martes, 13 de septiembre de 2016


Guatire, cuna del beisbol femenino venezolano
            Aníbal Palacios B.

A propósito de la medalla de bronce obtenida por la Selección Nacional en el recién finalizado Campeonato Mundial de Beisbol Femenino jugado en Corea del Sur, donde las criollas derrotaron a China Taipei el pasado domingo 11 de septiembre de 2016, para constituirse en escoltas de Canadá y Japón, deseamos rendir homenaje a la mujeres pioneras de esta disciplina en Venezuela.
En 1962 un grupo de jóvenes guatireñas se mete de lleno en la historia deportiva de Venezuela. Un flamante, poderoso y, por supuesto, hermoso equipo de beisbol, salta al terreno del estadio Miguel Lorenzo García a practicar un deporte que para los habitantes de Guatire constituía no sólo el único y necesario entretenimiento dominical urbano, sino que además era un espectáculo del cual se consideraba muy conocedor, lo que lo convertía en un público muy exigente.

El comienzo                              
Beisbol, no kickingball ni softbol; las muchachas guatireñas, fanáticas que cada domingo animaban a los equipos Gavilanes, Zamora, Alacranes y Guatire Star, decidieron que era un buen momento para recibir ellas los aplausos y silbidos; sí, silbidos, no pitas, de quienes antes ellas aclamaban. Cirilo Loro Vegas comenta la idea con Pragedes Silvera, a la sazón presidente del equipo Zamora, a quien le agrada el planteamiento y ofrece financiarlo; seguidamente se lo comunican a Baltazar Guillén, presidente de la Liga de Beisbol del Distrito Zamora, y reciben el visto bueno correspondiente; luego buscan a Cruz Puñalito Gómez como entrenador. La conformación del equipo era más fácil; el estadio siempre se veía abarrotado de bellas mujeres animando a sus clubes favoritos, sólo había que alzar la vista y comenzar a invitar a estas jóvenes, que no se hicieron rogar; además la mayoría de ellas eran atletas de otras disciplinas deportivas “más femeninas”, de acuerdo con los preceptos sociales de la época. La resistencia vendría de parte de algunos padres, pero sobre todo de los novios de las futuras jugadoras. Así, las chicas se dispusieron emular a las damas norteamericanas que en 1943 conformaron el All American Girls Professional Baseball.

Pioneras
El equipo llevaba por nombre 3 Estrellas y estaba conformado por Nelly Reverón, Carmen González, Carlina Porras Briñoles, Evelia García, Pilar Palacios, Emma Pinto, Elsa Castillo, Miguelina Correa, Mercedes Rondón, Graciela Istúriz, Rosita Rondón (Madrina) y Marbelys Cruz (Mascota). Cilio Vegas, manager; Cruz Gómez, entrenador y Pragedes Silvera, una especie de Delegado, completaban la divisa. La tarea difícil fue encontrar contendientes porque no habían rivales femeninas contra quien jugar y los equipos juveniles de Guatire no aceptaban el reto que continuamente le lanzaban para calibrar a este club, ante el temor de perder el juego y quedar mal parados ante los fanáticos locales, lo cual, ciertamente, hubiese sido deshonroso. Baltazar Guillén continuamente indagaba, a través de la Asociación de Beisbol del estado Miranda, sobre la conformación de algún equipo, hasta que su búsqueda tuvo éxito.

Debut
La constelación de hermosas chicas saltó al terreno del estadio Miguel Lorenzo García para su primer encuentro el 17 de junio de 1962. El uniforme era una franela blanca con tres estrellas dibujadas, mono negro y zapatos deportivos. Su rival, un club compuesto por hermosas jóvenes cuya sola presencia imponía respeto, formado en el sector La Balsa de Rio Chico. La capacidad del estadio fue insuficiente para albergar la gran cantidad de espectadores que acudieron a la cita para ver el primer partido de beisbol femenino de que se tuviera noticia en el país, debidamente documentado, con el aliciente de una vieja rivalidad entre Guatire y Barlovento, ya considerada un clásico peloteril mirandino. No está demás aclarar que pocos fueron los fanáticos que asistieron al estadio motivados por este último factor. Las chicas no decepcionaron al público, no sólo por el triunfo, sino porque estas jóvenes se dieron por entero en el terreno de juego.
Yo era receptora, y jugaba mi posición como tal”.  - Nos comenta Nelly Reveron. –
Abría bien las piernas para ampliar la zona de strike, y me colocaba en la clásica posición de un buen receptor”.

Al mejor estilo de Santiago Rondón, extraordinario receptor guatireño. Todos los asistentes al estadio (alrededor de mil personas) excepto uno, admiraron la calidad, solvencia y eficiencia del trabajo de Nelly. Ese único fanático disconforme, paradójicamente su más ferviente admirador, estuvo disgustado durante todo el encuentro: se trataba del novio de la bella jugadora (Ramón X.), que consideraba poco elegante la manera de jugar de Nelly. No obstante, es pertinente destacar que el criterio general de la calificada concurrencia fue que la bella dama no perdió glamour.

Alineación
El equipo jugó de la siguiente manera:
  • Carmen González (2B)
  • Nelly Reverón (C)
  • Graciela Ciola Istúriz (1B)
  • Carlina Porras Briñoles (3B)
  • Miguelina Correa (SS)
  • Pilar Palacios (LF)
  • Mercedes Rondón (RF)
  • Evelia García (CF)
  • Emma La Negra Pinto (P).
“Éramos deportistas” – nos acota Emma Pinto –“Yo representé a Zamora en muchos campeonatos de voleibol”;

En efecto, se trataba de un compacto grupo de mujeres activas en los menesteres deportivos, pero que nunca habían agarrado un guante y un bate de béisbol, con la sola excepción de Nelly Reverón, quien desde niña vivía metida en el estadio.

Detalles fuera del terreno
Como elemento pintoresco, nos cuenta Emma Pinto que casi todas tenían por apodo el nombre del novio que por lo demás era un destacado pelotero de los equipos “AA”.
A mí me decían Reyita”-
Por Reyes Navas (Reyito), lanzador del Gavilanes con una recta de 90 millas. No faltó algún exagerado admirador de la hermosa chica quien dijera que la recta de Emma nada tenía que envidiar a la de Reyito, y hasta la compararon con la de Juan de Mata García, otra vieja gloria de nuestro beisbol.

El apodo de Carmen González era “Ricardita”-
Su novio, Ricardo Reverón, fuerte bateador de Gavilanes, al parecer no le transmitió sus secretos a Carmen por lo que ella se convirtió en hábil tocadora de la pelota, recurso que explotó con éxito.

A Nelly la llamaban “Ramoncita” (de su celoso novio ya nos referimos).

El desquite 
El equipo visitante invitó a sus rivales a una revancha en Rio Chico, y hasta allá fueron nuestras hermosas representantes. El resultado también fue favorable al 3 Estrellas. No era cuestión del terreno de juego, había superioridad técnica; “es que estas damas guatireñas se tomaron el asunto muy en serio”, señala Cirilo Vegas, el manager

Hoja de vida
Todo equipo de beisbol que se precie de aguerrido tiene en su currículum una que otra tángana y 3 Estrellas no sería la excepción. Por el equipo guatireño la estirpe señala que la protagonista de la pelea no podía ser otra sino Graciela Ciola Istúriz, hija de Vicente Machadito Istúriz, temperamental, fogoso y excelente jardinero central del Gavilanes de los años cuarenta.
A pesar de que le estábamos dando una paliza – o tal vez por eso-, en la novena entrada la lanzadora me dio un pelotazo, ¡y mire que tiraba duro! Me le fui encima y se armó la trifulca”.

Paradojas
Ser un equipo ganador incidió en la corta vida del club; para la época no era fácil encontrar rivales en esta categoría, y al tratarse de un trabuco nadie se animaba a enfrentarlas; ya decíamos que hasta los fuertes equipos juveniles de la zona se negaron a jugar contra estas valerosas mujeres; la vergüenza ante una posible derrota les hubiera obligado a emigrar a lejanas tierras. Pero ese día, 17 de junio de 1962, estas bellas damas escribieron, sin saberlo, unas cuantas páginas en la historia del beisbol aficionado venezolano. Sólo nos queda decir que muchos novios y pretendientes suspiraron con alivio cuando el equipo dejó de jugar.

 

 

 

lunes, 29 de agosto de 2016


Una ballena en Guatire
Aníbal Palacios B.
 Durante muchos años, el esqueleto de la ballena que adornaba de manera imponente el patio interior del Liceo Ramón Alfonso Blanco, ubicado en la calle Miranda, fue el símbolo más representativo de Guatire.

Tuvo la doble virtud de atraer la mirada y la admiración de propios y extraños, porque no sólo fueron los visitantes foráneos quienes se vieron cautivados por su figura sino que también los lugareños se paseaban por el recinto estudiantil para apreciar lo que fuera un animal lleno de misterios marinos.
Eso sí, sólo los visitantes especialistas en la materia se ocuparon de saber la manera cómo había llegado esa ballena hasta Guatire porque, definitivamente, nadando no fue. Transcurridos más de 50 años desde entonces, esos recuerdos pasaron al olvido y allí hubiesen permanecido de no ser por el concurso de tres personas, para el caso concreto de este relato.  
El profesor Narciso Simón Rodríguez Guevara, quien en su condición de Subdirector y Secretario del liceo, escribió una minuciosa crónica donde resta importancia al esfuerzo individual de recuperar los restos de una ballena muerta hallada en los Totumos, y realza el trabajo colectivo de un grupo de personas que hicieron posible la tarea que más adelante se describe. Fredis Guaramato, tiene el doble mérito de haber participado en las faenas de recuperación del esqueleto de la ballena y, quizás más importante aún, rescatado de algún olvidado archivo la crónica del profesor Rodríguez que aquí publicamos textualmente.
Emma Pinto (La Negra), fue la inspiración para que el cronista se interesa en la búsqueda de la información que nos llevó a Fredis y al profesor Rodríguez: rescató de una papelera de la Alcaldía de Zamora unas fotografías de la ballena que son fiel testimonio del relato. Un, para el momento,  recién ungido funcionario municipal no entendió la importancia que para la revolución tendría un poco de huesos  fotografiados, ni se ocupó de preguntar, y los archivó en la papelera más cercana. El destino quiso que La Negra se encontrase en el lugar, y no dudó en recoger el preciado tesoro de la historia aldeana, y los conservase para toda la comunidad zamorana.

Testimonio del profesor Rodríguez Guevara

Primer esqueleto de ballena armado en Sudamérica
“El 25 de julio de 1961 nuestro amigo el pescador Juan Ramírez, por intermedio del señor Félix Germán Flores, nos avisó que en Los Totumos (cerca de Cabo Codera) había encontrado una ballena muerta encallada cerca de la playa.
El 1° de agosto muy temprano el director del liceo, Br. Manuel Ángel González S., los estudiantes José Antonio García, Cruz Eudoro Hernández, Rogelio Delgado, nuestros amigos Jorge León, Elpidio Porras, Félix Germán Flores y yo nos trasladamos a Carenero, luego en el bote de Juan fuimos a Los Totumos. La ballena estaba en descomposición, pero esto no fue obstáculo para extraer los maxilares inferiores de tres metros cada uno y la cola.
El día 6 regresamos de nuevo y procedimos a la separación del cráneo y a extraer los músculos que cubrían los costados y el tórax. Fueron desarticuladas las costillas del lado derecho y el resto de la región caudal. Desde el 7 al 12 de agosto nos quedamos trabajando diariamente hasta el atardecer Rogelio Delgado, Elpidio Porras y yo. Para ese día ya se había extraído los órganos del tórax y del abdomen; sólo faltaba por desmembrar quince vértebras de la columna.
La tarea más incómoda y forzada fue traer el cráneo desde el lugar donde se descuartizó la ballena hasta los Totumos y de allí a Carenero, pero nuestro amigo Felipe Ordaz nos facilitó el jeep, el remolcador y él lo condujo por el tortuoso camino que fue carretera en un tiempo. Durante estos trece días Juan Ramírez en su bote cruzó la Ensenada de Carenero cuarenta y seis veces sin interés económico para transportar costillas y vértebras. La osamenta fue trasladada hasta Guatire en un transporte cedido por el señor Pedro Delgado y conducido desinteresadamente por el señor Francisco Ruiz.
El proceso de maceración y limpieza, y la estructuración del esqueleto y de la base metálica, duró ocho meses y medio. La base de hierro fue construida en el taller del Instituto. Participaron en esta labor los estudiantes José Antonio García, Pedro Luis Lugo, Carlos Guaramato, Hugo Hernández, Miguel Pérez Camacho, Francisco Antonio Martínez, Fredis Guaramato, Héctor Ramón Milano, Rogelio Delgado, Humberto Robledo Montalbán, y yo. Casi se me olvida el estudiante Carlos Jugo A. El señor Héctor Álvarez Rodríguez soldó toda la estructura de hierro desinteresadamente, con la buena colaboración de otro amigo nuestro, el señor Pedro Pérez González.
La preparación y montaje del esqueleto de 12, 46 metros de longitud se efectuó bajo la dirección y planificación del profesor de Ciencias Biológicas del Instituto, Br. Manuel Ángel González S. La labor ha sido dura, pero se ha trabajado intensamente en vacaciones y días de asueto porque ha sobrado buena voluntad.
El Instituto agradece a  todos su espontánea y eficaz ayuda.
El esqueleto de esta ballena junto con otros treinta esqueletos de vértebras y 2.140 muestras de Ciencias Biológicas preparadas en nuestro liceo, están en exposición durante las horas de labor y los domingos en la mañana”.
Guatire, 30 de septiembre de 1962

 Narciso S. Rodríguez Guevara
Subdirector-Secretario
 
La ballena perdida de Guatire
La nota descrita fue publicada en la edición N° 25 de Tere Tere en Noviembre de 2002, pero la historia continuó. La desaparición del viejo y noble Liceo dejó sin techo a la ballena y el Centro Excursionista Manuel Ángel González (CEMAG) desarmó el esqueleto y lo trasladó a su antigua sede, cercana al Hospitalito; es decir, sin espacio para exhibirla. Al no contar con la ayuda oficial necesaria la cedió al Parque Henry Pittier y allí se perdió su rastro; no obstante ya se había despertado el interés en preocupados aldeanos como Efrén Toro, Oscar Muñoz y Miguel Alciro Berroterán, quienes siguieron la pista y ubicaron el esqueleto en el Museo Marino de Cumaná, pero éste había sido seriamente dañado por el terremoto de 1997 y las especies exhibidas fueron trasladadas a distintos sitios de la ciudad. Paralelamente, Tere Tere ubicó un minucioso y documentado estudio realizado por el biólogo A. I. Agudo que permitió determinar, sin lugar a dudas, que el esqueleto exhibido en ese Museo era el mismo que por muchos años engalanó al Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco. El investigador partió de una crónica publicada en el diario El Nacional (11/08/61) para realizar un meticuloso seguimiento que le permitió establecer que el esqueleto fue entregado en 1986  “… para guarda y custodia (no donación) del Museo del Mar de la ciudad de Cumaná… Actualmente la osamenta presenta un marcado deterioro producto de su accidentado peregrinaje, que al parecer no concluye, y se encuentra bajo la custodia de la Universidad de Oriente
 
Confusión
En el ínterin, se corrió la voz sobre un hallazgo en el Museo del Mar en Margarita, pero  resultó ser una falsa alarma. El esqueleto que allí se exhibe es el de una ballena jardinera y no una jorobada, como la nuestra. Fue hallada en Cubagua y mide tres metros.
Sólo existen cuatro esqueletos de ballena armados en el país, el primero de ellos se aparejó en Guatire y es patrimonio de esta comunidad, sólo se requiere la disposición de rescatarla.
 
 

jueves, 4 de agosto de 2016


Carlos Grippa: El último comerciante autóctono
Aníbal Palacios B.
 
La noticia se regó cual chisme pueblerino: de boca en boca; en poco tiempo ya todos sabían que Carlos Grippa había tirado la toalla y vendido su tienda de lencería. Su sonrisa franca y sincera que compensaba la reciedumbre de su carácter a la hora de conquistar al cliente, ya no será vista tras un mostrador. Era el 14 de julio de 2007. A las doce del mediodía Casa Grippa registró su última venta bajo la propiedad de Carlos…  
Por supuesto que la mayoría de los habitantes de esta aldea lo lamentó, entre otras razones porque Casa Grippa no sólo era un establecimiento comercial muy arraigado en la sociedad zamorana, sino porque también era una especie de centro de tertulias muy concurrido. Allí iban a parar quienes deseaban expresar cualquier preocupación sobre los problemas comunitarios a sabiendas de que la solución no estaba en manos de Carlos Grippa. Los chismes, datos e informaciones diversas de la Cámara Municipal y la Alcaldía llegaban primero a su tienda que a la redacción de cualquier periódico. Por supuesto, no faltó quien dijera ¡por fin!, y agradeciera al cielo. Es que  Carlos Grippa no era monedita de oro y en distintos ámbitos caía mal su franqueza a la hora de expresar cualquier idea, fuera esta deportiva, cultural, social o  política. 
 
Orígenes
Carlos Grippa nació hace un montón de años (23 de julio de 2007) en la hacienda Bermúdez, en los predios de Terrinca. La dinámica social lo llevó a convertirse en Maestro Rural y hoy tal vez fuese un mal pagado jubilado docente si los avatares políticos de los años cuarenta no lo hubiesen obligado a renunciar al oficio. Desde 1938 aprendió los fundamentos del  tendero de la mano de Isaac Bherger, comerciante judío de la tienda Las Cuatro Esquinas, ubicada en el lugar homónimo que el modernismo urbano se empeña en borrar como punto de referencia aldeana. Algunos dicen que aprendió a ser tacaño de ese tutor, pero ese perfil forma parte de los mitos que se han creado sobre su persona; nos consta la generosidad de Carlos con las causas en las cuales creía. Durante muchos años, después de la muerte de Miguel Lorenzo García, ningún comerciante guatireño financió tanto a las instituciones deportivas, culturales, vecinales, sociales y hasta políticas como Casa Grippa, y eso ya es mucho decir. El único aval que exigía Carlos era la honestidad del interesado.
Su famosa tienda, Casa Cultura al principio y luego por razones de registro legal, Casa Grippa, fue fundada en 1946. Con ella han tenido que ver por más de seis décadas todo el Guatire y Araira urbano y rural, porque desde Salmerón hasta Oruza, y desde Zamurito a Jericó, los lugareños venían a comprar un carrete de hilo Elefante,  o dos metros de popelina para engalanar a las niñas de la casa, porque en bisutería, mercería y confección, Casa Grippa era la tienda más surtida desde Guarenas hasta Cúpira, y además del producto se llevaban como ñapa información útil en un pueblo sin medios de comunicación de circulación regular. No fueron pocos los jóvenes que dieron sus primeros pasos como trabajadores entre los estante de esta tienda, y en los clientes más añejos todavía persiste el recuerdo de Cipriano Toro (Torito), uno de sus empleados más emblemáticos. 
 
¿Por qué se fue?
La idea de vender la tienda no era nueva, y en el hogar Arelys, Elina e Iliana, sus hijas, conjuntamente con Aida, su esposa, le insistían en que era hora de retirarse. Pero Carlos quería venderle a un comerciante criollo; tal vez fuese una excusa para no irse, porque bajo ese perfil no eran muchos los candidatos. Lo  cierto es que de repente decidió abandonar toda una vida de relaciones públicas desde tan privilegiado lugar, y como no era hombre de chinchorros, siempre lo  veíamos caminando por las calles de su pueblo y asomarse en cuanta reunión observaba, porque ese hábito no lo perdió jamás. Algunos allegados le exhortaron a escribir un libro, una especie de anecdotario pueblerino de tantas historias y cuentos que conoció o le narraron. Es que Carlos, rara avis, mantuvo una relación con su clientela no ya desde un mostrador sino desde cualquier esquina y a cada paso era saludado por infinidad de contertulios, para envidia de muchos dirigentes políticos, a quienes nadie dirige la palabra, porque para Carlos el mostrador fue una especie de tarima desde la cual supo llegarle a un pueblo al que nunca defraudó.
Metódico, Carlos esperó cumplir 91 años para despedirse de su pueblo, y un 31 de julio de 2016 arrió velas hacia ese camino desconocido, pero lo hizo desde esta aldea que tanto quiso y por la cual luchó desde diferentes frentes (político, deportivo, social, cultural). La comunidad le correspondió con genuino afecto  esa querencia, porque Carlos, tal como aquella compañía autobusera, siempre fue el amigo del pueblo.
 

miércoles, 6 de julio de 2016


La Parranda de San Pedro:
¿De Guatire o de Guarenas?
Aníbal Palacios B.

A estas alturas, cuando por más de doscientos años ya hemos recorrido un largo trecho, cultores sanpedreños guareneros se mantienen sumergidos en un marasmo existencial para tratar de convencerse a sí mismos sobre la insostenible hipótesis de pretender que la Parranda de San Pedro es originaria de Guarenas. Algo que no preocupa en absoluto a sus semejantes guatireños que lo consideran una disputa irrelevante, estéril, vana, intrascendente y extemporánea, entre otras razones porque nadie puede demostrar nada que supere las especulaciones sinsentido.

La actitud de estos parranderos deviene en la de un padre irresponsable de dudosos sentimientos de culpa y arrepentimiento, que nunca atendió a sus hijos, jamás les dio afecto, ni cuidó de su alimentación, salud y educación, pero cuando el joven adquiere un título académico (Summa Cum Laude, por lo demás), intentan figurar en la fotografía de rigor ocupando un inmerecido primer plano, para luego, pasada la euforia del momento, volver a desaparecer de la vida del hijo  abandonado. Esa no es la actitud. Desde hace muchos años, los parranderos guatireños escogieron el camino de la atención, difusión, consolidación y proyección de la leyenda, primero en la propia aldea y luego allende nuestros límites geográficos; los resultados están a la vista. En un artículo publicado en www.guatire.com, la excelsa pluma de Marlon Zambrano zanja la discusión en los siguientes términos: “El San Pedro es aquello que nos contaron y en lo que depositamos fe ciega. Nadie sabe cómo, cuándo y dónde nació pero todos, a través de la tradición oral, afirman que fue entre Guarenas y Guatire, cabalgando los siglos XVIII y XIX en respuesta de los esclavos a la liturgia sincrética que diluía la devoción chamánica con la ceremonia eclesiástica”.

La hacienda San Pedro
Un argumento repetitivo es que la existencia de una hacienda San Pedro en Guarenas demuestra por sí sola que la parranda nació allí. Esto pudiera envalentonar a los habitantes de una populosa y ferviente Parroquia caraqueña para argüir que la Parranda de San Juan se originó en esos lares, por las mismas razones, y que los curieperos se la apropiaron impunemente, y en consecuencia emprendan una orquestada campaña publicitaria y legal para recuperarla. La Patrona de Guarenas es la Virgen de Copacabana, como la Santa Cruz lo es de Guatire, pero era una costumbre colonial (aún vigente) que los dueños de hacienda tuviesen un santo patrón particular de acuerdo con la devoción de cada quien, e incluso cada familia también, indistintamente del patrono del pueblo o de la hacienda, tan sólo tenía que registrarla en el Libro de Matriculas correspondiente, aunque no fuese un requisito obligatorio. En Guatire, por ejemplo San Pedro era Patrono de casa y hacienda  de Doña Isabel Gil Arratia, y Patrón de Casa de Gregorio Joseph de la Pompa, como lo han documentado en diferentes investigaciones el historiador René García Jaspe y la antropóloga Hortesia Caballero. Por lo demás, es pertinente acotar que parte de la hacienda San Pedro abarca predios del Municipio Zamora.
Ahora lo que nos falta es que venga Juan Luis Guerra a decirnos que la Parranda nació en San Pedro de Macorís basado en la creencia y premisa publicitaria  “¡Dominicana: Donde todo comenzó!”
Otro argumento esgrimido es el hallazgo de una supuesta partida de nacimiento de una niña llamada Rosa Ignacia. Ignoran los ponentes que para la fecha en que se supone nació la infanta, no se emitían “partidas de nacimiento”; más allá del hecho de ser María, Rosa e Ignacia nombres comunes en la comunidad colonial. Si María Ignacia hubiese bautizado a su hija con el nombre de Garbiñe Ignacia, tal vez podrían especular un poco más, pero que sepamos por estos lugares, Garbiñe hay una sola, por cierto guatireña.

¿Un venezolano ganó el Premio Nobel de Medicina?
Quizá lo correcto es decir que un científico norteamericano nacido en Venezuela ganó en 1980, conjuntamente con dos colegas, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, pero tiene mayor efecto periodístico decir que se trata de un médico venezolano. Sólo que él nunca se consideró tal. Baruj Benacerraf vivió sus primeros cinco años en Venezuela y se mudó a Francia con su familia en 1925, donde completó su educación secundaria, y en 1940 viajó a Nueva York  a estudiar en la Universidad de Columbia. El científico narra su vivencia en los siguientes términos: Tengo un fuerte sentimiento de identidad con mi patrimonio cultural, que puede haber moldeado gran parte de mi personalidad. Soy de ascendencia española, judía y sefardí. Mi padre nació en Marruecos, cuando era una colonia española. Mi madre nació en Argelia, recibió una educación francesa estándar y tenía el equivalente de un diploma de secundaria, que difieren, en este sentido, de mi padre, que era en gran parte autodidacta y tenía apenas suficiente educación para aprender a leer y escribir español”. (Benacerraf, Baruj: From Caracas to Stockholm: A Life in Medical Science. Prometheus Books; First Edition, August 1, 1998). Es decir, no se sentía venezolano, y con mucha razón.
Nacer en una ciudad específica es un evento circunstancial; no somos de donde nacemos sino de donde nos formamos. La Constitución Nacional obvia el lugar de nacimiento para considerar venezolano a un ciudadano, siempre que cumpla algunos parámetros y declare su voluntad de serlo. Por lo demás, los hijos de inmigrantes que llegan al país desde muy niños se sienten venezolanos. Incluso Elio Bolívar (ex Cronista Oficial de la Ciudad) en una oportunidad manifestó su preocupación porque los guareneros nacían en Guatire, ante la insuficiencia de centros asistenciales en Guarenas, pero no por ello dejaban de ser guareneros, acotamos nosotros. Así que discutir la nacionalidad del científico y la regionalidad ciudadana por el mero afán de darnos golpes de pecho nos parece un acto banal.

Parranda popular vs. Parranda familiar
En Guatire, el San Pedro siempre ha sido una Parranda comunitaria, colectiva, de arraigo popular. Nació en los tablones de caña y aún conserva ese tenor pueblerino de antaño que reivindica sus orígenes. La Parranda de Guarenas tiene un carácter familiar, exclusivo, y esto lo  decimos sin el ánimo cuestionador que siempre han utilizado muchos guareneros para ocultar su indiferencia e indolencia hacia la parranda. “Los Núñez creen que esa parranda es de ellos” argumentan para justificar su apatía y hasta su irresponsabilidad. Nosotros, por el contrario, siempre hemos considerado que, en todo caso, gracias a que los Núñez siempre creyeron que era de ellos, Guarenas tiene Parranda, porque nadie más se ocupo de ella. No obstante, es hora de abrir el compás y fomentar que comunidades como Los Naranjos, Las Clavellinas o Menca, tenga su propia parranda. Por nuestra parte, siempre hemos señalado que a pesar de lo masivo de nuestra tradición, cada comunidad que tenga una iglesia o una capilla (como Araira, Las Rosas, Las Casitas y Las Barrancas) debe salir a parrandear cada 29 de junio, dentro del marco de la tradición. Las Parrandas del 23 de Enero, del CEA y la Fundación, deben ser las abanderadas en esta tarea y marcar las pautas en ese sentido.

San Pedro de Guatire
Desde hace muchísimos años guatireños y araireños han realizado una constante, silenciosa, incansable y metódica labor para salvaguardar y difundir nuestras costumbres, de allí que cuando en 1948, con motivo de la toma de posesión de Rómulo Gallegos, Juan Liscano presentó a Venezuela y al mundo la diversidad y riqueza de las manifestaciones culturales del país en un festival llamado La Fiesta de la Tradición, estuviera presente la Parranda de San Pedro… de Guatire. Antes de ese momento, febrero de 1948,  las tradiciones culturales de cada pueblo eran desconocidas más allá de las respectivas fronteras. Cuando en 1976 Armando Urbina organizó en Los Teques un festival teatral con las diferentes leyendas y tradiciones mirandinas, también estuvo presente la Parranda de San Pedro de Guatire ¡y Armando era guarenero! Recientemente, en junio de 2014, el Cuerpo Diplomático acreditado en el país acordó rendir honores a la Parranda de San Pedro luego de ser declarada por la UNESCO Patrimonio Universal Inmaterial de la Humanidad, y se llegó hasta la humilde iglesia de la Santa Cruz de Pacairigua en Guatire. Por otra parte, artistas como Elizabeth Rodríguez, Pasacalle, Edgar Alexander, Henry Gil e Ilan Chester han grabado distintas versiones del San Pedro con el ritmo y la melodía de la Parranda guatireña, que se distingue por su lenta y acompasada cadencia. Todos estos reconocimientos hablan por sí solos del arraigo y la trascendencia de la Parranda de San Pedro de Guatire, y no son obra de la casualidad, sino frutos de la entereza, perseverancia y disciplina del parrandero guatireño, en una ardua y añeja tarea.
La Parranda de San Pedro de Guatire es un frondoso árbol constante y celosamente cuidado por voluntariosos jardineros que abonan su tierra, desbrozan  su entorno y podan sus ramajes díscolos, de allí su transcendencia.

domingo, 19 de junio de 2016


GUATIRE Y LA BATALLA DE CARABOBO:
una historia incompleta

Aníbal Palacios B.

Imagen: Dolis Quintana
 

El acontecimiento venezolano más relatado por historiadores, cronistas, ensayistas, e improvisados y patrioteros cuenteros de oficio y de afición, es a su vez, dada su trascendencia, el menos transparente de cuantos ocurrieron durante la guerra de independencia, en términos historiográficos.

 

De entrada, el título Batalla de Carabobo genera confusión, y en historia las indefiniciones siempre ocasionan polémicas, y las dudas, a su vez, restan credibilidad a la historia. Si a un absorto estudiante le preguntan cuándo ocurrió la Batalla de Carabobo y responde que el 28 de mayo de 1814, seguramente todos, docente incluido, se burlarían de él. Y resulta que efectivamente en esa fecha hubo una Batalla de Carabobo, muy importante, por lo demás. Entonces, ¿a cuál batalla nos referimos? Por antonomasia, se conoce como Batalla de Carabobo a un evento acaecido el 24 de junio de 1821, en Valencia, pero ocurre que la retórica lingüista es contraproducente en la narración de sucesos reales porque, entre otras razones, atenta contra un concepto básico en la investigación y posterior relato, denominado “rigor histórico”.


Historia para eruditos

Lo primero que se observa al leer las crónicas sobre la Batalla de Carabobo de 1821 es su narración en términos militares. Desde la escuela primaria nos enseñan que intervinieron compañías, tropas, batallones, divisiones, regimientos, escuadrones, pelotones, etc., indistintamente. Nadie se toma la molestia de explicarnos qué es y cómo está compuesto un batallón, un escuadrón o un pelotón, todo en grado superlativo, como corresponde al mundo militar. De las divisiones ni hablar, que ya bastante molestia nos generaba tratar de entender a la maestra cuando se esforzaba en explicarla, luego del sufrimiento (estrés le llaman ahora) que nos causó comprender la multiplicación. Tal vez de esa circunstancia se valen los militares para hacerse los locos y no dar detalles sobre su estructura organizacional.

Todo esto trae como consecuencia que casi doscientos años después se desconozca con propiedad cuántos soldados intervinieron en la contienda. Cada bando, patriotas y realistas, ofreció cifras dentro de un contexto estratégico válido para impresionar al enemigo pero carente de utilidad para fines de objetividad histórica. Desde 10 mil para unos y 6 mil para otros, siempre con ventaja numérica para los patriotas, hasta cifras más parejas y menos cuantiosas. Cada quien expone sus números, siempre inmensos y sin más explicaciones ni consideraciones de interés como por ejemplo lo concerniente a la dotación, alimentación y transporte de las tropas. Pareciera que cada soldado dispuso una cajita feliz con su taparita de agua correspondiente; para no hablar de otros temas relacionados con la especie humana y sus necesidades.

Y para corroborar aquello de que muchas, manos en el guiso ponen el caldo morado, hasta el mismísimo Carlos Marx, aquel que una vez (por cierto, por unos dólares norteamericanos) calificó a Bolívar de “canalla, cobarde, brutal y miserable”, y lo comparó con un “analfabeto,  sanguinario y corrupto” autonombrado emperador haitiano de mediados del siglo XIX, para consternación de los marxistas bolivarianos criollos, pues bien el revolucionario de marras no quiso quedarse al margen de lo acaecido por estos lares y ofreció sus cifras: 4 mil realistas contra 9 mil patriotas. Conclusión: Es falso el número de combatientes que, según nos enseñan, intervino en la batalla de Carabobo de 1821.

Carabobo 1821, ¿el comienzo del fin?

Debemos precisar que lo que hoy denominamos Venezuela, en términos jurídicos, políticos, territoriales, económicos y sociales existe desde 1930 y, ¿casualidad?, comienza precisamente en Valencia, muy cerca del Campo de Carabobo, a partir el denominado Congreso Constituyente de Valencia. En la Batalla de Carabobo de 1821 el ejército patriota logró una importante y significativa victoria que inclinó favorablemente la balanza para que dos años más tarde, con la Batalla Naval  del Lago de Maracaibo, se lograse el triunfo definitivo sobre las tropas realistas. Podemos convenir que con el triunfo logrado el 24 de junio de 1821 en Carabobo, el Departamento de Venezuela, que eso éramos en aquel entonces, aseguraba su independencia del reino español, pero la guerra no terminó allí, como se nos hace entender. Hubo que esperar dos años para lograr el objetivo de manera categórica e incuestionable, porque los reductos realistas en  Cumaná, Puerto Cabello, Coro y Maracaibo generan esperanzas en el ejército realista y si no inquietud, por  lo menos preocupación entre los patriotas. Los combates, enfrentamientos y escaramuzas continuaron hasta el 24 de julio de 1823 cuando en la citada Batalla Naval, las tropas que luchaban a favor de los españoles rindieron su definitivo y último esfuerzo.

¿Por qué se nos enseña que la independencia se logra con la Batalla de Carabobo de 1821 y no con la de Maracaibo de 1823? La batalla de 1821 fue el inicio de la liberación del Departamento de Venezuela o de la Capitanía General de Venezuela, que ambos nombres tenía según quien la aludiera.  Si a ver vamos, el Mariscal Francisco Tomás Morales, con la potestad que le confería su cargo de Capitán General de Venezuela, firmó el 3 de agosto de 1823 la capitulación que oficialmente puso fin a las hostilidades y de paso lo convirtió en la última autoridad del gobierno español en Venezuela, con las repercusiones políticas que el hecho implicó, dentro y fuera de nuestro territorio.

Antecedentes de la Batalla de Carabobo de 1821

Para no ir muy lejos, ubiquemos los antecedentes inmediatos de la referida batalla a partir del Tratado de Armisticio y el de Regularización de Guerra, dos acuerdos firmados entre la Gran Colombia (que no Venezuela) y el Reino de España representados por Bolívar y Morillo, respectivamente, en noviembre de 1920. Entre otras significativas consideraciones se estableció un cese de hostilidades y una tregua de seis meses que fue política y militarmente mejor aprovechada por los criollos, porque el enemigo esperaba directrices de la lejana y convulsa España que sufría su propia crisis institucional, que sin lugar a dudas incidió en las luchas libertarias de estos lares. El acuerdo concluyó antes de lo previsto. Maracaibo, que nunca se sintió parte del movimiento independentista, decidió unirse a la Gran Colombia en enero de 1821. Eso quiere decir que la guerra la reiniciaron los maracuchos con esa acción política y la culminaron ellos mismos con la acción militar sobre el lago, dos años más tarde.

 

Guatire en la Batalla de Carabobo: El Rodeo en el marco de la estrategia militar

Rota la tregua ambos contendientes sabían que Carabobo era el lugar que orientaría el rumbo por el que transitaría Venezuela. Por una parte, estaba muy cerca del poder político, Caracas y por otra, su condición de  encrucijada para acceder a cualquier lugar del país, lo convertían en lugar de importancia estratégica inequívoca y determinante. Así, sólo había que defenderla, los realistas, y atacarla, los patriotas. Pero estos optaron por una estrategia de distracción que haría creer a los comandantes españoles que el objetivo era Caracas, y para ellos dispusieron de uno de sus oficiales más destacados, y por ende con el suficiente prestigio para dar veracidad a las acciones militares que comandaba. José Francisco Bermúdez, inició un avance desde Oriente y enfrentó en Guatire, en El Rodeo para ser más precisos, el 12 de mayo de 1821, al ejército realista, al cual derrotó y persiguió por lo valles del Tuy y acosó hasta Caracas. El objetivo de Bermúdez no era tomar la ciudad, aunque no lo descartase, sino atraer fuerzas enemigas hacia él, y fue tan eficiente, que el Mariscal Miguel de la Torre, Comandante general de las tropas enemigas.se vio en  la necesidad de enviar tropas para retomar Caracas, y debilitó así las fuerzas con las cuales defendería a Valencia. La historiografía tradicional otorga poca relevancia a la Batalla de El Rodeo, pero sus protagonistas; es decir, el ejército patriota si valoró en su justa medida ese acontecimiento.

 
Guatire en el Correo del Orinoco

La primera edición extraordinaria del Correo del Orinoco (hubo dos más) publicada el 31 de mayo de 1821 fue dedicada a informar a Venezuela y al mundo sobre el éxito de lo que se conoció luego como la Batalla de El Rodeo, lo cual indica la importancia de la misma y que no fue un hecho casual, por lo que era necesario informar al ejército patriota que los planes se cumplían tal como se habían previsto, y que el general José Francisco Bermúdez había logrado atraer satisfactoriamente al ejercito adversario con sede en Caracas, para hacerle creer que la ofensiva final que se avecinaba tenía como objetivo esa ciudad .

La citada edición publica un oficio del general Bermúdez fechado en Caracas el 14/05/1821 en el cual notifica la “…evacuación de esta plaza por el enemigo después de haber sufrido ayer en el pueblo de Guatire un fuerte revés…”. La edición se complementa con otros informes relacionados con la batalla. Dos ediciones más tarde, N° 107 del 16 de junio de 1821, se publican notas sobre la trascendencia de la lucha escenificada en El Rodeo el 12 de mayo de 1821.

 
¿Retaliaciones históricas?

Si bien es cierto que la Batalla de Carabobo de 1821 fue determinante en la posterior liberación de Venezuela del dominio español, también lo es que la misma no terminó con la guerra. Hubo que esperar dos años más para lograr el ansiado objetivo, el cual se obtuvo no sólo con métodos militares en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, sino también en términos políticos con la capitulación por parte de Francisco Tomás Morales, hasta ese momento Capitán General de Venezuela.

 
¿Por qué se subvalora lo acaecido en Maracaibo? ¿Es acaso retaliación por la  actitud marabina de no identificarse con la causa independentista sino hasta el último momento? La  pregunta quizá tenga rasgos de capciosa, pero no deja de llamarnos la atención el hecho de que cerca ya de cumplirse doscientos años  de la referida batalla, 24 de julio de 1823, y de la firma de la importantísima capitulación, 3 de agosto de 1823, aún se desconozca este último documento; es decir ha existido un notorio desinterés en encontrarlo y difundirlo, bien en los archivos españoles o en los colombianos, aunque los maracuchos han emprendido una especie de  cruzada para recuperar dicho documento, tal  vez en el marco de una campaña de desagravio histórico, que por lo demás, compartimos.

viernes, 13 de mayo de 2016


Hernán Rengifo,

Un verdadero servidor público

Aníbal Palacios B.

 

 

 

La política, como actividad pública orientada a la resolución de los problemas de la comunidad en el momento en que se ejerce y la capacidad de prever las dificultades que puedan presentarse en el futuro a fin de evitarlos a través de una planificación coherente, acorde con las características sociales y culturales de esa comunidad, donde todos los factores humanos actúan de manera convergente, tuvo en Hernán Rengifo un verdadero paradigma.

 

Muy pocos, poquísimos en realidad, dirigentes políticos a quienes en la mal llamada Cuarta República les correspondió hacer vida pública en Guatire entendieron cuál es la verdadera función de un dirigente político aldeano. De la quinta ni hablar, ninguno entiende, ninguno aprende, ninguno sirve. Si dividimos la función pública guatireña en dos grandes etapas, antes y después de la dictadura de Pérez Jiménez, nos encontramos con que los dirigentes de la segunda etapa están en deuda con la población. Los dirigentes comunitarios de antes no cobraban sueldos, no disponían alegremente de los dineros públicos y solucionaban todos los problemas de la comunidad; a saber, alumbrado público, agua potable, escuelas municipales y las calles arregladitas, porque aunque eran de tierra, no tenían huecos debido a una cuadrilla de obreros municipales que ganaban poco y trabajaban mucho. Los de ahora tal vez sigan ganando poco pero son muchos, en realidad demasiados, los que cobran y no trabajan, porque en aquel entonces no existía burocracia municipal.

 

Quizás el gobernante local (Alcalde o Presidente del Concejo Municipal) que entendiera cabalmente la función pública y la ejerciera consecuentemente fue Francisco Delgado, pese a las limitaciones presupuestarias de la época. Hernán Rengifo quien no ejerció como edil en nuestra población, pero que se desenvolvió como diputado en la Asamblea Legislativa del Estado Miranda por varios períodos, jamás se desligó de su comunidad, trabajo por ella a tiempo completo y, además, consciente de que, por guatireño, no debía dedicarse exclusivamente a este pueblo porque su competencia abarcaba a todo el estado Miranda, atendió también a toda la geografía regional.

 

Amigo de todos

A la hora de ayudar a algún ciudadano, Hernán no consideraba su militancia política; adecos, copeyanos, masistas, comunistas, miristas, causaerristas, izquierdistas variopintos, independientes y ciudadanos comunes y corrientes, siempre tuvieron en él a un amigo con el que podían contar para resolver algún problema o para solventar obstáculos relacionados con las actividades políticas y sociales de cada cual. Hernán era el único dirigente político aldeano que usted sabía dónde encontrarlo cuando lo necesitaba. Particularmente nunca pude entender cómo hacía para estar en un estadio de beisbol, cancha de bolas criollas, polideportivo, una barriada, una comunidad rural, bautizo, un entierro, la biblioteca pública, la plaza 24 de Julio, un acto del CEA, una celebración del CEMAG, el San Pedro, el San Juan, las alfombras de flores en Araira, las fiestas patronales Guatire, Araira, Chuspita, Salmerón y las Barrancas, y además tener tiempo para trabajar activa y eficientemente con legislador. Parecía poseer el don de la ubicuidad.

 

Obras son amores

Ningún político guatireño y probablemente ningún dirigente regional puede mostrar un catálogo de obras gestionadas para la comunidad como las que lograra Hernán Rengifo. Y conste que jamás hizo alarde de su trabajo como servidor público. No como ahora que se gasta más dinero en promocionar una obra que lo efectivamente gastado en el trabajo mismo. La sede del CEA en el Calvario, la del CEMAG en La Rosa y de la Orquesta Municipal en la Calle Zamora. La sala de Fisiometría y la sede del San Pedro en el 23 de enero, para hablar de instituciones civiles emblemáticas de la población, son logros obtenidos gracias a la terquedad de Hernán Regnifo ante los distintos gobernadores de Miranda. Nunca le detuvo la militancia política de gobernante de turno. No se trata de un listado taxativo, es una mera referencia a obras tangibles de utilidad pública forjadas por el espíritu silencioso de trabajador social que siempre caracterizó a Hernán Rengifo.

 

No pretendemos hacer con esta nota un reconocimiento póstumo; si algún dirigente político llegó a ser respetado, apreciado y valorado durante su vida pública, ese fue Hernán Rengifo. Jamás se valió de su posición política para atropellar a nadie, jamás utilizó recursos o privilegios de su status en beneficio propio y jamás cambió su personalidad; siempre fue un hombre humilde y sencillo y así se comportó como político. En la despedida de sus amigos, observamos que eran todos los que estaban, pero no estaban todos los que eran: faltaron algunas personas, hoy dirigentes o encumbrados simpatizantes del gobierno de turno a quienes Hernán ayudó mucho en épocas de desasosiego político y personal, pero que no tuvieron vergüenza para acercarse a despedirlo, o porque simplemente ya no conocen ni reconocen a nadie que en el pasado les haya tendido la mano.

 

A Hernán Rengifo la comunidad no le debe honores porque él nunca los buscó ni trabajó en función de ello, pero el reconocimiento de su labor no es un acto de justicia política sino histórica, y la historia aldeana sabrá reconocerle los méritos que como dirigente político tuvo, y la influencia de su comportamiento público en beneficio tanto de las generaciones con las que convivió como con las futuras, porque eso fue precisamente lo que le distinguió: su visión de futuro.  

 

¡Qué vaina contigo, Henry Gil!

Aníbal Palacios B.

 

Nuestra amistad con Henry era reciente, apenas databa de unos cuatro años. Pero fue sólida y fructífera, incluso didáctica. Claro que le conocíamos desde hace mucho tiempo. ¿Quién no conocía a Henry Gil en Guarenas y Guatire? Sólo que entonces le veíamos como alguien distante y difícil, esquivo y de mal talante, ermitaño y retrechero. ¡Cuán equivocado estábamos!

 El azar quiso que coincidiésemos una tarde en la panadería de Bartolo y compartiésemos un café. Preguntó por Tere Tere, y para nuestra sorpresa supimos que lo leía con la regularidad de su edición, le gustaba y lo difundía. Por supuesto con el disenso y el consenso que cada crónica le merecía. Los encuentros continuaron por un tiempo en el mismo lugar, pero siempre fueron casuales, sólo que la conversación abarcaba aspectos relacionados con la historia aldeana y nacional, música, literatura, política, etc. Y, otra sorpresa, de repente percibimos que Henry no era el tipo antipático, desapacible y huraño que él mismo se empeñaba en aparentar sino que se trataba de un individuo abierto, generoso, inteligente, agudo y con una humildad espiritual tan grande que, ciertamente, era necesario esconderla para no ser víctima de los aprovechadores de oficio.


Poeta, trovador, compositor, bohemio, amigo

Cambiamos el lugar de encuentros vespertinos, el local de Bartolo no disponía de las comodidades que las ya largas tertulias exigían, y nos mudamos al Centro Comercial Castillejo donde Gleixis Ortega detentaba un pequeño Café llamado Aga’s, que se convirtió en nuestro centro de operaciones. Esas tertulias permitieron conocerlo más, y mejor. Respetuoso con los caballeros, galante con las damas, Henry conservaba intactas sus cualidades de poeta y en más de una ocasión nos hizo sentir mal porque mientras uno tenía que hablar parejo para llamar la atención de una dama, llegaba él, tomaba una servilleta de la mesa y en par de minutos escribía un soneto que la hacía suspirar. Afortunadamente, en beneficio de la amistad, no abusaba de sus aptitudes.

Revolucionario, de los de antes, Henry Gil siempre conservó sus ideales en defensa de las causas sociales dirigidas a los menos favorecidos económica y socialmente, y cuando le correspondió ejercer funciones públicas, no traicionó esos ideales. Las generaciones actuales quizás desconozcan la valentía con que defendió los intereses municipales guareneros ante la toda poderosa compañía eléctrica local. Sus correrías políticas no las inició, como pudiera pensarse, dentro de las filas de Acción Democrática, sino de la izquierda venezolana. Un amigo español huido del franquismo, Manolo Huelves, le dio las primeras enseñanzas en materia de teoría política y Alfredo Mechita Gil, su hermano, se las consolidó. Luego, la madurez, los amigos y uno que otro regaño de César Gil Gómez, su padre, le recondujeron al camino de la democracia partidista y representativa. Sin embargo, Henry siempre prefirió mantenerse un tanto al margen de la militancia política, mientras era amigo de unos y otros y colaboraba con todos. Es que si eres político difícilmente puedes ser amigo a carta cabal, y Henry prefería la amistad.

Un buen día se nos ocurrió llevar parte de las conversaciones cotidianas, las musicales concretamente, a la radio y surgió el programa Tertulias, a través de Millenium en principio y luego en Súper Romántica. El programa fue todo un éxito y en buena medida se le debía a Henry Gil. Mientras este cronista tenía que leer libros, buscar viejas revistas y visitar páginas web para conocer sobre algún artista, resulta que Henry Gil se había echado palos con él, compartido escenario o simplemente conversado un rato en un lejano bar dominicano o de la Isla del Encanto. Amigo y admirador, de Alfredo Sadel, Henry grabó con su sello disquero y conoció a cuanto cantante criollo y extranjero actuaba en los auditorios caraqueños, incluidos los escenarios de las radioemisoras capitalinas, porque los programas eran en vivo, y él solía estar, como muchos, en la esquina del Teatro Municipal esperando un llamado de Radiodifusora Venezuela u Ondas Populares.

Henry estuvo en una audición con el maestro Billo Frómeta cuando se fue Felipe Pirela; era un tema del cual no le gustaba hablar mucho, pero un buen día accedió a contarnos la experiencia. Era un muchacho recién casado, y luego de la exitosa audición la esposa fue a hablar con el maestro; nuestro amigo desconoce el diálogo, pero luego Billo le dijo que la vida de un cantante de orquestas no era muy compatible con la idea de un matrimonio feliz, y hasta allí llegó todo, optó por el matrimonio. ¡Estabas enamoradísimo!, comentamos. Nos dirigió una mirada fulminante y dijo: ¡No joda, nos divorciamos a los ocho meses! No pude evitar reirme.

Durante muchos años Henry Gil y Pedro Escalona formaron un admirable dúo de parrandas, serenatas, presentaciones y actividades afines y consecuentes, para llenar de satisfacciones a muchísimos guareneros y guatireños y de tribulaciones a Ana Julia Pompa, esposa de Pedro. Fue tanta la compatibilidad, la armonía y la empatía entre ambos juglares, que algunos amigos, jodedores, por lo demás, decían que Pedro era el mejor guitarrista del mundo, porque era el único que se atrevía acompañar a Henry Gil; suponemos que igual dirían en Guarenas de Juancho Carpio. Es que Henry era muy exigente con los músicos que le acompañaban y no aceptaba una nota discordante y mucho menos un instrumento desafinado, un poco cual Camejo en su época. No conoció el arrepentimiento, sus errores los asumía con responsabilidad y los trataba con seriedad, no todos los corregía. Siempre nos manifestó estar satisfecho con lo que hizo y vivió;  de volver a nacer haría lo mismo, insistía.

          
Lo que nunca supo, lo que no aceptó

De sus amigos sólo quiso respuestas a temas que le inquietaban en su afán permanente de aprendizaje, de allí que si conocía un funcionario del CIPC, o como quiera que ahora se llame, en seguida indagaba si ya habían determinado quién fue que mató a Consuelo. Al dueño de una lencería le comentó: tú eres la persona que me puede explicar cuál es la tela del juicio. Así, de un maratonista experto o de algún ingeniero de carreteras pretendía que le explicasen cuál era el término de la distancia. Su cara seria no cambiaba ante el desconcierto de los interpelados.

En cuanto observaba que una institución o una comunidad necesitaba solucionar un problema o desarrollar un proyecto para consolidarse, pretendía a incorporarse a la consecución del objetivo, olvidando que ya no tenía treinta; lo malo era que además intentaba involucrar a quienes le rodeaban, y no era sencillo hacerle entender que uno tenía suficientes responsabilidades sociales y culturales que atender y que él ya no estaba para esos trotes. Poseía una habilidad extraordinaria para llamarnos la atención sin que pareciera un regaño y a su vez la virtud de saber escuchar explicaciones sin recriminar que le parecían excusas.

Si la palabra amistad tiene algún sinónimo más espiritual que semántico, ese es Henry Gil. De ello pueden dar fe Alexis Castro, Matilde Muñoz, Rosita, Luis y Mercedes Rondón, entre tantos con quienes compartió. Nosotros siempre sabremos valorar el afecto que nos brindó y los conocimientos que compartió.

El desorden de las Órdenes


EL DESORDEN DE LAS ÓRDENES

Aníbal Palacios B.

 Los Concejales del Municipio Zamora siempre han sido displicentes a la hora de promulgar Ordenanzas relativas al reconocimiento de méritos ciudadanos. La razón es sencilla, los Ediles sólo se interesan en la ciudadanía durante el breve período legal de las campañas electorales.

 De acuerdo con la Ley del Poder Municipal las Ordenanzas son de obligatorio cumplimiento por parte de particulares y autoridades, pero en el caso de las Ordenanzas creadas para rendir homenaje a ciudadanos preocupados por el municipio, observamos una desigual lucha entre la comunidad que exige el cumplimiento cabal de la respectiva Ordenanza y las autoridades empeñadas en desobedecer sus propios mandatos para imponer candidaturas basadas en afinidades políticas o personales, algunas con méritos, la mayoría sin ellos.

 El  pecado original

Se supone que el Concejo Municipal legisla y el Alcalde ejecuta, pero si en la normativa se establece que es un Concejal (generalmente el Presidente de la Comisión correspondiente) quien asume la ejecución de la Ordenanza, la circunstancia,  además de ilegal y absurda, se convierte en una especie de ucase, coto personal del edil y por ende, inoperante. Se trata de una usurpación de poderes mediante la cual, a través de una figura llamada Consejo de la Orden,  se otorga relevancia a la discrecionalidad como herramienta jurídica; es decir al no reglamentar sus potestades, estas se convierten en actos discrecionales. Por supuesto, para evitar conflictos internos, se otorgan distintas Ordenanzas a cada Concejal, o se rota a fin de que cada cual atienda sus cuotas de  compadrazgo. En estos casos el secreto radica en que el referido Consejo de la Orden, cuya conformación aparenta una imagen de pluralidad, es designado por el Concejal de turno, conforme a sus propios criterios e intereses, amparados en una potestad extralegal. No está demás agregar que cuando hablamos de desorden nos referimos también a que en el Concejo Municipal de Zamora se desconoce el número de ordenanzas vigentes, que muchas están desactualizadas en función del nuevo régimen legislativo, que su publicación soslaya los propios parámetros que la regulan, y que los ediles manifiestan una lamentable pereza legislativa a la hora de reformarlas. Observemos algunas normativas.

 

Orden Guerrera Urquía

A falta de héroes y heroínas propias, en 2009 a los ediles se les ocurrió honrar  “…a aquellas mujeres que han desempeñado un trabajo comprobado en pro de la lucha por la igualdad de oportunidades y condiciones…”. Por lo general este tipo de ordenanzas se promulgan para honrar a ciudadanos zamoranos, pero ésta no se limita a nuestra jurisdicción, tal vez por ello los concejales ignoraron la existencias de tantas meritorias guatireñas Lo cierto es que el curriculum vitae de esta guerrera se conoce más a través de las estampitas de imágenes de la santería que de las crónicas de la historia patria. A Urquía se le atribuye como mérito haber sido la esposa del indio Guaicaipuro, obviando que la institución social del matrimonio la impusieron los españoles durante el proceso de colonización; es decir cuando Guaicaipuro ya había muerto. La poligamia regia la sociedad indígena venezolana por lo que atribuir una esposa al héroe en cuestión no es más que afán propagandístico. La norma copia un elemento recurrente en todas las demás al ofrecer una venera de oro, que se estilaba en los años sesenta cuando una onza de ese metal era accesible hasta para el más humilde de los ciudadanos. Finalmente, asumimos que la imagen de la india que debe llevar la medalla es la que cualquiera puede observar en los establecimientos de santería, la cual varía según el gusto del artista, solo deseamos que no la hayan encargado al mismo diseñador del indio de Solamey. Se desconoce si se otorgó alguna vez, porque una de las características más comunes de todas estas ordenanzas es la ausencia de registros históricos.

 Orden del educador

La Orden, de acuerdo con su texto, no es para honrar a ilustres educadores aldeanos como Belén Blanco, las hermanas Hernández, Elías Centeno, María Pittol Jaspe, Manuel Ángel González y el maestro Fermín,  sino para homenajear  “… al grupo de abnegados educadores que fundó en Venezuela la primera Organización Gremial Docente, aquel histórico 15 de Enero de 1936, así como el insigne Maestro Narciso Simón Rodríguez Guevara…”, merecido sin duda, pero excluyente. No se establece fecha de entrega y  aunque alguien pudiera inferir que se trata del día del Maestro, pues no es así. Se confiere cuando se puede, o cuando alguien se acuerda. La gramática castellana es brutalmente atropellada en esta Ordenanza y, hasta donde sabemos, la autonomía municipal no tiene competencia en materia lingüística. No hay Capitulo I y si un Capitulo II; usted tendrá que suponer que las Disposiciones Generales corresponden a ese Capítulo I; en fin, una Ordenanza, poco didáctica para tratarse de docentes.

 Orden Régulo Rico

La Orden se crea “… en atención y  como complemento a lo establecido en el Artículo 4 del Decreto Ejecutivo de fecha 25 de marzo de 1996, dictado para rendir homenaje a… Don Régulo Rico Lugo, en ocasión de celebrarse el 30 del citado mes los primeros ciento veinte años de su natalicio”. El texto completo del referente instrumento legal, así como su fecha de publicación y número de Gaceta fueron datos poco importantes para los legisladores locales. Además de las tres clases de reconocimiento, la Ordenanza prevé la entrega de un diploma “Especial” a una miríada de candidatos que nos hace suponer que al tratarse de músicos, los legisladores se imaginaron el acto como una animadísima velada musical sin costo alguno para la municipalidad. Los períodos de postulaciones se anunciarán “oportunamente”, lo cual significa que nunca se anuncian y la comunidad se entera del nombre de los agraciados el día del acto.

 Orden Rescate de la Dignidad:

Lo primero que pensamos sobre esta Orden es que los ediles no encontraron en las filas de sus organizaciones políticas personajes dignos de recibirla, a juzgar por la poca trascendencia que tuvo. Y razón no les falta, al circunscribir el ámbito de los méritos al comportamiento de esos ciudadanos durante una fecha específica, ciertamente, no hubo mucho dónde escoger. Otra particularidad de la Ordenanza es que el reconocimiento no es permanente. Fiel a la costumbre del Ejecutivo Nacional de no dar titularidad sobre las prebendas que otorga,  la Orden está sujeta a revocación,  lo que nos lleva a pensar que de haber sido acatada en toda su extensión, y en consecuencia otorgado medallas de oro de 12 kilates, los favorecidos hubiesen vendido el recuerdito, en legítimo acto previsivo.

 Orden Villa Heroica

Se trata de una Ordenanza muy original: por primera vez en la historia de la instrumentación legal del Municipio los concejales ceden las prerrogativas de su ejecución al Alcalde; así se establece en el Artículo 9° del mandato. No obstante desde su promulgación hasta la fecha los concejales se han subrogado ese derecho. Si algún ciudadano solicita una copia de esta Ordenanza le suministran un ejemplar al cual le faltan los artículos 16 al 19; esto tiene un carácter más anecdótico que trascendental porque a fin de cuenta no  es mucho la atención que le prestan los ediles a las ordenanzas. Al igual que con las demás, la discrecionalidad y el irrespeto a las formalidades establecidas en la Ordenanza genera dudas, en algunos casos inmerecidas, sobre la pertinencia de los favorecidos.

 Orden Santa Cruz de Pacairigua

Se trata de la condecoración aldeana más importante que puede recibir un ciudadano en este municipio. Creada en 1983 su  intención era “… premiar a personas e instituciones que se destaquen en alguna actividad orientada al progreso y bienestar moral o social del Distrito Zamora del Estado Miranda”. Originalmente se estableció que la Orden se confería en una sola clase, y el Consejo de la Orden lo conformaban los  Concejales. Esta Orden preveía su revocatoria por causales específicos y otorgaba al Síndico Procurador Municipal el carácter de Fiscal Instructor de las posibles averiguaciones. La Ordenanza fue reformada en 1992, y se estableció concederla en tres clases; también se modificó la conformación del Consejo de la Orden para integrar al Alcalde como Presidente del mismo, al Cronista de la Ciudad y al Presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara como miembros permanente, además de otro Concejal, un representante de las Instituciones Culturales, uno de las Asociaciones de Vecinos y otro de la Cámara de Comercio, sujetos a ratificación o relevo. Se estableció un período de postulaciones comprendido  entre el 15 de marzo y el 5 de abril y se derogó inescrupulosamente la Ordenanza anterior, y al hacerlo eliminó los elementos que otorgaban realce a la condecoración: La Insignia, el Distintivo y el Diploma, minuciosamente descritos en la Ordenanza original. Podemos afirmar que el 28 de abril de 1992 el Concejo Municipal no  reformó la Ordenanza que creaba la Orden Santa Cruz de Pacairigua, sino que promulgó una nueva, deficiente, mermada y chucuta, por lo demás.    

Pero los desaguisados legales no culminaron allí, el 25 de noviembre de 1997 los concejales vuelven a sus andadas y sancionan una reforma parcial de la Orden Santa Cruz de Pacairigua y en su Artículo 1°, como Disposición Fundamental, se crea la Orden, generando la confusión de si se trata de una reforma o una nueva normativa y como quiera que la Ordenanza sobre la Gaceta Municipal establece, y el sentido común también, que cuando se reforma una Ordenanza debe publicarse el texto completo de la norma reformada y no es este el caso, se puede asumir que, ciertamente, se trata de una Orden nueva, más escueta aún que la anterior, lo cual es mucho decir; y para colmo, la hermosa y distinguida condecoración de otrora se redujo a un simple Botón y un Certificado de Acreditación. El Consejo de la Orden también se modificó; ahora lo conforman un representante del Alcalde, un Concejal, el Cronista y representantes de las Instituciones Culturales,  Educativas, Deportivas y de Comerciantes, uno por ente; esta vez los vecinos quedaron fuera. El período de postulaciones se ubica entre el 16 de enero  y el 16 de marzo. En la misma fecha, 25/11/9, el Ayuntamiento aprueba un Reglamento General de la Ordenanza, que pareciera no redactado por los concejales, a juzgar por su sencillez, claridad y especificidad. Paralelamente a estos tejemanejes leguleyescos, Carlos Grippa, representante de los comerciantes en el Consejo de la Orden, mantenía una quijotesca lucha por elevar y mantener la dignidad de esta distinción ciudadana, hasta que fue apartado por terco, quisquilloso y fastidioso; así, la más alta y otrora distinguida condecoración municipal, la Orden Santa Cruz de Pacairigua, perdió su relevancia e invirtió sus valores y razón de ser; ahora alguno que otro ciudadano, es quien da realce a la Orden, pese a ser seleccionado como cortina de humo.