domingo, 27 de mayo de 2018


Semblanza de Jesús María Sánchez
Aníbal Palacios B.

 Humildad, modestia y nobleza son cualidades de la naturaleza humana suficientes para que una persona pase inadvertida en cualquier lugar, pero es casi imposible ignorar la presencia de Jesús María Sánchez, poseedor de tales dones, por muy concurrido y amplio que sea el espacio en el cual se encuentre. Su estatura, física y espiritual, su voz, grave y portentosa, su sonrisa franca y seductora, su andar elegante y su carácter abierto y amigable, tiene un efecto centrípeto sobre quienes le rodean.
Cortesía del CEA
Jesús María Sánchez nació en Vega Redonda, Araira, un 14 de septiembre de 1938. Guiado por su madre, Clemencia Sánchez, conoció personajes, historias, cuentos, costumbres y tradiciones de Guatire y Araira, que le llevaron posteriormente a investigar y documentar buena parte de la historia aldeana a través de diversos artículos de prensa, programas radiales y libros, que lo convirtieron en un ilustre guardián de nuestro gentilicio y sus tradiciones autóctonas, defensor de nuestra identidad cultural y reconstructor de nuestra historia.
Formado en dos connotadas instituciones educativas del Guatire de mediados del siglo XX: el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa y el Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco, desde muy joven se unió al movimiento cultural guatireño y junto con Guido Acuña y César Gil fundó la Casa de la Cultura del Estado Miranda, luego renombrada Casa de la Cultura Antonio Machado. Por entonces comenzó su prolífica e incansable labor de cronista aldeano y a falta de medios donde publicarlos fundó los propios como El Tambor y Pamiragua, hasta que surgieron semanarios como La Voz y Rutas Mirandinas que acogieron con entusiasmo sus escritos sobre la cotidianidad histórica de Guatire, Guarenas y Araira. También para esa época de principios de los años sesenta incursiona en la Radio con un programa de corte cultural que por arte de su manifiesta credibilidad, sus entretenidos guiones y su  mágica voz se convirtió en todo un éxito a través de Radio Industrial; lo llamó Festival, una verdadera fiesta dominical de conocimientos. Años más tarde repetiría la experiencia y el éxito a través de Caliente Stereo con el programa Por los caminos abiertos. 

A Jesús María Sánchez se le reconoce como el historiador que rescató para la comunidad guatireña el Decreto que honró a nuestro pueblo con el merecido título de Villa Heroica, por atreverse a dar el primer grito de Federación más allá de las fronteras de Coro. Por el contrario no se le acredita mérito alguno por ser el cronista que rescató para la historia cultural del país la densa obra de Elías Calixto Pompa, excelso poeta nacido en la hacienda El Palmar en 1836, relegado al olvido hasta que con el tesón, paciencia y determinación atribuibles sólo a un paisano interesado en resaltar los valores de su patria chica, pudo Jesús María, luego de un arduo trabajo de investigación en la Hemeroteca Nacional, encontrar en viejos periódicos publicados entre 1862 y 1887, los poemas de K-Listo, como era conocido el poeta. Así, publicaciones como El Federalista, El Porvenir, Diario de Avisos, El Siglo, Registro Literario, El Fonógrafo, y El Independiente, impregnaron sus manos de polvo, su olfato de olor acre, y su mente de maravillosos sonetos que legó posteriormente a la comunidad zamorana en particular y al país entero en general. 
Fotografía de  Internet
Publicó a través de la Casa de la Cultura del Estado Miranda las siguientes obras: Apuntes sobre Guatire, 1965; Versos de K-Listo, 1966; Poemas y otros trabajos de Elías Calixto Pompa, 1966 y Documentos sobre la Colonia Bolívar, 1968. De memoria prodigiosa, luego de jubilado de sus tareas docentes, Jesús María se convirtió en una especie de profesor ambulante que en cada festividad de la Santa Cruz, de la Parranda de San Pedro o de Villa Heroica es detenido en la calle para dictar clases magistrales sobre Guatire y Araira, sus tradiciones y sus personajes. El trata de camuflarse vestido como un sanpedreño 
cualquiera, con betún, levita y pumpá, de sanjuanero común y corriente con franela, pañuelo al cuello y sombrero de cogollo, o como ciudadano de a pié un 20 de septiembre con fresca guayabera pero ¡qué va!, no puede esconderse de quienes se convierten en alumnos fuera del aula por varios minutos.


Jesús María Sánchez ocupa, sin duda alguna, un distinguido lugar en el Olimpo de los grandes ciudadanos nacidos en estos lares.

 

 

 

 

lunes, 30 de abril de 2018


EL DESORDEN DE LAS ÓRDENES
                                                                                            Aníbal Palacios B.

En los últimos veinte años las autoridades del Municipio Zamora han sido muy displicentes a la hora de promulgar y ejecutar Ordenanzas relativas al reconocimiento de méritos ciudadanos. La razón es sencilla, suelen interesarse en la ciudadanía durante el breve período legal de las campañas electorales.
De acuerdo con la Ley del Poder Municipal las Ordenanzas son de obligatorio cumplimiento por parte de particulares y autoridades, pero en el caso de las Ordenanzas creadas para rendir homenaje a ciudadanos preocupados por el municipio, observamos una desigual lucha entre la comunidad que exige el cumplimiento cabal de la respectiva Ordenanza y las autoridades empeñadas en desobedecer sus propios mandatos para imponer candidaturas basadas en afinidades políticas o personales, algunas con méritos, la mayoría sin ellos.

El  pecado original
Antigua sede del Concejo Municipal y la Prefectura
Se supone que el Concejo Municipal legisla y el Alcalde ejecuta, pero si en la normativa se establece que es un Concejal (generalmente el Presidente de la Comisión correspondiente) quien asume la ejecución de la Ordenanza, la circunstancia,  además de ilegal y absurda, se convierte en una especie de ucase, coto personal del edil y por ende, inoperante. Se trata de una usurpación de poderes mediante la cual, a través de una figura llamada Consejo de la Orden,  se otorga relevancia a la discrecionalidad como herramienta jurídica; es decir al no reglamentar sus potestades, estas se convierten en actos discrecionales. Por supuesto, para evitar conflictos internos, se otorgan distintas Ordenanzas a cada Concejal, o se rota a fin de que cada cual atienda sus cuotas de  compadrazgo. En estos casos el secreto radica en que el referido Consejo de la Orden, cuya conformación aparenta una imagen de pluralidad, es designado por el Concejal de turno, conforme a sus propios criterios e intereses, amparados en una potestad extralegal. No está demás agregar que cuando hablamos de desorden nos referimos también a que en el Concejo Municipal de Zamora se desconoce el número de ordenanzas vigentes, que muchas están desactualizadas en función del nuevo régimen legislativo, que su publicación soslaya los propios parámetros que la regulan, y que los ediles manifiestan una lamentable pereza legislativa a la hora de reformarlas. Claro está, hay Ordenes que están a disposición del Alcalde y el resultado es el mismo; el dispone de su propio “Consejo de la Orden” formados por directores de su despacho, y el resultado es el mismo. Observemos algunas normativas.

Orden Guerrera Urquía

A falta de héroes y heroínas propias, en 2009 a los ediles se les ocurrió honrar  “…a aquellas mujeres que han desempeñado un trabajo comprobado en pro de la lucha por la igualdad de oportunidades y condiciones…”. Por lo general este tipo de ordenanzas se promulgan para honrar a ciudadanos zamoranos, pero ésta no se limita a nuestra jurisdicción, tal vez por ello los concejales ignoraron la existencias de tantas meritorias guatireñas como Auristela Rondón, Zhara Bendahan, Ernestina Ñeta Ibarra o Amelia Pittol. Lo cierto es que el curriculum vitae de esta guerrera se conoce más a través de las estampitas de imágenes de la santería que de las crónicas de la historia patria. A Urquía se le atribuye como mérito haber sido la esposa del indio Guaicaipuro, obviando que la institución social del matrimonio la impusieron los españoles
Auristela Rondón
durante el proceso de colonización; es decir cuando Guaicaipuro ya había muerto. La poligamia regia la sociedad indígena venezolana por lo que atribuir una esposa al héroe en cuestión no es más que afán propagandístico. La norma copia un elemento recurrente en todas las demás al ofrecer una venera de oro, que se estilaba en los años sesenta cuando una onza de ese metal era accesible hasta para el más humilde de los ciudadanos. Finalmente, asumimos que la imagen de la india que debe llevar la medalla es la que cualquiera puede observar en los establecimientos santeros, la cual varía según el gusto del artista; solo deseamos que no la hayan encargado al mismo diseñador del indio de Solamey. Se desconoce si se otorgó alguna vez, porque una de las características más comunes de todas estas ordenanzas es la ausencia de registros históricos.

 
Orden del educador
La Orden, de acuerdo con su texto, no es para honrar a ilustres educadores aldeanos como Belén Blanco, las hermanas Hernández, Elías Centeno, María Pittol Jaspe, Manuel Ángel 
Carmen María de Pérez
González, Carmen María de Pérez o el maestro Fermín,  sino para homenajear  “… al grupo de abnegados educadores que fundó en Venezuela la primera Organización Gremial Docente, aquel histórico 15 de Enero de 1936, así como el insigne Maestro Narciso Simón Rodríguez Guevara…”, merecido sin duda, pero excluyente. No se establece fecha de entrega y  aunque alguien pudiera inferir que se trata del día del Maestro, pues no es así. Se confiere cuando se puede, o cuando alguien se acuerda. La gramática castellana es brutalmente atropellada en esta Ordenanza y, hasta donde sabemos, la autonomía municipal no tiene competencia en materia lingüística. No hay Capitulo I y si un Capitulo II; usted tendrá que suponer que las Disposiciones Generales corresponden a ese Capítulo I; en fin, una Ordenanza, poco didáctica para tratarse de docentes.


Orden Régulo Rico
La Orden se crea “… en atención y  como complemento a lo establecido en el Artículo 4 del Decreto Ejecutivo de fecha 25 de marzo de 1996, dictado para rendir homenaje a… Don Régulo Rico Lugo, en ocasión de celebrarse el 30 del citado mes los primeros ciento veinte años de su natalicio”. El texto completo del referente instrumento legal, así como su fecha de publicación y número de Gaceta fueron datos poco importantes para los legisladores locales. Además de las tres clases de reconocimiento, la Ordenanza prevé la entrega de un diploma “Especial” a una miríada de candidatos que nos hace suponer que al tratarse de músicos, los legisladores se imaginaron el acto como una animadísima velada sin costo alguno para la municipalidad. Los períodos de postulaciones se anunciarán “oportunamente”, lo cual significa que nunca se anuncian y la comunidad se entera del nombre de los agraciados el día del acto.

Orden Rescate de la Dignidad:
Zhara Bendahan
Lo primero que pensamos sobre esta Orden es que los ediles revolucionarios no encontraron en las filas de sus organizaciones políticas personajes dignos de recibirla, a juzgar por la poca trascendencia que tuvo. Y razón no les faltó, al circunscribir el ámbito de los méritos al comportamiento de esos ciudadanos durante un periodo específico, ciertamente, no hubo mucho dónde escoger. Otra particularidad de la Ordenanza es que el reconocimiento no es permanente. Fiel a la costumbre del Ejecutivo Nacional de no dar titularidad sobre las prebendas que otorga,  la Orden está sujeta a revocación,  lo que nos lleva a pensar que de haber sido acatada en toda su extensión, y en consecuencia otorgadas las medallas de oro de 12 kilates previstas, los favorecidos hubiesen vendido el recuerdito, en legítimo acto previsivo.

Orden Villa Heroica
Se trata de una Ordenanza muy original: por primera vez en la historia de la instrumentación legal del Municipio los concejales ceden las prerrogativas de su ejecución al Alcalde; así se establece en el Artículo 9° del mandato. No obstante desde su promulgación hasta la fecha los concejales se han subrogado ese derecho. Si algún ciudadano solicita una copia de esta Ordenanza le suministran un ejemplar al cual le faltan los artículos 16 al 19; esto tiene un carácter más anecdótico que trascendental porque a fin de cuenta no  es mucho la atención que le prestan los ediles a las ordenanzas. Al igual que con las demás, la discrecionalidad y el irrespeto a las formalidades establecidas en la Ordenanza genera dudas, en algunos casos merecidas, sobre la pertinencia de los favorecidos.

Orden Santa Cruz de Pacairigua 

Concejo Municipal

Se trata de la condecoración aldeana más importante que puede recibir un ciudadano en este municipio. Creada en 1983 su  intención era “… premiar a personas e instituciones que se destaquen en alguna actividad orientada al progreso y bienestar moral o social del Distrito Zamora del Estado Miranda”. Originalmente se estableció que la Orden se confería en una sola clase, y el Consejo de la Orden lo conformaban los  Concejales. Esta Orden preveía su revocatoria por causales específicos y otorgaba al Síndico Procurador Municipal el carácter de Fiscal Instructor de las posibles averiguaciones. La Ordenanza fue reformada en 1992, y se estableció concederla en tres clases; también se modificó la conformación del Consejo de la Orden para integrar al Alcalde como Presidente del mismo, al Cronista de la Ciudad y al Presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara como miembros permanente, además de otro Concejal, un representante de las Instituciones Culturales, uno de las Asociaciones de Vecinos y otro de la Cámara de Comercio, sujetos a ratificación o relevo. Se estableció un período de postulaciones comprendido  entre el 15 de marzo y el 5 de abril y se derogó inescrupulosamente la Ordenanza anterior, y al hacerlo eliminó los elementos que otorgaban realce a la condecoración: La Insignia, el Distintivo y el Diploma, minuciosamente descritos en la Ordenanza original. Podemos afirmar que el 28 de abril de 1992 el Concejo Municipal no  reformó la Ordenanza que creaba la Orden Santa Cruz de Pacairigua, sino que promulgó una nueva, deficiente, mermada y chucuta, por lo demás.    

Pero los desaguisados legales no culminaron allí, el 25 de noviembre de 1997 los concejales vuelven a sus andadas y sancionan una reforma parcial de la Orden Santa Cruz de Pacairigua y en su Artículo 1°, como Disposición Fundamental, se crea la Orden, generando la confusión de si se trata de una reforma o una nueva normativa y como quiera que la Ordenanza sobre la Gaceta Municipal establece, y el sentido común también, que cuando se reforma una Ordenanza debe publicarse el texto completo de la norma reformada y no es este el caso, se puede asumir que, ciertamente, se trata de una Orden nueva, más escueta aún que la anterior, lo cual es mucho decir; y para colmo, la hermosa y distinguida condecoración de otrora se redujo a un simple Botón y un Certificado de Acreditación. El Consejo de la Orden también se modificó; ahora lo conforman un representante del Alcalde, un Concejal, el Cronista y representantes de las Instituciones Culturales,  Educativas, Deportivas y de Comerciantes, uno por ente; esta vez los vecinos quedaron fuera. El período de postulaciones se ubica entre el 16 de enero  y el 16 de marzo. En la misma fecha, 25/11/97, el Ayuntamiento aprueba un Reglamento General de la Ordenanza, que pareciera no redactado por los concejales, a juzgar por su sencillez, claridad y especificidad. Paralelamente a estos tejemanejes leguleyescos, Carlos Grippa, representante de los comerciantes en el Consejo de la Orden, mantuvo una quijotesca lucha por elevar y mantener la dignidad de esta distinción ciudadana, hasta que fue apartado por terco, quisquilloso y razonable; sólo contó con el insuficiente apoyo de la concejal Nancy Fernández, que al final también fue dejada a un lado. Así, la más alta y otrora distinguida condecoración municipal, la Orden Santa Cruz de Pacairigua, perdió su relevancia e invirtió sus valores y razón de ser; ahora alguno que otro ciudadano condecorado en quien realza la Orden.  

sábado, 31 de marzo de 2018


La leyenda del Nazareno de Guatire
en su 145° aniversario
Aníbal Palacios B.

Un inusitado interés despertó en la población guatireña los actos conmemorativos de la Semana Santa de 2005 motivado a que después de 132 años volvió a verse la cabeza del Nazareno que alarmó a la bucólica aldea guatireña en el año 1873 y que, a falta de crónicas escritas, generó una leyenda en la cual se tejió una misma versión del suceso pero con diferentes protagonistas.

Conocía un lejano y difuso cuento de abuelos que narraba un hecho ocurrido en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, pero por inverosímil no le dedicaba mayor atención. Parecía una de tantas narraciones propias de Julio Lezama, un personaje nacido en Las dos Quebradas (El Bautismo) a principios del siglo XX a quien llamaban “el hombre más embustero del mundo” por su facilidad para inventar amenas y estrambóticas fábulas que nadie creía pero que a todos divertía. Así que cuando Margarita Centeno, en su casa de Maripérez, me invitó a narrar esta leyenda le expliqué lo poco que me gustaba escribir sobre temas que no podían sostenerse documentalmente, y ese hecho en particular tenía mucho mito y escasa veracidad.

-¿Cómo que escasa veracidad?, ¡la historia es real!- respondió enfática e indignada-. Por mucho tiempo yo tuve la cabeza del Nazareno en ese rincón de  la sala... Le diré a Esther María que hable contigo y te explique lo ocurrido.

Se refería a Esther María Jaspe Espinoza, nieta de Baldomero Espinoza; Margarita ignoraba que Esther había fallecido pocos días antes.  Esther María solicitó a sus hijos la cremación de su cuerpo y que sus cenizas reposaran en la capilla del Nazareno de Guatire. Tres días más tarde Gustavo y Luis Tortabú, sus hijos; vinieron al pueblo. Buscaban la manera de satisfacer los deseos de su madre y se toparon frente a la capilla del Nazareno con Antonio Pittol y este los envió al CEA, donde había una reunión de la Academia de la Historia. Conversamos, les expliqué que, ¿casualmente?, estaba tras la pista de la familia para constatar la autenticidad de lo narrado por Margarita Centeno y me informaron que sí, ¡ellos tenían la cabeza del Nazareno!

Luego de exponer los pormenores del asunto hablaron sobre la petición de su madre y me comprometí a que si se exhibía la cabeza del Nazareno durante la Semana Santa, es decir, un mes más tarde,  podía convenir con los directivos de la Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro para que satisficieran  los deseos de Esther María, y así ocurrió.

Leyenda y realidad
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho real; y eso es precisamente lo que rodea lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Santa, al momento de bautizar la nueva figura del Nazareno (ceremonia acostumbrada cuando llegaba una nueva imagen al templo), entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos. Esa relación de parejas hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era aceptada por la sociedad. Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿fortuitamente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara innecesariamente sólo por  satisfacer veleidades personales. .

Los sucesos
Dice la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante su asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, abrió la boca con expresión de incredulidad, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación.

 
La crónica
La Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro se fundó el 11 de abril de 1868; su primer Presidente fue Julián García y entre sus miembros estaba el padre José María Istúriz, Tesorero de la misma y párroco de esta feligresía para el momento en el cual ocurrió esta historia. En el Libro de Acta de esta Sociedad  consta que el 3 de mayo de 1873, 20 días después, Baldomero Espinoza fue autorizado para trasladar a Caracas la imagen del Nazareno para sustituir la cabeza por otra semejante a la del Nazareno de San Pablo. En dicha Acta no se especifica cómo ni por qué se deformó la imagen. Otro elemento que se sumó a la polémica que generó este acontecimiento gira en torno a la propiedad de la imagen y a la relación de Baldomero Espinoza con la Sociedad. Se dice que Espinoza no era miembro de ella, y por su gesto de sufragar la nueva imagen fue nombrado Miembro Honorario. Esta designación consta en el Acta del 03/05/1873; es decir un mes luego de ocurridos los hechos que narramos. Pensamos que bien pudo ser miembro de la Sociedad y recibir tal honor; de hecho, poco tiempo después fue nombrado Vicepresidente y meses más tarde, por razones no explicadas en los libros, renunció al cargo y a su condición de Miembro Activo, más no a su categoría de Honorario.
En relación a la propiedad del Nazareno, la familia Espinoza-Jaspe, siempre ha señalado que perteneció a ellos. Era costumbre en la época que las imágenes fuesen propiedad de las familias, y algunas de ellas las donaban a la Iglesia o a las Sociedades. En la misma Acta que citamos del 03/05/1873 está explícitamente escrito que la imagen del Nazareno pertenecía a la Sociedad. No obstante, nos preguntamos ¿por qué Baldomero Espinoza conservó la cabeza original, una vez sustituida, y no la Sociedad? Tal vez los prejuicios propios de la época permitieron que la Sociedad no se interesase en ella.

Calle Concepción, casa de Baldomero Espinoza
¿Fue  originalmente suya la imagen? Es necesario acotar que el Nazareno estuvo por muchos años bajo la custodia de la familia de Baldomero Espinoza, quien por lo demás vivía en la calle Concepción, justo frente a la iglesia. En el año 1928 se construyó la capilla del Nazareno, ubicada en la calle Miranda, en la esquina que conduce al sector conocido como Candilito, y la remozada imagen fue
 
llevada de la sala del hogar de los Espinoza-Jaspe hasta la nueva sede. De la Sociedad del Divino Maestro se conoce su Reglamento, que data de 1891, que nos sirvió de base para la investigación, pero se desconocen sus estatutos y su primer libro de Actas.

 ¿Casualidades o causalidades?
¿Es acaso casualidad que la Junta Directiva de la Sociedad del Divino Maestro de ese año 2005, a cuyo frente estaban Ángel Pereira, Rosana de Persis y Marianela Velásquez, haya exhibido la imagen del Nazareno en justamente en esta Semana Santa? Nuestra inquietud nace de la connotación que tiene la Conmemoración Pascual en ese año 2005.
Como es del conocimiento general, la Iglesia Católica celebra la resurrección del Señor el primer Domingo después de la primera luna llena que ocurre luego del equinoccio de primavera (marzo 21), y este año ocurre una confluencia poco común, que acontece tres o cuatro veces en un siglo: el Día de la Anunciación (25 de marzo) coincide con el Viernes Santo; es decir, el anuncio de la llegada de Jesús con el día de su pasión y muerte. La última vez que esto ocurrió fue en el año 1932; en el presente siglo se repitió el acontecimiento en el 2016 y volverá a suceder en  2089 y 2095.

¿Qué observó el público?
Iglesia vieja, plaza vieja
Explicamos la leyenda en referencia por la prensa local y anunciamos la exhibición de la cabeza del Nazareno en su capilla; esto generó  en la población  una gran expectativa por ver esa imagen. Para la gran mayoría era la primera vez que oían hablar de la leyenda; algunos estaban al tanto de ella a través de sus padres y abuelos, pero jamás habían visto la cabeza puesto que de desconocía su existencia y por ende no se exhibía en público. Sólo algunas personas privilegiadas allegadas a las hermanas Edelmira y Esther Jaspe, nietas de Baldomero Espinoza, habían tenido oportunidad de observarla, entre ellas Margarita Centeno, quien nos orientó hacia sus custodios.  La familia Jaspe manifestó que la imagen se "ennobleció" al volver al pueblo y sólo una expresión de asombro acentuada por unos ojos engrandecidos, queda como reminiscencia de lo ocurrido 145 años atrás. La boca abierta deja entrever la posibilidad de que ciertamente haya sacado la lengua y luego ésta se haya retraído; no faltó quien dijera que también se la habían cortado. Hubo quienes manifestaron que todo esto había sido un "invento" de la Sociedad para atraer gente a su sede. Lo cierto es que la expresión del rostro se suavizó; tal vez el Nazareno perdonó el agravio y a las actuales generaciones sólo nos haya impuesto como penitencia el soportar malos gobernantes desde el centenario de los hechos narrados a esta parte, por lo que elevamos nuestras plegarias por el perdón definitivo, y para que se nos libere de este tormento.

Colofón
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la alcaldesa Solamey Blanco decidió reparar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy cortas y demasiado inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado y calificado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba en su capilla, a tres cuadras de allí.

Cosas veredes, amigos míos.

 


 

 

 

 

 

 




 

domingo, 10 de diciembre de 2017


La Orquesta Sinfónica Venezuela  
y su concierto en Guatire
Aníbal Palacios B.

Presbítero Beltrán Sánchez - Foto Víctor Álvarez
 La Santísima Cruz del Valle de Pacairigua y Guatire quiso que bajo su cielo coincidiera y se conjugara la presencia de tres destacados lugareños que en distintos ámbitos del quehacer ciudadano favorecieran a la comunidad, enaltecieran el gentilicio y fortalecieran la guatireñidad. Así lo dispuso y se cumplió; y hoy, 8 de diciembre de 2017, día de la Inmaculada Concepción, en el mismo lugar en donde se oficia la Santa Misa desde el año 1680, la Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela, el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco y la Parroquia de la Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, rinden homenaje a Henry Leroux Planchart, con motivo del centenario de su nacimiento (nacido el 15 de diciembre de 1917); Francisco Mujica Toro, debido a los veinte años del fallecimiento (hecho acaecido el 10 de diciembre de 1997), y Vicente Emilio Sojo por cumplirse hoy ciento treinta años del  nacimiento (ocurrido el 8 de diciembre de 1887.
Luego de realizar una ofrenda floral ante el busto del maestro Vicente Emilio Sojo, la concurrencia se dirigió al templo donde el presbítero Beltrán Sánchez oficiaría una Misa Solemne en honor a la Inmaculada Concepción de María. En su homilía, el párroco de la feligresía guatireña resaltó la trascendencia litúrgica de la fecha y subrayó la feliz coincidencia con el nacimiento de Vicente Emilio Sojo. Concluida la misa, Miguel Alciro Berroterán, maestro de ceremonias y promotor del evento, explicó brevemente la 
Foto Víctor Álvarez
motivación del acto, y el maestro Pedro González Amaya, presidente de la Orquesta Sinfónica Venezuela (OSV), se dirigió a los presentes para resaltar la importancia que para los integrantes de la Sociedad OSV tiene este encuentro con el pueblo que vio nacer al Maestro Sojo, a pesar de que su continuidad a veces se haya visto interrumpida por las vicisitudes propias de los tiempos que vivimos; prometió el Maestro González Amaya fortalecer aún más los lazos entre la Orquesta Sinfónica Venezuela y el pueblo de Guatire.
 
A continuación, bajo la dirección del Maestro Alfonso López Chollet, la Orquesta Sinfónica Venezuela inició su concierto en la Iglesia Santa Cruz de Pacairigua y Guatire con el siguiente repertorio:
                                           Antelación e imitación fugaz, de Gonzalo Castellanos
                                           Suite del Cascanueces, de Tchaikovski
                                           Suite de aguinaldos venezolanos, de Pedro López.

 Durante  la interpretación del último acto, el Maestro Alfonso López sorprendió a los presente con una invitación a acompañar a la Orquesta cantando el estribillo de los aguinaldos, en una perfecta comunión entre la Orquesta y su audiencia, muy propia del recinto que acogía el encuentro.
            Previo al inicio del Concierto, quien suscribe el blog, describió a los homenajeados con la siguiente semblanza:

Henry Leroux Planchart
            Parafraseando a cierto escritor alemán podemos afirmar –con absoluta propiedad- que algunas personas consideran capitalino al destacado médico guatireño Henry Leroux, porque accidentalmente naciera en Caracas un 15 de diciembre de 1917; es decir, hace 100 años. Graduado de médico en la Universidad Central de Venezuela en 1940, el Dr. Leroux se trasladó a Guatire y asumió la dirección del Hospital Santa Marta, que así se llamaba aunque esa categoría se la dio el propio Henry Leroux al crear un quirófano y formar un equipo de enfermeras especializadas, que permitió atender a toda la comunidad del este mirandino, desde Cúpira hasta Mampote.

Parco en el hablar pero certero en concebir y concretar ideas, Henry Leroux fue literalmente médico de cuerpo y almas de los guatireños de mediados del siglo pasado. No se limitó solo a curar heridas y sanar enfermedades; forjó además la espiritualidad aldeana al involucrarse directamente en el único y esencial pasatiempo de los lugareños. Así, un domingo cualquiera observó que muchos pobladores se dirigían animadamente hacia el sector Curazao, donde jugaban beisbol los equipos Lanceros y San Luis. Se unió al grupo y le gustó la calidad, el alto nivel de juego, el espíritu de lucha, la mística y el entusiasmo del público, y en el transcurso del partido en su mente germinó una idea brillante: unir ambos equipos en una sola divisa capaz de competir exitosamente en la exigente liga de beisbol caraqueña. Así, conformó el equipo Gavilanes de Guatire en 1943 y los muchachos le dieron la razón: en su primer año fueron campeones  de la segunda división de la Liga y ganaron el ascenso a la primera.


El Directos alecciona a los asistentes - Foto Víctor Álvarez
Henry Leroux fue Presidente del Concejo Municipal de Zamora y, entre otras medidas, promovió la creación de una farmacia popular con medicamentos gratuitos que obtenía con donaciones y muestras médicas. También fue Diputado de la Asamblea Legislativa del Estado Miranda y cuando su formación profesional le exigió atender cargos de Docencia Médica y de Director del Puesto de Salas, no abandonó al pueblo, y cada sábado regresaba al Hospital a realizar las intervenciones quirúrgicas que requerían sus pacientes. Se unió a Lourdes Hernández, una gran mujer que brillaba con luz propia, y tuvo cuatro hijos. El Dr. Leroux no tuvo tiempo para ejercer la medicina privada, pero sí para sus pacientes y su familia. A él, nuestro eterno agradecimiento.  
 
Francisco Mujica Toro
          El profesor Mujica, como todos le conocían, nació un 24 de abril de de 1933.  Baloncetista, artista plástico, docente, volibolista, diseñador gráfico, cultor, promotor social; en fin, es difícil encasillar a Francisco Mujica en una actividad específica de trabajo porque, entre otras razones, sobresalió en todas. Se trata de un ciudadano paradigmático en el quehacer social y cultural zamorano que dedicó toda su vida al trabajo comunitario sintetizado en la docencia, el deporte y la cultura. Formó varias generaciones de guatireños y guareneros en las aulas del Grupo Escolar Elías Calixto Pompa, el Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco, el Colegio Santa María Goretti, el Liceo Nacional Guarenas y la Escuela Técnica Industrial de Los Naranjos, antes de instruir caraqueños en el Instituto Pedagógico de Caracas.

Pese a todo eso, a Francisco Mujica Toro se le conoce más como el fundador del Orfeón Régulo Rico y el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco; y no es para menos, dada la importancia y trascendencia de ambas instituciones.

El profesor Mujica supo combinar un afable carácter con una enérgica disciplina para moldear equipos de trabajo que le llevaron a consolidar sus muchas propuestas organizativas; hoy resaltamos una de ellas, para que no pase inadvertida:

Francisco Mujica fue un determinante factor organizativo y operativo en el proceso que llevó a redimensionar la vieja tradición de la Parranda de San Pedro de Guatire, que languidecía tras la muerte de Justo Pico Tovar. Ese accionar permitiría posteriormente a la Parranda alcanzar las altas cotas de popularidad, estabilidad y reconocimiento que hoy le son propias y de las que entonces carecía. Francisco Mujica Toro siempre se consideró un ciudadano común y corriente, pero tuvo un don divino que puso a disposición de las comunidades de Araira, Guatire y Guarenas y su sencillez le valió el respeto y la consideración de la sociedad en general y de sus discípulos en particular. A 20 años de su fallecimiento rendimos homenaje a este ilustre ciudadano guatireño.

Vicente Emilio Sojo
         Nació en Macaira, un alejado sector del centro de Guatire para aquella feche del 8 de diciembre de 1887; es decir, hace 130 años.  

El expositor - Foto Víctor  Álvarez
Justamente aquí, en este Santa Iglesia de la Santa Cruz de Guatire, Pedro Ramón Palacios Sojo Gil y Arratia, Enrique León y Régulo Rico, cantaron la misa, y aquí aprendió Vicente Emilio sus primeros compases musicales de la hábil batuta del maestro Régulo Rico, por lo cual no es casualidad que sea éste el apropiado lugar escogido siempre por la Orquesta Sinfónica Venezuela para rendir homenaje a su fundador; porque, en mi opinión, es precisamente la Orquesta Sinfónica Venezuela la mayor de las creaciones musicales del maestro Vicente Emilio Sojo.

Una que una de las mayores virtudes del maestro Sojo fue potenciar las ya grandes cualidades de un grupo de músicos contemporáneos y de jóvenes promesas del difícil y exigente arte de la musicalidad, para ahondar en las raíces históricas de la música nacional, recopilar ese legado social y proyectar dentro y fuera del país la riqueza y variedad de nuestras tradiciones musicales; de allí la trascendencia de su obra.
 
Foto Víctor Álvarez
Pese a su congestionada agenda de trabajo, el maestro Sojo jamás se desvinculó del terruño e incluso logró que sus alumnos lo quisieran tanto como él, le cantaran, le compusieran y la homenajearan permanentemente. A todos los integrantes de la Orquesta Sinfónica Venezuela, a través de su historia, nuestra gratitud.

¿Cómo no sentirse orgulloso de la obra de Vicente Emilio Sojo y de los grandes músicos que precedieron su labor en esta aldea? Para los guatireños, la presencia histórica del Padre Sojo, Régulo Rico y Vicente Emilio Sojo, responde claramente a una vieja interrogación musical: los cantantes podrán ser de La Loma pero en Venezuela, los músicos, son de Guatire.
 
 
 
 
 
 
 

 

domingo, 26 de noviembre de 2017


FRANCISCO DELGADO DALO:
LA VISION FUTURISTA DE UN CONCEJAL GUATIREÑO
Aníbal Palacios B.

El terremoto del 29 de octubre de 1900 puede servir como punto de partida para un análisis de la gestión municipal en Guatire, porque nos permite observar dos claras tendencias de estilo gerencial que podemos definir como de carácter social, el que prevaleció desde citada fecha hasta el 23 de enero de 1958;  y política, el que hemos conocido a partir de la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez.
Terremoto de 1900 (Foto El Cojo Ilustrado)
A las 4 de la mañana del 29 de octubre del año 1900 un violento terremoto sacudió al bucólico pueblo de Guatire y destruyó casi todas sus viviendas desde La Lagunita (Macaira), hasta los predios de Curazao, límites urbanos de Norte y Sur, así como entre las Calles Manzanares (hoy calle 9 de diciembre) y Sucre, límites de Este y Oeste. De la iglesia, sólo quedó en pie la Torre del Campanario, visiblemente fracturada. Luego de las lamentaciones de rigor, un grupo de ciudadanos entre los que destacaban Antero Muñoz Escalona, Elías Centeno, Luis Betancourt y Antonio García Guerra, asumen la responsabilidad de reconstruir al pueblo en general y a la iglesia en particular. Ese comportamiento fue el modelo de gestión municipal que guió a las autoridades municipales guatireñas durante seis décadas; es decir, solucionar los problemas del pueblo, sin excusas por falta de recursos presupuestarios. Acueductos, escuelas, hospitales, calles y plazas quedaron como evidencias tangibles de un mandato administrativo orientado al servicio de una comunidad y no de intereses personales o grupales. Llegó la democracia y los criterios políticos comenzaron lentamente a imponerse sobre los fundamentos sociales y luego, en los últimos dieciocho años, el desatino, la improvisación y el desarraigo aldeano, se convirtieron en el manual operativo de la gestión municipal.

La excepción que confirma la regla
Desde 1958 hasta el 2015 han ejercido la dirección de la Administración Municipal en Guatire unas 20 personas; bajo la denominación de Presidente del Concejo Municipal, al principio y luego como Alcaldes, a partir de 1989. De ellas solamente podemos catalogar como sobresaliente la gestión de Francisco Delgado Daló, quien ejerció como Presidente del Cuerpo Edilicio entre 1968 y 1971, y luego entre 1983 y  1985. El criterio de gestión gubernamental que orientó el mandato de Francisco Delgado fue el de quienes condujeron los destinos del pueblo durante las primeras seis décadas del siglo XX; es decir darle un matiz social a su administración, por lo que los resultados no se hicieron esperar.
Un problema recurrente del guatireño ha sido la falta de vivienda, aún en épocas de poco movimiento migratorio, situación que se vio agravada con el terremoto de 29 de julio de 1967. Guatire no tuvo ejidos, lo cual visto en retrospectiva, dado el comportamiento habitual de los dirigentes políticos del país, podemos considerarlo una bendición. Eso motivó que los dueños de las haciendas que circundaban el municipio, cedieran terrenos para que sus trabajadores construyesen viviendas cerca de sus lugares de trabajo, pero en pocos casos se legalizaron títulos de propiedad y cuando el terremoto destruyó sus casas y surgió el convenio entre Fedecámaras y el Banco Obrero para reconstruirlas se presentó el problema de respaldo al préstamo hipotecario. Francisco Delgado, en un acto de absoluta justicia social pero carente de fundamento jurídico, dictó una Ordenanza que convirtió al Municipio en garante de los préstamos y agilizó los trámites de traspaso de la propiedad de los terrenos afectados. Al final las hipotecas fueron condonadas, pero el problema se enfrentó con hidalguía.

Las Barrancas, el barrio más antiguo de Guatire y quizás el más olvidado, recibió una atención integral: asfaltado, acueducto, cloacas, la Capilla de Santa Isabel de Guía y una cancha deportiva. La Urbanización Tapaima (o Las Casitas, o Arnaldo Arocha, como quiera usted llamarla) fue producto de la gestión de Francisco Delgado, desde la consecución del terreno hasta la edificación de las viviendas y el urbanismo inicial. A todas las barriadas de la población se les construyó canchas deportivas y se les atendió otras necesidades. Las familias de Araira recibieron títulos de propiedad de los terrenos de sus viviendas, que eran propiedad del Instituto Agrario Nacional y el bulevar paralelo al rio se convirtió en un desahogo vial expedito. Todo eso con un pírrico presupuesto municipal; es decir, que el trabajo en favor de las comunidades  de realizó a fuerza de gestiones políticas ante instituciones públicas y privadas.

Visón de futuro
 
A la par de atender las barriadas, Francisco Delgado acometió la obra social más transcendente del período democrático en Guatire: la remodelación del casco urbano de la población. El proyecto no tuvo oposición política ni ciudadana; todos entendieron la necesidad de ampliar la calle Bermúdez (cuyo propósito inicial la extendía hasta Terrinca), y la calle Miranda (que en su primera etapa debía llegar hasta el Colegio San Martin de Porres). Sólo hubo un poco de comprensible aflicción por parte de algunas familias residentes en dichas calles cuyos hogares de ancestral tradición debían modificarse para ceder espacios (unos 10 metros de  cada frente) que permitiese convertir las calles en avenidas. Cora de Useche, Lourdes Hernández, Ángel María Daló, la familia de Régulo Rico, los Muñoz, García, Graterol, etc., enfrentaron su propia nostalgia convencidas de que el pueblo requería una cuota de sacrificio urbanístico. Lágrimas no faltaron, pero comprensión tampoco. De no haberse ampliado estas vías, Guatire sufriría  un caos vial semejante al de las calles Páez y Comercio de Guarenas, agravadas por la carencia de ejidos que se constituía es una especie de camisa de fuerza que constreñía el desarrollo urbano. Guarenas pudo crecer hacia las áreas periféricas, aislando al casco central; Guatire ni siquiera tenía esa opción. Hoy, un  autobús de pasajeros tendría que maniobrar en las 4 Esquinas hacia adelante y atrás para cruzar de la calle Bermúdez hacia la Miranda.

 
 
Paralelamente, Delgado Daló conversó con los propietarios de las Haciendas El Rincón, El Palmar, La Margarita y El Ingenio y les expuso que de no urbanizar sus predios corrían el riesgo de ser invadidos, porque la presión social era alta y a la municipalidad cada vez le era más difícil contenerla. En pocos años surgieron proyectos urbanísticos en La Rosa, Valle Arriba, Villa Heroica y Castillejo. Por otra parte se invitó a numerosas empresas para crear parques industriales con la oferta de exonerar impuestos por un año, con la condición de que empleasen mano de obra local, porque hasta ese entonces, los guatireños trabajaban en Caracas y Guarenas. El Centro Cívico era muy grande para albergar la nómina de trabajadores (¡Que en ese entonces si trabajaban!) del Concejo Municipal, por lo que hubo que alquilar  un piso entero a Eleggua  y cederle la azotea al CEMAG. El Cañaote del Barrio pasó a  llamarse Bulevar I y II, al ser embaulada la maloliente quebrada y construida las caminerías; se reforestaron las calles en labor conjunta con el CEMAG y se edificó la Sala de Fisiometría. Todo eso logró Francisco Delgado Daló a pulso de visión futurista y gestión política y administrativa concebida en función de generar bienestar a la comunidad, porque los recursos presupuestarios eran escasos; vendrían, sí, después, precisamente como consecuencia de su gestión al promover la construcción de esas viviendas que generarían impuestos catastrales y esas industrias que aportarían ingentes impuestos municipales, que hoy sirven sólo para alimentar la voracidad política y burocrática.

Sí, Francisco Delgado Daló es un político que se convirtió en paradigma de lo que debe ser un gerente municipal; allí está su obra, la tangible y la intangible, porque ambas se pueden valorar e imitar. Delgado Daló recuperó el carácter social de la gestión gubernamental de quienes dirigieron los destinos de Guatire y Araira durante la primera mitad del siglo XX, y así merece ser reconocido.