martes, 9 de octubre de 2018


La emblemática conserva de cidra
Aníbal Palacios B.
          El origen de la conserva de cidra, el dulce más representativo de la artesanía culinaria guatireña, hay que buscarlo siglo XIX abajo, a juzgar por el testimonio de quienes convirtieron su elaboración en una actividad comercial organizada, sistemática y rentable a principios del siglo pasado.
 
          La cidra; así, con ce, porque la conserva de sidra (con ese) podrá ser acaso un pay de manzana, pero la tradicional, auténtica y exquisita conserva guatireña es elaboraba con cidra que traían indistintamente de Jericó, Chuspita del medio y el Bautismo directamente a la casa de la familia Espinoza ubicada en un sector conocido entonces como La Lagunita, que hoy llamamos calle Santa Rosalía. Antes de eso la golosina era elaborada por diversas familias para un mercado básicamente local y en ocasiones puntuales como fiestas patronales y eventos de menor envergadura pero que congregaban a muchos vecinos en un solo lugar. Conversamos con Nelly Tovar Espinoza, sobrina-nieta de quien tiene el mérito de haber enriquecido la cultura culinaria de tres generaciones de guatireños. Nelly habla con la convicción y la emoción que da el haber vivido la experiencia.

Francisca, la emprendedora
          El término emprendedor ha tomado mucha relevancia en los últimos años pero ya a principios del siglo XX Francisca Espinoza era toda una mujer ingeniosa y pudo visualizar que la confección de la conserva de cidra realizada con criterios fabriles no solo mantendría a su familia en una época de economía deprimida sino que además, podía proyectarse como una referencia aldeana de la granjería criolla aún por sobre otras ofertas como el Pan de horno, el Papeloncito de azúcar y el Almidoncito de Yuca, para hablar solo de los tres dulces más distinguidos del arte culinario local. Tal fue su previsión, disposición y empeño que la conserva de cidra hoy por hoy representa el alimento más emblemático de la gastronomía aldeana, tal vez por exclusiva y seguro por deliciosa, a pesar de que la actual generación la desconozca porque no se produce con la regularidad de antaño.
         En 1925, Margarita Rico enseño a Francisca Espinoza y a la familia Graterol el proceso de elaboración del dulce, pero fue Francisca quien le sacó más provecho al aprendizaje. De inmediato compartió con sus hermanas y sobrinas todo lo aprendido y les instruyó sobre la manera de comercializar el producto. Así, siempre innovadora, formó una especie de cooperativa familiar con Antonia (quien se convirtió en lo que hoy llamaríamos la chef), Eva Luisa, Dilia y Fortunata. Se desconoce si Francisca había leído La Riqueza de las naciones de Adam Smith o si fue puro olfato productivo, lo cierto es que nuestro personaje pronto comprendió la necesidad de aplicar el concepto de división del trabajo y, siempre en familia, incorporó a las primas Porto-Espinoza (Olga, Juanita, Rosa Amelia),

Proceso de elaboración
        La cidra es una fruta cítrica pulposa parecida a una parcha granadina de concha gruesa y áspera. Llegaba a la casa de las Espinoza en La Lagunita en sacos de 50 kg aproximadamente. Miguel Ángel Lima era uno de los principales proveedores. La actividad  comenzaba con el lavado, que de por sí requiere mucha agua para quitarle el sabor amargo; luego se procede al rallado. Para esta parte del proceso productivo, dada la ingente cantidad de frutos que requería satisfacer la demanda del producto, se construyó un rallo especial con una lata (recipiente de aceite o manteca de cochino en forma cúbica) extendida cuyos huecos se forjaban con un clavo. Este duro trabajo lo realizaba Alejandro Gámez Espinoza (Nano) en casa de las Porto, ubicada en el Cerro de piedra de la calle Miranda, contigua a la Santa Rosalía, que formaba parte de la cadena de producción. Es pertinente aclarar que a diferencia del dulce de Cabello de Ángel, la pulpa de la cidra se desecha; es la concha del fruto la que se utiliza para elaborar la conserva. Luego viene la molienda; para esto se utilizaba una máquinas Corona, frecuentemente usadas para moler maíz pilado (que estaban es desuso pero cuya renovada demanda es producto de la crisis económica actual). Juanita, Ninfa, Rosa Amelia, Ana Luisa y Socorro conformaban esta unidad operativa.
El Criollito, salida de la calle Santa Rosalía
       Una vez colocada la masa en grandes azafates venía la cocción. Para esto se disponían de enormes pailas de bronce de un metro de diámetro y medio metro de profundidad, sobre un fogón de leña que transportaban en burro hasta la casa de las Espinoza, y a fuego lento, por espacio de tres horas,  entraban en acción las paleteras, con una especie de remo de madera. Este pesado trabajo lo realizaba un equipo conformado por Dilia, Lucina (Vitola), Conchita Pérez y Dominga Pérez. El azúcar también era materia prima guatireña, y lo proveía la prestigiosa Hacienda La Margarita en sacos de 10 kg (cada paila empleaba esa cantidad). Una vez terminada la cocción la conserva se tendía en bateas moldeadas en madera (que fabricaban los Ruiz en la carpintería ubicada justo en frente de la casa de las Espinoza), se oreaba y el proceso finalizaba con el secado al sol por espacio de tres a cuatro horas y requerían voltearse por ambas caras. Esta etapa es fundamental en la confección del producto puesto que le da el característico y distintivo endurecimiento exterior de la conserva y mantiene la suavidad y textura de la parte interna. Con días nublados no se elaboraban conservas y si al atardecer no estaban a punto, las conservas se almacenaban en un cuarto especial, porque no podían serenarse. El aroma del delicado producto atraía a los vecinos, pero estos eran potenciales clientes; el problema eran las abejas que había que espantarlas con soplete y quitar cuidadosamente las ponzoñas de aquellas que no lograban ser persuadidas.
       Finalmente se envolvían en papel blanco de bodega a razón de dos unidades por paquetes y se ofrecías al público a un precio de 0,75 bolívares (real y medio, en los términos monetarios que aún se usaban en aquel entonces, pero que pertenecían a la unidad monetaria derogada por Antonio Guzmán Blanco cincuenta años antes), que para aquel entonces equivalía a casi un tercio de dólar.

Subproductos
A la izquierda, Bodega de Peruchito Toro
       Los limoncitos eran una especie de complemento de la conserva; constituían la delicia de los niños porque su precio era más accesible: un centavo (0,05 céntimos) que por lo general era la única moneda al alcance de toda la chiquillería. Tenían la forma de un limón, de allí su nombre, pero la materia prima era la misma, aunque no tenían la misma textura del revestimiento de la conserva. Para los efectos económicos Francisca Espinoza pensaba en todo, la producción del limoncito facilitaba lo que hoy conocemos como el indispensable ”flujo de caja”.
       Nelly Tovar Espinoza, docente, destacada atleta guatireña y cantante, por lo demás, nos cuenta que también había una especie de departamento de Seguridad encargado de que los niños de la familia no metieran la mano, porque pese a la sana y severa costumbre del respeto y el persuasivo método de la mirada severa  y, en casos extremos, la oportuna cachetada (o chancletada), el aroma era una tentación muy grande. Confiesa que llegó a infringir las normas en varias oportunidades y recibido el justo castigo, pero eso nunca la detuvo, y eran justamente los limoncitos la razón de sus tormentos.

La distribución
        Braulio Istúriz, ya célebre por la elaboración de sus papeloncitos de azúcar, era el encargado de distribuir el producto en el mercado caraqueño aprovechando la amplia cartera de clientes cautivos que tenían sus golosinas. Así, los mercados de Coche, San Jacinto y Quintacrespo esperaban ansiosos la llegada de Braulio. Gustavo Matico Tovar se encargaba de los clientes de Guarenas y Barlovento, y en Guatire usted podía comprarlos en el Restaurant El Criollito (en la esquina de la calle Bermúdez con Santa Rosalía), la bodega de Peruchito Toro (donde hoy está el BOD) y la Panadería Urrutia (final de la Bermúdez, cerca de la actual panadería  El Socorro).
        Rómulo Betancourt fue el primero en llevar el producto al exterior. En sus frecuentes visitas a Guatire, públicas o clandestinas, solicitaba las conservas de cidra, primero donde las Espinoza, luego en casa las Porto, y solía embalarlas para disfrutarlas en sus viajes como Jefe de Estado. Ya para los años sesenta la segunda generación de la familia Espinoza se fue a Caracas, pero sus primas, las Porto, continuaron con la tradición desde su casa en el Cerro de Piedra. El producto perdió presencia externa porque el crecimiento de la demanda local absorbía la producción, pero paradójicamente se regó por todo el país porque los guatireños viajantes la repartían por todas partes a manera de obsequios.  
Clara Pacheco
    Las Porto ya creciditas se mudaron a Caracas y decayó la elaboración de este apetitoso manjar, pese al empeño de las Arnal, vecinas de las Porto, quienes obtuvieron la receta, y de Clarita Pacheco que además de mantener la tradición culinaria del Almidoncito de yuca, ha luchado por rescatar el de la conserva pero tiene un grave problema: no consigue quien le suministre la cidra. Clarita está dispuesta a dictar talleres para su elaboración si obtiene la materia prima de manera constante. Otros artesanos de la culinaria local se han sumado al proceso de elaboración de la conserva de cidra, pero sin lograr el punto exacto de su exquisitez que le da la ausencia del amargo característico de la fruta.
Guatire, octubre de 2018



 

 

 

 

 

domingo, 30 de septiembre de 2018


Guatire, cuna del beisbol femenino venezolano
Aníbal Palacios B.

En 1962 un grupo de jóvenes guatireñas se mete de lleno en la historia deportiva de Venezuela. Un flamante, poderoso y, por supuesto, hermoso equipo de beisbol, salta al terreno del estadio Miguel Lorenzo García a practicar un deporte que para los habitantes de Guatire constituía no sólo el único y necesario entretenimiento dominical urbano, sino que además era un espectáculo del cual se consideraba muy conocedor, lo que lo convertía en un público muy exigente.

El comienzo                              
Carmen González, Cilio Vegas, Ciola Isturiz y Cruz Gómez
Beisbol, no kickingball ni softbol. Las muchachas guatireñas, fanáticas que cada domingo animaban desde la tribuna a los equipos Gavilanes, Zamora, Alacranes, Lanceros  y Guatire Star, decidieron que era un buen momento para recibir ellas los aplausos y silbidos; sí, silbidos, no pitas, de quienes antes ellas aclamaban. Cirilo Loro Vegas comenta la idea con Pragedes Silvera, a la sazón presidente del equipo Zamora, a quien le agrada el planteamiento y ofrece financiarlo; seguidamente se lo comunican a Baltazar Guillén, presidente de la Liga de Beisbol del Distrito Zamora, y reciben el visto bueno correspondiente; luego buscan a Cruz Puñalito Gómez como entrenador. La conformación del equipo era más fácil; el estadio siempre se veía abarrotado de bellas mujeres animando a sus clubes favoritos, sólo había que alzar la vista y comenzar a invitar a estas jóvenes, que no se hicieron rogar; además la mayoría de ellas eran atletas de otras disciplinas deportivas “más femeninas”, de acuerdo con los preceptos sociales de la época. La resistencia vendría de parte de algunos padres, pero sobre todo de los novios de las futuras jugadoras. Así, las chicas se dispusieron emular a las damas norteamericanas que en 1943 conformaron el All American Girls Professional Baseball.

Pioneras
El equipo llevaba por nombre 3 Estrellas y estaba conformado por Nelly Reverón, Carmen González, Carlina Porras Briñoles, Evelia García, Pilar Palacios, Emma Pinto, Elsa Castillo, Miguelina Correa, Mercedes Rondón, Graciela Istúriz, Rosita Rondón (Madrina) y Marbelys Cruz (Mascota). Cilio Loro Vegas, manager; Cruz Puñalito Gómez, entrenador y Pragedes Silvera, una especie de Delegado, completaban la divisa. Iniciaron sus prácticas luego de los días de carnaval (marzo) del año 1962; dos días en la semana, por las tardes, las muchachas llegaban al estadio Miguel Lorenzo García para aprender técnicas de bateo, fildeo, recorrido de bases, manejo de señas; en fin lo que entonces se conocía como “rudimentos” del beisbol. La tarea difícil fue encontrar contendientes porque no habían rivales femeninas contra quien jugar y los equipos juveniles de Guatire no aceptaban el reto que continuamente le lanzaban para calibrar a este club, ante el temor de perder el juego y quedar mal parados ante los fanáticos locales, lo cual, ciertamente, hubiese sido deshonroso. Las chicas seguían practicando mientras Baltazar Guillén continuaba indagando a través de la Asociación de Beisbol del estado Miranda, sobre la conformación de algún equipo y acicateaba a sus colegas dirigentes de la región a conformar clubes que enfrentaran a las damas guatireñas, hasta que meses después su búsqueda o su exhortación tuvo éxito.

Debut
El trabuco femenino
La imagen muestra de pie, izquierda a derecha, a: Cruz Puñalito Gómez, Pilar Palacios, Emma, La Negra, Pinto, Josefina Castillo, Rosa Rondón, Miguelina Correa, Mercedes Rondón, Graciela Ciola Istúriz, Cilio Loro Vegas, Pragedes Silvera y Baltazar Guillén. Agachadas: Nelly Reverón, Carmen González, Marbelys Cruz, Carlina Porras Briñoles y Evelia García.

La constelación de hermosas chicas saltó al terreno del estadio Miguel Lorenzo García para su primer encuentro el 17 de junio de 1962. El uniforme era una franela blanca con tres estrellas dibujadas, mono negro y zapatos deportivos. Su rival, un club compuesto por hermosas jóvenes cuya sola presencia imponía respeto, formado en el sector La Balsa, cercano a Mamporal. La capacidad del estadio fue insuficiente para albergar la gran cantidad de espectadores que acudieron a la cita para ver el primer partido de beisbol femenino del cual se tuviera noticia en el país, debidamente documentado, con el aliciente de una vieja rivalidad entre Guatire y Barlovento, ya considerada un clásico peloteril mirandino. No está demás aclarar que pocos fueron los fanáticos que asistieron al estadio motivados por este último factor. Las chicas no decepcionaron al público, no sólo por el triunfo, sino porque estas jóvenes se dieron por entero en el terreno de juego.

     - “Yo era receptora, y jugaba mi posición como tal”.  - Nos comenta Nelly Reveron. –
     - “Abría bien las piernas para ampliar la zona de strike, y me colocaba en la clásica posición de un buen receptor”.

Al mejor estilo de Santiago Rondón, extraordinario e histórico receptor guatireño. Todos los asistentes al estadio (alrededor de mil personas) excepto uno, admiraron la calidad, solvencia y eficiencia del trabajo de Nelly. Ese único fanático disconforme, paradójicamente su más ferviente admirador, estuvo disgustado durante todo el encuentro: se trataba del novio de la bella jugadora (Ramón X.), que consideraba poco elegante la manera de jugar de Nelly. No obstante, es pertinente destacar que el criterio general de la calificada concurrencia fue que la hermosa jugadora no perdió glamour.

Alineación
El equipo jugó de la siguiente manera:
   ·         Carmen González (2B)
   ·         Nelly Reverón (C)
   ·         Graciela Ciola Istúriz (1B)
   ·         Carlina Porras Briñoles (3B)
   ·         Miguelina Correa (SS)
   ·         Pilar Palacios (LF)
   ·         Mercedes Rondón (RF)
   ·         Evelia García (CF)
   ·         Emma La Negra Pinto (P).

      - “Éramos deportistas” – nos acota Emma Pinto –“Yo representé a Zamora en muchos campeonatos estadales de voleibol”.

En efecto, se trataba de un compacto grupo de mujeres activas en los menesteres deportivos, pero que nunca habían agarrado un guante y un bate de béisbol, con la sola excepción de Nelly Reverón, quien desde niña vivía metida en el estadio jugando con los varones, por la sencilla razón de vivir a unos cincuenta metros del terreno y ser una atleta consumada.

Detalles fuera del terreno
Como elemento pintoresco, nos cuenta Emma Pinto que casi todas tenían por apodo el nombre del novio que por lo demás era un destacado pelotero de los equipos “AA”.
      -       A mí me decían Reyita”-

Por Reyes Navas (Reyito), lanzador del Gavilanes con una recta de 90 millas. No faltó algún exagerado admirador de la hermosa chica quien dijera que la recta de Emma nada tenía que envidiar a la de Reyito, y hasta la compararon con la de Juan de Mata García, otra vieja gloria de nuestro beisbol.
      -       El apodo de Carmen González era “Ricardita”-

Su novio, Ricardo Reverón, fuerte bateador de Gavilanes, al parecer no le transmitió sus secretos a Carmen por lo que ella se convirtió en hábil tocadora de la pelota, recurso que explotó con éxito.
      -       “A Nelly la llamaban “Ramoncita” (de su celoso novio ya nos referimos).

El desquite 
El equipo visitante invitó a sus rivales a una revancha en Rio Chico, y hasta allá fueron nuestras hermosas representantes. El resultado también fue favorable al 3 Estrellas. No era cuestión del terreno de juego, había superioridad técnica; “es que estas damas guatireñas se tomaron el asunto muy en serio”, señala Cirilo Vegas, el manager

Hoja de vida
Todo equipo de beisbol que se precie de aguerrido tiene en su currículum una que otra tángana y 3 Estrellas no sería la excepción. Por el equipo guatireño la estirpe señala que la protagonista de la pelea no podía ser otra sino Graciela Ciola Istúriz, hija de Vicente Machadito Istúriz, temperamental, fogoso y excelente jardinero central del Gavilanes de los años cuarenta.
      -       “A pesar de que le estábamos dando una paliza – o tal vez por eso-, en la novena entrada la lanzadora me dio un pelotazo, ¡y mire que tiraba duro! Me le fui encima y se armó la trifulca”.

Bagajes del oficio, dirían algunos. Se vaciaron los dogouts y el asunto no pasó de allí; sin rencores, como suele suceder en estas riñas que definitivamente forman parte del espectáculo.
 
Paradojas
Ser un equipo ganador incidió en la corta vida del club; las chicas continuaron practicando un par de meses más, pero para la época no era fácil encontrar rivales en esta categoría, y al tratarse de un trabuco nadie se animaba a enfrentarlas; ya decíamos que hasta los fuertes equipos juveniles de Guatire y Guarenas se negaron a jugar contra estas valerosas mujeres; la vergüenza ante una posible derrota les hubiera obligado a emigrar a lejanas tierras. Pero ese día, 17 de junio de 1962, estas bellas damas escribieron, sin saberlo, unas cuantas páginas en la historia del beisbol aficionado venezolano. Sólo nos queda decir que muchos novios y pretendientes suspiraron con alivio cuando el equipo dejó de jugar.



viernes, 10 de agosto de 2018


El Amigo del Pueblo:
nunca un nombre reflejo tanto una realidad
Aníbal Palacios B.

     En 1943 dos jóvenes empresarios, Vicente Rubino y  Manuel Felipe Rangel,  establecieron en Guatire una empresa de autobuses cuya trascendencia social y económica sólo es comparable con la que tuvieron en su oportunidad las haciendas de caña de azúcar.
     Para la época Guatire era una aldea semi rural, de unos cuatro mil habitantes, cuya economía se sustentaba en la agricultura. Viajar a Caracas constituía un serio obstáculo en la búsqueda de nuevos horizontes para una población emergente que no hallaba espacio laboral en las haciendas de caña, bien por falta de vacante
Izquierda: Terminal de pasajeros

s o por no tener condiciones físicas apropiadas para la dura tarea. Los jóvenes que se formaban en el Colegio Narvarte (varones) y Padre Puerto (damas) y que posteriormente convergieron en el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa (mixto), no tenían los recursos físicos (y la mayoría ni económicos) para continuar estudios medios y superiores en Caracas. Adicionalmente, Guatire se encontraba un poco aislado en medio de los dos polos de desarrollo más importante del momento: la sempiterna Caracas y el pujante Carenero. Pues bien, la empresa El Amigo del Pueblo solucionó ese problema.


El momento oportuno en el lugar preciso
      La empresa se inicia con dos pequeñas unidades Ford cuyas cabinas eran de madera y trasladaban pasajeros hasta Guarenas; de inmediato incorporan Araira a la ruta, y desplaza el transporte a tracción humana y animal, porque quien no disponía de un burro, sencillamente tenían que trasladarse a pié. Poco a poco crece y amplía su ruta hasta Caracas y luego a Caucagua, Higuerote y Rio Chico, con lo cual enlaza todo el este mirandino que a partir de entonces gira en torno a esta empresa guatireña, ubicada en la Calle Bermúdez, cerca de las cuatro esquinas, en el espacio que hoy ocupa el Supermercado Roca Azul.  Era una moderna terminal con una redoma interna donde los autobuses recogían a los pasajeros y salían por la calle Bermúdez rumbo al oeste. Seguramente usted se resiste a creer que en ese local donde hay estantes y productos (bueno, en realidad hay estantes, pero ya no quedan productos) pueda entrar y dar vuelta un autobús,  pero por aquel entonces las unidades eran más pequeñas. De allí también partían en busca de pasajeros por la calle Miranda y Concepción giraban en Caja de Agua y retornaban por las mismas calles para trasladarse a Guarenas, Petare y Caracas.
      En su momento de esplendor El Amigo del pueblo, llegó a generar alrededor de 200 empleos directos; es decir mucho más que todo el comercio local  en conjunto, e individualmente superior al de muchas haciendas cañicultoras. Choferes, colectores, fiscales, mecánicos, carpinteros, latoneros, pintores, bomberos, caucheros, aseadores y oficinistas, tuvieron cabida en la empresa, que por lo demás, pagaba buenos sueldos. Pero tan importante como eso, facilitó que la masa juvenil guatireña y guarenera pudiese estudiar en la lejana Caracas y a su vez, que la creciente masa trabajadora buscase opciones en los centros industriales de la capital y sus alrededores. También vale destacar que El Amigo del Pueblo le generó a la población barloventeña una conexión directa con Caracas, sin necesidad de pasar por La Guaira, en la ruta marítima desde Carenero.


      La demanda de servicio creció rápidamente despertando a una dormida economía y la empresa pronto abrió oficinas en Caracas e Higuerote, amplió su flota de transporte y masificó el servicio de encomiendas, a través del cual, en parrillas ubicadas en el techo, los autobuses transportaban diversas mercancías para las tiendas, surtían de casabe, aguacates, naranjas y mangos a pequeños mercados caraqueños y hasta gallinas y cochinos para algún urgido cliente.  La prensa diaria, por ejemplo, era trasladada desde Caracas en la primera unidad que retornaba, luego de salir de Guatire a las cuatro de la mañana; es decir que alrededor de las nueve ya los guatireños tenían en sus manos sus periódicos favoritos, que antes recibían en horas de la tarde y en algunos casos el día siguiente.

Responsabilidad social empresarial
      Siempre ha existido la creencia que explica que los nombres propios tienen características implícitas o inherentes a sí mismos; en ese sentido, si algún nombre se corresponde bien con una realidad es justamente el de la empresa El Amigo del Pueblo. El término responsabilidad social empresarial es un concepto nuevo en la legislación venezolana, al cual (por supuesto) no le hacen caso la mayoría de las empresas privadas y ninguna de las públicas. Pues bien, esta pequeña y aldeana compañía puso en práctica esta modalidad desde sus inicios a través del bono estudiantil y el bono de los trabajadores. ¡SIN SUBSIDIOS GUBERNAMENTALES NI TRAMITES BUROCRATICOS!
      En épocas donde no existía inflación, el pasaje se mantuvo inalterable: Bs. 0,50 a Guarenas y Araira; Bs. 1,50 a Petare y Bs. 2.00 para Caracas. Los estudiantes pagaban medio pasaje y los trabajadores tenían un descuento del 25%. Así, todos los sábados los trabajadores se dirigían a las Oficinas de la empresa y adquirían su lote de bonos para la semana siguiente. No era necesario carnet alguno, ni formalidades, ni colas.
      En los años cincuenta, un chofer de la ruta Guatire-Caracas ganaba 25 bolívares diarios y un colector  la mitad. Quienes iban a Barlovento tenían un sueldo mayor y cobraban viáticos. Luis Guillermo González explica que para viajar a Higuerote recibía, como colector, 5 bolívares adicionales que le alcanzaban para dormir en una pensión y disfrutar de una opípara cena.
      Establecer parámetros comparativos entre aquellos sueldos con los de ahora no resulta una tarea sencilla por la absurda situación hiperinflacionaria que sufre el país. No podemos compararlo el salario en dólares (Bs. 3,30 era el cambio oficial de aquellos años) con el oficial de ahora (¿alguien sabe a cómo se cotiza?) por virtual, inexistente e indiscutiblemente inaccesible. Y para no meternos en líos gubernamentales con el paralelo tampoco haremos comparaciones de este tipo, además ¡es imposible! Pero si usted desea echar números le diremos que un salario mínimo en la década de los cincuenta  era equivalente a 7,75 US$ ¡y mire que rendían!
       En 1958, por ejemplo, se anunciaba en la prensa un Austin último modelo con una inicial de Bs. 1.400,00 y 24 cuotas de Bs. 250,00. Usted podía alquilar una buena vivienda 
Visita de Rómulo Betancourt  en 1958. A la izquierda
un bus sale de la terminal
cercana a la Plaza 24 de julio por 50 bolívares y con veinte llevar un mercado a su casa con verduras frescas, carne, pescado seco, azúcar, culei, pasta La Castellana, pan y leche sin necesidad de hacer colas. Todo ello, vale decir, en bolívares requeteviejos. Lo único que no encontraría en las bodegas era detergente, lavaplatos, esponjas ni cera para pisos; porque sencillamente se lavaba a mano con jabón Las Llaves,  se fregaba con estropajo que en cualquier montarral encontraba en abundancia y los pisos se pulían con esperma de velas y kesosene, costumbre esta que sería rescatable si el sueldo actual alcanzara para comprar la vela y el kerosene, como en la época que nos sirve de marco histórico. El papel higiénico Cruz  Blanca, menos demandado entonces (había otras opciones), se ofrecía a 3 unidades por un bolívar.


Marcos Bilich
      Un colector ganaba Bs. 12, 50 diariamente; es decir 3,78 US$. Marcos Bilich, por ejemplo, formó, alimentó y educó una familia de nueve hijos con ese salario; pudo comprarse un carro, pero prefirió construir una vivienda en la calle Anzoátegui. Inmigrante croata, Bilich vivió y sufrió desde los catorce años los rigores de la II Guerra Mundial de la cual sobrevivió milagrosamente. Esa dura experiencia le sirvió para tener una perspectiva distinta de la  vida y con esa visión formar a su familia. Bilich redoblaba su trabajo para aumentar sus ingresos y poder afrontar los gastos familiares con menor rigor.
      Para la otra camada de colectores, los jóvenes solteros, el salario les abría las puertas del paraíso, y al cobrar acudían al Bar Victoria o al Taurino, donde cada viernes eran recibidos con el festivo grito de “ahí vienen los colectores”, lo que implicaba buenas ventas y generosas propinas.

Paradoja laboral
      Héctor Rangel y Alfredo Gil, jóvenes militantes de la clandestina Acción Democrática, formaron un sindicato en 1957, quizás una semilla intrascendente en su momento, pero que germinaría cuatro años después. En 1960 la empresa cae en una crisis económica. Poca inversión en el mantenimiento de las unidades, nula renovación de la flota y lo que es peor, se niega a pagar doble los domingos: Se inician las protestas de los trabajadores.
Ceniza, por donde se entraba a Araira
     Nina y Francesca Petrizzo, sobrinas de Vicente Rubino que trabajaban en el área administrativa, nos comentan que el problema fue más mucho más grave:   comenzaron a retrasarse los pagos semanales. Los trabajadores se negaban a movilizar los autobuses y en muchas ocasiones había que esperar la entrada al terminal de alguna unidad para pagar sueldos con lo recaudado en ese viaje. Estalló el conflicto laboral y luego judicial que derivó en un embargo de los autobuses y los trabajadores constituyeron en 1961 la Asociación Cooperativa de Transporte Colectivos Barlovento; es decir, dueños de su propia empresa… pero continuaron sin cobrar doble los días domingos. Esta vez no había un patrón laboral a quien reclamarle.


Cierre del ciclo
     La cooperativa fracasó y los trabajadores vendieron su propiedad a otros empresarios que supuestamente conocían mejor el negocio; se creó la empresa Expresos Barlovento; de la noche a la mañana choferes y colectores pasaron de dueños a empleados… y comenzaron, ¡por fin!, a cobrar doble la jornada dominguera, muchos años después.
     A todas estas, Nina y Franscesca Petrizzo fueron dejadas a un lado; ser sobrinas del dueño les perjudicó económica y laboralmente y no fueron tomadas en cuenta para los arreglos judiciales de rigor. No hay mal que por bien no venga, se convirtieron en excelentes peluqueras, a tal punto que las damas guatireñas presumían de sus arreglos:
      -       ¿Dónde te peinaste?
      -       Con las Petrizzo, decían presuntuosamente, aunque no fuese cierto.

     De aquella época nos mencionan choferes como Juan de Mata García, Ascención Matos, José Salcedo, Esteban Pacheco, Iginio Nuñez, Toribio Correa, Santos Pacheco, José Ferro, Diosgracia Regalado y Ladislao Istúris, entre tantos, y colectores como el paradigmático Marcos Bilich, Luis Guillermo González, Cecilio Consomé Utrera, Rigoberto Povea, Felipe Cuevas y el Catire Martínez. Pero lo que más se recuerda, y se añora, es el trato cortés, respetuoso y afable de choferes y colectores, muy distante (y distinto) del que dispensan ahora quienes ejercen el mismo oficio.

sábado, 21 de julio de 2018


¿VENEZUELA NAZI?
Aníbal Palacios B.

La posibilidad de que Venezuela fuese colonia nazi, punto de avanzada para dominar la América entera, pero fundamentalmente al mayor enemigo del Reich durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos de América, no deja de ser un simple elemento anecdótico por el mero hecho de que los alemanes perdieron la guerra; pero la historia pudo ser distinta.
El escritor Carlos Irazábal, en su obra “Hacia la Democracia” (Editorial Ateneo de Caracas. Cuarta edición. Caracas, diciembre de 1979), rescata esta peculiaridad que, como tantas otras no menos interesantes, suelen pasar inadvertidas en el estudio de la rica historia venezolana. 
 


Foto Pueblos originales.com
Señala Irazábal que en 1934 el historiador alemán Erich Reimenrs, ya con una clara idea de lo que se pretendía en el ambiente político ario, escribió una obra titulada “Die Goldenen Berge. Ein Deutscher Keldenzug” (“La Montaña Dorada. Expedición Épica Alemana), editado en Leipzig, donde narra las aventuras de un grupo de valientes y nobles alemanes en tierras venezolanas, en el siglo XVI. Posteriormente, en 1938, la Editorial Wilhelm Goldman, de Leipzig, edita “Die Welser Landen in Venezuela” (Los Welser llegan a Venezuela), donde el mismo autor, Erich Reimenrs, señala que… ”Es significativo que las colonias alemanas de África nos han sido robadas con métodos similares a los que usaron los españoles hace 400 años expulsando a los alemanes de Venezuela. Pero nosotros sabemos que una Alemania fuerte y unida nunca renunciará a sus colonias...”. (Cita Irazábal). 
Ciertamente, en 1528, recién creada la Provincia de Venezuela por Carlos V, el rey español la cedió, en hipoteca, a los banqueros alemanes Welser, quienes a partir del 27 de marzo de ese año, y hasta 1546, la usufructuaron en su propio provecho, fundaron algunas ciudades y se dispusieron a buscar, infructuosamente, el oro prometido. De hecho, el primer gobernador y Capitán General de Venezuela fue un alemán: Ambrosio Alfinger, y le sucedieron en el cargo Nicolás Federman, Jorge Spira y Felipe de Hutten. Así, la historia nos enseña que los primeros colonizadores de Venezuela no fueron españoles.  
Foto venelogia.com
Conocido esto, lo anecdótico puede interpolarse en el ámbito de las especulaciones: la intención alemana de reclamar su falsa propiedad sobre territorio venezolano. La capitulación de 1528 no entregó a los Welser la soberanía de esta región, y a partir de 1811 somos una nación libre y soberana. Era evidente y de seguro se convertía en la manera más expedita de dominar el continente americano, una vez controlada Europa, que los nazis desconocerían una y otra situación histórica para apoderarse militar y políticamente de nuestro país; con toda seguridad el dictador español Francisco Franco le hubiese facilitado los trámites aceptando la pretendida legalidad alemana.
 
Por supuesto, Estados Unidos no estaba dispuesto a permitir tal situación, por lo que la II Guerra Mundial hubiese tenido un nuevo frente: Venezuela. Es posible incluso que Alemania no esperase invadir Inglaterra, sino que intentase controlar nuestro país como estrategia para distraer tropas y recursos norteamericanos dirigidos en principio a sus aliados europeos, debilitándolos en consecuencia. Los norteamericanos no habrían tenido otra alternativa que intentar realizar en nuestro país una guerra corta; es decir, bombardeos estratégicos en los campos petrolíferos y en los puertos, para bloquear energética y logísticamente a sus enemigos. De hecho, por si acaso, durante la guerra los norteamericanos estuvieron atentos en las costas venezolanas a cualquier indicio que pudiera parecerse a un submarino alemán, que los hubo. La historia registra un encuentro en el año 1942 en el Golfo de Venezuela cuando un submarino alemán atacó a tres buques petroleros venezolanos que se dirigían a la refinería de Curazao: Pero los alemanes atacaron barcos, no pozos ni refinerías. ¿La intención de los submarinos alemanes era sabotear los pozos petrolíferos del lago de Maracaibo o protegerlos? En alguna parte debe existir documentación que clarifique este dilema, pero inexplicablemente la historiografía venezolana no ha profundizado su análisis, vaya usted a saber por qué.
La revista El Desafío de la Historia (N° 28, Caracas, Septiembre de 2011) dedica su edición al tema de Venezuela en la Segunda Guerra Mundial, y ante la ausencia de comentario alguno sobre las pretensiones alemanas de reclamar la propiedad del territorio venezolano, les envié la siguiente nota:
Guatire, 31 de octubre de 2011
Soy lector de El Desafío de la Historia desde sus inicios, y cada edición sobrepasa con creces mis expectativas sobre el contenido. No obstante, en la edición dedicada a Venezuela en la Segunda Guerra Mundial, esperaba encontrar información sobre un tema específico y no fue así.
 Se trata de una circunstancia que ha pasado inadvertida dentro del estudio de la historia venezolana y que rescató Carlos Irazábal en su libro Hacia la Democracia (Editorial Ateneo de Caracas. Cuarta edición. Caracas, diciembre de 1979, pp.235 y 236): la pretensión alemana de reclamar la titularidad del territorio venezolano, dado que en sus inicios, Venezuela fue colonizada por los Welser.
Basado en Carlos Irazábal, escribí una crónica para el mensuario Tere Tere (Nº 5, diciembre de 2000), que se edita en Guatire. Ignoro si podrá ser de alguna utilidad, pero les anexo la nota por tratarse de una eventualidad histórica que entra perfectamente en los que se denomina ucronía y que, ciertamente, pudo haber cambiado la historia.

La crónica fue publicada en la edición Nº 30 (Diciembre, 2011) en la sección Cartas del lector, con el siguiente título: De los Welser… a los nazis, sin comentario alguno.
Foto: elbucare.com
Previamente había llamado mi atención que el historiador español Jesûs Hernàndez, autor entre, otros libros, de Todo lo que debe saber sobre la Segunda Guerra Mundial (Nowtilus. Segunda Edición, abril de 2010), tampoco se refiere al tema y le envié la nota sobre la pretensión alemana de reclamar la titularidad del territorio venezolano. Hernàndez respondió que desconocía la información.
Ahora me encuentro con un ensayo de Nancy Fernàndez (Papel de Venezuela en la II Guerra Mundial) que aborda el tema y señala la abierta participación del presidente Isaìas Medina Angarita, quien detuvo y confinò a centenares de ciudadanos alemanes en campos de  concentración ubicados en distintas ciudades del país, además de romper relaciones con Alemania. La información de Nancy confirma que si hay registros sobre la situación expuesta y quizás comienzan a florecer.
Lo cierto es que todo esto tiene un solo significado, cualquiera hubiese sido el resultado de esta hipotética presencia alemana en nuestro territorio, en la confrontación subsiguiente el gran perdedor no hubiese sido otro que Venezuela.