martes, 22 de noviembre de 2016


El cine guatireño, magia artesanal
Aníbal Palacios B.

 El futuro se construye en el presente. Es la moraleja de una película que dio mucho de qué hablar en el año 2009 y que inevitablemente nos lleva a pensar en el glorioso pasado del cine guatireño para convencernos luego de que, ciertamente, el futuro del séptimo arte de nuestro municipio lo cimientan hoy un grupo de talentosos jóvenes con escasos recursos económicos pero a su vez con inmensa creatividad y fortaleza espiritual.

De repente cuatro jóvenes guatireños, trabajadores en el cotidiano y anónimo quehacer que les permite ganar el sustento para sus familias, saltan al reconocimiento mediático nacional e internacional gracias a una película, “Volver al pasado”, de confección casera (literalmente, no se trata de una frase hecha o metafórica) que impactó fuertemente en la comunidad, hasta el punto de convertirse en un éxito de ventas en los expendios donde los autores no obtienen beneficios; es decir, la piratería fílmica.
Sin experiencia alguna en el ámbito de la actuación, la producción y la edición cinematográfica formal, se atreven a plasmar una realidad con la que deben coexistir en los barrios donde habitan: la lucha de bandas armadas por crear, conservar y defender áreas de influencia delictiva. Yosmar Istúriz, dirige un elenco que en el que figuran Eric Miranda, Joselyn Ramos y Rubén Lozano como protagonistas, y donde además destacan Mariela Oropeza, José Yánez, Sandro Veliz y Gabriel Naguanagua. Una sólo cámara, una mini DV Panasonic de esas diseñadas para videos familiares, fue suficiente para que Istúriz demostrara su capacidad artística, su talento creativo y sus aptitudes cinematográficas instintivas. Decir que “es su cuarta película”  crea una sensación distorsionada de lo que es su experiencia como director, productor y guionista, puesto que las tres anteriores son cortometrajes (realizados por cierto con una cámara analógica también de uso familiar) con los cuales Istúriz quería demostrarse a sí mismo y a su equipo de colaboradores que si era posible emular exitosamente a los pioneros del cine aldeano de Guatire y Guarenas, representado por Agustín Oropeza y Antonio Barberán, sin recursos técnicos ni económicos, pero con mucha creatividad, talento artístico y cooperación comunitaria.

Pasado, presente y futuro
Conversamos con Yosmar Istúriz, Auristela Ramos, su esposa, José Yánez, Joselyn Ramos y Sandro Veliz sobre sus vivencias durante la filmación de la película y lo relatado es digno de convertirlo en guión cinematográfico, un poco al estilo de La noche americana, aquel film de Francois Truffaut que no es más que un homenaje al propio cine. Nos cuenta Yosmar sobre la motivación de más de 60 personas entre vecinos, familiares, amigos, compañeros de trabajo y curiosos en general que pusieron su granito de arena, sus motos, casas, ideas,  sugerencias y dinero, de principio a fin; es decir, en la producción y filmación de la película. La dirección y edición fue realizada por el propio Yosmar, esta última etapa en una lenovo, también doméstica y con un vetusto y sumamente útil moviemaker. Siempre han trabajado sin recursos económicos. En una oportunidad en la que debían filmar una escena con dos actores que conversaban mientras uno se tomaba un refresco, se percataron de que entre los tres (actores y director) no tenían para adquirirlo en una bodega cercana, por lo que hubo que retrasar la grabación mientras buscaban en una casa aledaña, una botella y un poco de agua.

En ese año 2009 filmar Volver al pasado costó alrededor de once mil bolívares, equivalente a trece salarios mínimos de la época; o sea, poco más del sueldo mensual de todo el elenco. Eso lo supieron cuando finalizó el proyecto; de haberlo sospechado antes quizás no se hubiesen animado a ejecutarlo. ¿De dónde salieron los reales?, de cada una de las personas que participaron en la producción, incluyendo algunos curiosos. Antes de comenzar la película buscaron ayuda en la Alcaldía, pero Ramón Milano, a la sazón Director de Cultura, les negó el apoyo con el argumento de que no tenían formación académica como cineastas y actores; es decir, no creyó en ellos. No hay resentimiento en la queja, sólo la frustración que también sentimos quienes cierta vez nos alegramos con la llegada de activos cultores a los puestos de gobierno, y llegamos a pensar que desde allí facilitarían los recursos que otrora exigían a sus predecesores, para luego observar un comportamiento algunas veces más negligente y siempre más displicente. Pero ni falta que hizo; también se acercaron a la Villa del Cine pero allí los recursos parecieran destinados a proyectos suntuosos y ajenos a la región, por lo que fueron igualmente ignorados. El ánimo se mantuvo en alto y lograron culminar la producción en siete meses en jornadas de fin de semana porque cada quien debía atender sus respectivos trabajos. Luego vino la dura e importantísima etapa de edición, en casa, por supuesto, con su esposa e hijos como asistentes. El producto estaba listo para ser exhibido y había que hacerlo por todo lo alto. Alquilaron dos salas en el Centro Comercial Oasis con el objeto de recaudar parte de lo gastado para invertirlo en el siguiente proyecto, pero subestimaron la capacidad de respuesta comunitaria, las dos salas fueron insuficientes para atender la convocatoria, vendieron copias a la salida, el boca a boca difundió la calidad del film… y se enteraron los buhoneros que piratean películas, quienes hicieron un buen negocio en detrimento de los realizadores: veinte mil copias en un mes, sin publicidad alguna.

A título de consuelo, la buhonería, cual si fuera una franquicia, ayudó a promocionar la película en todo el país, y la noticia llegó a oídos de la prensa local, regional, nacional e internacional, además de las publicaciones especializadas y los cineastas; es decir todo el mundo. De repente, por todas partes se hablaba de Guatire, de sus problemas, de sus valores, y de un humilde y talentoso grupo de habitantes de nuestras barriadas capaces de crear arte colectivo de muy buena factura y mucha prestancia.

Súbita notoriedad
Lo novedoso para esto jóvenes cineastas es la popularidad en la que repentinamente se vieron envueltos, ya en la calle se les reconoce, se les saluda a viva voz y hasta se les pide autógrafos. Para Yosmar Istúriz esto no es más que la adquisición de un compromiso mayor para el próximo proyecto, los sueños son los mismos, pero las perspectivas son mayores y los requerimientos se han acrecentado; ahora siente que el grupo tiene la imperiosa e impostergable necesidad de mejorar la formación técnica y artística, áreas en las cuales ya le han ofrecido ayuda concreta; pero aún falta adquirir nuevos e idóneos equipos de filmación y edición; las expectativas han crecido, tanto para el grupo como para jóvenes con inquietudes parecidas, quienes han visto no una película sino un paradigma digno de imitar y, por supuesto, para el público que ha quedado satisfecho con lo propuesto pero que, con toda seguridad, será más exigente.

Yosmar Istúriz no se envaneció con el éxito, y  continuó con dos películas más, Unidas Por Siempre, una historia totalmente distinta aunque con el mismo trasfondo argumental reflexivo, y Alirio El Más Buscado, dentro de la tónica  de Volver al pasado. En el interin, varios documentales sobre personajes del acontecer aldeano han copado el espacio de este cineasta que funge como productor, guionista y director y que conjuntamente con Auristela Ramos, su esposa, una especie de Productor Ejecutivo, realizan en paralelo una dura actividad familiar devenida en labor social a través de la Fundación Venezolana de Espina Bífida Sin Barreras en Zamora, para ayudar quienes, como  ellos, luchan una diaria batalla con su hija Aurismar Istúriz, quien padece esa enfermedad. La familia Istúriz-Ramos en pleno enfrenta retos de toda índole sin lamentarse y con la confianza de superar esos obstáculos. Esa vivencia nos permite entender con más facilidad porque Yosmar y Auristela han asumido el reto de hacer cine con presupuesto cero, porque los problemas familiares lo van solventando con el mismo presupuesto, la misma motivación e idéntica pasión.

lunes, 24 de octubre de 2016


De Foza a Guatire:
de vuelta a mis raíces
Soliria Menagatti

En el año 2006 comencé una ardua búsqueda de mis raíces italianas. La única pista que poseía provenía de los escritos del Sr. Ángel María Dalló, Cronista Oficial de Guatire, que en sus artículos hablaba de un grupo de familias italianas provenientes de la Provincia de Belluno, Véneto, llegadas a Guatire en 1877. Así que redacté un correo electrónico con los nombres de mis bisabuelos y me di a la tarea de enviarlo al mayor número posible de pueblos y ciudades de esa provincia. Lo único que recibía por respuesta era un “lo lamento mucho, pero en esta comuna no está registrado”. Cuando ya me disponía a tirar la toalla recibí un correo muy amable donde se me informaba que el apellido Menegatti no era de Belluno, sino de la Provincia de Vicenza, y seguidamente, me enviaron el listado de “comunes”, que ascendía a 121.
Reorienté la investigación hacia Vicenza; el 14 de agosto de 2007 recibí una respuesta del servicio anagráfico del pueblo de Foza certificándome que Doménico Menegatti había nacido en este pequeño pueblo. Seguramente los lectores podrán imaginarse la conmoción que me causó ese correo. En eso mismo correo supe que los Valente también eran de Foza. De modo que no todos los italianos que habían llegado a Guatire vinieron de Belluno.
Este encuentro con mis raíces me llevó en septiembre de 2007 a estudiar Historia en la UCV, y en el año 2009 me enrumbé a Foza, estuve en la misma casa desde donde salieron mis parientes el 24 de diciembre de 1876, 133 años después. ¿Qué razones tuvieron 75 familias, unas 354 personas para abandonar su tierra, arriesgando su vida en un peligroso viaje por altamar para llegar a una tierra desconocida? La respuesta es la pobreza y la desesperanza.
Todo proceso migratorio tiene elementos de extracción y atracción. Razones que te llevan a dejarlo todo, y motivos que te inducen a escoger un nuevo país.

Las razones de la gente del Véneto
A la caída del Imperio Romano, el territorio italiano se fragmentó en una serie de reinados, ducados, señoríos, etc. La región Véneta fue conquistada y dominada por varios reinos extranjeros. En 1422 fue conquistado por la Serenísima República de Venecia, dominación que duró hasta 1797 cuando Napoleón Bonaparte invade Italia y derrota a la República de Venecia. De esta manera el Véneto pasa a manos francesas, aunque por un brevísimo tiempo, debido a que Napoleón ese mismo año  negocia con Austria cediéndole el Véneto. Este primer dominio austriaco duró hasta 1805 cuando Napoleón es coronado como Rey de Italia y le arrebata de nuevo el Véneto a los austriacos. A la caída de Napoleón en 1814, los austriacos toman de nuevo el control del Véneto convirtiéndolos en sus vasallos hasta 1866 cuando por un referendo el Véneto se adhiere al Reino de Italia. Todos estos cambios políticos tuvieron su repercusión en la economía de la región.
Geográficamente el Véneto está compuesto por montañas, colinas o pie de monte y llanuras que desembocan en el mar Adriático. La economía era totalmente agraria y ligada a la morfología del terreno. Los que vivían en las montañas, como los belluneses que vinieron a Guatire, tenían una pequeña hacienda familiar, con una agricultura tradicional sin ninguna tecnificación. Poseían algunos animales, hacían usufructo del bosque recogiendo madera, hongos, frambuesas y semillas. Otros eran pastores como mi familia, y cada año al comenzar el otoño bajaban con sus rebaños a las llanuras –Treviso y Padova- para pernoctar durante el invierno. Por eso no es de extrañar que mi tatarabuelo y mi bisabuelo, se juntaran con los vecinos de Belluno durante la trashumancia y juntos hayan emprendido este largo viaje.
A medida que las familias crecieron en número la pequeña hacienda familiar se hizo insuficiente para alimentar a sus miembros, de modo que comenzó una migración interna, los hombres de la montaña emigraban a las llanuras en busca de empleo, mientras las mujeres, los niños y los ancianos permanecían en casa cuidando de los animales y la siembra. Hacia finales del siglo XIX la situación económica se tornó crítica, los pesados impuestos, las malas cosechas, los duros inviernos, la “pelagra”, enfermedad de la piel producto de la mala alimentación y de la convivencia con los animales, hizo que miles de personas del Véneto emigraran, esta vez no de manera estacional como era parte de su cultura por siglos, sino definitivamente.

Las razones de Venezuela
En 1870 Antonio Guzmán Blanco llega al poder en Venezuela. El país se encontraba en la bancarrota, en una verdadera crisis política, social y económica producto de la Guerra de Independencia, la Guerra Federal y el período conocido como la Federación que en términos económicos no había tenido ningunos resultados. Guzmán Blanco, caudillo de formación universitaria, permeado por los valores del positivismo –orden y progreso- llega al poder con un Proyecto Nacional, el primero en Venezuela, según Germán Carrera  Damas. Este proyecto se basaba en tres pilares: educación, comunicación e inmigración. La inmigración aportaría los brazos, abolida la esclavitud en 1854, que el país requería para echar andar la agricultura, nuestro único bien exportable para el momento.
El 14 de enero de 1874, Guzmán Blanco emite su decreto de Inmigración en el cual ofrece una serie de prebendas a los inmigrantes. El decreto también estuvo permeado por los valores positivistas de la época en lo que se refería a la mejor “raza”: gente blanca, europea, de buena costumbres, agricultores. La oferta fue tentadora: pasajes gratis para toda la familia, alojamiento y comida, libertad de religión, contratos de trabajo, y la posibilidad de ser propietarios territoriales.

 Así se conjugaron elementos de atracción y extracción. Millones partieron para “el nuevo mundo”, como se conocía a la América, y como aparece escrito en la hoja de vida de mi familia que reposa en la iglesia de Foza, El éxodo del Véneto se conoce como uno de los más grandes de la historia contemporánea. Apenas unos pocos vinieron a Venezuela, la mayoría fue al Brasil o Argentina. Han pasado 139 años desde que un grupo de 354 personas emprendió un viaje peligroso hacia una tierra desconocida: nuestra tierra. Sus descendientes somos venezolanos, nacimos aquí, amamos esta tierra. Como me duele que el éxodo haya comenzado de nuevo y por las mismas exactas razones.

 

martes, 11 de octubre de 2016


Guatire no tiene Plaza Bolívar
Aníbal Palacios B.

     La estatua de Bolívar Ecuestre, del escultor Julio César Briceño, se convirtió de repente en una especie de jarrón chino, y comenzaron a buscarle desesperadamente un lugar, cualquier lugar, donde ubicarla. Conversamos con el escultor Briceño quien negó categóricamente haber exigido a la Alcaldía que retire la estatua de su taller de Las Barrancas, y manifestó que tiene un convenio con la Alcaldía para la custodia, conservación, mantenimiento y protección de la estatua, pero que ningún Alcalde le ha pagado nada.

 Julio César Briceño considera que la Alcaldía lo que pretendía era realizar en tres meses los que no hizo en cuatro años, y dejar una obra de cierta importancia para la comunidad guatireña; nos mostró una carta dirigida al Alcalde de fecha 17 de agosto de 2000, en la que informaba sobre la estatua que tenía en custodia y de un proyecto para construir la plaza al lado del Centro Comercial Guatire Plaza, a través de un supuesto convenio de los constructores con la Alcaldesa Carmen Cuevas, cuya exigencia no fue concretada por ese gobierno. Expresó que la obra, un Bolívar ecuestre de carácter civil inspirado en el cuadro del pintor  Norberto Liendo, merece un espacio amplio y acogedor que dignifique al héroe y a la comunidad que le honra.  La improvisada intención de la Alcaldía de Zamora es una acción poco digna para el ductor de la independencia, para el escultor,  para la población guatireña que en el año 1930 participó activamente en un acto de rebelión pacífica contra las pretensiones excluyentes del dictador Juan Vicente Gómez y para la comunidad guatireña que en el año 1995 se enfrentó al gobierno local que pretendía, en aras del progreso y la magnificencia, desterrar al olvido lo que constituye uno de los patrimonios históricos y culturales más significativos del pueblo de Guatire desde su nacimiento en 1680.  

Refresquemos un poco la historia…
     La plaza principal de Guatire no se llama Plaza Bolívar; es más, Guatire no tiene plaza Bolívar. La plaza que todos conocemos frente a la iglesia, con la estatua pedestre del Libertador, es la Plaza 24 de Julio. Su nombre no es caprichoso; todo lo contrario, tiene un profundo significado histórico que enaltece el gentilicio aldeano. La estatua de Simón Bolívar que allí admiramos fue adquirida por colecta pública entre los pobladores de aquel Guatire en 1930; es decir, los guatireños, comerciantes, hacendados, peones de las haciendas, amas de casa y hasta los niños estudiantes que con orgullo cedieron sus  centavitos de la merienda escolar, aportaron, acorde con sus disponibilidades, el dinero que permitió adquirir tan significativa figura.

 Antecedente patrimonial
La plaza de Guatire no tuvo nombre hasta finales del siglo XIX. Ubicada exactamente en el lugar que hoy ocupa el abyecto, antiestético e inútil estacionamiento de la Alcaldía, la plaza era un pequeño lugar de encuentro, con una fuente en su centro, rodeada de árboles, flores y palmeras, bordeada por una empalizada, que luego fue sustituida por una estructura de hierro y en lugar de la fuente se colocó un faro, y se arreglaron las caminerías. Alrededor del año 1918, por iniciativa de Antero Muñoz, comerciante guatireño de la época con gran ascendencia en la población, se logró que el municipio Zamora del estado Aragua donara a Guatire un busto de Ezequiel Zamora, que fue enviado desde Villa de Cura hasta Caracas, y de allí, en una carreta, lo trasladaron a nuestra población. A partir de ese momento la plaza pasó a conocerse como “Plaza Zamora”.

 Antecedente político
     El 5 de mayo de 1929 hubo un alzamiento en Guatire contra la autoridad gomecista; la conspiración fracasó, pero en el enfrentamiento murió el Jefe Civil Luis Ostos y un funcionario policial. A los alzados se les persiguió y luego de su detención  fueron enviados a la Rotunda. A partir de ese momento Guatire cayó en desgracia para el gobierno de Juan Vicente Gómez, tanto así que se pretendió hasta silenciar su nombre, y según calificado relato de Elías Centeno, cuando la prensa capitalina tenía la necesidad de referirse a Guatire, solía utilizar expresiones como “... de una población mirandina…”.
Para el año 1930, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, Juan Vicente Gómez, entre otras disposiciones, ordenó que cada pueblo de Venezuela tuviese una plaza con un busto o una estatua del padre de la Patria, que financiaría el Estado. Cuando las autoridades guatireñas exigieron en la Gobernación de Miranda el busto de Bolívar que correspondía a nuestra población, se les negó la petición, por alzaos. Ante esta situación, los honorables ciudadanos guatireños no se quedaron con los brazos cruzados, y decidieron que la negativa de ayuda oficial no era motivo suficiente para que Guatire dejara de rendir un homenaje a Bolívar, y decidieron solicitarle a la población una colaboración para adquirir una réplica de la Estatua de Bolívar. El 24 de julio de 1930 se constituyó una Junta que conformaron el doctor Ramón Alfonzo Blanco, el padre Jacinto Soto, el doctor Manuel Hernández Suárez, Elías Centeno, Antero Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz, entre otros, quienes acordaron erigir la Estatua, remodelar la plaza y construir -a futuro- un hospital que llevaría por nombre 'Santa Marta', ciudad donde murió el prócer. Las autoridades mirandinas consideraron un desacato que los guatireños insistieran en tener su plaza y presionaron para que no llevara el nombre del Padre de la Patria, por lo que se optó por denominarle Plaza 24 de Julio.
Fue un acto de resistencia pacífica activa contra el gomecismo, y toda la comunidad participó en el mismo. Elías Centeno, describió el momento de la siguiente manera: “…Con este gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos nacionales, sino con el dinero del pueblo...”. El 17 de diciembre de 1930, con un solemne acto público, Guatire conmemoró los cien años de la muerte del Libertador, y bautizó su plaza como 24 de Julio.

Los precursores del 95
 Años después, en 1995, el Alcalde Arístides Martínez bajaba la ilustre figura de su pedestal, para sustituirla por una estatua ecuestre; demostrando así un desconocimiento de los valores patrimoniales del municipio que gobernaba, y en una acción que subestimó el ímpetu de una joven generación de guatireños, que logró movilizar a la comunidad para impedir que la soberbia de un funcionario se impusiera por sobre el sentimiento popular y relegara al olvido una gesta histórica que representa precisamente una demostración de resistencia a las arbitrariedades de los gobernantes. Fue el poeta Rafael Borges quien siguiendo los consejos de otro viejo bardo guatireño, Elías Calixto Pompa  “... entreabre con amor tus labios viejos, y alumbra al joven que te sigue el paso, con la bendita luz de tus consejos”, dolido, preocupado e indignado, detuvo en plena avenida Bermúdez a José Manuel Milano, tomándole del brazo le dijo: “!Cómo es posible esa barbaridad, chico;  eso es un crimen contra los valores culturales de un pueblo, a ustedes los muchachos les corresponde salvaguardar y honrar la memoria histórica de esta comunidad, cómo vamos a dejar que nos quiten nuestra estatua Mijo¡” y seguidamente le detalló lo que pretendía hacer la Alcaldía y le explicó las razones por las cuáles la estatua de Bolívar no era tan sólo un monumento más, erigido al padre de la patria, sino que tenía una connotación diferente para aquella generación de guatireños que en el año 1930 se atrevió a enfrentar la tiranía para rendir homenaje a El Libertador.
Milano trasmitió tal incertidumbre a otros jóvenes y el movimiento rescatista sumó adeptos en toda la población.  Lla gesta reivindicadora creció y se constituyó un Comité denominado Pro Defensa de la Plaza 24 de Julio y su estatuaría. Se movilizan hacia los planteles educativos, las organizaciones culturales, deportivas, políticas, vecinales y ambientalistas de Guatire...

Y se prende la mecha.
No se trataba de rechazar una obra de indiscutible valor artístico e histórico como la estatua del escultor Julio César Briceño; se pretendía defender el legado histórico de la población, y así se le hizo saber al Alcalde y a los Concejales. Pero prevaleció la prepotencia de los gobernantes y la estatua fue bajada de su pedestal a pesar del sólido razonamiento que constituía el tratarse de un genuino y enaltecedor patrimonio popular, de esos que dignifican la lucha de los pueblos. La actitud del Alcalde enardeció a los guatireños y a la iniciativa del Comité de Defensa de nuestra plaza se le fue sumando gente, que poco a poco iba aportando su granito de arena a la causa, y es así como Pedro (Pepote) Muñoz entrega un documento de significativa importancia en la discusión planteada: el programa elaborado para los actos del 17 de diciembre de 1930, denominado: OFRENDA QUE EL PUEBLO DE GUATIRE DEDICARÁ A LA MEMORIA DEL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE, y en reunión realizada en el salón de sesiones del Concejo Municipal, se acuerda que la estatua debe permanecer en su lugar. Pero la soberbia obnubila el entendimiento, y el Alcalde decidió días más tarde desconocer dicho acuerdo bajo el argumento de que ese “grupito” de personas no representaba el sentir popular.
La Alcaldía decide invitar al doctor Marcos París del Gallego, Director del Ceremonial y Acervo Histórico de la Nación, en su búsqueda de apoyo, pero los delegados voluntarios de la comunidad guatireña iban multiplicándose día a día, y esta vez le tocó a Marcos Lander, viejo amigo del académico, sumar su aporte: alertó al ilustre visitante sobre la polémica existente, y París del Gallego, a la par de exaltar las bondades de la estatua ecuestre, lo cual nunca estuvo en discusión, recomendó escuchar la voz del pueblo, y ese pueblo gritaba ¡Devuélvannos la estatua! Ante la sordera oficial aunada a una campaña mediática que tenía por objeto descalificar la voluntad popular, la movilización continuó, y el Comité decide convocar una Asamblea Popular para el día 1º de noviembre de 1995 en la Casa Sindical; la masiva asistencia exigió a los organizadores acciones contundentes para la defensa del patrimonio histórico y cultural de Guatire.  El panel lo coordina el Cronista Oficial de la Ciudad,  César Gil Gómez y se logra contener, no sin esfuerzo, la exacerbada e indignada concurrencia. Privó la sindéresis y la Asamblea se canalizó dentro del riguroso contexto histórico que le era propio. Ese día se acuerda por unanimidad dar un ultimátum al alcalde en manifiesto escrito donde se insta a colocar la estatua en su lugar de origen en un plazo no mayor de 15 días.

Volvió la estatua
 
      Al final, las autoridades ceden ante el peso de las circunstancias, y la estatua pedestre regresa al lugar al cual pertenece por decisión popular, el poeta Rafael Borges que se encontraba presente en ese momento aplaudía con el entusiasmo de quien ve en ese acto un desagravio a aquellos guatireños de 1930.

 

 

 

 

 

 

viernes, 7 de octubre de 2016


El  ¿descubrimiento?  de   América
Aníbal Palacios B.

Más de quinientos años después, las inexactitudes, mitos, distorsiones, omisiones y las estériles desavenencias semánticas aún envuelven la llegada de Colón a América bajo un manto de misterio, lo cual genera una lógica dificultad para entender cabalmente lo ocurrido.
 
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua española define la palabra Descubrimiento, en su primera acepción,  como Hallazgo, encuentro, manifestación de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido”. Como segundo significado del término, puntualiza: Encuentro, invención o hallazgo de una tierra o un mar no descubierto o ignorado. Pues bien el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón descubrió un nuevo territorio. Estaba allí, muchos navegantes pasaron, lo vieron y hasta estacionaron, pero nadie se percató de la novedad, hasta que lo hizo el marinero genovés. Si usted quiere regatearle méritos al personaje, puede decir que los indígenas descubrieron a Colón porque, con absoluta seguridad, ellos avistaron primero a los visitantes que éstos a los residentes… pero hubo un descubrimiento. No fue ningún “Día de la resistencia indígena” porque los indígenas no se resistieron. Tampoco un “Encuentro de dos mundos” porque mundo hay uno sólo; mucho menos el “Día de la raza” porque estas siempre han existido. El encuentro de dos culturas suena más racional, pero igualmente una descubrió (encontró) a la otra. Podemos convenir en que se hable del Descubrimiento de América por comodidad pedagógica, aunque no fue sino hasta el año 1507, quince años después, cuando un cartógrafo alemán, Martín Waldseemüller, publicó el primer Mapa Oficial de la nueva región y lo llamó América, por la sencilla razón de haber sido Américo Vespucio quien primero se percató, o hizo público, de que era un continente y no una isla grande. Igual convenimos en lo de las tres carabelas, ya que  en realidad fueron dos (la Santa María era una nao), porque para los efectos era igual y en estos menesteres el tamaño no importa; además, era lo  que había.

De inexactitudes, distorsiones y omisiones
Lo primero que nos enseñan es que en la época se pensaba que la tierra era plana y Colón, cual un José Arcadio Buendía cualquiera, determinó, un buen día (valga el término), que “la tierra es redonda como una naranja”. Pues resulta que un tal Eratóstenes, más de mil quinientos años antes, había demostrado la esfericidad de la tierra  y establecido la circunferencia ecuatorial en poco más de 40 mil kilómetros, y allí estaba precisamente el problema. Era de conocimiento público, entre especialistas, claro está, la información del matemático griego, pero Colón con insistente terquedad sostenía que eran apenas 30 mil kilómetros, lo cual significaba darle una vueltica en menos tiempo.

En relación con la tripulación, según el cuento, estuvo conformada por malandros,  sicópatas, ladrones, criminales, zagaletones, bachaqueros, caraquistas, madrilistas  y motorizados. ¡No! A Colón lo acompañaban marineros; el que una buena cantidad de estos fueran reclutados en cárceles se debió a que los marinos, después de muchos meses en alta mar llega a los puertos en busca de bingos, botiquines y burdeles, por lo que suelen meterse en líos, algunos de ellos considerados delitos. Colón fue muy convincente con la Reina Isabel a la hora de conseguir financiamiento para el viaje, pero su capacidad de orador no le sirvió para persuadir al común de los tripulantes que merodeaban por Palos, pueblo que por cierto se jactaba de formar a los mejores marineros del mundo. Así que hubo que ofrecer conmutación de penas por aventuras. Tampoco es cierto que estos aventureros vinieron atraídos por el espejismo del oro, puesto que después del horizonte se preveía encontrar especias, es decir, condimentos aromatizantes para las comidas, por lo cual es lógico pensar que a la voluntaria tripulación le atrajo simplemente la atractiva idea de ser excarcelados. Finalmente, nos informaron que Colón llegó a una isla llamada Guanahani, pero sin indicarnos dónde carrizo quedaba. ¿No es más didáctico decir que llegó a las Bahamas? Ahí,  a seis o siete cuadras de Los Roques.

 ¿Qué trajo Colón?
Lo más trascendente del portafolio colombino fue la cultura española, fundamentalmente idioma y religión.  Más de dos tercios de los colonizadores españoles eran andaluces. ¡Gracias a Dios! Nuestra forma de hablar, nuestra música y hasta nuestro espíritu, es andaluz. No quiero imaginarme hablando como un madrileño. ¡Hostia, que ni siquiera saben pronunciar el nombre de la ciudad!  Los alimentos vinieron en el primer viaje como elementos de autoconsumo. Animales como gallinas, ganado bovino y porcino, al principio fueron para  alimentar la tropa. Luego, una vez que arribaron los primeros colonizadores era  necesario  autoabastecerse y de España llegó algodón, cebada, trigo y  arroz. El café, que llegó a jugar un papel de primer orden en el fortalecimiento de las economías locales, también vino del Este. La caña de azúcar, plátanos, naranjas, limones y hasta el exquisito y americanizado mango, fueron frutos importados. También armas, primero como elemento de defensa y luego de conquista,  y por último las enfermedades europeas que causaban estragos por aquellos lares y aquí azotaron  a una población inmunológicamente desvalida

 ¿Qué se llevó Colon?                
Los reyes católicos no se decepcionaron porque Cristóbal Colón no les llevase lo que les prometió: una nueva ruta marítima para llegar a Oriente, proveedor comercial por excelencia. Su ingratitud no llegaba a tales extremos; se conformaron con las ingentes toneladas de oro y plata que estabilizó sus agotadas  finanzas luego de la cruenta, larga y costosa guerra contra los moros, y como valor agregado un territorio de más de 40 mil kilómetros cuadrados que explotar comercialmente y una población superior a las 500 mil almas para catequizar y ofrecer al paisano, nacido en Valencia, Rodrigo de Borgia que, a la sazón, ejercía en el Vaticano el cargo de Pontífice, con el nombre de Alejandro VI. Pero como no faltaban sibaritas aficionados entre los colonizadores, muy pronto la gastronomía española se enriqueció con productos como la papa, el maíz, tomates, piñas y el maní, pero fueron el tabaco y el cacao los cultivos que marcaron la pauta económica de la región. A los escribientes españoles, que todo lo anotaban, se les pasó por alto registrar quien se comió el primer aguacate, que para muchos gourmets se trata de un héroe anónimo. En cuanto a la fauna utilitaria fue poco lo que aportamos por aquí, porque cocodrilos, anacondas, jaguares, cascabeles y jabalíes no encontraron mucha demanda en el  mercado europeo, más allá de los parques zoológicos. Más recientemente, se dice que la sífilis en un aporte de los aborígenes americanos a la cultura europea, a manera de intercambio  viral.

martes, 13 de septiembre de 2016


Guatire, cuna del beisbol femenino venezolano
            Aníbal Palacios B.

A propósito de la medalla de bronce obtenida por la Selección Nacional en el recién finalizado Campeonato Mundial de Beisbol Femenino jugado en Corea del Sur, donde las criollas derrotaron a China Taipei el pasado domingo 11 de septiembre de 2016, para constituirse en escoltas de Canadá y Japón, deseamos rendir homenaje a la mujeres pioneras de esta disciplina en Venezuela.
En 1962 un grupo de jóvenes guatireñas se mete de lleno en la historia deportiva de Venezuela. Un flamante, poderoso y, por supuesto, hermoso equipo de beisbol, salta al terreno del estadio Miguel Lorenzo García a practicar un deporte que para los habitantes de Guatire constituía no sólo el único y necesario entretenimiento dominical urbano, sino que además era un espectáculo del cual se consideraba muy conocedor, lo que lo convertía en un público muy exigente.

El comienzo                              
Beisbol, no kickingball ni softbol; las muchachas guatireñas, fanáticas que cada domingo animaban a los equipos Gavilanes, Zamora, Alacranes y Guatire Star, decidieron que era un buen momento para recibir ellas los aplausos y silbidos; sí, silbidos, no pitas, de quienes antes ellas aclamaban. Cirilo Loro Vegas comenta la idea con Pragedes Silvera, a la sazón presidente del equipo Zamora, a quien le agrada el planteamiento y ofrece financiarlo; seguidamente se lo comunican a Baltazar Guillén, presidente de la Liga de Beisbol del Distrito Zamora, y reciben el visto bueno correspondiente; luego buscan a Cruz Puñalito Gómez como entrenador. La conformación del equipo era más fácil; el estadio siempre se veía abarrotado de bellas mujeres animando a sus clubes favoritos, sólo había que alzar la vista y comenzar a invitar a estas jóvenes, que no se hicieron rogar; además la mayoría de ellas eran atletas de otras disciplinas deportivas “más femeninas”, de acuerdo con los preceptos sociales de la época. La resistencia vendría de parte de algunos padres, pero sobre todo de los novios de las futuras jugadoras. Así, las chicas se dispusieron emular a las damas norteamericanas que en 1943 conformaron el All American Girls Professional Baseball.

Pioneras
El equipo llevaba por nombre 3 Estrellas y estaba conformado por Nelly Reverón, Carmen González, Carlina Porras Briñoles, Evelia García, Pilar Palacios, Emma Pinto, Elsa Castillo, Miguelina Correa, Mercedes Rondón, Graciela Istúriz, Rosita Rondón (Madrina) y Marbelys Cruz (Mascota). Cilio Vegas, manager; Cruz Gómez, entrenador y Pragedes Silvera, una especie de Delegado, completaban la divisa. La tarea difícil fue encontrar contendientes porque no habían rivales femeninas contra quien jugar y los equipos juveniles de Guatire no aceptaban el reto que continuamente le lanzaban para calibrar a este club, ante el temor de perder el juego y quedar mal parados ante los fanáticos locales, lo cual, ciertamente, hubiese sido deshonroso. Baltazar Guillén continuamente indagaba, a través de la Asociación de Beisbol del estado Miranda, sobre la conformación de algún equipo, hasta que su búsqueda tuvo éxito.

Debut
La constelación de hermosas chicas saltó al terreno del estadio Miguel Lorenzo García para su primer encuentro el 17 de junio de 1962. El uniforme era una franela blanca con tres estrellas dibujadas, mono negro y zapatos deportivos. Su rival, un club compuesto por hermosas jóvenes cuya sola presencia imponía respeto, formado en el sector La Balsa de Rio Chico. La capacidad del estadio fue insuficiente para albergar la gran cantidad de espectadores que acudieron a la cita para ver el primer partido de beisbol femenino de que se tuviera noticia en el país, debidamente documentado, con el aliciente de una vieja rivalidad entre Guatire y Barlovento, ya considerada un clásico peloteril mirandino. No está demás aclarar que pocos fueron los fanáticos que asistieron al estadio motivados por este último factor. Las chicas no decepcionaron al público, no sólo por el triunfo, sino porque estas jóvenes se dieron por entero en el terreno de juego.
Yo era receptora, y jugaba mi posición como tal”.  - Nos comenta Nelly Reveron. –
Abría bien las piernas para ampliar la zona de strike, y me colocaba en la clásica posición de un buen receptor”.

Al mejor estilo de Santiago Rondón, extraordinario receptor guatireño. Todos los asistentes al estadio (alrededor de mil personas) excepto uno, admiraron la calidad, solvencia y eficiencia del trabajo de Nelly. Ese único fanático disconforme, paradójicamente su más ferviente admirador, estuvo disgustado durante todo el encuentro: se trataba del novio de la bella jugadora (Ramón X.), que consideraba poco elegante la manera de jugar de Nelly. No obstante, es pertinente destacar que el criterio general de la calificada concurrencia fue que la bella dama no perdió glamour.

Alineación
El equipo jugó de la siguiente manera:
  • Carmen González (2B)
  • Nelly Reverón (C)
  • Graciela Ciola Istúriz (1B)
  • Carlina Porras Briñoles (3B)
  • Miguelina Correa (SS)
  • Pilar Palacios (LF)
  • Mercedes Rondón (RF)
  • Evelia García (CF)
  • Emma La Negra Pinto (P).
“Éramos deportistas” – nos acota Emma Pinto –“Yo representé a Zamora en muchos campeonatos de voleibol”;

En efecto, se trataba de un compacto grupo de mujeres activas en los menesteres deportivos, pero que nunca habían agarrado un guante y un bate de béisbol, con la sola excepción de Nelly Reverón, quien desde niña vivía metida en el estadio.

Detalles fuera del terreno
Como elemento pintoresco, nos cuenta Emma Pinto que casi todas tenían por apodo el nombre del novio que por lo demás era un destacado pelotero de los equipos “AA”.
A mí me decían Reyita”-
Por Reyes Navas (Reyito), lanzador del Gavilanes con una recta de 90 millas. No faltó algún exagerado admirador de la hermosa chica quien dijera que la recta de Emma nada tenía que envidiar a la de Reyito, y hasta la compararon con la de Juan de Mata García, otra vieja gloria de nuestro beisbol.

El apodo de Carmen González era “Ricardita”-
Su novio, Ricardo Reverón, fuerte bateador de Gavilanes, al parecer no le transmitió sus secretos a Carmen por lo que ella se convirtió en hábil tocadora de la pelota, recurso que explotó con éxito.

A Nelly la llamaban “Ramoncita” (de su celoso novio ya nos referimos).

El desquite 
El equipo visitante invitó a sus rivales a una revancha en Rio Chico, y hasta allá fueron nuestras hermosas representantes. El resultado también fue favorable al 3 Estrellas. No era cuestión del terreno de juego, había superioridad técnica; “es que estas damas guatireñas se tomaron el asunto muy en serio”, señala Cirilo Vegas, el manager

Hoja de vida
Todo equipo de beisbol que se precie de aguerrido tiene en su currículum una que otra tángana y 3 Estrellas no sería la excepción. Por el equipo guatireño la estirpe señala que la protagonista de la pelea no podía ser otra sino Graciela Ciola Istúriz, hija de Vicente Machadito Istúriz, temperamental, fogoso y excelente jardinero central del Gavilanes de los años cuarenta.
A pesar de que le estábamos dando una paliza – o tal vez por eso-, en la novena entrada la lanzadora me dio un pelotazo, ¡y mire que tiraba duro! Me le fui encima y se armó la trifulca”.

Paradojas
Ser un equipo ganador incidió en la corta vida del club; para la época no era fácil encontrar rivales en esta categoría, y al tratarse de un trabuco nadie se animaba a enfrentarlas; ya decíamos que hasta los fuertes equipos juveniles de la zona se negaron a jugar contra estas valerosas mujeres; la vergüenza ante una posible derrota les hubiera obligado a emigrar a lejanas tierras. Pero ese día, 17 de junio de 1962, estas bellas damas escribieron, sin saberlo, unas cuantas páginas en la historia del beisbol aficionado venezolano. Sólo nos queda decir que muchos novios y pretendientes suspiraron con alivio cuando el equipo dejó de jugar.

 

 

 

lunes, 29 de agosto de 2016


Una ballena en Guatire
Aníbal Palacios B.
 Durante muchos años, el esqueleto de la ballena que adornaba de manera imponente el patio interior del Liceo Ramón Alfonso Blanco, ubicado en la calle Miranda, fue el símbolo más representativo de Guatire.

Tuvo la doble virtud de atraer la mirada y la admiración de propios y extraños, porque no sólo fueron los visitantes foráneos quienes se vieron cautivados por su figura sino que también los lugareños se paseaban por el recinto estudiantil para apreciar lo que fuera un animal lleno de misterios marinos.
Eso sí, sólo los visitantes especialistas en la materia se ocuparon de saber la manera cómo había llegado esa ballena hasta Guatire porque, definitivamente, nadando no fue. Transcurridos más de 50 años desde entonces, esos recuerdos pasaron al olvido y allí hubiesen permanecido de no ser por el concurso de tres personas, para el caso concreto de este relato.  
El profesor Narciso Simón Rodríguez Guevara, quien en su condición de Subdirector y Secretario del liceo, escribió una minuciosa crónica donde resta importancia al esfuerzo individual de recuperar los restos de una ballena muerta hallada en los Totumos, y realza el trabajo colectivo de un grupo de personas que hicieron posible la tarea que más adelante se describe. Fredis Guaramato, tiene el doble mérito de haber participado en las faenas de recuperación del esqueleto de la ballena y, quizás más importante aún, rescatado de algún olvidado archivo la crónica del profesor Rodríguez que aquí publicamos textualmente.
Emma Pinto (La Negra), fue la inspiración para que el cronista se interesa en la búsqueda de la información que nos llevó a Fredis y al profesor Rodríguez: rescató de una papelera de la Alcaldía de Zamora unas fotografías de la ballena que son fiel testimonio del relato. Un, para el momento,  recién ungido funcionario municipal no entendió la importancia que para la revolución tendría un poco de huesos  fotografiados, ni se ocupó de preguntar, y los archivó en la papelera más cercana. El destino quiso que La Negra se encontrase en el lugar, y no dudó en recoger el preciado tesoro de la historia aldeana, y los conservase para toda la comunidad zamorana.

Testimonio del profesor Rodríguez Guevara

Primer esqueleto de ballena armado en Sudamérica
“El 25 de julio de 1961 nuestro amigo el pescador Juan Ramírez, por intermedio del señor Félix Germán Flores, nos avisó que en Los Totumos (cerca de Cabo Codera) había encontrado una ballena muerta encallada cerca de la playa.
El 1° de agosto muy temprano el director del liceo, Br. Manuel Ángel González S., los estudiantes José Antonio García, Cruz Eudoro Hernández, Rogelio Delgado, nuestros amigos Jorge León, Elpidio Porras, Félix Germán Flores y yo nos trasladamos a Carenero, luego en el bote de Juan fuimos a Los Totumos. La ballena estaba en descomposición, pero esto no fue obstáculo para extraer los maxilares inferiores de tres metros cada uno y la cola.
El día 6 regresamos de nuevo y procedimos a la separación del cráneo y a extraer los músculos que cubrían los costados y el tórax. Fueron desarticuladas las costillas del lado derecho y el resto de la región caudal. Desde el 7 al 12 de agosto nos quedamos trabajando diariamente hasta el atardecer Rogelio Delgado, Elpidio Porras y yo. Para ese día ya se había extraído los órganos del tórax y del abdomen; sólo faltaba por desmembrar quince vértebras de la columna.
La tarea más incómoda y forzada fue traer el cráneo desde el lugar donde se descuartizó la ballena hasta los Totumos y de allí a Carenero, pero nuestro amigo Felipe Ordaz nos facilitó el jeep, el remolcador y él lo condujo por el tortuoso camino que fue carretera en un tiempo. Durante estos trece días Juan Ramírez en su bote cruzó la Ensenada de Carenero cuarenta y seis veces sin interés económico para transportar costillas y vértebras. La osamenta fue trasladada hasta Guatire en un transporte cedido por el señor Pedro Delgado y conducido desinteresadamente por el señor Francisco Ruiz.
El proceso de maceración y limpieza, y la estructuración del esqueleto y de la base metálica, duró ocho meses y medio. La base de hierro fue construida en el taller del Instituto. Participaron en esta labor los estudiantes José Antonio García, Pedro Luis Lugo, Carlos Guaramato, Hugo Hernández, Miguel Pérez Camacho, Francisco Antonio Martínez, Fredis Guaramato, Héctor Ramón Milano, Rogelio Delgado, Humberto Robledo Montalbán, y yo. Casi se me olvida el estudiante Carlos Jugo A. El señor Héctor Álvarez Rodríguez soldó toda la estructura de hierro desinteresadamente, con la buena colaboración de otro amigo nuestro, el señor Pedro Pérez González.
La preparación y montaje del esqueleto de 12, 46 metros de longitud se efectuó bajo la dirección y planificación del profesor de Ciencias Biológicas del Instituto, Br. Manuel Ángel González S. La labor ha sido dura, pero se ha trabajado intensamente en vacaciones y días de asueto porque ha sobrado buena voluntad.
El Instituto agradece a  todos su espontánea y eficaz ayuda.
El esqueleto de esta ballena junto con otros treinta esqueletos de vértebras y 2.140 muestras de Ciencias Biológicas preparadas en nuestro liceo, están en exposición durante las horas de labor y los domingos en la mañana”.
Guatire, 30 de septiembre de 1962

 Narciso S. Rodríguez Guevara
Subdirector-Secretario
 
La ballena perdida de Guatire
La nota descrita fue publicada en la edición N° 25 de Tere Tere en Noviembre de 2002, pero la historia continuó. La desaparición del viejo y noble Liceo dejó sin techo a la ballena y el Centro Excursionista Manuel Ángel González (CEMAG) desarmó el esqueleto y lo trasladó a su antigua sede, cercana al Hospitalito; es decir, sin espacio para exhibirla. Al no contar con la ayuda oficial necesaria la cedió al Parque Henry Pittier y allí se perdió su rastro; no obstante ya se había despertado el interés en preocupados aldeanos como Efrén Toro, Oscar Muñoz y Miguel Alciro Berroterán, quienes siguieron la pista y ubicaron el esqueleto en el Museo Marino de Cumaná, pero éste había sido seriamente dañado por el terremoto de 1997 y las especies exhibidas fueron trasladadas a distintos sitios de la ciudad. Paralelamente, Tere Tere ubicó un minucioso y documentado estudio realizado por el biólogo A. I. Agudo que permitió determinar, sin lugar a dudas, que el esqueleto exhibido en ese Museo era el mismo que por muchos años engalanó al Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco. El investigador partió de una crónica publicada en el diario El Nacional (11/08/61) para realizar un meticuloso seguimiento que le permitió establecer que el esqueleto fue entregado en 1986  “… para guarda y custodia (no donación) del Museo del Mar de la ciudad de Cumaná… Actualmente la osamenta presenta un marcado deterioro producto de su accidentado peregrinaje, que al parecer no concluye, y se encuentra bajo la custodia de la Universidad de Oriente
 
Confusión
En el ínterin, se corrió la voz sobre un hallazgo en el Museo del Mar en Margarita, pero  resultó ser una falsa alarma. El esqueleto que allí se exhibe es el de una ballena jardinera y no una jorobada, como la nuestra. Fue hallada en Cubagua y mide tres metros.
Sólo existen cuatro esqueletos de ballena armados en el país, el primero de ellos se aparejó en Guatire y es patrimonio de esta comunidad, sólo se requiere la disposición de rescatarla.
 
 

jueves, 4 de agosto de 2016


Carlos Grippa: El último comerciante autóctono
Aníbal Palacios B.
 
La noticia se regó cual chisme pueblerino: de boca en boca; en poco tiempo ya todos sabían que Carlos Grippa había tirado la toalla y vendido su tienda de lencería. Su sonrisa franca y sincera que compensaba la reciedumbre de su carácter a la hora de conquistar al cliente, ya no será vista tras un mostrador. Era el 14 de julio de 2007. A las doce del mediodía Casa Grippa registró su última venta bajo la propiedad de Carlos…  
Por supuesto que la mayoría de los habitantes de esta aldea lo lamentó, entre otras razones porque Casa Grippa no sólo era un establecimiento comercial muy arraigado en la sociedad zamorana, sino porque también era una especie de centro de tertulias muy concurrido. Allí iban a parar quienes deseaban expresar cualquier preocupación sobre los problemas comunitarios a sabiendas de que la solución no estaba en manos de Carlos Grippa. Los chismes, datos e informaciones diversas de la Cámara Municipal y la Alcaldía llegaban primero a su tienda que a la redacción de cualquier periódico. Por supuesto, no faltó quien dijera ¡por fin!, y agradeciera al cielo. Es que  Carlos Grippa no era monedita de oro y en distintos ámbitos caía mal su franqueza a la hora de expresar cualquier idea, fuera esta deportiva, cultural, social o  política. 
 
Orígenes
Carlos Grippa nació hace un montón de años (23 de julio de 2007) en la hacienda Bermúdez, en los predios de Terrinca. La dinámica social lo llevó a convertirse en Maestro Rural y hoy tal vez fuese un mal pagado jubilado docente si los avatares políticos de los años cuarenta no lo hubiesen obligado a renunciar al oficio. Desde 1938 aprendió los fundamentos del  tendero de la mano de Isaac Bherger, comerciante judío de la tienda Las Cuatro Esquinas, ubicada en el lugar homónimo que el modernismo urbano se empeña en borrar como punto de referencia aldeana. Algunos dicen que aprendió a ser tacaño de ese tutor, pero ese perfil forma parte de los mitos que se han creado sobre su persona; nos consta la generosidad de Carlos con las causas en las cuales creía. Durante muchos años, después de la muerte de Miguel Lorenzo García, ningún comerciante guatireño financió tanto a las instituciones deportivas, culturales, vecinales, sociales y hasta políticas como Casa Grippa, y eso ya es mucho decir. El único aval que exigía Carlos era la honestidad del interesado.
Su famosa tienda, Casa Cultura al principio y luego por razones de registro legal, Casa Grippa, fue fundada en 1946. Con ella han tenido que ver por más de seis décadas todo el Guatire y Araira urbano y rural, porque desde Salmerón hasta Oruza, y desde Zamurito a Jericó, los lugareños venían a comprar un carrete de hilo Elefante,  o dos metros de popelina para engalanar a las niñas de la casa, porque en bisutería, mercería y confección, Casa Grippa era la tienda más surtida desde Guarenas hasta Cúpira, y además del producto se llevaban como ñapa información útil en un pueblo sin medios de comunicación de circulación regular. No fueron pocos los jóvenes que dieron sus primeros pasos como trabajadores entre los estante de esta tienda, y en los clientes más añejos todavía persiste el recuerdo de Cipriano Toro (Torito), uno de sus empleados más emblemáticos. 
 
¿Por qué se fue?
La idea de vender la tienda no era nueva, y en el hogar Arelys, Elina e Iliana, sus hijas, conjuntamente con Aida, su esposa, le insistían en que era hora de retirarse. Pero Carlos quería venderle a un comerciante criollo; tal vez fuese una excusa para no irse, porque bajo ese perfil no eran muchos los candidatos. Lo  cierto es que de repente decidió abandonar toda una vida de relaciones públicas desde tan privilegiado lugar, y como no era hombre de chinchorros, siempre lo  veíamos caminando por las calles de su pueblo y asomarse en cuanta reunión observaba, porque ese hábito no lo perdió jamás. Algunos allegados le exhortaron a escribir un libro, una especie de anecdotario pueblerino de tantas historias y cuentos que conoció o le narraron. Es que Carlos, rara avis, mantuvo una relación con su clientela no ya desde un mostrador sino desde cualquier esquina y a cada paso era saludado por infinidad de contertulios, para envidia de muchos dirigentes políticos, a quienes nadie dirige la palabra, porque para Carlos el mostrador fue una especie de tarima desde la cual supo llegarle a un pueblo al que nunca defraudó.
Metódico, Carlos esperó cumplir 91 años para despedirse de su pueblo, y un 31 de julio de 2016 arrió velas hacia ese camino desconocido, pero lo hizo desde esta aldea que tanto quiso y por la cual luchó desde diferentes frentes (político, deportivo, social, cultural). La comunidad le correspondió con genuino afecto  esa querencia, porque Carlos, tal como aquella compañía autobusera, siempre fue el amigo del pueblo.