sábado, 29 de julio de 2017



¡Se derrumban las 4 Esquinas!
Joseito Espinoza predijo el terremoto de 1967
Aníbal Palacios B.

Un anuncio promocional por medio de un volante entregado de mano en mano el día 25 de julio de 1967 anunciaba: “¡Se derrumban las cuatro esquinas!, y una campaña publicitaria a través de Radio Industrial en la peculiar y estridente voz de Luis Reyes, sirvieron de marco para que la tienda Las Cuatro Esquinas anunciara a la comunidad de Guatire, Guarenas y Araira un remate de mercancías que comenzaría casualmente el sábado 29 de julio, que resultó premonitorio porque justamente ese día, literalmente, ¡se derrumbaron las cuatro esquinas! y no precisamente en precios como pretendía Joseito Espinoza, dueño del establecimiento. 

Si usted pregunta en Guatire y Araira quién es José Espinoza, nadie le respondería con exactitud. “¿Es de por aquí?” preguntarán quienes tengan la voluntad de orientarlo. En cambio, si pregunta por Joseito, a secas, o Joseíto Espinoza, si desea ofrecer más datos, entonces sobrarán detalles. No era hijo de ningún José como pudiera pensarse, sino de Vicente Espinoza porque José era su tío. Joseito era el propietario de la tienda Las Cuatro Esquinas, ubicada en un emblemático sector de Guatire que aún conserva el nombre y la referencia geográfica. Ocupaba la esquina noroeste del conocido lugar y competía con Tienda las 3 B (Bueno, bonito y barato), Casa Cultura (luego Casa Grippa) y Bordados Aurora, separados entre sí por menos de cien metros. Había que ofrecer buenos precios para atraer a la clientela y agosto era un buen momento porque durante el período de vacaciones escolares disminuían las ventas. Joseito pautó una campaña publicitaria por Radio Industrial e imprimió un millar de volantes en el que resaltaba la atractiva frase AtenciónSe derrumban las cuatro esquinas- Atención. En negritas la primera y última palabra y con una altura de dos centímetros el anunció central. La promoción estaba pautada para comenzar precisamente el sábado 29 de julio y culminar el viernes 18 de agosto, pero Joseíto apenas pudo mantener la oferta un solo día.
Para 1967 la calle Bermúdez era casi netamente comercial, mientras que en la Miranda predominaban las residencias. Los establecimientos comerciales prolongaban sus servicios hasta las nueve de la noche, cuando terminaba la primera función del Cine Bolívar, de Cipriano Rodríguez.

 Antecedentes
En enero de 1967 la revista Élite publicó un artículo del periodista Luis Duque titulado “¿Un terremoto destruirá a Caracas?”, basado en las profecías de Marina Marotti y unas consideraciones de Alexander Von Humboldt anunciadas en el año 1800. La portada de la revista Élite mostraba una imagen de las torres del Centro Simón Bolívar de El Silencio resquebrajadas y derrumbándose. Caracas celebraba el cuatricentenario de su fundación y quienes creen en cábalas anunciaban que la naturaleza, al no ser invitada a los actos, preparaba para ese día, 25 de julio, una desagradable sorpresa. Una sensación de alivio recorrió el cuerpo de no pocos ciudadanos al ver que todo era falso, pero permanecía la sensación de que algo ocurriría en cualquier momento y particularmente en Guatire las abuelas narraban la tragedia del terremoto del 29 de octubre de 1900; es decir había la creencia generalizada de que un terremoto azotaría nuevamente al país.

Dicho y hecho
Tienda Las 4 Esquinas
A las 8 de la noche en la tienda Las 4 esquinas aún quedaban varios clientes que aprovechaban el primer día de ofertas. Mientras Joseito Espinoza se encargaba de la Caja, sus empleados Héctor Ruiz y Josefina González se movían de un lado a otro atendiendo a los compradores. Josefina en particular dedicaba su atención a una dama que pretendía comprar un par de zapatos. Todos sabemos lo quisquillosas que son las mujeres a la hora de comprar zapatos, por lo tanto a las 8:05 había unos seis o siete pares en el piso y al final la dama en referencia se fue sin comprar ninguno, tal vez en contra de su voluntad. Justo a esa hora un terremoto de 6.5 grados en la escala de Ritcher sacudió toda la costa venezolana y causó estragos en Caracas y La Guaira, mientras que en Guatire las viejas construcciones de las calles Bolívar y Miranda fueron las más afectadas, especialmente las 4 Esquinas. Al grito de “salgan que está temblando” Joseito alertó a clientes y empleados, quienes emprendieron la huida sin percatarse plenamente de lo que ocurría. La tienda tenía tres amplios portones; dos hacia la calle Miranda y el otro por la Bermúdez, por allí salieron todos despavoridos; los clientes, al estar más cerca de las puertas, ganaron la calles sin percance. Hugo Ruiz tuvo lesiones leves, Joseito saltó sobre el mostrador y en segundos estaba  en medio de la calle, pero Josefina González no tuvo la misma suerte. Intentó salir por la puerta que daba a la calle Bermúdez justo cuando se desprendió una cornisa sobre su cuerpo que le ocasionó fractura de cráneo, de pelvis, cara, tres vértebras y escoriaciones en todo el cuerpo; con todo eso, tuvo la suerte de no ser atropellada por un carro que frenó a centímetros de ella cuando quedó tendida en la calle. La llevaron al Centro de Salud Dr. Eugenio P. D’Bellard (Hospitalito), desde donde la trasladaron al Hospital Pérez de León y de allí a la Clínica Ávila. Realmente fue un milagro que Josefina sobreviviera al terremoto, y luego de tres meses de convalecencia regresó al trabajo. Cincuenta años después la encontramos tras el mostrador de su tienda Boutique Jade, en el Centro Comercial Castillejo. Josefina recuerda con exactitud todo lo ocurrido hasta el momento en que tirada en medio de la calle, impotente y con un montón de escombros sobre su cuerpo vio un carro que casi la arrolla; perdió el conocimiento y cuando despertó estaba en una sala hospitalaria, ¡se había salvado milagrosamente!
También a las 8 de la noche, Aurora Llaca, copropietaria de Bordados Aurora, salía de su casa, sede también de su tienda ubicada en la calle 9 de diciembre, frente a la Ferretería El Chamaco (hoy Edificio Pompa). Iba al supermercado a realizar unas compras para la cena familiar y al salir se encontró con una dama, cliente por lo demás, quien se dirigía a la parada de autobuses, rumbo a Guarenas. Ya en la calle Bermúdez, a unos 30 metros de las 4 Esquinas, Enriqueta Villani detuvo a Aurora para pagarle una mercancía que horas antes había adquirido en la tienda, pero la dama acompañante le dice “yo sigo, estoy apurada” y continuó su marcha. Justo al llegar a la tienda de Joseito Espinoza, se produjo el terremoto y el consecuente desprendimiento de la cornisa que la mató e hirió a Josefina González. Pasado el susto Enriqueta y Aurora corrieron a socorrer a la dama referida, pero nada pudieron hacer. ¿Casualidad? ¿Destino? La repentina  aparición de Enriqueta salvó una vida y pudo salvar dos, de no ser por la prisa de la desconocida mujer en tomar un autobús que la trasladaría a Guarenas. Hubo otra persona herida, según se supo luego: la Niña Reverón. El sismo duró alrededor de 35 segundos; luego se produjo un torrencial aguacero.
Ya cerca de las 9 de la noche volvió la calma, Joseito cerró los portones de la tienda y trató de comunicarse con Camila, su esposa, que en ese momento debía estar en Araira, ya que era madrina de boda de Alejandrina Toro, pero esa es otra historia.

Noche de bodas
En el año 1961 se debatía en Guatire la conveniencia de construir un nuevo templo o remodelar el existente, cuya última modificación databa de 1885 y había sido duramente dañado por el terremoto de 1900. Ese era precisamente el argumento de quienes, encabezados por el padre Mariano Marianchic, solicitaban una nueva edificación porque la existente se había reconstruido sobre las viejas y maltrechas ruinas dejadas por el terremoto. No hubo acuerdo entre los parroquianos, por lo que el presidente Rómulo Betancourt convocó a  una veintena de paisanos a una reunión para dilucidar el asunto, el lugar fue la quinta Los Núñez, ubicada en Altamira, residencia presidencial para aquel entonces. Un concluyente y documentado informe del Ministerio de Obras Públicas  determinó que la vieja estructura no aguantaría un terremoto, por lo que la balanza se inclinó por la construcción de un nuevo templo, que finalmente se inauguró en 1965.
Para la noche del 29 de julio de 1967 el padre Mariano tenía una agenda saturada. Esa noche estaban programadas tres bodas y la feligresía llenaba el templo como si de una misa de Semana Santa se tratara. Novios, familiares, curiosos, chismosos y los habituales de siempre que tenían por costumbre presenciar cuanto matrimonio se realizara en la parroquia, ocuparon todos los espacios disponibles. María Josefina Gutiérrez y Luis Felipe Ruiz, Rosaura Silva y Rafael Eduardo Fuco  Acevedo, Sonia Yolanda Utrera y Juan de Jesús El Negro D’León, se disponían a contraer nupcias esa noche en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, mientras que en Araira lo harían Alejandrina Toro y Jesús Álvarez. En el templo guatireño se pautó el comienzo de la ceremonia a las 7 de la noche, por la cantidad de contrayentes; mientras que en la iglesia Nuestra Señora del Carmen los invitados fueron convocados para las 8 de la noche. En Guatire se cumplió el programa sin novedad; pocos minutos antes de las ocho, ya todo el ritual matrimonial había concluido y los contrayentes se habían marchado a las celebraciones correspondientes. A las 8:05 de la noche permanecían en la iglesia el padre Mariano, los monaguillos y alguno que otro curioso, por lo que al producirse el terremoto todos pudieron salir sin mayores dificultades. La iglesia ofrecía seguridad física y, por supuesto, también espiritual pero (por si acaso) era mejor estar en la calle. Para el momento del terremoto las tres parejas de recién casados se disponían a celebrar el acto entre familiares, amigos y alguno que otro coleado, que nunca faltan.

María Josefina Gutiérrez y Luis Felipe Ruiz
La novia tenía 18 años y acababa de graduarse de maestra en el Colegio Santa María Goretti. Había sido asignada al Colegio Eugenio P. D´Bellard cuya sede era la vieja casona de La Carbonera, cuya estructura quedó muy destrozada por el sismo. El novio era Supervisor en Hilana, la hilandería sita en Guarenas. La recepción fue en casa de la familia de la novia, ubicada en la calle Páez. Fueron los primeros contrayentes de la noche, por lo que la ceremonia del vals, el brindis y las fotografías de rigor ya había concluido. Mientras que María Josefina atendía a los invitados Luis Felipe bailaba con su hermana Angélica. “Nos fuimos de un lado para otro y comenzó a caernos tierra del techo”, cuenta Luis Felipe. Se trataba de una vieja construcción con techo de teja y caña amarga. “Solté a mi hermana, busqué a María Josefina y corrimos a la calle”, continuó el novio. Como debe ser, acotamos nosotros.
Todos los invitados salieron a la calle ya atestada de vecinos asustados; pocos tenían la claridad mental suficiente para saber qué hacer; pero en medio del barullo, hubo una persona que si mantuvo la calma, la estoicidad y la imperturbable serenidad de quien nada teme. Ysaura Posteraro Gutiérrez, sobrina de la novia, fue la única persona que se quedó en casa y, créalo o no, sin miedo alguno, a lo sumo quizás desconcertada. Afuera alguien gritó “¿y la niña? y como si de una escena de Mi pobre Angelito se tratara, la madre, el abuelo  y unos tíos corrieron a buscar a Ysaura que, con apenas 10 meses de nacida, sonreía ante la avalancha de caricias, besos y abrazos que nunca antes había recibido en tan poco tiempo.
El palo de agua obligó a todos a refugiarse nuevamente en la casa que por lo demás era una regadera por la gotereas del fracturado techo. Domingo Gutiérrez, padre de la novia, decidió que la fiesta continuaría en El Ingenio, en una casa que tenía asignada por su rol de administrador de la Vaquera de Chuchú García. La mayoría de los invitados no asistió porque se fueron a sus respectivos hogares para ver qué había ocurrido; sólo los familiares de la pareja aceptaron la invitación, así que se fueron con su música, comida y bebida a otra parte. La casa quedó sola, situación que aprovechó un ladronzuelo para robarse algunos regalos. La pareja había alquilado un apartamento en el local donde funcionaba el cine Bolívar, y allí se trasladaron a los cuatro días, una vez superado el miedo a una nueva experiencia.

Rosaura Silva y Rafael Eduardo Fuco Acevedo
Fue la segunda boda de la noche. La pareja de 22 años celebraba en el barrio 23 de Enero, en una casa ubicada justo enfrente del colegio Dr. Ramón Alfonso Blanco. Estaban todos en el patio de la casa dispuestos a brindar por la felicidad de la pareja, cuando sintieron una especie de ola que provocó que un tanque de agua se volcara sobre las mesas. No se habían repuesto del asombro cuando un fuerte ruido y un temblor violento asustó a los invitados quienes entre gritos y llantos salieron a la calle, aunque la lluvia les obligó a refugiarse nuevamente en la casa, cuya estructura de bloque resistió la sacudida. Alguien de la familia se acordó de las botellas de whisky abiertas que habían caído al suelo y corrió a recogerlas para no perderlo todo. Al escampar, se unieron a la poblada en la calle. Césareo Calveiro y su esposa Maruja, dueños de un abasto cercano sacaron dos cajas de velas que obsequiaron a los vecinos puesto que se había cortado el suministro eléctrico. Poco a poco la gente se retiró a sus casas para evaluar daños, mientras los recién casados, una vez restituida la electricidad, decidieron continuar la rumba con los pocos valientes que decidieron desafiar sus propios temores. Pero su número era tan reducido que no pudieron con tanta bebida y comida, por lo cual quienes al día siguiente se acercaron al lugar pudieron disfrutar de algunas delicias sin la zozobra de lo recién vivido.

Sonia Yolanda Utrera y Juan de Jesús El Negro D’León
Fue la última boda de la noche; la pareja y sus invitados se dirigieron a la calle El Rosario donde a mitad de la misma, poco antes de llegar a la calle Zamora, Santiago Mendoza les había prestado su vivienda para la recepción. Comenzaron a bailar el Danubio azul cuando de repente la aguja del tocadiscos de deslizó por toda la superficie del long play en señal de que algo andaba mal. Un invitado gritó “¡Un terremoto!” y todos corrieron a la calle. En este punto de la narración no pudimos determinar la correcta secuencia de los hechos porque tras cincuenta años de su ocurrencia la memoria suele ser tramposa. Lo cierto es que, a pesar de estar bailando juntos, Sonia dice que El Negro corrió primero hacia la salida y ella lo siguió, pero él insiste en que fue al revés, que ella salió despavorida hacia la calle y ante el temor de que un carro la atropellara, corrió tras ella para detenerla. Para sustentar su argumento acota que se resbaló con el arroz que se había regado en el piso y al caerse una cabila del jardín rasgó su pantalón desde el tobillo hasta la cintura. Ignoro que tiene que ver una cosa con la otra pero la desavenencia continuó y debo admitir que la disfruté e incluso le agregué mi granito de arroz: “¿Alguien más se resbaló”? –pregunté-. A fin de cuentas no es la primera vez que la pareja discrepa, ni será la última. Los invitados lógicamente se fueron a sus hogares y los familiares regresaron a la casa cuya estructura no sufrió daños, vasos, platos, botellas, todo cayó al piso, excepto la torta que en el centro de la mesa se inclinó como una torre de Pisa, pero resistió el embate. A nadie se le ocurrió revisar la habitación donde estaban los regalos; bueno, en realidad alguien lo hizo y se los llevó casi todos. Pensaban visitar la isla de Margarita en viaje de luna de miel, pero toda la región costera del país era un desastre. La pareja había fijado su residencia en Calvarito y hacia allá se dirigieron con la angustia de no saber en qué condiciones estaba la vivienda, pero cuando El Negro abrió la puerta y observó que todo estaba intacto, pudo respirar con mayor tranquilidad.

Alejandrina Toro y Jesús Álvarez
El Notario puede decir lo que le dé la gana, pero Camila Espinoza, Camila León y Camila León de Espinoza son una misma persona. Camila Espinoza, esposa de Joseito Espinoza, era la madrina de boda de Alejandrina Toro y Jesús Álvarez y a las 8 de la noche debía estar ante el altar de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, pero a esa hora apenas salía de Guatire en un vehículo conducido por su hermano Rubén León. Fue un hecho providencial, su puntualidad tal vez hubiese producido una tragedia como consecuencia del terremoto porque el templo estaba lleno de feligreses  y estos podían reaccionar con pánico.
Por su parte, Alejandrina había decidido no ir a la iglesia hasta que no llegara la madrina. Ya lucía su ajuar completo: vestido, zapatos, tocado, liga, ropa interior, accesorios, algo nuevo, algo prestado, algo azul; sólo faltaba el buquet porque lo traería Camila. En la habitación le dio un último toque al maquillaje cuando de repente sintió una fuerte sacudida, un ensordecedor ruido y un fuerte movimiento de tierra que obligó a todos, novia, pajes y damas de honor a correr a la calle. En casa sólo se quedó José Vicente Espinoza, entonces de 4 años, hijo de Camila y Joseito, que se aferró al copete de una cama. Pasado el susto alguien preguntó “¿y el carajito?”, y Vicente, quien supuso que se referían a él, respondió “¡Aquí estoy!” Nadie se percató de que lo habían dejado solo. Casi de inmediato se presentó el párroco en casa de la novia y le preguntó ¿Te quieres casar aquí?, pero Alejandrina había decidido casarse en la iglesia y nada ni nadie podía impedírselo, ni siquiera un simple terremoto. Por lo demás, la estructura del templo no sufrió daños severos. A las 8:10 llegó Camila y el séquito se dirigió a la iglesia; como no había electricidad los carros tuvieron que enfocar sus faros hacia la nave del recinto y el párroco pudo finalmente bendecir el matrimonio de Alejandrina Toro y Jesús Álvarez. Con el festejo no hubo problemas, una vez restituido el servicio eléctrico no había razones para suspenderlo, no hubo desgracias en Araira y poco o nada se sabía del resto del país. Fue la única de las cuatro bodas en el municipio cuya fiesta se celebró íntegramente.

Calle Bolívar

Así transcurrió la noche del 29 de julio de 1967 en Guatire y Araira, visto en el tiempo hay escenas que parecen graciosas, pero les aseguró que nadie llegó a reírse. 


Calle Miranda (Hoy Banco Mercantil)

Por lo demás, sin pretender alarmar a nadie, les informo que los sismólogos calculan que el ciclo sísmico en Venezuela es de 50 años, así que no está demás que usted asista a las  

charlas que ofrece el CEMAG sobre acciones y previsiones sísmicas, solo por si acaso.


Aníbal Palacios B.
                                                                                                                       04242193635     








domingo, 2 de julio de 2017


La Parranda de San Pedro:
¿De Guatire o de Guarenas?

Aníbal Palacios B.
 
A estas alturas, cuando por más de doscientos años ya hemos recorrido un largo trecho, algunos cultores guareneros se mantienen sumergidos en un marasmo existencial para tratar de convencerse a sí mismos sobre la insostenible hipótesis de pretender que la Parranda de San Pedro es originaria de Guarenas. Algo que no preocupa en absoluto a sus semejantes guatireños que lo consideran una disputa irrelevante, estéril, vana, intrascendente y extemporánea, entre otras razones porque nadie puede demostrar nada que supere las especulaciones sinsentido.

La actitud de estos parranderos deviene en la de un padre irresponsable de dudosos sentimientos de culpa y arrepentimiento, que nunca atendió a sus hijos, jamás les dio afecto, ni cuidó de su alimentación, salud y educación, pero cuando el joven adquiere un título académico (Summa Cum Laude, por lo demás), intentan figurar en la fotografía de rigor ocupando un inmerecido primer plano, para luego, pasada la euforia del momento, volver a desaparecer de la vida del hijo  abandonado. Esa no es la actitud. Desde hace muchos años, los parranderos guatireños escogieron el camino de la atención, difusión, consolidación y proyección de la leyenda, primero en la propia aldea y luego allende nuestros límites geográficos; los resultados están a la vista. En un artículo publicado en www.guatire.com, la excelsa pluma de Marlon Zambrano zanja la discusión en los siguientes términos: “El San Pedro es aquello que nos contaron y en lo que depositamos fe ciega. Nadie sabe cómo, cuándo y dónde nació pero todos, a través de la tradición oral, afirman que fue entre Guarenas y Guatire, cabalgando los siglos XVIII y XIX en respuesta de los esclavos a la liturgia sincrética que diluía la devoción chamánica con la ceremonia eclesiástica”.

La hacienda San Pedro
Un argumento repetitivo es que la existencia de una hacienda San Pedro en Guarenas demuestra por sí sola que la parranda nació allí. Esto pudiera envalentonar a los habitantes de una populosa y ferviente Parroquia caraqueña para argüir que la Parranda de San Juan se originó en esos lares por las mismas razones, y que los curieperos se la apropiaron impunemente, y en consecuencia emprendan una orquestada campaña publicitaria y legal para recuperarla. La Patrona de Guarenas es la Virgen de Copacabana, como la Santa Cruz lo es de Guatire, pero era una costumbre colonial (aún vigente) que los dueños de hacienda tuviesen un santo patrón particular de acuerdo con la devoción de cada quien, e incluso cada familia también podía ser devoto de algún santo, indistintamente del patrono del pueblo o de la hacienda, tan sólo tenía que registrarla en el Libro de Matriculas correspondiente, aunque no fuese un requisito obligatorio. En Guatire, por ejemplo San Pedro era Patrono de casa y hacienda  de Doña Isabel Gil Arratia, y Patrón de Casa de Gregorio Joseph de la Pompa, como lo han documentado en diferentes investigaciones el historiador René García Jaspe y la antropóloga Hortesia Caballero. Por lo demás, es pertinente acotar que parte de la hacienda San Pedro abarca predios del Municipio Zamora.
Ahora lo que nos falta es que venga Juan Luis Guerra a decirnos que la Parranda nació en San Pedro de Macorís basado en la creencia y premisa publicitaria  “¡Dominicana: Donde todo comenzó!”
Otro argumento esgrimido es el hallazgo de una supuesta partida de nacimiento de una niña llamada Rosa Ignacia. Ignoran los ponentes que para la fecha en que se supone nació la infanta, no se emitían “partidas de nacimiento”; más allá del hecho de ser María, Rosa e Ignacia nombres comunes en la comunidad colonial. Si María Ignacia hubiese bautizado a su hija con el nombre de Garbiñe Ignacia, tal vez podrían especular un poco más, pero que sepamos por estos lugares, Garbiñe hay una sola, por cierto guatireña.


¿Un venezolano ganó el Premio Nobel de Medicina?
Quizá lo correcto es decir que un científico norteamericano nacido en Venezuela ganó en 1980, conjuntamente con dos colegas, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, pero tiene mayor efecto periodístico decir que se trata de un médico venezolano. Sólo que él nunca se consideró tal. Baruj Benacerraf vivió sus primeros cinco años en Venezuela y se mudó a Francia con su familia en 1925, donde completó su educación secundaria, y en 1940 viajó a Nueva York  a estudiar en la Universidad de Columbia. El científico narra su vivencia en los siguientes términos: Tengo un fuerte sentimiento de identidad con mi patrimonio cultural, que puede haber moldeado gran parte de mi personalidad. Soy de ascendencia española, judía y sefardí. Mi padre nació en Marruecos, cuando era una colonia española. Mi madre nació en Argelia, recibió una educación francesa estándar y tenía el equivalente de un diploma de secundaria, que difieren, en este sentido, de mi padre, que era en gran parte autodidacta y tenía apenas suficiente educación para aprender a leer y escribir español”. (Benacerraf, Baruj: From Caracas to Stockholm: A Life in Medical Science. Prometheus Books; First Edition, August 1, 1998). Es decir, no se sentía venezolano, y con mucha razón.
Nacer en una ciudad específica es un evento circunstancial; no somos de donde nacemos sino de donde nos formamos. La Constitución Nacional obvia el lugar de nacimiento para considerar venezolano a un ciudadano, siempre que cumpla algunos parámetros y declare su voluntad de serlo. Por lo demás, los hijos de inmigrantes que llegan al país desde muy niños se sienten venezolanos. Incluso Elio Bolívar (ex Cronista Oficial de la Ciudad) en una oportunidad manifestó su preocupación porque los guareneros nacían en Guatire, ante la insuficiencia de centros asistenciales en Guarenas, pero no por ello dejaban de ser guareneros, acotamos nosotros. Así que discutir la nacionalidad del científico y la regionalidad ciudadana por el mero afán de darnos golpes de pecho nos parece un acto banal.


Parranda popular vs. Parranda familiar
En Guatire, el San Pedro siempre ha sido una Parranda comunitaria, colectiva, de arraigo popular. Nació en los tablones de caña y aún conserva ese tenor pueblerino de antaño que reivindica sus orígenes. La Parranda de Guarenas tiene un carácter familiar, exclusivo, y esto lo  decimos sin el ánimo cuestionador que siempre han utilizado muchos guareneros para ocultar su indiferencia e indolencia hacia la parranda. “Los Núñez creen que esa parranda es de ellos” argumentan para justificar su apatía y hasta su irresponsabilidad. Nosotros, por el contrario, siempre hemos considerado que, en todo caso, gracias a que los Núñez siempre creyeron que era de ellos, Guarenas tiene Parranda, porque nadie más se ocupo de ella. No obstante, es hora de abrir el compás y fomentar que comunidades como Los Naranjos, Las Clavellinas o Menca, tenga su propia parranda. Por nuestra parte, siempre hemos señalado que a pesar de lo masivo de nuestra tradición, cada comunidad que tenga una iglesia o una capilla (como Araira, Las Rosas, Las Casitas y Las Barrancas) debe salir a parrandear cada 29 de junio, dentro del marco de la tradición. Las Parrandas del 23 de Enero, del CEA y la Fundación, deben ser las abanderadas en esta tarea y marcar las pautas en ese sentido.

San Pedro de Guatire
Desde hace muchísimos años guatireños y araireños han realizado una constante, silenciosa, incansable y metódica labor para salvaguardar y difundir nuestras costumbres, de allí que cuando en 1948, con motivo de la toma de posesión de Rómulo Gallegos, Juan Liscano presentó a Venezuela y al mundo la diversidad y riqueza de las manifestaciones culturales del país en un festival llamado La Fiesta de la Tradición, estuviera presente la Parranda de San Pedro… de Guatire. Antes de ese momento, febrero de 1948,  las manifestaciones culturales de cada pueblo eran desconocidas más allá de sus respectivos linderos. Cuando en 1976 Armando Urbina organizó en Los Teques un festival teatral con las diferentes leyendas y tradiciones mirandinas, también estuvo presente la Parranda de San Pedro de Guatire ¡y Armando era guarenero! El 25 de junio de 2009, veintidós años antes de que la Parranda de San Pedro fuese declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, Arnaldo Arocha, gobernador de Miranda, decretó al San Pedro de Guatire Patrimonio Histórico y Cultural del Estado Miranda. En el año 2009, cuatro años antes de la declaratoria de la UNESCO, la Alcaldía de Zamora decretó el 29 de junio como día de asueto; es decir, antes del meritorio y enaltecedor reconocimiento universal, el San Pedro de Guatire ha recibido el reconocimiento de instituciones oficiales que más allá de acciones protocolares constituyen un apoyo significativo al esfuerzo constante que por más de dos siglos ha sostenido la tradición en este pueblo. De hecho, la declaratoria de la UNESCO de diciembre de 2013 no fue un acto casual, fue producto del esfuerzo realizado por guatireños, concretamente del Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), quienes se dedicaron a dar forma al riguroso expediente requerido por el Organismo Internacional para recibir la postulación; para ello contó con el decidido apoyo del Centro de la Diversidad Cultural. Por lo demás, en junio de 2014, el Cuerpo Diplomático acreditado en el país acordó rendir honores a la Parranda de San Pedro luego de ser declarada por la UNESCO Patrimonio Universal Inmaterial de la Humanidad, y se llegó hasta la humilde iglesia de la Santa Cruz de Pacairigua en Guatire. Por otra parte, artistas como Elizabeth Rodríguez, Pasacalle, Edgar Alexander, Henry Gil e Ilan Chester han grabado distintas versiones del San Pedro con el ritmo y la melodía de la Parranda guatireña, que se distingue por su lenta y acompasada cadencia. Todos estos reconocimientos hablan por sí solos del arraigo y la trascendencia de la Parranda de San Pedro de Guatire, y no son obra de la casualidad, sino frutos de la entereza, perseverancia y disciplina del parrandero guatireño, en una ardua y añeja tarea.
La Parranda de San Pedro de Guatire es un frondoso árbol constante y celosamente cuidado por voluntariosos jardineros que abonan su tierra, desbrozan  su entorno y podan sus ramajes díscolos, de allí su transcendencia.


 

domingo, 25 de junio de 2017

GUATIRE Y LA BATALLA DE CARABOBO:
una historia incompleta

Aníbal Palacios B.

El acontecimiento venezolano más relatado por historiadores, cronistas, ensayistas, e improvisados y patrioteros cuenteros de oficio y de afición, es a su vez, dada su trascendencia, el menos transparente de cuantos ocurrieron durante la guerra de independencia, en términos historiográficos.

De entrada, el título Batalla de Carabobo genera confusión, y en historia las indefiniciones siempre ocasionan polémicas, y las dudas, a su vez, restan credibilidad a los hechos. Si a un absorto estudiante le preguntan cuándo ocurrió la Batalla de Carabobo y responde que el 28 de mayo de 1814, seguramente todos, docente incluido, se burlarían de él. Y resulta que efectivamente en esa fecha hubo una Batalla de Carabobo, muy importante, por lo demás. Entonces, ¿a cuál batalla nos referimos? Por antonomasia, se conoce como Batalla de Carabobo a un evento acaecido el 24 de junio de 1821, en Valencia, pero ocurre que la retórica lingüista es contraproducente en la narración de sucesos reales porque, entre otras razones, atenta contra un concepto básico en la investigación y posterior relato, denominado “rigor histórico”.


Historia para eruditos


Imagen: Dolis Quintana
Lo primero que se observa al leer las crónicas sobre la Batalla de Carabobo de 1821 es su narración en términos militares. Desde la escuela primaria nos enseñan que intervinieron compañías, tropas, batallones, divisiones, regimientos, escuadrones, pelotones, etc., indistintamente. Nadie se toma la molestia de explicarnos qué es y cómo está compuesto u
n batallón, un escuadrón o un pelotón, todo en grado superlativo, como corresponde al mundo militar. De las divisiones ni hablar, que ya bastante molestia nos generaba tratar de entender a la maestra cuando se esforzaba en explicarla, luego del sufrimiento (estrés le llaman ahora) que nos causó comprender la multiplicación. Tal vez de esa circunstancia se valen los militares para hacerse los locos y no dar detalles sobre su estructura organizativa.

Todo esto trae como consecuencia que casi doscientos años después se desconozca con propiedad cuántos soldados intervinieron en la contienda. Cada bando, patriotas y realistas, ofreció cifras dentro de un contexto estratégico válido para impresionar al enemigo pero carente de utilidad para fines de objetividad histórica. Desde 10 mil para unos y 6 mil para otros, siempre con ventaja numérica para los patriotas, hasta cifras más parejas y menos cuantiosas. Cada quien expone sus números, siempre inmensos y sin más explicaciones ni consideraciones de interés como por ejemplo lo concerniente a la dotación, alimentación y transporte de las tropas. Pareciera que cada soldado dispuso de una cajita feliz con su taparita de agua correspondiente; para no hablar de otros temas relacionados con la especie humana y sus necesidades fisiológicas.

Carlos Marx: Por unos dólares más
Para corroborar el viejo refrán que establece que muchas manos en el guiso ponen el caldo morado, hasta el mismísimo Carlos Marx, aquel que una vez (bajo la atractiva seducción de unos dólares norteamericanos) calificó a Bolívar de “canalla, cobarde, brutal y miserable”, y lo comparó con un “analfabeto,  sanguinario y corrupto” autonombrado emperador haitiano de mediados del siglo XIX, para consternación de los marxistas bolivarianos criollos, pues bien el revolucionario de marras no quiso quedarse al margen de lo acaecido por estos lares y ofreció sus cifras: 4 mil realistas contra 9 mil patriotas. Conclusión: Es falso el número de combatientes que, según nos enseñan, intervino en la batalla de Carabobo de 1821.

Carabobo 1821, ¿el comienzo del fin?

 Debemos precisar que lo que hoy denominamos Venezuela, en términos jurídicos, políticos, territoriales, económicos y sociales existe desde 1930 y, ¿casualidad?, comienza precisamente en Valencia, muy cerca del Campo de Carabobo, a partir el denominado Congreso Constituyente de Valencia. En la Batalla de Carabobo de 1821 el ejército patriota logró una importante y significativa victoria que inclinó favorablemente la balanza para que dos años más tarde, con la Batalla Naval  del Lago de Maracaibo, se lograse el triunfo definitivo sobre las tropas realistas. Podemos convenir que con el triunfo logrado el 24 de junio de 1821 en Carabobo, el Departamento de Venezuela, que eso éramos en aquel entonces, aseguraba su independencia del reino español, pero la guerra no terminó allí, como se nos hace entender. Hubo que esperar dos años para lograr el objetivo de manera categórica e incuestionable, porque los reductos realistas en  Cumaná, Puerto Cabello, Coro y Maracaibo generaban esperanzas en el ejército realista y si no inquietud, por  lo menos preocupación entre los patriotas. Los combates, enfrentamientos y escaramuzas continuaron hasta el 24 de julio de 1823 cuando en la citada Batalla Naval, las tropas que luchaban a favor de los españoles rindieron su definitivo y último esfuerzo.

¿Por qué se nos enseña que la independencia se logra con la Batalla de Carabobo de 1821 y no con la de Maracaibo de 1823? La batalla de 1821 fue el inicio de la liberación del Departamento de Venezuela o de la Capitanía General de Venezuela, que ambos nombres tenía según quien la aludiera.  Si a ver vamos, el Mariscal Francisco Tomás Morales, con la potestad que le confería su cargo de Capitán General de Venezuela, firmó el 3 de agosto de 1823 la capitulación que oficialmente puso fin a las hostilidades y de paso lo convirtió en la última autoridad del gobierno español en Venezuela, con las repercusiones políticas que el hecho implicó, dentro y fuera de nuestro territorio.

 Antecedentes de la Batalla de Carabobo de 1821
Para no ir muy lejos, ubiquemos los antecedentes inmediatos de la referida batalla a partir del Tratado de Armisticio y el de Regularización de Guerra, dos acuerdos firmados entre la Gran Colombia (que no Venezuela) y el Reino de España representados por Bolívar y Morillo, respectivamente, en noviembre de 1920. Entre otras significativas consideraciones se estableció un cese de hostilidades y una tregua de seis meses que fue política y militarmente mejor aprovechada por los criollos, porque el enemigo esperaba directrices de la lejana y convulsa España que sufría su propia crisis institucional, lo cual sin lugar a dudas incidió en las luchas libertarias de estos lares. El acuerdo concluyó antes de lo previsto. Maracaibo, que nunca se sintió parte del movimiento independentista, decidió unirse a la Gran Colombia en enero de 1821. Eso quiere decir que la guerra la reiniciaron los maracuchos con esa acción política y la culminaron ellos mismos con la acción militar sobre el lago, dos años más tarde.

 Guatire en la Batalla de Carabobo:
El Rodeo en el marco de la estrategia militar
Rota la tregua ambos contendientes sabían que Carabobo era el lugar que orientaría el rumbo por el que transitaría Venezuela. Por una parte, estaba muy cerca del poder político, Caracas y por otra, su condición de  encrucijada para acceder a cualquier lugar del país, lo convertían en lugar de importancia estratégica inequívoca y determinante. Así, sólo había que defenderla, los realistas, y atacarla, los patriotas. Pero estos optaron por una estrategia de distracción que haría creer a los comandantes españoles que el objetivo era Caracas, y para ellos dispusieron de uno de sus oficiales más destacados, y por ende con el suficiente prestigio para dar veracidad a las acciones militares que comandaba. José Francisco Bermúdez, inició un avance desde Oriente y enfrentó en Guatire, en El Rodeo para ser más precisos, el 12 de mayo de 1821, al ejército realista, al cual derrotó y persiguió por lo valles del Tuy y acosó hasta Caracas. El objetivo de Bermúdez no era tomar la ciudad, aunque no lo descartase, sino atraer fuerzas enemigas hacia él, y fue tan eficiente, que el Mariscal Miguel de la Torre, Comandante general de las tropas enemigas.se vio en  la necesidad de enviar tropas para retomar Caracas, y debilitó así las fuerzas con las cuales defendería a Valencia. La historiografía tradicional otorga poca relevancia a la Batalla de El Rodeo, pero sus protagonistas; es decir, el ejército patriota si valoró en su justa medida ese acontecimiento.

 Guatire en el Correo del Orinoco
La primera edición extraordinaria del Correo del Orinoco (hubo dos más) publicada el 31 de mayo de 1821 fue dedicada a informar a Venezuela y al mundo sobre el éxito de lo que se conoció luego como la Batalla de El Rodeo, lo cual indica la importancia de la misma y que no fue un hecho casual, por lo que era necesario informar al ejército patriota que los planes se cumplían tal como se habían previsto, y que el general José Francisco Bermúdez había logrado atraer satisfactoriamente al ejercito adversario con sede en Caracas, para hacerle creer que la ofensiva final que se avecinaba tenía como objetivo esa ciudad . 

La citada edición publica un oficio del general Bermúdez fechado en Caracas el 14/05/1821 en el cual notifica la “…evacuación de esta plaza por el enemigo después de haber sufrido ayer en el pueblo de Guatire un fuerte revés…”. La edición se complementa con otros informes relacionados con la batalla. Dos ediciones más tarde, N° 107 del 16 de junio de 1821, se publican notas sobre la trascendencia de la lucha escenificada en El Rodeo el 12 de mayo de 1821.

 ¿Retaliaciones históricas?
Si bien es cierto que la Batalla de Carabobo de 1821 fue determinante en la posterior liberación de Venezuela del dominio español, también lo es que la misma no terminó con la guerra. Hubo que esperar dos años más para lograr el ansiado objetivo, que se obtuvo no sólo con métodos militares en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, sino también en términos políticos con la capitulación por parte de Francisco Tomás Morales, hasta ese momento Capitán General de Venezuela.
 ¿Por qué se subvalora lo acaecido en Maracaibo? ¿Es acaso retaliación por la  actitud marabina de no identificarse con la causa independentista sino hasta el último momento? La  pregunta quizá tenga rasgos de capciosa, pero no deja de llamarnos la atención el hecho de que cerca ya de cumplirse doscientos años  de la referida batalla, 24 de julio de 1823, y de la firma de la importantísima capitulación, 3 de agosto de 1823, aún se desconozca este último documento; es decir ha existido un notorio desinterés en encontrarlo y difundirlo, bien en los archivos españoles o en los colombianos, aunque los maracuchos han emprendido una especie de  cruzada para recuperar dicho documento, tal  vez en el marco de una campaña de desagravio histórico, que por lo demás, compartimos.

jueves, 8 de junio de 2017


Emilio Cañongo Blanco, sanpedreño de seis décadas
Aníbal Palacios B.

Seis décadas y medias para ser más precisos, pues anda en estos menesteres desde 1952. Emilio Cañongo Blanco nació en Cantarrana el 11 de mayo de 1945, hijo de María Blanco y Emilio Cañongo. Su madre murió cuando tenía siete años y es justo a partir de esa edad cuando comienza a acompañar a su padre cada 29 de junio, vestido de tucusito. La conversación con Emilio permite conocer algunos de los tantos parajes oscuros de la historia de la parranda durante la década posterior a la muerte de Pico Tovar ocurrida en 1965.

Durante muchos años su padre, también llamado Emilio, tuvo la responsabilidad de anunciar la llegada del año nuevo a todo el pueblo guatireño. Quienes vivían en los valles de los ríos Pacairigua y Guatire, así como los habitantes de las zonas montañosas como Jericó, Santa Rosa, El Norte, Zamurito, El Bautismo, La Siria y sitios aledaños, se enteraban simultáneamente del acontecimiento porque Emilio, con la debida autorización de las autoridades del pueblo, excavaba un hueco  profundo en El Calvario, colocaba un cartucho de dinamita y pocos segundos antes de la hora indicada encendía una mecha larga y entonces, a las doce de las noche en punto, un fuerte sonido reverberaba por todos los confines de la aldea. Emilio padre era un hombre explosivo, porque también se encargaba de hacer estallar los cohetes durante las fiestas patronales, oficio que luego heredó Berecheche.
Pero Emilio Cañongo padre, comerciante ambulante (o turco, como se les llamaba) nacido el 29 de octubre de 1900, también era sanpedreño, coticero para más señas y de él su hijo adquirió conocimientos, compromiso y pasión por esta ancestral tradición guatireña. La familia vivía en Cantarrana y luego se mudó a la al 23 de enero. Su padre murió en 1960, cuando Emilio aún no había cumplido 15 años, por lo que también heredó la responsabilidad de criar a sus tres hermanos; así, por más de cincuenta años se calzó las cotizas del padre hasta que en 2014  sus piernas ya no eran capaces de atender apropiadamente el verso “y se me ponen de frente que ya los voy a llamar”, por las exigencias físicas del caso.

Por las calles de Guatire…
Emilio nos cuenta que la Parranda salía de la Iglesia, cruzaba la calle y entraba a la Prefectura; era un ritual obtener la bendición del párroco y la autorización del Jefe Civil; a partir de allí, ya ubicados en la calle Miranda se ofrendaba al Nazareno y luego visitaban las casas de Gilberto Useche. Henry Leroux y más adelante, en la Lagunita (o Macaira), la de Luis Felipe Muñoz. Subían a Cantarrana donde les esperaba María de Jesús Tachón con un apetitoso condumio y retornaban en busca de la calle Concepción para visitar las barriadas al norte del pueblo. En el trayecto visitaban familias como la de Ao Ibarra en Caja de Agua. Ocasionalmente eran invitados a entrar a la vivienda de algún promesero. Al llegar a calle Piar cruzaban en busca de la Padre Sojo y se orientaban hacia Barrio Arriba para finalizar en El Olivo, a eso de las seis de la tarde.
El único que vestía pumpá y levita era Justo Pico Tovar, recuerda Emilio, los demás parranderos llevaban cualquier paltó negro y sombrero de cogollo, no había uniformidad en el vestir, tampoco organización como la conocemos ahora, era una festividad espontánea que giraba alrededor de Pico. Como tucusito Emilio bailó amparado por los faldones de Juan Berroterán y Lucas Mijares en sus roles de María Ignacia, junto con sus hermanos Enrique y Jacinto; luego suplió la ausencia del padre quien lo precedió como coticero, rol que lo convirtió por muchos años en una emblemática figura de la tradición del San Pedro de Guatire.
Aún cuando debe existir una perfecta armonía entre el canto, el cuatro y las cotizas - explica Emilio Cañongo- el coticero se guía por el ritmo del cuatrista. Un par de meses antes de parrandear remoja sus cotizar en agua salada y las pone a secar en una superficie plana con un peso encima. Su función dentro de la parranda ahora la transmite a los más jóvenes, aunque admite con un dejo de tristeza su preocupación por el desinterés que observa en muchos parranderos que no terminan de entender que la tradición es mucho más que el 29 de junio. De sus andanzas en el rol de tucusito con Celestino Alzur recuerda que éste le decía “cuando tengan hambre me jalan el paltó”, pero llegado el momento y la acción les replicaba “tan temprano y ya van a estar pidiendo comida”. En los años sesenta visitar Sarría por invitación de Pablo Linares. También recuerda la presencia de la Parranda de San Pedro en la inauguración del Puente Angostura en Ciudad Bolívar; aunque desconoce quién les invitó, estuvieron presentes en el acto, coordinados por Celestino Alzur. Eso ocurrió el 6 de enero de 1967, para entonces Pico Tovar había muerto, por lo que presumimos que la invitación pudo venir de la señora Cruzana Ortega, guatireña, esposa del Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana.
De los viejos parranderos recuerda a Peruchito Álvarez, Guillermo Silva, Martín Vaamonde y Antonio Núñez, quien llegaba desde Guarenas cuando ya la Parranda iba por Caja de Agua; “nosotros a su vez visitábamos Guarenas los 5 de julio”, acota. Aunque cada padre atendía a sus hijos tucusitos, era costumbre que en las casas que visitaban les obsequiaran dulces y una de sus favoritas era la casa de María de Jesús Tachón, quien les daba un trato preferencial. También llegados a los Altos de Vallenilla (cerca del Hospitalito) Braulio Istúriz les esperaba con sus papeloncitos de azúcar.
Justo Tovar vivía en Caracas y venía directamente a la misa el 29 –continúa su relato - es decir, no participaba en las actividades previas o posteriores a la festividad, de estas se encargaban parranderos como Celestino Alzur o Guillermo Silva. La parranda terminaba en El Olivo, y Pico acostumbraba obsequiar a los  tucusitos una bolsita con doce mediecitos (tres bolívares) que Emilio le entregaba a su padre. Hoy Emilio sigue activo en la Fundación Parranda de San Pedro del 23 de Enero, institución que presidió y desde la cual enseña a coticear, a confeccionar el  pumpá y la levita y enseñar sobre la importancia y trascendencia de esta ancestral tradición.
 

martes, 2 de mayo de 2017



La vocación docente de
Carmen María de Pérez
Aníbal Palacios B.

La llegada de Carmen María de Pérez a la hacienda El Ingenio en 1932 puede considerarse un acto providencial para los humildes habitantes de un populoso sector que se extendía desde Las Barrancas hasta Zamurito y desde Perque hasta El Palmar. Lo que se conoce como el sentido histórico de la oportunidad se hizo presente en la persona de esta paradigmática mujer devenida en docente por vocación, principios, abnegación y convicción para dar cobijo en su casa a cientos de niños y adolescentes cuya educación hubiese sido difícil y en muchos casos exigua, sin su fortuita presencia. Tal fue la determinante labor educadora de nuestro personaje, quien representó para los educandos de esta comunidad rural lo que Juan José Fermín y Belén Blanco para los habitaban el centro urbano guatireño.

Carmen María de Pérez


Carmen María Flores nació en Guarenas el 7 de mayo de 1904. Se casó con el agricultor guatireño Manuel Ramón Pérez en 1932 y estableció su hogar en el sector conocido como Puesto Escondido, en El Ingenio, cerca de donde hoy se ubica el estadio de Corpoelec. Madre de nueve hijos: Domingo, Manuel, Virgilio, Vicente, Julián, Santiago, Gregoria, Ramón y Antonio, Carmen María Flores de Pérez, con una excelente educación acorde con los parámetros de la época, pronto advierte la presencia de una numerosa muchachada carente de formación escolar por lo lejano que estaban los planteles educativos del pueblo, y decide establecer una colegio bajo la modalidad de pago; es decir, de carácter privado. La iniciativa se convirtió en un rotundo éxito académico… y un absoluto fracaso económico. Pese a su módica cuota de un real (0,50 bolívares) mensual, eran muchas las familias que no estaban en capacidad de mantenerse al día con sus pagos. Sin embargo Carmen María no se amilanó ante este inconveniente y continuó con su labor social y académica con tal empeño que logró motivar al administrador de la Hacienda Jesús (Don Chuchú) García Tellechea, quien decidió financiar la escuela, consciente de la importancia que tenía la educación de los hijos de sus trabajadores. Es

La familia

pertinente señalar que en su época de mayor esplendor la hacienda El Ingenio llegó a generar más de dos mil empleos directos a través de sus cultivos de caña, café y naranjas, y su producción de azúcar, papelón, leche y quesos. En Perque había otra escuela pública exclusivamente para niñas en la que impartían clases Ana Rosa Aragort y Virginia D´Leau.

Como le dedicaba todo el día a sus educandos, Carmen contaba en casa con la ayuda de su ahijada Ramona, su sobrina Celsa, su esposo Manuel, sus padres Isabel María y Gerardo Flores y su suegra Carmela Pérez, quienes se encargaban de las tareas domésticas como atender el conuco, ordeñar las vacas, criar las gallinas, cocinar,  lavar la ropa en el rio, planchar, etc. Este apoyo  solidario fue muy significativo para el éxito de su gestión.

La escuela
La educación aunque mixta era en aulas separadas, niñas y niños, como se acostumbraba en la época. La escuela tenía por nombre Padre Istúriz, en honor a José María Istúriz, cura vitalicio de Guatire y el más emblemático de los párrocos de la localidad, quien ejerció sus labores litúrgicas entre 1861 y 1904. La sede era el propio hogar de Carmen María en Puesto Escondido y las clases todo el día, por lo cual quienes vivían más retirados llevaban su comida para el almuerzo. Los niños se sentaban en bancos de madera sin respaldo aunque algunos alumnos llevaban sillas, relativamente más cómodas. En la ansiada hora del descanso de mediodía, los niños almorzaban en los pasillos de la casa y luego se entretenían en los alrededores con los tradicionales juegos de  trompo, metras, gurrufío, el ladrón librado, el escondido y béisbol. La ere y los saltos de cuerdas era los favoritos de las damas. Aunque el rio Guatire estaba a escasos metros de allí, no era una visita particularmente atractiva tanto porque no era novedoso para ellos, como porque la maestra sencillamente no se los permitía. Carmen María de Pérez ejerció su labor docente por más de 20 años, por lo que podemos afirmar que todo niño nacido en El Ingenio, Las Barrancas, El Palmar, Perque, Zamurito y zonas adyacentes entre 1925 y 1945 fue alumno suyo, lo cual ya es mucho decir. De afable pero severo carácter, a las clases de Carmen María acudían todos los infantes y preadolescentes carentes de formación escolar con un entusiasmo inusual; quizás porque así se libraban de las duras tareas de cualquier hogar rural, pero básicamente porque la maestra sabía motivar (y no sólo con el persuasivo látigo) a sus alumnos, con cantos, amenas narraciones y prácticos consejos; para sus alumnos se trataba de clases muy divertidas.

Herramientas pedagógicas
Mujer de mucha paciencia, Carmen María enseñaba a leer y escribir alumno por alumno; allí, pegada a cada uno de ellos, porque el proceso de enseñanza en buena medida era individual; pocas veces utilizaba el pizarrón. Las clases de Geografía e Historia patria si eran de carácter colectivo y su fuerte voz se proyectaba fácilmente hacia ambas aulas. Los alumnos de la maestra Carmen recibían además clases de aritmética, lenguaje, dibujo, caligrafía, urbanidad, tejido y bordado en tambor y bastidor, esto último para las damas. El texto básico de enseñanza era el Libro Mantilla, clásico método de lecto-escritura basado en el deletreo de sílabas. Luego de aprender a escribir, era necesario hacerlo bien, y para ello estaban los métodos de caligrafía y ortografía. Otro instrumento didáctico importante fue el Manual de Carreño. Por aquel entonces los buenos modales formaban parte integral y fundamental de la educación de niños y jóvenes. Carmen María complementaba la educación recibida en casa con este libro de obligada lectura en todas las escuelas iberoamericanas. A su vez Carmen amenizaba las clases con la lectura de los Cuentos de Calleja, de Saturnino Calleja, prolífico escritor y editor español dedicado a los textos escolares, de los cuales aún se conserva El médico ambicioso. El catecismo era otra enseñanza propia de la niñez, y Carmen María a su vez fue catequista de todos sus alumnos, a quienes preparaba para la Primera Comunión; actividad que en el centro urbano realizaba Eva Miranda.
Carmen María tenía una gran capacidad orientadora y mucha paciencia, pero además, por si acaso, también contaba con un látigo para disuadir inadecuados comportamientos sobre todo en el alumnado masculino. No faltaron testimonios sobre la certera puntería de la maestra al momento de alcanzar al alumno infractor en medio de tantos otros que acataban las normas. Se adelantó unas tres décadas en el uso de la música como herramienta pedagógica; así, ella componía sus propias canciones didácticas orientadas a la enseñanza de las tablas de multiplicar, por ejemplo, como indicación del término de una materia para entrar en otra y para dar por culminada la jornada. La memoria de Ramón, su hijo, preservó una de esas canciones cuya partitura transcribió su nieta y forma parte de la presente crónica. Se trataba de canciones muy pegajosas compuestas por ella, lo cual facilitaba la enseñanza, lograba una clase divertidas y estimulaba la asistencia.

La despedida

Jesús (Don Chuchú) Garcia Tellechea era el administrador de las haciendas El Palmar, El Ingenio, Perque y Zamurito, pero estas pertenecían a varios socios que en el año 1952 deciden finalizar el consorcio. Así, cada una de esas haciendas comenzó a operar individualmente y con los criterios personales de cada quien. El esplendor de lo que se conocía como El Ingenio, comenzó a deteriorarse y las familias asentadas en el sector se vieron obligadas a emigrar al verse desplazados como trabajadores por las nuevas contrataciones de personal. La mayoría de las familias construyeron sus nuevas viviendas en terrenos ubicados en lo que hoy conocemos como Barrio Arriba y Plaza que el mismo Don Chucho les había donado. Otros habían comprado viviendas en sectores más céntricos; la familia Pérez-Flores  tenía una casa en la calle 19 de Abril y se mudaron en el año 1953. Así, no por voluntad propia sino por fuerza del destino, Carmen María de Pérez cesó sus labores docentes tras 20 años de ejercicio. Por lo demás, el pueblo contaba con una moderna instalación educativa recién inaugurada, el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa,  y Carmen pudo considerar que ya sus servicios
Gregoria Perez
docentes no eran tan necesarios, pero su huella, su decisiva influencia en una comunidad y su innovador estilo pedagógico nunca podrán ser olvidados o negados; Carmen María de Pérez supo ganarse, sin proponérselo, unas cuantas y destacadas páginas en nuestra historia aldeana, por lo trascendente de su labor en el momento y lugar preciso que se requirieron.
Carmen María no legó a sus hijos bienes de fortuna porque nunca los tuvo; pero muchos de sus hijos y nietos heredaron la pasión por la docencia con la responsabilidad y el compromiso social que ella le imprimió. Parecía natural rendirle un homenaje en forma de epónimo al colegio ubicado en la avenida Dr. Ramón Alfonso Blanco, cuyos alumnos deben sentir el orgullo de formarse en una institución que honra a Carmen María de Pérez, y a su vez su cuerpo docente y administrativo sentir el compromiso que ello implica. Carmen María de Pérez murió en Guatire el 26 de septiembre de 1988; tenía 84 años…

Testimonios
Recientemente un grupo de sus alumnos brindaron un testimonio de significativo valor histórico que reflejan la importancia de la labor didáctica de Carmen María de Pérez:
Dolores Moreno: “La mayoría de sus alumnos egresábamos con un alto grado de instrucción debido a que sus métodos de enseñanza era muy completo”
Rosa Olivo: “No utilizábamos uniforme. La maestra siempre mantenía el salón en perfecto orden, inculcándonos la responsabilidad, puntualidad y el por qué de la asistencia diaria”.
Leonor Machado: “Utilizaba el libro Mantilla. Me enseñó a leer, escribir, geografía, historia, a bordar, tejer, moral y cívica… Las niñas las sentaba separadas de los varones. La maestra era muy estricta”.
Rosalía Blanco
Pedro Terán Quintero: “Fui alumno de Carmen María de Pérez de 1938 a 1940.  Leía en voz alta… Iba a la escuela de lunes a sábado; este último medio día. Comencé pagando un real (Bs. 0,50), luego lo pagaba la Hacienda. Nos sentábamos por hileras de bancos, clasificados en 1er, 2do y 3er grado”
Rosalía Machado: “Estudiaron muchos niños que vivían en El Ingenio. Usaba un mandador para las niñas y para los niños un cuero de ganado; es decir, era muy estricta. Todos los días debíamos llevar la tarea”.
Antero José Ordaz: “La maestra era muy estricta en cuanto a conducta, responsabilidad, aseo, puntualidad y asistencia”.
María Aracelis Rengifo: “Recibí clases en el año 1952… Me dictó clases de matemáticas, lectura, caligrafía, bordado, moral y cívica y tejido. Preparó a varios niños de la Hacienda paras la primera comunión”.

Felicia Antonia Cruz: “”Llevaba mi comida a la escuela… Si nos preguntaba y respondíamos bien nos subía de banco hasta llegar al primero…Utilizaba un solo cuaderno para todas las materias, éste costaba una locha y un lápiz costaba un centavo. Los exámenes eran orales”
María Leonidas Blanco: “Recibí clases en 1935…Nos dictaba clases de aritmética, geografía, historia, castellano, bordado tejido punto de cruz, rejilla y bastidor. Nos preparaba para la primera comunión… Su sistema de enseñanza era muy estricto”.
Luis Felipe Rondón: “Había bancos y muchos llevaban su silla… Los turnos eran de 7 a 12 y de 1pm. a 4 pm. El recreo era de 30 minutos… Mientras estudiábamos en el salón, hacía sus labores”.
Vicenta Rivas
María Eugenia Tovar de Rondón: “Recibí clases de matemáticas, geografía, aritmética, historia, bordado, tejido, bordado en sombra, en almohadilla, en bastidor, catecismo… Cada quien llevaba su almuerzo. Me sacaba de clases porque yo me reía mucho y me jalaba por las orejas. Era muy estricta y enseñaba mucho. La hora de salida era diferente según el comportamiento de cada grupo”.
Aura María Cruz Barrios: “No tenía ayudante. Era una maestra de las buenas, fue maestra de muchas personas hoy grandes profesionales. La maestra era muy rígida. Todos leíamos en voz alta”.
Juan Terán: “Tenía un sistema de enseñanza muy diferente al actual. En los cuadernos nos colocaba la nota. Carmen María de Pérez enseñaba mejor que muchas maestras de hoy. Aprendí a realizar porcentajes y bases para terreno”.
Lucila Ramírez: “Me preparaba en lectura, tejido, matemática, geografía y nos afianzaba la caligrafía. Estaba todo el día en la escuela. Primero aprendí a escribir con lápiz y luego con tinta (plumilla). Gracias a los estudios realizados con la maestra Carmen ingresé directamente en 2do grado después de haber realizado un examen en la escuela del pueblo (Elías Calixto Pompa)”.

Sus alumnos
Nicolasa Delgado

Algunos de los alumnos de Carmen María de Pérez que conserva la memoria de quienes nos aportaron información fueron: Aciclo Cruz Barrios, Adela Blanco, Agustín Blanco, Agustín Sánchez, , Aida Muñoz Ramírez, Alberto Ramírez, Alejandrina Cruz Barrios, Alejandro (Verano) Cruz Barrios, Alejandro Ibarra, Alejandro Ramos, Andrés Mijares, Ángel Martínez, Ángel Rosendo Quintero, Angelina Ramírez, Antero José Ordaz, Armando Muñoz Ramírez, Armando Reverón, Aura Blanco Paredes, Aura María Cruz Barrios, Benito Blanco, Braulio Muñoz Ramírez, Cándida Urrutia, Carlos Pérez, Carmen Esteban (Camejo) Olivo, Carmen (Mamina) Regalado, Cerza Flores, Cesar López. Claudina Vaamonde, Consuelo Blanco Paredes, Cruz Miguel Blanco, Dolores (Lola) Moreno, Domingo Rengifo, Eloín Acuña, Eloísa Córdova, Elsa Josefina Castillo, Emilia Moreno, Epifanio López, Ernesto Arteaga, Eugenia Tovar de Rondón, Eulalio Cruz Barrios, Evencio Castillo, Felicia Cruz Barrios, Felicia Rengifo, Félix Ramón Díaz, Fermín Blanco Paredes, Francisco (Trapiche) Cruz, Francisco González, Francisco Jaén, Germán Caldera, Gonzalo Quintero, Gregoria Pérez, Gumersindo Inojosa, Gustavo Lugo, Humberto Cruz, Inginio
Lucrecia Quinteto
González, Jacinto Cruz Barrios, Jesús (Chuchito) Martínez, Jesús Córdova, Jesús María
Blanco Paredes, Juan Herrera, Juan Ordaz, Juan Quintero, Juan Terán, Julia Blanco, Julián Pérez, Leonor Machado, Lucila Ramírez, Lucrecia Blanco, Lucrecia Quintero, Luis Blanco, Luis Felipe Carballo, Luis Felipe Rondón, Luis Ibarra, Luis Rondón Muñoz, Luis Rondón Tovar, Manuel H. Pérez, Manuel Jacinto Cruz, Manuel Jesús Díaz ,Manuel Segundo (Manolo) Quintero, Manuel Vicente Lara, Marcelino Blanco, Marcelino Ordaz, Marcelino Sánchez, María Aracelis Rengifo, María Blanco de Urbina, María Leonidas Blanco de Cruz, Marina Urrutia, Marta Muñoz Ramírez, Marta Ramírez, Melecio Ibarra Gutiérrez, Melecio Romero Blanco, Mercedes Jaén, Nemecia Urrutia, Nicolasa Delgado, Obdulio Rengifo, Omaira Díaz Urrutia, Pablita Blanco, Pablo Martínez, Pablo Ramírez, Pedro Blanco, Pedro Cardozo, Pedro González, Pedro Rondón Tovar, Pedro Terán Quintero, Petra Luisa Blanco, Pío Sánchez, Polo Reverón, Priscila Ramírez, Quisimodo Rengifo,
Rosario Quintero
Rafael (Canelo) Tovar, Rafael Blanco, Rafael Eustacio Cruz, Rafael (Paleta) Muñoz Ramírez, Ramón Pérez, Raúl Lara, Rosa Antonia Olivo, Rosa Blanco, Rosa Urrutia, Rosalía Blanco, Rosalía Machado de Arteaga, Rosarito Quintero, Salvador González, Santiago Pérez, Santiago Rondón, Sergio Muñoz Ramírez, Sersemila Flores, Silvino Armas, Simón Quintero, Tarsicia Ramírez, Teodoro Crespo, Teodoro Romero Blanco, Teresa Moreno, Tirso Flores, Toribio Romero Blanco, Trino Rengifo, Tula Blanco de Ibarra, Vicente Caraballo, Vicente Emilio Pérez, Vicente Machado, Vicenta Ribas y Yolanda González