, entrenamientos para desalojos en casos de emergencia en los colegios Ramón Alfonzo Blanco, Elías Calixto Pompa, Santa María Goretti, Juan José Abreu y Araira.

Los héroes olvidados

El nombre del CEMAG está asociado a las excursiones, el combate de incendio forestales, el rescate de personas y la actuación en desastres naturales (terremotos, inundaciones, aguadas); dentro y fuera del país. Hoy pocos recuerdan la importante labor científica que en sus orígenes fue factor indefectiblemente asociado al grupo, como es el caso de las tres expediciones realizadas en los años 1973, 1974 y 1975 a Santa Elena de Uairén, el tepuy Roraima y el rio Caura, en Guayana. El objeto fue recolectar escorpiones para una investigación que realizada el profesor Manuel Ángel González. A tal efecto, el grupo realizó un exhaustivo curso sobre la materia y salieron armados con un kit de preservación que incluía cajas, frascos, etiquetas, luz fluorescente, pinzas, sueros antivenenosos, formalina, rollos fotográficos, etc. En un par de jeeps con sus respectivos remolques partieron en el primer viaje Rhadamé Livin
 
ally, Edgar García, Leonel Hernández, Maite Bilbao (padre e hijo), Efrén Toro, Rogelio Delgado, Abilio Da Silva y Miguel Santana. Un accidente estuvo a punto de frustrar la expedición: un jeep volcó y salió herido Maite Bilbao padre; hubo que devolverse a Upata, unos 300 km, y dejarlo en el hospital. De allí, una avioneta de Pedro Lovera lo trasladó a Caracas. El grupo regresó a cumplir con sus objetivos y recolectó 108 nuevas especies y géneros de escorpiones. En el año 1974, el mismo grupo, con la excepción de Miguel 
Cruzando el Kuquenan
Santana se llegó hasta la meseta de Roraima, esta vez tenían que traer las especies vivas, por lo que se llevaron una gran cantidad de potes de frescavena, y el mismo kit sin la formalina; regresaron con 130 nuevas especies. Todas debidamente clasificadas por Manuel Ángel González. Para el viaje al Caura en 1975 no estuvo Rhadamé, pero si 
Alfredo Perdomo, quien se incorporó desde San Félix, donde vivía. En este viaje hubo otro accidente, esta vez de tipo doméstico: Henry Bueno sufrió una herida en el pié con un machete y tardó cuatro días en recibir asistencia médica, hasta que finalmente fue
 
trasladado a Puerto Ordaz y de allí al Hospital Universitario. Estuvo a punto de perder el pié; una larga convalecencia de 4 meses le permitió salir caminando del recinto. En reconocimiento al trabajo realizado algunos géneros de esos escorpiones llevan el nombre de los muchachos del CEMAG que participaron en la expedición; a saber:

Broteas libinallyi (Rhadamé Livibally)
Broteas dasilvai (Abilio Da Silva)
Broteochactas bilbaoi (Maite Bilbao)
Broteochactas efreni (Efrén Toro)
Broteochactas leoneli (Leonel Hernández)
Broteochactas garciai (Edgar García)
Broteochactas santanai (Miguel Santana)
Chactas rogelioi (Rogelio Delgado)

Anteriormente géneros como Broteochactas eliassilvai (Elías Silva) y Microtityus biordi (Luis Biord) habían sido incorporados al catálogo del profesor Manuel Ángel González.

Y vino el corre corre
La fortaleza de una institución se cimienta sobre la responsabilidad, la constancia, la credibilidad y el efectivo compromiso social labrado a través del tiempo, y el CEMAG, el arribar a 50 años, es hoy por hoy –junto con el CEA- una de las instituciones más sólidas y de mayor prestigio en la comunidad zamorana. Es una especie de axioma, por tanto no necesita ser demostrado, sin embargo, el pasado 11 de febrero de 2017, la comunidad zamorana puso en evidencia esa fortaleza cuando envolvió al CEMAG en un manto de protección ante el atropello de la alcaldesa del Municipio Zamora quien pretendió desalojar a la Institución de su propia sede, con la arbitrariedad, la arrogancia y el desafuero que otorga el poder político mal ejercido.
Fue el jueves 9 de febrero de 1917, aproximadamente a las 9 de la mañana, cuando un vehículo de la Policía Nacional Bolivariana, con tres funcionarios, bloqueó la entrada del CEMAG. A la una de la tarde llegaron seis vehículos más y dieciocho agentes policiales; esta vez no se quedaron en la entrada sino que irrumpieron en el estacionamiento en absurda demostración de fuerza digna de mejores causas; un allanamiento por todo lo alto.
Oscar Muñoz, visiblemente preocupado, preguntó qué ocurría; un oficial le respondió que esperaban a un representante de la Alcaldía que vendría a conversar con él,  y comenzaron a fotografiar el perímetro. Poco después llegó una persona y se reunió con los efectivos policiales, se identificó como asistente del Síndico Procurador Municipal y señaló que se había firmado un decreto que expropiaba las instalaciones del CEMAG y entregaban las instalaciones a la Policía Nacional Bolivariana. Seguidamente Oscar Muñoz prendió la alarma y declaró al CEMAG en emergencia. A las cinco de la tarde Oscar Kahara  publicó una nota en el Facebook de la institución (Más de 1400 seguidores) denunciando el acoso por parte de la Alcaldía y lanzaba un SOS a la comunidad zamorana. ¡Inundó las redes! La información se propagó de inmediato como uno de esos incendios forestales que suele apagar el CEMAG, sin participación de la Alcaldía, por cierto. Twitter, Facebook, Instagram, Periscope y cuanta red social exista por allí sirvió de vaso comunicante y en cuestión de pocas horas miles de ciudadanos e instituciones de todo el país se solidarizaban con el CEMAG.
Paralelamente Oscar Muñoz se movía en otros escenarios; se comunicaba telefónicamente con viejos amigos, al menos pensaba que lo eran, del CEMAG cercanos a la Alcaldesa para informarles del problema y todos le dieron la espalda. Por suerte, amigos como Miguel Alciro Berroterán y Cruz Ortiz elevaron el problema a otras instancias y conversaron con la diputada Aurora Morales, Presidente de la Asamblea Legislativa del Estado Miranda, una vez le explicaron lo qué representa la institución para la comunidad zamorana, la diputada prometió que investigaría la situación y actuar en consecuencia.
El día viernes, a las 11 de la mañana llega la alcaldesa con actitud petulante, avasallante, soberbia y pendenciera a imponer su decisión. Oscar Muñoz y Yolanda Crespo le expresan que su actitud es un atropello a la institución y que el CEMAG  rechaza su arbitrariedad. Los ánimos se exaltan, la alcaldesa se altera y exige que se entregue las instalaciones a la Policía Nacional. A todas estas, el conflicto ya es vox populi y de las redes sociales pasa a la calle, la gente comienza a llegar a la sede a expresar su solidaridad. Ex miembros de la institución, Grupos Scout, Voluntarios de Defensa Civil, Bomberos, ONG ambientalistas, estudiantes  de Escuelas, Liceos, Institutos Universitarios a quienes el CEMAG ha asesorado en sus tareas y tesis de grado, organizaciones culturales, sociales, deportivas, vecinales y políticas, todos se acercan y manifiestan su perplejidad ante lo que está ocurriendo y ofrecen su apoyo incondicional. Se convoca una Asamblea Popular para el sábado 12, a las 4 de la tarde y se procede a informar a la comunidad a través de las redes sociales. Pese a la premura la asistencia fue masiva y la conclusión unánime: ¡Resistir 
El lunes 13 de febrero el Consejo Directivo de la Red de Patrimonios Culturales del Estado Miranda manifiesta “… su pleno apoyo y solidaridad, en nombre del conglomerado de tradiciones declaradas Patrimonio, que conforman esta Organización”. El martes 14 de febrero el Concejo Municipal publica un acuerdo “… mediante el cual se declara al CEMAG y a las instalaciones donde este centro se encuentra ubicado, como Patrimonio Cultural y Ambiental el Municipio Zamora”.

La politización del problema
La presencia de los concejales y otros dirigentes políticos llevó a algunos funcionarios de la Alcaldía a expresar que el CEMAG había politizado el conflicto cuando era exactamente lo contrario; fue el comportamiento ilegal, abusivo y arbitrario de la alcaldesa lo que obligó al CEMAG a buscar una solución política en el seno de Consejo Legislativo del Estado Miranda;  fue la firme disposición de la diputada Aurora Morales y el concejal Cruz Ortiz lo que puso freno al atropello. No obstante fue una tarea ardua, la ilegal ocupación duro unos siete meses; tiempo durante el cual el CEMAG no abandonó las instalaciones. El conflicto en sí no era con la policía propiamente dicha, sino con la Alcaldía; en este sentido es pertinente destacar que si bien el despliegue policial era intimidante por su dimensión, la actitud de los funcionarios siempre fue respetuosa hacia la institución; No obstante, el 29 de agosto el concejal Cruz Ortiz fue detenido por el cuerpo policial cuando quiso ingresar a las instalaciones del CEMAG.

Apoyo institucional
Además de los cientos de personas que individualmente se acercaron a la sede a expresar su sólido respaldo a la institución y las miles que lo hicieron a través de las redes sociales, el CEMAG recibió el incondicional apoyo de instituciones como el CEA, Ecosendero, las Niñas que Siembran, Parroquia Católica Beato Manuel Domingo y Sol de la Urbanización la Rosa, Biblioteca Don Luis y Misia Virginia, Artegua, la Fundación Ambiental Amigos del Camino, la Red de Patrimonio Cultural del Estado Miranda y la Asociación de Vecinos de La Campiña, entre tantas. Por esta razón no extrañamos la ausencia de los dirigentes de ASOPUEBLO, pero dado el respeto y la consideración que una vez le tuvimos nos hubiese gustado verlos allí, apoyando al CEMAG en su lucha contra el atropello del cual era víctima; pero los tiempos cambian, y algunas organizaciones también.
El CEMAG continuó su lucha en procura de un reconocimiento que pusiese trabas a futuras tentativas de atropello, y en una labor coordinada por Alfredo Rodríguez frente a un equipo conformadopor Oscar Kahara, Oscar Muñoz, José Noria, Rhadamé Livinalli y Zulay Hidalgo, se logró el 16 de noviembre de 2018, en Sesión Extraordinaria realizada en nuestra sede, que el Consejo Legislativo del Estado Miranda declarase al CEMAG Patrimonio del Estado Miranda, bajo la figura de Institución de Buenas Prácticas Sociales y Ambientales.
El trabajo continúa.
22 noviembre de 2018

 
Fotografías cortesía de Rhadamé Livinalli, Efrén Toro, CEMAG