jueves, 23 de agosto de 2018


Guatire no tiene Plaza Bolívar
Aníbal Palacios B.

A mediados del año 1995 la comunidad guatireña se enfrentó al gobierno local que pretendía, en aras del progreso, la magnificencia y el derroche, desterrar al olvido lo que constituye uno de los patrimonios históricos y culturales más significativos del pueblo de Guatire desde su fundación.

 
La plaza principal de Guatire no se llama Plaza Bolívar; es más, Guatire no tiene plaza Bolívar. La plaza que todos conocemos frente a la iglesia, con la estatua pedestre del Libertador es la Plaza 24 de Julio. Su nombre no es caprichoso; todo lo contrario, tiene un profundo significado histórico que enaltece el gentilicio guatireño. La estatua de Simón Bolívar que allí admiramos fue adquirida por colecta pública entre todos los pobladores de aquel Guatire del año 1930:  comerciantes, hacendados, peones de las haciendas, empleados del comercio, amas de casa y hasta los niños estudiantes de la Escuela Federal Narvarte (varones) y de la Escuela Federal N° 74 (mujeres) que con orgullo cedieron sus  centavitos de la merienda escolar, aportaron, acorde con sus disponibilidades, el dinero que permitió adquirir tan significativa escultura.

Antecedente patrimonial
Añadir leyenda
La plaza de Guatire no tuvo nombre hasta finales del siglo XIX. Ubicada exactamente en el lugar que hoy ocupa el abandonado, feo e inútil estacionamiento del Centro Cívico, actual sede del Concejo Municipal, la plaza era un pequeño lugar de encuentro, con una fuente en su centro, rodeada de árboles, flores y palmeras, bordeada por una empalizada, que luego fue sustituida por una estructura de hierro y en lugar de la fuente se colocó un faro, y se arreglaron las caminerías. En 1917, por iniciativa de Antero Muñoz, comerciante guatireño de la época con gran ascendencia en la población, se logró que el municipio Zamora del estado Aragua donara a Guatire un busto de Ezequiel Zamora, que fue enviado desde Villa de Cura hasta Caracas, y de allí, en una carreta, lo trasladaron a nuestra población; a partir de ese momento la plaza pasó a conocerse como Plaza Zamora.

Antecedente histórico

El 5 de mayo de 1929, a las 4 y media de la tarde, hubo un alzamiento en Guatire contra el régimen de Juan Vicente Gómez. La conspiración local se enmarcaba dentro de una descoordinada rebelión nacional que en Miranda comandaba el general Norberto Borges. La rebelión fue abortada, pero los guatireños no se enteraron y actuaron según lo planeado. La conjura fracasó, no obstante en el enfrentamiento murió el Jefe Civil Luis Rafael Ostos y un funcionario policial. Juan Francisco Pacheco era el jefe de los insurgentes que, entre otros, conformaban Néstor Silva, Eugenio Muñoz, Gregorio Suárez y Félix Mijares. Desde Araira se incorporaron Natividad Rojas y sus hijos Miguel y Simón González, Luis Mario Monroy  y los hermanos Fernández, según relato de Ángel María Daló, quien agrega que Ramón Dorta no estaba implicado pero juzgó que de todas maneras lo acusarían y decidió sumarse al movimiento. Por su parte Andrés Pacheco 
Plaza 5 de Julio
Anderson (Pachequito), quien no tenía nada que ver con el asunto, se convirtió en el primer preso debido a que su ímpetu juvenil, tenía 18 años, le llevo a tomar el viejo Ford Tablitas del Jefe Civil e informar a todo el vecindario sobre los acontecimientos, para luego ir a Guarenas con el mismo propósito, pero fue detenido y torturado. Al resto de los alzados se les persiguió y luego de su detención  fueron enviados a la Rotunda, lugar donde ya les esperaba Pachequito.

A partir de ese momento Guatire cayó en desgracia para el gobierno de Gómez, tanto así que se pretendió hasta silenciar su nombre, y según un calificado relato de Elías Centeno, cuando la prensa capitalina tenía la necesidad de referirse a Guatire, solía utilizar expresiones como “… de una población mirandina…”.


Para el año 1930, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, el general Juan Vicente Gómez, entre otras disposiciones, ordenó que cada pueblo de Venezuela tuviese una plaza con un busto o una estatua del padre de la Patria, financiada por el gobierno nacional. Cuando las autoridades guatireñas fueron a Ocumare del Tuy, capital del estado, y solicitaron en la Gobernación de Miranda el busto de Bolívar que correspondía a nuestra población se les negó la petición, por alzaos. Ante esta situación, los honorables 

Plaza Zamora
ciudadanos guatireños constituyeron una Junta que conformaron el doctor Ramón Alfonzo Blanco (
Presidente), el padre Jacinto Soto (Vicepresidente), el doctor Manuel Hernández Suárez (Secretario), Elías Centeno (Tesorero), Antero Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz, entre otros, quienes no se quedaron con los brazos cruzados y decidieron que la negativa de ayuda oficial no era motivo suficiente para que Guatire no rindiera un homenaje a Bolívar, por lo que decidieron solicitar a la población una colaboración para adquirir un busto del padre de la patria. La respuesta fue tan contundente que los fondos aportados (Bs. 27.139.80, según el calificado testimonio de Ángel María Daló) permitirían adquirir no ya un busto sino una estatua a un costo de Bs. 30.281,67. La diferencia, Bs. 3.141,87, la aportó la municipalidad. Eran tiempos de transparencia administrativa y no existía malversación; en otras palabras… bueno, ustedes entienden.



Plaza vieja - Iglesia vieja
Lo cierto es que acordaron remodelar la plaza y  erigir una estatua en lugar de un busto.
La efigie escogida fue la de Bolívar estadista y guerrero, como se le conoce. Se trata de una réplica de la escultura de Pietro Tenerani (1789-1869) erigida originalmente para la Plaza Bolívar de Bogotá en 1846, que fue la primera estatua pública del Libertador en el mundo. En Ciudad Bolívar también existe una réplica de la misma obra, del año 1869, según relata César Urbano Taylor en una publicación titulada Pietro Tenerani: el escultor del Libertador. De manera, que no es cierto que la estatua de nuestra plaza haya sido solicitada directamente al famoso escultor italiano (ya había fallecido), ni importada desde Francia o Italia. No había recursos suficientes para adquirirla, ni el tiempo para tramitarla, vaciarla y trasladarla, ya que fue levantada el 17 de diciembre de 1930.

Por lo demás, las autoridades mirandinas consideraron un desacato que los guatireños insistieran en tener su plaza y presionaron para que no llevara el nombre del Padre de la Patria, por lo que se optó por denominarle Plaza 24 de Julio. Fue un acto de resistencia pacífica activa contra el gomecismo, y toda la comunidad participó en el mismo. Elías Centeno describió el momento de la siguiente manera: “…Con este gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos nacionales, sino con el dinero del pueblo…”. El 17 de diciembre de 1930, con un solemne acto público, Guatire conmemoró los cien años de la muerte del Libertador, y bautizó la plaza como 24 de Julio.  
 
La defensa patrimonial

Años después, en 1995, el Alcalde Arístides Martínez abatía la ilustre figura de su pedestal para sustituirla por una estatua ecuestre; demostrando así un absoluto desconocimiento de los valores patrimoniales del municipio que gobernaba, en una acción que subestimó el ímpetu de una joven generación de guatireños, que logró movilizar a la comunidad para impedir que la soberbia de un funcionario se impusiera por sobre el sentimiento popular y relegara al olvido una gesta histórica que representa precisamente una demostración de resistencia a las arbitrariedades de los gobernantes. Fue el poeta Rafael Borges quien siguiendo los consejos de un viejo bardo guatireño, Elías Calixto Pompa  (“… entreabre con amor tus labios viejos, y alumbra al joven que te sigue el paso, con la bendita luz de tus consejos”), dolido, preocupado e indignado, exclamó en la plaza ante un grupo de jóvenes: 

Plaza vieja - Iglesia nueva
“!Cómo es posible esa barbaridad;  eso es un crimen contra los valores culturales de un pueblo, a ustedes los muchachos les corresponde salvaguardar y honrar la memoria histórica de esta comunidad, cómo vamos a dejar que nos quiten nuestra estatua¡” Seguidamente detalló las intenciones del Alcalde y  explicó las razones por las cuáles la estatua de Bolívar no era tan sólo un monumento más erigido al padre de la patria, sino que tenía una connotación diferente para aquella generación de guatireños que en el año 1930 se atrevió a enfrentar la tiranía para rendir homenaje al Libertador. La arenga caló entre los jóvenes y el movimiento rescatista sumó adeptos en toda la población. La gesta reivindicadora creció y se constituyó el Comité Pro Defensa de la Plaza 24 de Julio, al frente del cual estaba, entre otros César Gil, José Manuel Milano, César Martínez, Oswaldo Gómez y Marcos Milano. Hubo movilización hacia los planteles educativos, las organizaciones culturales, deportivas, políticas, vecinales y ambientalistas de Guatire, lo que fortaleció al Comité.


Y se prende la mecha.
El Alcalde pretendía colocar en la plaza una estatua de Bolívar civil encargada al prestigioso escultor Julio César Briceño, pero la comunidad guatireña no aceptó la imposición. No se trataba de rechazar una obra de indiscutible valor artístico e histórico como la figura creada por Briceño; se trataba de defender el legado histórico de la población, y así se le hizo saber al Alcalde y a los Concejales. Pero prevaleció la prepotencia de los gobernantes y la estatua fue bajada de su pedestal a pesar del sólido razonamiento que constituía el hecho de ser un genuino y enaltecedor patrimonio público, de esos que dignifican la lucha de los pueblos. La actitud del Alcalde enardeció a los guatireños y a la iniciativa del Comité de Defensa de nuestra plaza se le fue sumando gente, que poco a poco iba aportando su granito de arena a la causa, y es así como Pedro (Pepote) Muñoz entrega un documento de significativa importancia en la discusión planteada: el programa elaborado para los actos del 17 de diciembre de 1930, denominado: OFRENDA QUE EL PUEBLO DE GUATIRE DEDICARÁ A LA MEMORIA DEL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE, y en reunión realizada en el salón de sesiones del Concejo Municipal, se acuerda que la estatua debe permanecer en su lugar. Pero la soberbia obnubila el entendimiento, y el Alcalde decidió días más tarde desconocer dicho acuerdo bajo el argumento de que ese “grupito” de personas no representaba el sentir popular.

Vista desde el Grupo Escolar
La Alcaldía decide invitar al doctor Marcos París del Gallego, Director del Ceremonial y Acervo Histórico de la Nación, en su búsqueda de apoyo, pero los delegados voluntarios de la comunidad guatireña iban multiplicándose día a día, y esta vez le tocó a Marcos Lander, viejo amigo del académico, sumar su aporte: alertó al ilustre visitante sobre la polémica existente, y París del Gallego, a la par de exaltar las bondades de la estatua ecuestre, lo cual nunca estuvo en discusión, recomendó escuchar la voz del pueblo, y ese pueblo gritaba ¡Devuélvannos la estatua! Ante la sordera oficial aunada a una campaña mediática que tenía por objeto descalificar la voluntad popular, la movilización continuó, y el Comité decide convocar una Asamblea Popular para el día 1º de noviembre de 1995 en la Casa Sindical; la masiva asistencia exigió a los organizadores acciones contundentes para la defensa del patrimonio histórico y cultural de Guatire, el panel lo conformaban César Gil, Cronista Oficial de la Ciudad y los citados José Manuel Milano, César Martínez y Oswaldo Gómez, quienes logran contener con mucho esfuerzo, a la exacerbada e indignada concurrencia. Privó la sindéresis y la Asamblea se canalizó dentro del riguroso contexto histórico que le era propio. Ese día se acuerda por unanimidad dar un ultimátum al alcalde en manifiesto escrito donde se insta a colocar la estatua en su lugar de origen en un plazo no mayor de 15 días.

Volvió la estatua
Al final, las autoridades ceden ante el peso de las circunstancias, y la estatua pedestre regresa al lugar al cual pertenecía por decisión popular, el poeta Rafael Borges que se encontraba presente en ese momento aplaudía con el entusiasmo de quien ve en ese acto un desagravio a aquellos guatireños de 1930.  

 
La estatua de Bolívar Ecuestre, del escultor Julio César Briceño, inspirada en un cuadro del pintor  Norberto Liendo, se convirtió entonces en una especie de jarrón chino, y comenzaron a buscarle desesperadamente un lugar, cualquier lugar, donde ubicarla. Su escultor negó categóricamente haber exigido a la Alcaldía que retire la estatua de su taller en Las Barrancas, y manifestó que pese a tener un convenio para su custodia, conservación, mantenimiento y protección, jamás le pagaron. El proyecto original era construir una plaza con el nombre del Libertador al lado del Centro Comercial Guatire Plaza, a través de un acuerdo de los constructores con la Alcaldesa Carmen Cuevas, cuya exigencia no fue concretada por ese gobierno. Años después, en 2016, los gobernantes de turno consideraron que ese espacio era más adecuado para ubicar buhoneros y construyeron allí una especie de centro comercial para ellos, mientras confinaban la estatua en la orilla del rio Guatire en la Urbanización Castillejo, en un parque denominado Paseo Ezequiel Zamora;  un final que, podemos decir, no fue tan feliz.

viernes, 10 de agosto de 2018


El Amigo del Pueblo:
nunca un nombre reflejo tanto una realidad
Aníbal Palacios B.

     En 1943 dos jóvenes empresarios, Vicente Rubino y  Manuel Felipe Rangel,  establecieron en Guatire una empresa de autobuses cuya trascendencia social y económica sólo es comparable con la que tuvieron en su oportunidad las haciendas de caña de azúcar.
     Para la época Guatire era una aldea semi rural, de unos cuatro mil habitantes, cuya economía se sustentaba en la agricultura. Viajar a Caracas constituía un serio obstáculo en la búsqueda de nuevos horizontes para una población emergente que no hallaba espacio laboral en las haciendas de caña, bien por falta de vacante
Izquierda: Terminal de pasajeros

s o por no tener condiciones físicas apropiadas para la dura tarea. Los jóvenes que se formaban en el Colegio Narvarte (varones) y Padre Puerto (damas) y que posteriormente convergieron en el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa (mixto), no tenían los recursos físicos (y la mayoría ni económicos) para continuar estudios medios y superiores en Caracas. Adicionalmente, Guatire se encontraba un poco aislado en medio de los dos polos de desarrollo más importante del momento: la sempiterna Caracas y el pujante Carenero. Pues bien, la empresa El Amigo del Pueblo solucionó ese problema.


El momento oportuno en el lugar preciso
      La empresa se inicia con dos pequeñas unidades Ford cuyas cabinas eran de madera y trasladaban pasajeros hasta Guarenas; de inmediato incorporan Araira a la ruta, y desplaza el transporte a tracción humana y animal, porque quien no disponía de un burro, sencillamente tenían que trasladarse a pié. Poco a poco crece y amplía su ruta hasta Caracas y luego a Caucagua, Higuerote y Rio Chico, con lo cual enlaza todo el este mirandino que a partir de entonces gira en torno a esta empresa guatireña, ubicada en la Calle Bermúdez, cerca de las cuatro esquinas, en el espacio que hoy ocupa el Supermercado Roca Azul.  Era una moderna terminal con una redoma interna donde los autobuses recogían a los pasajeros y salían por la calle Bermúdez rumbo al oeste. Seguramente usted se resiste a creer que en ese local donde hay estantes y productos (bueno, en realidad hay estantes, pero ya no quedan productos) pueda entrar y dar vuelta un autobús,  pero por aquel entonces las unidades eran más pequeñas. De allí también partían en busca de pasajeros por la calle Miranda y Concepción giraban en Caja de Agua y retornaban por las mismas calles para trasladarse a Guarenas, Petare y Caracas.
      En su momento de esplendor El Amigo del pueblo, llegó a generar alrededor de 200 empleos directos; es decir mucho más que todo el comercio local  en conjunto, e individualmente superior al de muchas haciendas cañicultoras. Choferes, colectores, fiscales, mecánicos, carpinteros, latoneros, pintores, bomberos, caucheros, aseadores y oficinistas, tuvieron cabida en la empresa, que por lo demás, pagaba buenos sueldos. Pero tan importante como eso, facilitó que la masa juvenil guatireña y guarenera pudiese estudiar en la lejana Caracas y a su vez, que la creciente masa trabajadora buscase opciones en los centros industriales de la capital y sus alrededores. También vale destacar que El Amigo del Pueblo le generó a la población barloventeña una conexión directa con Caracas, sin necesidad de pasar por La Guaira, en la ruta marítima desde Carenero.


      La demanda de servicio creció rápidamente despertando a una dormida economía y la empresa pronto abrió oficinas en Caracas e Higuerote, amplió su flota de transporte y masificó el servicio de encomiendas, a través del cual, en parrillas ubicadas en el techo, los autobuses transportaban diversas mercancías para las tiendas, surtían de casabe, aguacates, naranjas y mangos a pequeños mercados caraqueños y hasta gallinas y cochinos para algún urgido cliente.  La prensa diaria, por ejemplo, era trasladada desde Caracas en la primera unidad que retornaba, luego de salir de Guatire a las cuatro de la mañana; es decir que alrededor de las nueve ya los guatireños tenían en sus manos sus periódicos favoritos, que antes recibían en horas de la tarde y en algunos casos el día siguiente.

Responsabilidad social empresarial
      Siempre ha existido la creencia que explica que los nombres propios tienen características implícitas o inherentes a sí mismos; en ese sentido, si algún nombre se corresponde bien con una realidad es justamente el de la empresa El Amigo del Pueblo. El término responsabilidad social empresarial es un concepto nuevo en la legislación venezolana, al cual (por supuesto) no le hacen caso la mayoría de las empresas privadas y ninguna de las públicas. Pues bien, esta pequeña y aldeana compañía puso en práctica esta modalidad desde sus inicios a través del bono estudiantil y el bono de los trabajadores. ¡SIN SUBSIDIOS GUBERNAMENTALES NI TRAMITES BUROCRATICOS!
      En épocas donde no existía inflación, el pasaje se mantuvo inalterable: Bs. 0,50 a Guarenas y Araira; Bs. 1,50 a Petare y Bs. 2.00 para Caracas. Los estudiantes pagaban medio pasaje y los trabajadores tenían un descuento del 25%. Así, todos los sábados los trabajadores se dirigían a las Oficinas de la empresa y adquirían su lote de bonos para la semana siguiente. No era necesario carnet alguno, ni formalidades, ni colas.
      En los años cincuenta, un chofer de la ruta Guatire-Caracas ganaba 25 bolívares diarios y un colector  la mitad. Quienes iban a Barlovento tenían un sueldo mayor y cobraban viáticos. Luis Guillermo González explica que para viajar a Higuerote recibía, como colector, 5 bolívares adicionales que le alcanzaban para dormir en una pensión y disfrutar de una opípara cena.
      Establecer parámetros comparativos entre aquellos sueldos con los de ahora no resulta una tarea sencilla por la absurda situación hiperinflacionaria que sufre el país. No podemos compararlo el salario en dólares (Bs. 3,30 era el cambio oficial de aquellos años) con el oficial de ahora (¿alguien sabe a cómo se cotiza?) por virtual, inexistente e indiscutiblemente inaccesible. Y para no meternos en líos gubernamentales con el paralelo tampoco haremos comparaciones de este tipo, además ¡es imposible! Pero si usted desea echar números le diremos que un salario mínimo en la década de los cincuenta  era equivalente a 7,75 US$ ¡y mire que rendían!
       En 1958, por ejemplo, se anunciaba en la prensa un Austin último modelo con una inicial de Bs. 1.400,00 y 24 cuotas de Bs. 250,00. Usted podía alquilar una buena vivienda 
Visita de Rómulo Betancourt  en 1958. A la izquierda
un bus sale de la terminal
cercana a la Plaza 24 de julio por 50 bolívares y con veinte llevar un mercado a su casa con verduras frescas, carne, pescado seco, azúcar, culei, pasta La Castellana, pan y leche sin necesidad de hacer colas. Todo ello, vale decir, en bolívares requeteviejos. Lo único que no encontraría en las bodegas era detergente, lavaplatos, esponjas ni cera para pisos; porque sencillamente se lavaba a mano con jabón Las Llaves,  se fregaba con estropajo que en cualquier montarral encontraba en abundancia y los pisos se pulían con esperma de velas y kesosene, costumbre esta que sería rescatable si el sueldo actual alcanzara para comprar la vela y el kerosene, como en la época que nos sirve de marco histórico. El papel higiénico Cruz  Blanca, menos demandado entonces (había otras opciones), se ofrecía a 3 unidades por un bolívar.


Marcos Bilich
      Un colector ganaba Bs. 12, 50 diariamente; es decir 3,78 US$. Marcos Bilich, por ejemplo, formó, alimentó y educó una familia de nueve hijos con ese salario; pudo comprarse un carro, pero prefirió construir una vivienda en la calle Anzoátegui. Inmigrante croata, Bilich vivió y sufrió desde los catorce años los rigores de la II Guerra Mundial de la cual sobrevivió milagrosamente. Esa dura experiencia le sirvió para tener una perspectiva distinta de la  vida y con esa visión formar a su familia. Bilich redoblaba su trabajo para aumentar sus ingresos y poder afrontar los gastos familiares con menor rigor.
      Para la otra camada de colectores, los jóvenes solteros, el salario les abría las puertas del paraíso, y al cobrar acudían al Bar Victoria o al Taurino, donde cada viernes eran recibidos con el festivo grito de “ahí vienen los colectores”, lo que implicaba buenas ventas y generosas propinas.

Paradoja laboral
      Héctor Rangel y Alfredo Gil, jóvenes militantes de la clandestina Acción Democrática, formaron un sindicato en 1957, quizás una semilla intrascendente en su momento, pero que germinaría cuatro años después. En 1960 la empresa cae en una crisis económica. Poca inversión en el mantenimiento de las unidades, nula renovación de la flota y lo que es peor, se niega a pagar doble los domingos: Se inician las protestas de los trabajadores.
Ceniza, por donde se entraba a Araira
     Nina y Francesca Petrizzo, sobrinas de Vicente Rubino que trabajaban en el área administrativa, nos comentan que el problema fue más mucho más grave:   comenzaron a retrasarse los pagos semanales. Los trabajadores se negaban a movilizar los autobuses y en muchas ocasiones había que esperar la entrada al terminal de alguna unidad para pagar sueldos con lo recaudado en ese viaje. Estalló el conflicto laboral y luego judicial que derivó en un embargo de los autobuses y los trabajadores constituyeron en 1961 la Asociación Cooperativa de Transporte Colectivos Barlovento; es decir, dueños de su propia empresa… pero continuaron sin cobrar doble los días domingos. Esta vez no había un patrón laboral a quien reclamarle.


Cierre del ciclo
     La cooperativa fracasó y los trabajadores vendieron su propiedad a otros empresarios que supuestamente conocían mejor el negocio; se creó la empresa Expresos Barlovento; de la noche a la mañana choferes y colectores pasaron de dueños a empleados… y comenzaron, ¡por fin!, a cobrar doble la jornada dominguera, muchos años después.
     A todas estas, Nina y Franscesca Petrizzo fueron dejadas a un lado; ser sobrinas del dueño les perjudicó económica y laboralmente y no fueron tomadas en cuenta para los arreglos judiciales de rigor. No hay mal que por bien no venga, se convirtieron en excelentes peluqueras, a tal punto que las damas guatireñas presumían de sus arreglos:
      -       ¿Dónde te peinaste?
      -       Con las Petrizzo, decían presuntuosamente, aunque no fuese cierto.

     De aquella época nos mencionan choferes como Juan de Mata García, Ascención Matos, José Salcedo, Esteban Pacheco, Iginio Nuñez, Toribio Correa, Santos Pacheco, José Ferro, Diosgracia Regalado y Ladislao Istúris, entre tantos, y colectores como el paradigmático Marcos Bilich, Luis Guillermo González, Cecilio Consomé Utrera, Rigoberto Povea, Felipe Cuevas y el Catire Martínez. Pero lo que más se recuerda, y se añora, es el trato cortés, respetuoso y afable de choferes y colectores, muy distante (y distinto) del que dispensan ahora quienes ejercen el mismo oficio.

sábado, 21 de julio de 2018


¿VENEZUELA NAZI?
Aníbal Palacios B.

La posibilidad de que Venezuela fuese colonia nazi, punto de avanzada para dominar la América entera, pero fundamentalmente al mayor enemigo del Reich durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos de América, no deja de ser un simple elemento anecdótico por el mero hecho de que los alemanes perdieron la guerra; pero la historia pudo ser distinta.
El escritor Carlos Irazábal, en su obra “Hacia la Democracia” (Editorial Ateneo de Caracas. Cuarta edición. Caracas, diciembre de 1979), rescata esta peculiaridad que, como tantas otras no menos interesantes, suelen pasar inadvertidas en el estudio de la rica historia venezolana. 
 


Foto Pueblos originales.com
Señala Irazábal que en 1934 el historiador alemán Erich Reimenrs, ya con una clara idea de lo que se pretendía en el ambiente político ario, escribió una obra titulada “Die Goldenen Berge. Ein Deutscher Keldenzug” (“La Montaña Dorada. Expedición Épica Alemana), editado en Leipzig, donde narra las aventuras de un grupo de valientes y nobles alemanes en tierras venezolanas, en el siglo XVI. Posteriormente, en 1938, la Editorial Wilhelm Goldman, de Leipzig, edita “Die Welser Landen in Venezuela” (Los Welser llegan a Venezuela), donde el mismo autor, Erich Reimenrs, señala que… ”Es significativo que las colonias alemanas de África nos han sido robadas con métodos similares a los que usaron los españoles hace 400 años expulsando a los alemanes de Venezuela. Pero nosotros sabemos que una Alemania fuerte y unida nunca renunciará a sus colonias...”. (Cita Irazábal). 
Ciertamente, en 1528, recién creada la Provincia de Venezuela por Carlos V, el rey español la cedió, en hipoteca, a los banqueros alemanes Welser, quienes a partir del 27 de marzo de ese año, y hasta 1546, la usufructuaron en su propio provecho, fundaron algunas ciudades y se dispusieron a buscar, infructuosamente, el oro prometido. De hecho, el primer gobernador y Capitán General de Venezuela fue un alemán: Ambrosio Alfinger, y le sucedieron en el cargo Nicolás Federman, Jorge Spira y Felipe de Hutten. Así, la historia nos enseña que los primeros colonizadores de Venezuela no fueron españoles.  
Foto venelogia.com
Conocido esto, lo anecdótico puede interpolarse en el ámbito de las especulaciones: la intención alemana de reclamar su falsa propiedad sobre territorio venezolano. La capitulación de 1528 no entregó a los Welser la soberanía de esta región, y a partir de 1811 somos una nación libre y soberana. Era evidente y de seguro se convertía en la manera más expedita de dominar el continente americano, una vez controlada Europa, que los nazis desconocerían una y otra situación histórica para apoderarse militar y políticamente de nuestro país; con toda seguridad el dictador español Francisco Franco le hubiese facilitado los trámites aceptando la pretendida legalidad alemana.
 
Por supuesto, Estados Unidos no estaba dispuesto a permitir tal situación, por lo que la II Guerra Mundial hubiese tenido un nuevo frente: Venezuela. Es posible incluso que Alemania no esperase invadir Inglaterra, sino que intentase controlar nuestro país como estrategia para distraer tropas y recursos norteamericanos dirigidos en principio a sus aliados europeos, debilitándolos en consecuencia. Los norteamericanos no habrían tenido otra alternativa que intentar realizar en nuestro país una guerra corta; es decir, bombardeos estratégicos en los campos petrolíferos y en los puertos, para bloquear energética y logísticamente a sus enemigos. De hecho, por si acaso, durante la guerra los norteamericanos estuvieron atentos en las costas venezolanas a cualquier indicio que pudiera parecerse a un submarino alemán, que los hubo. La historia registra un encuentro en el año 1942 en el Golfo de Venezuela cuando un submarino alemán atacó a tres buques petroleros venezolanos que se dirigían a la refinería de Curazao: Pero los alemanes atacaron barcos, no pozos ni refinerías. ¿La intención de los submarinos alemanes era sabotear los pozos petrolíferos del lago de Maracaibo o protegerlos? En alguna parte debe existir documentación que clarifique este dilema, pero inexplicablemente la historiografía venezolana no ha profundizado su análisis, vaya usted a saber por qué.
La revista El Desafío de la Historia (N° 28, Caracas, Septiembre de 2011) dedica su edición al tema de Venezuela en la Segunda Guerra Mundial, y ante la ausencia de comentario alguno sobre las pretensiones alemanas de reclamar la propiedad del territorio venezolano, les envié la siguiente nota:
Guatire, 31 de octubre de 2011
Soy lector de El Desafío de la Historia desde sus inicios, y cada edición sobrepasa con creces mis expectativas sobre el contenido. No obstante, en la edición dedicada a Venezuela en la Segunda Guerra Mundial, esperaba encontrar información sobre un tema específico y no fue así.
 Se trata de una circunstancia que ha pasado inadvertida dentro del estudio de la historia venezolana y que rescató Carlos Irazábal en su libro Hacia la Democracia (Editorial Ateneo de Caracas. Cuarta edición. Caracas, diciembre de 1979, pp.235 y 236): la pretensión alemana de reclamar la titularidad del territorio venezolano, dado que en sus inicios, Venezuela fue colonizada por los Welser.
Basado en Carlos Irazábal, escribí una crónica para el mensuario Tere Tere (Nº 5, diciembre de 2000), que se edita en Guatire. Ignoro si podrá ser de alguna utilidad, pero les anexo la nota por tratarse de una eventualidad histórica que entra perfectamente en los que se denomina ucronía y que, ciertamente, pudo haber cambiado la historia.

La crónica fue publicada en la edición Nº 30 (Diciembre, 2011) en la sección Cartas del lector, con el siguiente título: De los Welser… a los nazis, sin comentario alguno.
Foto: elbucare.com
Previamente había llamado mi atención que el historiador español Jesûs Hernàndez, autor entre, otros libros, de Todo lo que debe saber sobre la Segunda Guerra Mundial (Nowtilus. Segunda Edición, abril de 2010), tampoco se refiere al tema y le envié la nota sobre la pretensión alemana de reclamar la titularidad del territorio venezolano. Hernàndez respondió que desconocía la información.
Ahora me encuentro con un ensayo de Nancy Fernàndez (Papel de Venezuela en la II Guerra Mundial) que aborda el tema y señala la abierta participación del presidente Isaìas Medina Angarita, quien detuvo y confinò a centenares de ciudadanos alemanes en campos de  concentración ubicados en distintas ciudades del país, además de romper relaciones con Alemania. La información de Nancy confirma que si hay registros sobre la situación expuesta y quizás comienzan a florecer.
Lo cierto es que todo esto tiene un solo significado, cualquiera hubiese sido el resultado de esta hipotética presencia alemana en nuestro territorio, en la confrontación subsiguiente el gran perdedor no hubiese sido otro que Venezuela.

 

domingo, 24 de junio de 2018


La Parranda de San Pedro:
¿De Guatire o de Guarenas?

Aníbal Palacios B.

 A estas alturas, cuando por más de doscientos años ya hemos recorrido un largo trecho, algunos cultores guareneros se mantienen sumergidos en un marasmo existencial para tratar de convencerse a sí mismos sobre la insostenible hipótesis de pretender que la Parranda de San Pedro es originaria de Guarenas. Algo que no preocupa en absoluto a sus semejantes guatireños que lo consideran una disputa irrelevante, estéril, vana, intrascendente y extemporánea, entre otras razones porque nadie puede demostrar nada que supere las especulaciones sinsentido.

Fotografía Daniel Hernández
La actitud de estos parranderos deviene en la de un padre irresponsable de dudosos sentimientos de culpa y arrepentimiento, que nunca atendió a sus hijos, jamás les dio afecto, ni cuidó de su alimentación, salud y educación, pero cuando el joven adquiere un título académico (Summa Cum Laude, por lo demás), intentan figurar en la fotografía de rigor ocupando un inmerecido primer plano, para luego, pasada la euforia del momento, volver a desaparecer de la vida del hijo  abandonado. Esa no es la actitud. Desde hace muchos años, los parranderos guatireños escogieron el camino de la atención, difusión, consolidación y proyección de la leyenda, primero en la propia aldea y luego allende nuestros límites geográficos; los resultados están a la vista. En un artículo publicado en www.guatire.com, la excelsa pluma de Marlon Zambrano zanja la discusión en los siguientes términos: “El San Pedro es aquello que nos contaron y en lo que depositamos fe ciega. Nadie sabe cómo, cuándo y dónde nació pero todos, a través de la tradición oral, afirman que fue entre Guarenas y Guatire, cabalgando los siglos XVIII y XIX en respuesta de los esclavos a la liturgia sincrética que diluía la devoción chamánica con la ceremonia eclesiástica”.

La hacienda San Pedro
Un argumento repetitivo es que la existencia de una hacienda San Pedro en Guarenas demuestra por sí sola que la parranda nació allí. Esto pudiera envalentonar a los habitantes de una populosa y ferviente Parroquia caraqueña para argüir que la Parranda de San Juan se originó en esos lares por las mismas razones, y que los curieperos se la apropiaron impunemente, y en consecuencia emprendan una orquestada campaña publicitaria y legal para recuperarla. La Patrona de Guarenas es la Virgen de Copacabana, como la Santa Cruz lo es de Guatire, pero era una costumbre colonial (aún vigente) que los dueños de hacienda tuviesen un santo patrón particular de acuerdo con la devoción de cada quien, e incluso cada familia también podía ser devoto de algún santo, indistintamente del patrono del pueblo o de la hacienda, tan sólo tenía que registrarla en el Libro de Matriculas correspondiente, aunque no fuese un requisito obligatorio. En Guatire, por ejemplo San Pedro era Patrono de casa y hacienda  de Doña Isabel Gil Arratia, y Patrón de Casa de Gregorio Joseph de la Pompa, como lo han documentado en diferentes investigaciones el historiador René García Jaspe y la antropóloga Hortesia Caballero. Por lo demás, es pertinente acotar que parte de la hacienda San Pedro abarca predios del Municipio Zamora.
Ahora lo que nos falta es que venga Juan Luis Guerra a decirnos que la Parranda nació en San Pedro de Macorís basado en la creencia y premisa publicitaria  “¡Dominicana: Donde todo comenzó!”
Otro argumento esgrimido es el hallazgo de una partida de nacimiento de una niña llamada Rosa Ignacia. Ignoran los ponentes que para la fecha en que se supone nació la infanta, no se emitían “partidas de nacimiento”; más allá del hecho de ser María, Rosa e Ignacia nombres comunes en la sociedad colonial. Si María Ignacia hubiese bautizado a su hija con el nombre de Garbiñe Ignacia, tal vez podrían especular un poco más pero, que sepamos, por estos lugares Garbiñe hay una sola, por cierto guatireña. Por otra parte, René García Jaspe documentó la existencia de tres registros de nacimiento con el nombre de Rosa Ignacia, guatireñas ellas.


¿Un venezolano ganó el Premio Nobel de Medicina?
Quizá lo correcto es decir que un científico norteamericano nacido en Venezuela ganó en 1980, conjuntamente con dos colegas, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, pero tiene mayor efecto periodístico decir que se trata de un médico venezolano; sólo que él nunca se consideró tal. Baruj Benacerraf vivió sus primeros cinco años en Venezuela y se mudó a Francia con su familia en 1925, donde completó su educación secundaria, y en 1940 viajó a Nueva York  a estudiar en la Universidad de Columbia. El científico narra su vivencia en los siguientes términos: Tengo un fuerte sentimiento de identidad con mi patrimonio cultural, que puede haber moldeado gran parte de mi personalidad. Soy de ascendencia española, judía y sefardí. Mi padre nació en Marruecos, cuando era una colonia española. Mi madre nació en Argelia, recibió una educación francesa estándar y tenía el equivalente de un diploma de secundaria, que difieren, en este sentido, de mi padre, que era en gran parte autodidacta y tenía apenas suficiente educación para aprender a leer y escribir español”. (Benacerraf, Baruj: From Caracas to Stockholm: A Life in Medical Science. Prometheus Books; First Edition, August 1, 1998). Es decir, no se sentía venezolano, y con mucha razón.
Nacer en una ciudad específica es un evento circunstancial; no somos de donde nacemos sino de donde nos formamos. La Constitución Nacional obvia el lugar de nacimiento para considerar venezolano a un ciudadano, siempre que cumpla algunos parámetros y declare su voluntad de serlo. Por lo demás, los hijos de inmigrantes que llegan al país desde muy niños se sienten venezolanos. Incluso Elio Bolívar (ex Cronista Oficial de la Ciudad) en una oportunidad manifestó su preocupación porque los guareneros nacían en Guatire, ante la insuficiencia de centros asistenciales en Guarenas, pero no por ello dejaban de ser guareneros, acotamos nosotros. Así que discutir la nacionalidad del científico y la regionalidad ciudadana por el mero afán de darnos golpes de pecho nos parece un acto banal.


Parranda popular vs. Parranda familiar
En Guatire, el San Pedro siempre ha sido una Parranda comunitaria, colectiva, de arraigo popular. Nació en los tablones de caña y aún conserva ese tenor pueblerino de antaño que reivindica sus orígenes. La Parranda de Guarenas tiene un carácter familiar, exclusivo, y esto lo  decimos sin el ánimo cuestionador que siempre han utilizado muchos guareneros para ocultar su indiferencia e indolencia hacia la parranda. “Los Núñez creen que esa parranda es de ellos” argumentan para justificar su apatía y hasta su irresponsabilidad. Nosotros, por el contrario, siempre hemos considerado que, en todo caso, gracias a que los Núñez creyeron que era de ellos, Guarenas tiene Parranda, porque nadie más se ocupo de ella. No obstante, es hora de abrir el compás y fomentar que comunidades como Los Naranjos, Las Clavellinas o Menca, tenga su propia parranda. Por nuestra parte, siempre hemos señalado que a pesar de lo masivo de nuestra tradición, cada comunidad que tenga una iglesia o una capilla (como Araira, Las Rosas, Las Casitas y Las Barrancas) debe salir a parrandear cada 29 de junio, dentro del marco de la tradición. Las Parrandas del 23 de Enero, del CEA y la Fundación, deben ser las abanderadas en esta tarea y marcar las pautas en ese sentido.
 


San Pedro de Guatire
Fiesta de la tradición
Desde hace muchísimos años guatireños y araireños han realizado una constante, silenciosa, incansable y metódica labor para salvaguardar y difundir nuestras costumbres, de allí que cuando en 1948, con motivo de la toma de posesión de Rómulo Gallegos, Juan Liscano presentó a Venezuela y al mundo la diversidad y riqueza de las manifestaciones culturales del país en un festival llamado La Fiesta de la Tradición, estuviera presente la Parranda de San Pedro… de Guatire. Antes de ese momento, febrero de 1948,  las manifestaciones culturales de cada pueblo eran desconocidas más allá de sus respectivos linderos. Cuando la televisión venezolana presentó por primera vez a la Parranda de San Pedro (Televisa, 1953) fueron Pico Tovar, Rojita  y otros parranderos guatireños quienes representaron nuestra tadición; y cuando en 1976 Armando Urbina organizó en Los Teques un festival teatral con las diferentes leyendas y tradiciones mirandinas, también estuvo presente la Parranda de San Pedro de Guatire ¡y Armando era guarenero!
El 25 de junio de 2009, veintidós años antes de que la Parranda de San Pedro fuese declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, Arnaldo Arocha, gobernador de Miranda, decretó al San Pedro de Guatire Patrimonio Histórico y Cultural del Estado Miranda. En el año 2009, cuatro años antes de la declaratoria de la UNESCO, la Alcaldía de Zamora decretó el 29 de junio como día de asueto; es decir, antes del meritorio y enaltecedor reconocimiento universal, el San Pedro de Guatire ha recibido el reconocimiento de instituciones oficiales que más allá de acciones protocolares constituyen un apoyo significativo al esfuerzo constante que por más de dos siglos ha sostenido la tradición en este pueblo. De hecho, la declaratoria de la UNESCO de diciembre de 2013 no fue un acto casual, fue producto del esfuerzo realizado por guatireños, concretamente del Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), quienes se dedicaron a dar forma al riguroso expediente requerido por el Organismo Internacional para recibir la postulación; para ello contó con el decidido apoyo del Centro de la Diversidad Cultural. Por lo demás, el 29 de  junio de 2014, el Cuerpo Diplomático acreditado en el país acordó rendir honores a la Parranda de San Pedro luego de ser declarada por la UNESCO Patrimonio Universal Inmaterial de la Humanidad, y se llegó hasta la humilde iglesia de Santa Cruz de Pacairigua en Guatire. Por otra parte, artistas como Elizabeth Rodríguez, Pasacalle, Edgar Alexander, Henry Gil e Ilan Chester han grabado distintas versiones del San Pedro con el ritmo y la melodía de la Parranda guatireña, que se distingue por su lenta y acompasada cadencia. Todos estos reconocimientos hablan por sí solos del arraigo y la trascendencia de la Parranda de San Pedro de Guatire, y no son obra de la casualidad, sino frutos de la entereza, perseverancia y disciplina del parrandero guatireño, en una ardua y añeja tarea.

Desavenencias internas
La tarea de preservar la Parranda de San Pedro de Guatire implica aclarar controversias, enfrentar distorsiones y erradicar desviaciones, como el verso injurioso que algunos parranderos pretendieron arraigar o el inexistente personaje llamado Domitilo, que otros quieren imponer. Pero a veces surgen situaciones que a pesar de su intranscendencia también requieren aclaratorias. Nos referimos a la campaña de la Parranda de San Pedro del 23 de Enero y su empeño es declarar que su origen institucional se remonta al año 1958. En primer lugar, el barrio no existía. A mediados de 1958 el Concejo Municipal comenzó a otorgar parcelas pero el barrio tardó más de un año en consolidarse. No es como en estos tiempos en los cuales una orquestada riada de gente invade un terreno ajeno y conforman un barrio en menos de 24 horas. Por otra parte, Justo Pico Tovar, por muchos años esencia y alma de la parranda guatireña, murió en noviembre de 1965 y para entonces había solamente una parranda: La Parranda del San Pedro de Guatire. La tesis de los parranderos del 23 de Enero implica, contra todo razonamiento lógico, histórico y sensato, admitir que Pico fue en realidad un humilde y anónimo (¿o usurpador?) miembro más de la Parranda de esa barriada. ¿Es eso lo que en el fondo pretenden establecer? Por otra parte, al morir Pico la conducción de la tradición recayó en Celestino Alzur, quien incluso declaró que Justo Tovar había delegado en él esa tarea. Luego de la muerte de Alzur es cuando se encargan los dirigentes del 23 de Enero, ya a mediados de los años setenta.
 

La Parranda de San Pedro de Guatire es un frondoso árbol constante y celosamente cuidado por voluntariosos jardineros que abonan su tierra, desbrozan  su entorno y podan sus ramajes díscolos, de allí su transcendencia.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 27 de mayo de 2018


Semblanza de Jesús María Sánchez
Aníbal Palacios B.

 Humildad, modestia y nobleza son cualidades de la naturaleza humana suficientes para que una persona pase inadvertida en cualquier lugar, pero es casi imposible ignorar la presencia de Jesús María Sánchez, poseedor de tales dones, por muy concurrido y amplio que sea el espacio en el cual se encuentre. Su estatura, física y espiritual, su voz, grave y portentosa, su sonrisa franca y seductora, su andar elegante y su carácter abierto y amigable, tiene un efecto centrípeto sobre quienes le rodean.
Cortesía del CEA
Jesús María Sánchez nació en Vega Redonda, Araira, un 14 de septiembre de 1938. Guiado por su madre, Clemencia Sánchez, conoció personajes, historias, cuentos, costumbres y tradiciones de Guatire y Araira, que le llevaron posteriormente a investigar y documentar buena parte de la historia aldeana a través de diversos artículos de prensa, programas radiales y libros, que lo convirtieron en un ilustre guardián de nuestro gentilicio y sus tradiciones autóctonas, defensor de nuestra identidad cultural y reconstructor de nuestra historia.
Formado en dos connotadas instituciones educativas del Guatire de mediados del siglo XX: el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa y el Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco, desde muy joven se unió al movimiento cultural guatireño y junto con Guido Acuña y César Gil fundó la Casa de la Cultura del Estado Miranda, luego renombrada Casa de la Cultura Antonio Machado. Por entonces comenzó su prolífica e incansable labor de cronista aldeano y a falta de medios donde publicarlos fundó los propios como El Tambor y Pamiragua, hasta que surgieron semanarios como La Voz y Rutas Mirandinas que acogieron con entusiasmo sus escritos sobre la cotidianidad histórica de Guatire, Guarenas y Araira. También para esa época de principios de los años sesenta incursiona en la Radio con un programa de corte cultural que por arte de su manifiesta credibilidad, sus entretenidos guiones y su  mágica voz se convirtió en todo un éxito a través de Radio Industrial; lo llamó Festival, una verdadera fiesta dominical de conocimientos. Años más tarde repetiría la experiencia y el éxito a través de Caliente Stereo con el programa Por los caminos abiertos. 

A Jesús María Sánchez se le reconoce como el historiador que rescató para la comunidad guatireña el Decreto que honró a nuestro pueblo con el merecido título de Villa Heroica, por atreverse a dar el primer grito de Federación más allá de las fronteras de Coro. Por el contrario no se le acredita mérito alguno por ser el cronista que rescató para la historia cultural del país la densa obra de Elías Calixto Pompa, excelso poeta nacido en la hacienda El Palmar en 1836, relegado al olvido hasta que con el tesón, paciencia y determinación atribuibles sólo a un paisano interesado en resaltar los valores de su patria chica, pudo Jesús María, luego de un arduo trabajo de investigación en la Hemeroteca Nacional, encontrar en viejos periódicos publicados entre 1862 y 1887, los poemas de K-Listo, como era conocido el poeta. Así, publicaciones como El Federalista, El Porvenir, Diario de Avisos, El Siglo, Registro Literario, El Fonógrafo, y El Independiente, impregnaron sus manos de polvo, su olfato de olor acre, y su mente de maravillosos sonetos que legó posteriormente a la comunidad zamorana en particular y al país entero en general. 
Fotografía de  Internet
Publicó a través de la Casa de la Cultura del Estado Miranda las siguientes obras: Apuntes sobre Guatire, 1965; Versos de K-Listo, 1966; Poemas y otros trabajos de Elías Calixto Pompa, 1966 y Documentos sobre la Colonia Bolívar, 1968. De memoria prodigiosa, luego de jubilado de sus tareas docentes, Jesús María se convirtió en una especie de profesor ambulante que en cada festividad de la Santa Cruz, de la Parranda de San Pedro o de Villa Heroica es detenido en la calle para dictar clases magistrales sobre Guatire y Araira, sus tradiciones y sus personajes. El trata de camuflarse vestido como un sanpedreño 
cualquiera, con betún, levita y pumpá, de sanjuanero común y corriente con franela, pañuelo al cuello y sombrero de cogollo, o como ciudadano de a pié un 20 de septiembre con fresca guayabera pero ¡qué va!, no puede esconderse de quienes se convierten en alumnos fuera del aula por varios minutos.


Jesús María Sánchez ocupa, sin duda alguna, un distinguido lugar en el Olimpo de los grandes ciudadanos nacidos en estos lares.