viernes, 10 de agosto de 2018


El Amigo del Pueblo:
nunca un nombre reflejo tanto una realidad
Aníbal Palacios B.

     En 1943 dos jóvenes empresarios, Vicente Rubino y  Manuel Felipe Rangel,  establecieron en Guatire una empresa de autobuses cuya trascendencia social y económica sólo es comparable con la que tuvieron en su oportunidad las haciendas de caña de azúcar.
     Para la época Guatire era una aldea semi rural, de unos cuatro mil habitantes, cuya economía se sustentaba en la agricultura. Viajar a Caracas constituía un serio obstáculo en la búsqueda de nuevos horizontes para una población emergente que no hallaba espacio laboral en las haciendas de caña, bien por falta de vacante
Izquierda: Terminal de pasajeros

s o por no tener condiciones físicas apropiadas para la dura tarea. Los jóvenes que se formaban en el Colegio Narvarte (varones) y Padre Puerto (damas) y que posteriormente convergieron en el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa (mixto), no tenían los recursos físicos (y la mayoría ni económicos) para continuar estudios medios y superiores en Caracas. Adicionalmente, Guatire se encontraba un poco aislado en medio de los dos polos de desarrollo más importante del momento: la sempiterna Caracas y el pujante Carenero. Pues bien, la empresa El Amigo del Pueblo solucionó ese problema.


El momento oportuno en el lugar preciso
      La empresa se inicia con dos pequeñas unidades Ford cuyas cabinas eran de madera y trasladaban pasajeros hasta Guarenas; de inmediato incorporan Araira a la ruta, y desplaza el transporte a tracción humana y animal, porque quien no disponía de un burro, sencillamente tenían que trasladarse a pié. Poco a poco crece y amplía su ruta hasta Caracas y luego a Caucagua, Higuerote y Rio Chico, con lo cual enlaza todo el este mirandino que a partir de entonces gira en torno a esta empresa guatireña, ubicada en la Calle Bermúdez, cerca de las cuatro esquinas, en el espacio que hoy ocupa el Supermercado Roca Azul.  Era una moderna terminal con una redoma interna donde los autobuses recogían a los pasajeros y salían por la calle Bermúdez rumbo al oeste. Seguramente usted se resiste a creer que en ese local donde hay estantes y productos (bueno, en realidad hay estantes, pero ya no quedan productos) pueda entrar y dar vuelta un autobús,  pero por aquel entonces las unidades eran más pequeñas. De allí también partían en busca de pasajeros por la calle Miranda y Concepción giraban en Caja de Agua y retornaban por las mismas calles para trasladarse a Guarenas, Petare y Caracas.
      En su momento de esplendor El Amigo del pueblo, llegó a generar alrededor de 200 empleos directos; es decir mucho más que todo el comercio local  en conjunto, e individualmente superior al de muchas haciendas cañicultoras. Choferes, colectores, fiscales, mecánicos, carpinteros, latoneros, pintores, bomberos, caucheros, aseadores y oficinistas, tuvieron cabida en la empresa, que por lo demás, pagaba buenos sueldos. Pero tan importante como eso, facilitó que la masa juvenil guatireña y guarenera pudiese estudiar en la lejana Caracas y a su vez, que la creciente masa trabajadora buscase opciones en los centros industriales de la capital y sus alrededores. También vale destacar que El Amigo del Pueblo le generó a la población barloventeña una conexión directa con Caracas, sin necesidad de pasar por La Guaira, en la ruta marítima desde Carenero.


      La demanda de servicio creció rápidamente despertando a una dormida economía y la empresa pronto abrió oficinas en Caracas e Higuerote, amplió su flota de transporte y masificó el servicio de encomiendas, a través del cual, en parrillas ubicadas en el techo, los autobuses transportaban diversas mercancías para las tiendas, surtían de casabe, aguacates, naranjas y mangos a pequeños mercados caraqueños y hasta gallinas y cochinos para algún urgido cliente.  La prensa diaria, por ejemplo, era trasladada desde Caracas en la primera unidad que retornaba, luego de salir de Guatire a las cuatro de la mañana; es decir que alrededor de las nueve ya los guatireños tenían en sus manos sus periódicos favoritos, que antes recibían en horas de la tarde y en algunos casos el día siguiente.

Responsabilidad social empresarial
      Siempre ha existido la creencia que explica que los nombres propios tienen características implícitas o inherentes a sí mismos; en ese sentido, si algún nombre se corresponde bien con una realidad es justamente el de la empresa El Amigo del Pueblo. El término responsabilidad social empresarial es un concepto nuevo en la legislación venezolana, al cual (por supuesto) no le hacen caso la mayoría de las empresas privadas y ninguna de las públicas. Pues bien, esta pequeña y aldeana compañía puso en práctica esta modalidad desde sus inicios a través del bono estudiantil y el bono de los trabajadores. ¡SIN SUBSIDIOS GUBERNAMENTALES NI TRAMITES BUROCRATICOS!
      En épocas donde no existía inflación, el pasaje se mantuvo inalterable: Bs. 0,50 a Guarenas y Araira; Bs. 1,50 a Petare y Bs. 2.00 para Caracas. Los estudiantes pagaban medio pasaje y los trabajadores tenían un descuento del 25%. Así, todos los sábados los trabajadores se dirigían a las Oficinas de la empresa y adquirían su lote de bonos para la semana siguiente. No era necesario carnet alguno, ni formalidades, ni colas.
      En los años cincuenta, un chofer de la ruta Guatire-Caracas ganaba 25 bolívares diarios y un colector  la mitad. Quienes iban a Barlovento tenían un sueldo mayor y cobraban viáticos. Luis Guillermo González explica que para viajar a Higuerote recibía, como colector, 5 bolívares adicionales que le alcanzaban para dormir en una pensión y disfrutar de una opípara cena.
      Establecer parámetros comparativos entre aquellos sueldos con los de ahora no resulta una tarea sencilla por la absurda situación hiperinflacionaria que sufre el país. No podemos compararlo el salario en dólares (Bs. 3,30 era el cambio oficial de aquellos años) con el oficial de ahora (¿alguien sabe a cómo se cotiza?) por virtual, inexistente e indiscutiblemente inaccesible. Y para no meternos en líos gubernamentales con el paralelo tampoco haremos comparaciones de este tipo, además ¡es imposible! Pero si usted desea echar números le diremos que un salario mínimo en la década de los cincuenta  era equivalente a 7,75 US$ ¡y mire que rendían!
       En 1958, por ejemplo, se anunciaba en la prensa un Austin último modelo con una inicial de Bs. 1.400,00 y 24 cuotas de Bs. 250,00. Usted podía alquilar una buena vivienda 
Visita de Rómulo Betancourt  en 1958. A la izquierda
un bus sale de la terminal
cercana a la Plaza 24 de julio por 50 bolívares y con veinte llevar un mercado a su casa con verduras frescas, carne, pescado seco, azúcar, culei, pasta La Castellana, pan y leche sin necesidad de hacer colas. Todo ello, vale decir, en bolívares requeteviejos. Lo único que no encontraría en las bodegas era detergente, lavaplatos, esponjas ni cera para pisos; porque sencillamente se lavaba a mano con jabón Las Llaves,  se fregaba con estropajo que en cualquier montarral encontraba en abundancia y los pisos se pulían con esperma de velas y kesosene, costumbre esta que sería rescatable si el sueldo actual alcanzara para comprar la vela y el kerosene, como en la época que nos sirve de marco histórico. El papel higiénico Cruz  Blanca, menos demandado entonces (había otras opciones), se ofrecía a 3 unidades por un bolívar.


Marcos Bilich
      Un colector ganaba Bs. 12, 50 diariamente; es decir 3,78 US$. Marcos Bilich, por ejemplo, formó, alimentó y educó una familia de nueve hijos con ese salario; pudo comprarse un carro, pero prefirió construir una vivienda en la calle Anzoátegui. Inmigrante croata, Bilich vivió y sufrió desde los catorce años los rigores de la II Guerra Mundial de la cual sobrevivió milagrosamente. Esa dura experiencia le sirvió para tener una perspectiva distinta de la  vida y con esa visión formar a su familia. Bilich redoblaba su trabajo para aumentar sus ingresos y poder afrontar los gastos familiares con menor rigor.
      Para la otra camada de colectores, los jóvenes solteros, el salario les abría las puertas del paraíso, y al cobrar acudían al Bar Victoria o al Taurino, donde cada viernes eran recibidos con el festivo grito de “ahí vienen los colectores”, lo que implicaba buenas ventas y generosas propinas.

Paradoja laboral
      Héctor Rangel y Alfredo Gil, jóvenes militantes de la clandestina Acción Democrática, formaron un sindicato en 1957, quizás una semilla intrascendente en su momento, pero que germinaría cuatro años después. En 1960 la empresa cae en una crisis económica. Poca inversión en el mantenimiento de las unidades, nula renovación de la flota y lo que es peor, se niega a pagar doble los domingos: Se inician las protestas de los trabajadores.
Ceniza, por donde se entraba a Araira
     Nina y Francesca Petrizzo, sobrinas de Vicente Rubino que trabajaban en el área administrativa, nos comentan que el problema fue más mucho más grave:   comenzaron a retrasarse los pagos semanales. Los trabajadores se negaban a movilizar los autobuses y en muchas ocasiones había que esperar la entrada al terminal de alguna unidad para pagar sueldos con lo recaudado en ese viaje. Estalló el conflicto laboral y luego judicial que derivó en un embargo de los autobuses y los trabajadores constituyeron en 1961 la Asociación Cooperativa de Transporte Colectivos Barlovento; es decir, dueños de su propia empresa… pero continuaron sin cobrar doble los días domingos. Esta vez no había un patrón laboral a quien reclamarle.


Cierre del ciclo
     La cooperativa fracasó y los trabajadores vendieron su propiedad a otros empresarios que supuestamente conocían mejor el negocio; se creó la empresa Expresos Barlovento; de la noche a la mañana choferes y colectores pasaron de dueños a empleados… y comenzaron, ¡por fin!, a cobrar doble la jornada dominguera, muchos años después.
     A todas estas, Nina y Franscesca Petrizzo fueron dejadas a un lado; ser sobrinas del dueño les perjudicó económica y laboralmente y no fueron tomadas en cuenta para los arreglos judiciales de rigor. No hay mal que por bien no venga, se convirtieron en excelentes peluqueras, a tal punto que las damas guatireñas presumían de sus arreglos:
      -       ¿Dónde te peinaste?
      -       Con las Petrizzo, decían presuntuosamente, aunque no fuese cierto.

     De aquella época nos mencionan choferes como Juan de Mata García, Ascención Matos, José Salcedo, Esteban Pacheco, Iginio Nuñez, Toribio Correa, Santos Pacheco, José Ferro, Diosgracia Regalado y Ladislao Istúris, entre tantos, y colectores como el paradigmático Marcos Bilich, Luis Guillermo González, Cecilio Consomé Utrera, Rigoberto Povea, Felipe Cuevas y el Catire Martínez. Pero lo que más se recuerda, y se añora, es el trato cortés, respetuoso y afable de choferes y colectores, muy distante (y distinto) del que dispensan ahora quienes ejercen el mismo oficio.

sábado, 21 de julio de 2018


¿VENEZUELA NAZI?
Aníbal Palacios B.

La posibilidad de que Venezuela fuese colonia nazi, punto de avanzada para dominar la América entera, pero fundamentalmente al mayor enemigo del Reich durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos de América, no deja de ser un simple elemento anecdótico por el mero hecho de que los alemanes perdieron la guerra; pero la historia pudo ser distinta.
El escritor Carlos Irazábal, en su obra “Hacia la Democracia” (Editorial Ateneo de Caracas. Cuarta edición. Caracas, diciembre de 1979), rescata esta peculiaridad que, como tantas otras no menos interesantes, suelen pasar inadvertidas en el estudio de la rica historia venezolana. 
 


Foto Pueblos originales.com
Señala Irazábal que en 1934 el historiador alemán Erich Reimenrs, ya con una clara idea de lo que se pretendía en el ambiente político ario, escribió una obra titulada “Die Goldenen Berge. Ein Deutscher Keldenzug” (“La Montaña Dorada. Expedición Épica Alemana), editado en Leipzig, donde narra las aventuras de un grupo de valientes y nobles alemanes en tierras venezolanas, en el siglo XVI. Posteriormente, en 1938, la Editorial Wilhelm Goldman, de Leipzig, edita “Die Welser Landen in Venezuela” (Los Welser llegan a Venezuela), donde el mismo autor, Erich Reimenrs, señala que… ”Es significativo que las colonias alemanas de África nos han sido robadas con métodos similares a los que usaron los españoles hace 400 años expulsando a los alemanes de Venezuela. Pero nosotros sabemos que una Alemania fuerte y unida nunca renunciará a sus colonias...”. (Cita Irazábal). 
Ciertamente, en 1528, recién creada la Provincia de Venezuela por Carlos V, el rey español la cedió, en hipoteca, a los banqueros alemanes Welser, quienes a partir del 27 de marzo de ese año, y hasta 1546, la usufructuaron en su propio provecho, fundaron algunas ciudades y se dispusieron a buscar, infructuosamente, el oro prometido. De hecho, el primer gobernador y Capitán General de Venezuela fue un alemán: Ambrosio Alfinger, y le sucedieron en el cargo Nicolás Federman, Jorge Spira y Felipe de Hutten. Así, la historia nos enseña que los primeros colonizadores de Venezuela no fueron españoles.  
Foto venelogia.com
Conocido esto, lo anecdótico puede interpolarse en el ámbito de las especulaciones: la intención alemana de reclamar su falsa propiedad sobre territorio venezolano. La capitulación de 1528 no entregó a los Welser la soberanía de esta región, y a partir de 1811 somos una nación libre y soberana. Era evidente y de seguro se convertía en la manera más expedita de dominar el continente americano, una vez controlada Europa, que los nazis desconocerían una y otra situación histórica para apoderarse militar y políticamente de nuestro país; con toda seguridad el dictador español Francisco Franco le hubiese facilitado los trámites aceptando la pretendida legalidad alemana.
 
Por supuesto, Estados Unidos no estaba dispuesto a permitir tal situación, por lo que la II Guerra Mundial hubiese tenido un nuevo frente: Venezuela. Es posible incluso que Alemania no esperase invadir Inglaterra, sino que intentase controlar nuestro país como estrategia para distraer tropas y recursos norteamericanos dirigidos en principio a sus aliados europeos, debilitándolos en consecuencia. Los norteamericanos no habrían tenido otra alternativa que intentar realizar en nuestro país una guerra corta; es decir, bombardeos estratégicos en los campos petrolíferos y en los puertos, para bloquear energética y logísticamente a sus enemigos. De hecho, por si acaso, durante la guerra los norteamericanos estuvieron atentos en las costas venezolanas a cualquier indicio que pudiera parecerse a un submarino alemán, que los hubo. La historia registra un encuentro en el año 1942 en el Golfo de Venezuela cuando un submarino alemán atacó a tres buques petroleros venezolanos que se dirigían a la refinería de Curazao: Pero los alemanes atacaron barcos, no pozos ni refinerías. ¿La intención de los submarinos alemanes era sabotear los pozos petrolíferos del lago de Maracaibo o protegerlos? En alguna parte debe existir documentación que clarifique este dilema, pero inexplicablemente la historiografía venezolana no ha profundizado su análisis, vaya usted a saber por qué.
La revista El Desafío de la Historia (N° 28, Caracas, Septiembre de 2011) dedica su edición al tema de Venezuela en la Segunda Guerra Mundial, y ante la ausencia de comentario alguno sobre las pretensiones alemanas de reclamar la propiedad del territorio venezolano, les envié la siguiente nota:
Guatire, 31 de octubre de 2011
Soy lector de El Desafío de la Historia desde sus inicios, y cada edición sobrepasa con creces mis expectativas sobre el contenido. No obstante, en la edición dedicada a Venezuela en la Segunda Guerra Mundial, esperaba encontrar información sobre un tema específico y no fue así.
 Se trata de una circunstancia que ha pasado inadvertida dentro del estudio de la historia venezolana y que rescató Carlos Irazábal en su libro Hacia la Democracia (Editorial Ateneo de Caracas. Cuarta edición. Caracas, diciembre de 1979, pp.235 y 236): la pretensión alemana de reclamar la titularidad del territorio venezolano, dado que en sus inicios, Venezuela fue colonizada por los Welser.
Basado en Carlos Irazábal, escribí una crónica para el mensuario Tere Tere (Nº 5, diciembre de 2000), que se edita en Guatire. Ignoro si podrá ser de alguna utilidad, pero les anexo la nota por tratarse de una eventualidad histórica que entra perfectamente en los que se denomina ucronía y que, ciertamente, pudo haber cambiado la historia.

La crónica fue publicada en la edición Nº 30 (Diciembre, 2011) en la sección Cartas del lector, con el siguiente título: De los Welser… a los nazis, sin comentario alguno.
Foto: elbucare.com
Previamente había llamado mi atención que el historiador español Jesûs Hernàndez, autor entre, otros libros, de Todo lo que debe saber sobre la Segunda Guerra Mundial (Nowtilus. Segunda Edición, abril de 2010), tampoco se refiere al tema y le envié la nota sobre la pretensión alemana de reclamar la titularidad del territorio venezolano. Hernàndez respondió que desconocía la información.
Ahora me encuentro con un ensayo de Nancy Fernàndez (Papel de Venezuela en la II Guerra Mundial) que aborda el tema y señala la abierta participación del presidente Isaìas Medina Angarita, quien detuvo y confinò a centenares de ciudadanos alemanes en campos de  concentración ubicados en distintas ciudades del país, además de romper relaciones con Alemania. La información de Nancy confirma que si hay registros sobre la situación expuesta y quizás comienzan a florecer.
Lo cierto es que todo esto tiene un solo significado, cualquiera hubiese sido el resultado de esta hipotética presencia alemana en nuestro territorio, en la confrontación subsiguiente el gran perdedor no hubiese sido otro que Venezuela.

 

domingo, 24 de junio de 2018


La Parranda de San Pedro:
¿De Guatire o de Guarenas?

Aníbal Palacios B.

 A estas alturas, cuando por más de doscientos años ya hemos recorrido un largo trecho, algunos cultores guareneros se mantienen sumergidos en un marasmo existencial para tratar de convencerse a sí mismos sobre la insostenible hipótesis de pretender que la Parranda de San Pedro es originaria de Guarenas. Algo que no preocupa en absoluto a sus semejantes guatireños que lo consideran una disputa irrelevante, estéril, vana, intrascendente y extemporánea, entre otras razones porque nadie puede demostrar nada que supere las especulaciones sinsentido.

Fotografía Daniel Hernández
La actitud de estos parranderos deviene en la de un padre irresponsable de dudosos sentimientos de culpa y arrepentimiento, que nunca atendió a sus hijos, jamás les dio afecto, ni cuidó de su alimentación, salud y educación, pero cuando el joven adquiere un título académico (Summa Cum Laude, por lo demás), intentan figurar en la fotografía de rigor ocupando un inmerecido primer plano, para luego, pasada la euforia del momento, volver a desaparecer de la vida del hijo  abandonado. Esa no es la actitud. Desde hace muchos años, los parranderos guatireños escogieron el camino de la atención, difusión, consolidación y proyección de la leyenda, primero en la propia aldea y luego allende nuestros límites geográficos; los resultados están a la vista. En un artículo publicado en www.guatire.com, la excelsa pluma de Marlon Zambrano zanja la discusión en los siguientes términos: “El San Pedro es aquello que nos contaron y en lo que depositamos fe ciega. Nadie sabe cómo, cuándo y dónde nació pero todos, a través de la tradición oral, afirman que fue entre Guarenas y Guatire, cabalgando los siglos XVIII y XIX en respuesta de los esclavos a la liturgia sincrética que diluía la devoción chamánica con la ceremonia eclesiástica”.

La hacienda San Pedro
Un argumento repetitivo es que la existencia de una hacienda San Pedro en Guarenas demuestra por sí sola que la parranda nació allí. Esto pudiera envalentonar a los habitantes de una populosa y ferviente Parroquia caraqueña para argüir que la Parranda de San Juan se originó en esos lares por las mismas razones, y que los curieperos se la apropiaron impunemente, y en consecuencia emprendan una orquestada campaña publicitaria y legal para recuperarla. La Patrona de Guarenas es la Virgen de Copacabana, como la Santa Cruz lo es de Guatire, pero era una costumbre colonial (aún vigente) que los dueños de hacienda tuviesen un santo patrón particular de acuerdo con la devoción de cada quien, e incluso cada familia también podía ser devoto de algún santo, indistintamente del patrono del pueblo o de la hacienda, tan sólo tenía que registrarla en el Libro de Matriculas correspondiente, aunque no fuese un requisito obligatorio. En Guatire, por ejemplo San Pedro era Patrono de casa y hacienda  de Doña Isabel Gil Arratia, y Patrón de Casa de Gregorio Joseph de la Pompa, como lo han documentado en diferentes investigaciones el historiador René García Jaspe y la antropóloga Hortesia Caballero. Por lo demás, es pertinente acotar que parte de la hacienda San Pedro abarca predios del Municipio Zamora.
Ahora lo que nos falta es que venga Juan Luis Guerra a decirnos que la Parranda nació en San Pedro de Macorís basado en la creencia y premisa publicitaria  “¡Dominicana: Donde todo comenzó!”
Otro argumento esgrimido es el hallazgo de una partida de nacimiento de una niña llamada Rosa Ignacia. Ignoran los ponentes que para la fecha en que se supone nació la infanta, no se emitían “partidas de nacimiento”; más allá del hecho de ser María, Rosa e Ignacia nombres comunes en la sociedad colonial. Si María Ignacia hubiese bautizado a su hija con el nombre de Garbiñe Ignacia, tal vez podrían especular un poco más pero, que sepamos, por estos lugares Garbiñe hay una sola, por cierto guatireña. Por otra parte, René García Jaspe documentó la existencia de tres registros de nacimiento con el nombre de Rosa Ignacia, guatireñas ellas.


¿Un venezolano ganó el Premio Nobel de Medicina?
Quizá lo correcto es decir que un científico norteamericano nacido en Venezuela ganó en 1980, conjuntamente con dos colegas, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, pero tiene mayor efecto periodístico decir que se trata de un médico venezolano; sólo que él nunca se consideró tal. Baruj Benacerraf vivió sus primeros cinco años en Venezuela y se mudó a Francia con su familia en 1925, donde completó su educación secundaria, y en 1940 viajó a Nueva York  a estudiar en la Universidad de Columbia. El científico narra su vivencia en los siguientes términos: Tengo un fuerte sentimiento de identidad con mi patrimonio cultural, que puede haber moldeado gran parte de mi personalidad. Soy de ascendencia española, judía y sefardí. Mi padre nació en Marruecos, cuando era una colonia española. Mi madre nació en Argelia, recibió una educación francesa estándar y tenía el equivalente de un diploma de secundaria, que difieren, en este sentido, de mi padre, que era en gran parte autodidacta y tenía apenas suficiente educación para aprender a leer y escribir español”. (Benacerraf, Baruj: From Caracas to Stockholm: A Life in Medical Science. Prometheus Books; First Edition, August 1, 1998). Es decir, no se sentía venezolano, y con mucha razón.
Nacer en una ciudad específica es un evento circunstancial; no somos de donde nacemos sino de donde nos formamos. La Constitución Nacional obvia el lugar de nacimiento para considerar venezolano a un ciudadano, siempre que cumpla algunos parámetros y declare su voluntad de serlo. Por lo demás, los hijos de inmigrantes que llegan al país desde muy niños se sienten venezolanos. Incluso Elio Bolívar (ex Cronista Oficial de la Ciudad) en una oportunidad manifestó su preocupación porque los guareneros nacían en Guatire, ante la insuficiencia de centros asistenciales en Guarenas, pero no por ello dejaban de ser guareneros, acotamos nosotros. Así que discutir la nacionalidad del científico y la regionalidad ciudadana por el mero afán de darnos golpes de pecho nos parece un acto banal.


Parranda popular vs. Parranda familiar
En Guatire, el San Pedro siempre ha sido una Parranda comunitaria, colectiva, de arraigo popular. Nació en los tablones de caña y aún conserva ese tenor pueblerino de antaño que reivindica sus orígenes. La Parranda de Guarenas tiene un carácter familiar, exclusivo, y esto lo  decimos sin el ánimo cuestionador que siempre han utilizado muchos guareneros para ocultar su indiferencia e indolencia hacia la parranda. “Los Núñez creen que esa parranda es de ellos” argumentan para justificar su apatía y hasta su irresponsabilidad. Nosotros, por el contrario, siempre hemos considerado que, en todo caso, gracias a que los Núñez creyeron que era de ellos, Guarenas tiene Parranda, porque nadie más se ocupo de ella. No obstante, es hora de abrir el compás y fomentar que comunidades como Los Naranjos, Las Clavellinas o Menca, tenga su propia parranda. Por nuestra parte, siempre hemos señalado que a pesar de lo masivo de nuestra tradición, cada comunidad que tenga una iglesia o una capilla (como Araira, Las Rosas, Las Casitas y Las Barrancas) debe salir a parrandear cada 29 de junio, dentro del marco de la tradición. Las Parrandas del 23 de Enero, del CEA y la Fundación, deben ser las abanderadas en esta tarea y marcar las pautas en ese sentido.
 


San Pedro de Guatire
Fiesta de la tradición
Desde hace muchísimos años guatireños y araireños han realizado una constante, silenciosa, incansable y metódica labor para salvaguardar y difundir nuestras costumbres, de allí que cuando en 1948, con motivo de la toma de posesión de Rómulo Gallegos, Juan Liscano presentó a Venezuela y al mundo la diversidad y riqueza de las manifestaciones culturales del país en un festival llamado La Fiesta de la Tradición, estuviera presente la Parranda de San Pedro… de Guatire. Antes de ese momento, febrero de 1948,  las manifestaciones culturales de cada pueblo eran desconocidas más allá de sus respectivos linderos. Cuando la televisión venezolana presentó por primera vez a la Parranda de San Pedro (Televisa, 1953) fueron Pico Tovar, Rojita  y otros parranderos guatireños quienes representaron nuestra tadición; y cuando en 1976 Armando Urbina organizó en Los Teques un festival teatral con las diferentes leyendas y tradiciones mirandinas, también estuvo presente la Parranda de San Pedro de Guatire ¡y Armando era guarenero!
El 25 de junio de 2009, veintidós años antes de que la Parranda de San Pedro fuese declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, Arnaldo Arocha, gobernador de Miranda, decretó al San Pedro de Guatire Patrimonio Histórico y Cultural del Estado Miranda. En el año 2009, cuatro años antes de la declaratoria de la UNESCO, la Alcaldía de Zamora decretó el 29 de junio como día de asueto; es decir, antes del meritorio y enaltecedor reconocimiento universal, el San Pedro de Guatire ha recibido el reconocimiento de instituciones oficiales que más allá de acciones protocolares constituyen un apoyo significativo al esfuerzo constante que por más de dos siglos ha sostenido la tradición en este pueblo. De hecho, la declaratoria de la UNESCO de diciembre de 2013 no fue un acto casual, fue producto del esfuerzo realizado por guatireños, concretamente del Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), quienes se dedicaron a dar forma al riguroso expediente requerido por el Organismo Internacional para recibir la postulación; para ello contó con el decidido apoyo del Centro de la Diversidad Cultural. Por lo demás, el 29 de  junio de 2014, el Cuerpo Diplomático acreditado en el país acordó rendir honores a la Parranda de San Pedro luego de ser declarada por la UNESCO Patrimonio Universal Inmaterial de la Humanidad, y se llegó hasta la humilde iglesia de Santa Cruz de Pacairigua en Guatire. Por otra parte, artistas como Elizabeth Rodríguez, Pasacalle, Edgar Alexander, Henry Gil e Ilan Chester han grabado distintas versiones del San Pedro con el ritmo y la melodía de la Parranda guatireña, que se distingue por su lenta y acompasada cadencia. Todos estos reconocimientos hablan por sí solos del arraigo y la trascendencia de la Parranda de San Pedro de Guatire, y no son obra de la casualidad, sino frutos de la entereza, perseverancia y disciplina del parrandero guatireño, en una ardua y añeja tarea.

Desavenencias internas
La tarea de preservar la Parranda de San Pedro de Guatire implica aclarar controversias, enfrentar distorsiones y erradicar desviaciones, como el verso injurioso que algunos parranderos pretendieron arraigar o el inexistente personaje llamado Domitilo, que otros quieren imponer. Pero a veces surgen situaciones que a pesar de su intranscendencia también requieren aclaratorias. Nos referimos a la campaña de la Parranda de San Pedro del 23 de Enero y su empeño es declarar que su origen institucional se remonta al año 1958. En primer lugar, el barrio no existía. A mediados de 1958 el Concejo Municipal comenzó a otorgar parcelas pero el barrio tardó más de un año en consolidarse. No es como en estos tiempos en los cuales una orquestada riada de gente invade un terreno ajeno y conforman un barrio en menos de 24 horas. Por otra parte, Justo Pico Tovar, por muchos años esencia y alma de la parranda guatireña, murió en noviembre de 1965 y para entonces había solamente una parranda: La Parranda del San Pedro de Guatire. La tesis de los parranderos del 23 de Enero implica, contra todo razonamiento lógico, histórico y sensato, admitir que Pico fue en realidad un humilde y anónimo (¿o usurpador?) miembro más de la Parranda de esa barriada. ¿Es eso lo que en el fondo pretenden establecer? Por otra parte, al morir Pico la conducción de la tradición recayó en Celestino Alzur, quien incluso declaró que Justo Tovar había delegado en él esa tarea. Luego de la muerte de Alzur es cuando se encargan los dirigentes del 23 de Enero, ya a mediados de los años setenta.
 

La Parranda de San Pedro de Guatire es un frondoso árbol constante y celosamente cuidado por voluntariosos jardineros que abonan su tierra, desbrozan  su entorno y podan sus ramajes díscolos, de allí su transcendencia.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 27 de mayo de 2018


Semblanza de Jesús María Sánchez
Aníbal Palacios B.

 Humildad, modestia y nobleza son cualidades de la naturaleza humana suficientes para que una persona pase inadvertida en cualquier lugar, pero es casi imposible ignorar la presencia de Jesús María Sánchez, poseedor de tales dones, por muy concurrido y amplio que sea el espacio en el cual se encuentre. Su estatura, física y espiritual, su voz, grave y portentosa, su sonrisa franca y seductora, su andar elegante y su carácter abierto y amigable, tiene un efecto centrípeto sobre quienes le rodean.
Cortesía del CEA
Jesús María Sánchez nació en Vega Redonda, Araira, un 14 de septiembre de 1938. Guiado por su madre, Clemencia Sánchez, conoció personajes, historias, cuentos, costumbres y tradiciones de Guatire y Araira, que le llevaron posteriormente a investigar y documentar buena parte de la historia aldeana a través de diversos artículos de prensa, programas radiales y libros, que lo convirtieron en un ilustre guardián de nuestro gentilicio y sus tradiciones autóctonas, defensor de nuestra identidad cultural y reconstructor de nuestra historia.
Formado en dos connotadas instituciones educativas del Guatire de mediados del siglo XX: el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa y el Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco, desde muy joven se unió al movimiento cultural guatireño y junto con Guido Acuña y César Gil fundó la Casa de la Cultura del Estado Miranda, luego renombrada Casa de la Cultura Antonio Machado. Por entonces comenzó su prolífica e incansable labor de cronista aldeano y a falta de medios donde publicarlos fundó los propios como El Tambor y Pamiragua, hasta que surgieron semanarios como La Voz y Rutas Mirandinas que acogieron con entusiasmo sus escritos sobre la cotidianidad histórica de Guatire, Guarenas y Araira. También para esa época de principios de los años sesenta incursiona en la Radio con un programa de corte cultural que por arte de su manifiesta credibilidad, sus entretenidos guiones y su  mágica voz se convirtió en todo un éxito a través de Radio Industrial; lo llamó Festival, una verdadera fiesta dominical de conocimientos. Años más tarde repetiría la experiencia y el éxito a través de Caliente Stereo con el programa Por los caminos abiertos. 

A Jesús María Sánchez se le reconoce como el historiador que rescató para la comunidad guatireña el Decreto que honró a nuestro pueblo con el merecido título de Villa Heroica, por atreverse a dar el primer grito de Federación más allá de las fronteras de Coro. Por el contrario no se le acredita mérito alguno por ser el cronista que rescató para la historia cultural del país la densa obra de Elías Calixto Pompa, excelso poeta nacido en la hacienda El Palmar en 1836, relegado al olvido hasta que con el tesón, paciencia y determinación atribuibles sólo a un paisano interesado en resaltar los valores de su patria chica, pudo Jesús María, luego de un arduo trabajo de investigación en la Hemeroteca Nacional, encontrar en viejos periódicos publicados entre 1862 y 1887, los poemas de K-Listo, como era conocido el poeta. Así, publicaciones como El Federalista, El Porvenir, Diario de Avisos, El Siglo, Registro Literario, El Fonógrafo, y El Independiente, impregnaron sus manos de polvo, su olfato de olor acre, y su mente de maravillosos sonetos que legó posteriormente a la comunidad zamorana en particular y al país entero en general. 
Fotografía de  Internet
Publicó a través de la Casa de la Cultura del Estado Miranda las siguientes obras: Apuntes sobre Guatire, 1965; Versos de K-Listo, 1966; Poemas y otros trabajos de Elías Calixto Pompa, 1966 y Documentos sobre la Colonia Bolívar, 1968. De memoria prodigiosa, luego de jubilado de sus tareas docentes, Jesús María se convirtió en una especie de profesor ambulante que en cada festividad de la Santa Cruz, de la Parranda de San Pedro o de Villa Heroica es detenido en la calle para dictar clases magistrales sobre Guatire y Araira, sus tradiciones y sus personajes. El trata de camuflarse vestido como un sanpedreño 
cualquiera, con betún, levita y pumpá, de sanjuanero común y corriente con franela, pañuelo al cuello y sombrero de cogollo, o como ciudadano de a pié un 20 de septiembre con fresca guayabera pero ¡qué va!, no puede esconderse de quienes se convierten en alumnos fuera del aula por varios minutos.


Jesús María Sánchez ocupa, sin duda alguna, un distinguido lugar en el Olimpo de los grandes ciudadanos nacidos en estos lares.

 

 

 

 

lunes, 30 de abril de 2018


EL DESORDEN DE LAS ÓRDENES
                                                                                            Aníbal Palacios B.

En los últimos veinte años las autoridades del Municipio Zamora han sido muy displicentes a la hora de promulgar y ejecutar Ordenanzas relativas al reconocimiento de méritos ciudadanos. La razón es sencilla, suelen interesarse en la ciudadanía durante el breve período legal de las campañas electorales.
De acuerdo con la Ley del Poder Municipal las Ordenanzas son de obligatorio cumplimiento por parte de particulares y autoridades, pero en el caso de las Ordenanzas creadas para rendir homenaje a ciudadanos preocupados por el municipio, observamos una desigual lucha entre la comunidad que exige el cumplimiento cabal de la respectiva Ordenanza y las autoridades empeñadas en desobedecer sus propios mandatos para imponer candidaturas basadas en afinidades políticas o personales, algunas con méritos, la mayoría sin ellos.

El  pecado original
Antigua sede del Concejo Municipal y la Prefectura
Se supone que el Concejo Municipal legisla y el Alcalde ejecuta, pero si en la normativa se establece que es un Concejal (generalmente el Presidente de la Comisión correspondiente) quien asume la ejecución de la Ordenanza, la circunstancia,  además de ilegal y absurda, se convierte en una especie de ucase, coto personal del edil y por ende, inoperante. Se trata de una usurpación de poderes mediante la cual, a través de una figura llamada Consejo de la Orden,  se otorga relevancia a la discrecionalidad como herramienta jurídica; es decir al no reglamentar sus potestades, estas se convierten en actos discrecionales. Por supuesto, para evitar conflictos internos, se otorgan distintas Ordenanzas a cada Concejal, o se rota a fin de que cada cual atienda sus cuotas de  compadrazgo. En estos casos el secreto radica en que el referido Consejo de la Orden, cuya conformación aparenta una imagen de pluralidad, es designado por el Concejal de turno, conforme a sus propios criterios e intereses, amparados en una potestad extralegal. No está demás agregar que cuando hablamos de desorden nos referimos también a que en el Concejo Municipal de Zamora se desconoce el número de ordenanzas vigentes, que muchas están desactualizadas en función del nuevo régimen legislativo, que su publicación soslaya los propios parámetros que la regulan, y que los ediles manifiestan una lamentable pereza legislativa a la hora de reformarlas. Claro está, hay Ordenes que están a disposición del Alcalde y el resultado es el mismo; el dispone de su propio “Consejo de la Orden” formados por directores de su despacho, y el resultado es el mismo. Observemos algunas normativas.

Orden Guerrera Urquía

A falta de héroes y heroínas propias, en 2009 a los ediles se les ocurrió honrar  “…a aquellas mujeres que han desempeñado un trabajo comprobado en pro de la lucha por la igualdad de oportunidades y condiciones…”. Por lo general este tipo de ordenanzas se promulgan para honrar a ciudadanos zamoranos, pero ésta no se limita a nuestra jurisdicción, tal vez por ello los concejales ignoraron la existencias de tantas meritorias guatireñas como Auristela Rondón, Zhara Bendahan, Ernestina Ñeta Ibarra o Amelia Pittol. Lo cierto es que el curriculum vitae de esta guerrera se conoce más a través de las estampitas de imágenes de la santería que de las crónicas de la historia patria. A Urquía se le atribuye como mérito haber sido la esposa del indio Guaicaipuro, obviando que la institución social del matrimonio la impusieron los españoles
Auristela Rondón
durante el proceso de colonización; es decir cuando Guaicaipuro ya había muerto. La poligamia regia la sociedad indígena venezolana por lo que atribuir una esposa al héroe en cuestión no es más que afán propagandístico. La norma copia un elemento recurrente en todas las demás al ofrecer una venera de oro, que se estilaba en los años sesenta cuando una onza de ese metal era accesible hasta para el más humilde de los ciudadanos. Finalmente, asumimos que la imagen de la india que debe llevar la medalla es la que cualquiera puede observar en los establecimientos santeros, la cual varía según el gusto del artista; solo deseamos que no la hayan encargado al mismo diseñador del indio de Solamey. Se desconoce si se otorgó alguna vez, porque una de las características más comunes de todas estas ordenanzas es la ausencia de registros históricos.

 
Orden del educador
La Orden, de acuerdo con su texto, no es para honrar a ilustres educadores aldeanos como Belén Blanco, las hermanas Hernández, Elías Centeno, María Pittol Jaspe, Manuel Ángel 
Carmen María de Pérez
González, Carmen María de Pérez o el maestro Fermín,  sino para homenajear  “… al grupo de abnegados educadores que fundó en Venezuela la primera Organización Gremial Docente, aquel histórico 15 de Enero de 1936, así como el insigne Maestro Narciso Simón Rodríguez Guevara…”, merecido sin duda, pero excluyente. No se establece fecha de entrega y  aunque alguien pudiera inferir que se trata del día del Maestro, pues no es así. Se confiere cuando se puede, o cuando alguien se acuerda. La gramática castellana es brutalmente atropellada en esta Ordenanza y, hasta donde sabemos, la autonomía municipal no tiene competencia en materia lingüística. No hay Capitulo I y si un Capitulo II; usted tendrá que suponer que las Disposiciones Generales corresponden a ese Capítulo I; en fin, una Ordenanza, poco didáctica para tratarse de docentes.


Orden Régulo Rico
La Orden se crea “… en atención y  como complemento a lo establecido en el Artículo 4 del Decreto Ejecutivo de fecha 25 de marzo de 1996, dictado para rendir homenaje a… Don Régulo Rico Lugo, en ocasión de celebrarse el 30 del citado mes los primeros ciento veinte años de su natalicio”. El texto completo del referente instrumento legal, así como su fecha de publicación y número de Gaceta fueron datos poco importantes para los legisladores locales. Además de las tres clases de reconocimiento, la Ordenanza prevé la entrega de un diploma “Especial” a una miríada de candidatos que nos hace suponer que al tratarse de músicos, los legisladores se imaginaron el acto como una animadísima velada sin costo alguno para la municipalidad. Los períodos de postulaciones se anunciarán “oportunamente”, lo cual significa que nunca se anuncian y la comunidad se entera del nombre de los agraciados el día del acto.

Orden Rescate de la Dignidad:
Zhara Bendahan
Lo primero que pensamos sobre esta Orden es que los ediles revolucionarios no encontraron en las filas de sus organizaciones políticas personajes dignos de recibirla, a juzgar por la poca trascendencia que tuvo. Y razón no les faltó, al circunscribir el ámbito de los méritos al comportamiento de esos ciudadanos durante un periodo específico, ciertamente, no hubo mucho dónde escoger. Otra particularidad de la Ordenanza es que el reconocimiento no es permanente. Fiel a la costumbre del Ejecutivo Nacional de no dar titularidad sobre las prebendas que otorga,  la Orden está sujeta a revocación,  lo que nos lleva a pensar que de haber sido acatada en toda su extensión, y en consecuencia otorgadas las medallas de oro de 12 kilates previstas, los favorecidos hubiesen vendido el recuerdito, en legítimo acto previsivo.

Orden Villa Heroica
Se trata de una Ordenanza muy original: por primera vez en la historia de la instrumentación legal del Municipio los concejales ceden las prerrogativas de su ejecución al Alcalde; así se establece en el Artículo 9° del mandato. No obstante desde su promulgación hasta la fecha los concejales se han subrogado ese derecho. Si algún ciudadano solicita una copia de esta Ordenanza le suministran un ejemplar al cual le faltan los artículos 16 al 19; esto tiene un carácter más anecdótico que trascendental porque a fin de cuenta no  es mucho la atención que le prestan los ediles a las ordenanzas. Al igual que con las demás, la discrecionalidad y el irrespeto a las formalidades establecidas en la Ordenanza genera dudas, en algunos casos merecidas, sobre la pertinencia de los favorecidos.

Orden Santa Cruz de Pacairigua 

Concejo Municipal

Se trata de la condecoración aldeana más importante que puede recibir un ciudadano en este municipio. Creada en 1983 su  intención era “… premiar a personas e instituciones que se destaquen en alguna actividad orientada al progreso y bienestar moral o social del Distrito Zamora del Estado Miranda”. Originalmente se estableció que la Orden se confería en una sola clase, y el Consejo de la Orden lo conformaban los  Concejales. Esta Orden preveía su revocatoria por causales específicos y otorgaba al Síndico Procurador Municipal el carácter de Fiscal Instructor de las posibles averiguaciones. La Ordenanza fue reformada en 1992, y se estableció concederla en tres clases; también se modificó la conformación del Consejo de la Orden para integrar al Alcalde como Presidente del mismo, al Cronista de la Ciudad y al Presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara como miembros permanente, además de otro Concejal, un representante de las Instituciones Culturales, uno de las Asociaciones de Vecinos y otro de la Cámara de Comercio, sujetos a ratificación o relevo. Se estableció un período de postulaciones comprendido  entre el 15 de marzo y el 5 de abril y se derogó inescrupulosamente la Ordenanza anterior, y al hacerlo eliminó los elementos que otorgaban realce a la condecoración: La Insignia, el Distintivo y el Diploma, minuciosamente descritos en la Ordenanza original. Podemos afirmar que el 28 de abril de 1992 el Concejo Municipal no  reformó la Ordenanza que creaba la Orden Santa Cruz de Pacairigua, sino que promulgó una nueva, deficiente, mermada y chucuta, por lo demás.    

Pero los desaguisados legales no culminaron allí, el 25 de noviembre de 1997 los concejales vuelven a sus andadas y sancionan una reforma parcial de la Orden Santa Cruz de Pacairigua y en su Artículo 1°, como Disposición Fundamental, se crea la Orden, generando la confusión de si se trata de una reforma o una nueva normativa y como quiera que la Ordenanza sobre la Gaceta Municipal establece, y el sentido común también, que cuando se reforma una Ordenanza debe publicarse el texto completo de la norma reformada y no es este el caso, se puede asumir que, ciertamente, se trata de una Orden nueva, más escueta aún que la anterior, lo cual es mucho decir; y para colmo, la hermosa y distinguida condecoración de otrora se redujo a un simple Botón y un Certificado de Acreditación. El Consejo de la Orden también se modificó; ahora lo conforman un representante del Alcalde, un Concejal, el Cronista y representantes de las Instituciones Culturales,  Educativas, Deportivas y de Comerciantes, uno por ente; esta vez los vecinos quedaron fuera. El período de postulaciones se ubica entre el 16 de enero  y el 16 de marzo. En la misma fecha, 25/11/97, el Ayuntamiento aprueba un Reglamento General de la Ordenanza, que pareciera no redactado por los concejales, a juzgar por su sencillez, claridad y especificidad. Paralelamente a estos tejemanejes leguleyescos, Carlos Grippa, representante de los comerciantes en el Consejo de la Orden, mantuvo una quijotesca lucha por elevar y mantener la dignidad de esta distinción ciudadana, hasta que fue apartado por terco, quisquilloso y razonable; sólo contó con el insuficiente apoyo de la concejal Nancy Fernández, que al final también fue dejada a un lado. Así, la más alta y otrora distinguida condecoración municipal, la Orden Santa Cruz de Pacairigua, perdió su relevancia e invirtió sus valores y razón de ser; ahora alguno que otro ciudadano condecorado en quien realza la Orden.