Plaza Zamora de Guatire
Aníbal Palacios B.
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| Plaza Zamora en los años 60 |
Guatire y Araira; su historia, sus cuentos. Personajes y personalidades; es decir, su gente. Tradiciones, leyendas y costumbres.
Aníbal Palacios B.
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| Plaza Zamora en los años 60 |
Aníbal
Palacios B.
Llegado el momento de elegir un nuevo cronista del municipio Zamora del estado Miranda, había un consenso en torno al nombre de René García Jaspe, insigne guatireño quien junto con Ángel María Daló, Guido Acuña y Jesús María Sánchez, mora en el Olimpo de la crónica histórica zamorana. Pero René manifestó que, por razones personales, no podía aceptar el nombramiento… y se armó la sanpablera.
| Sede del Concejo Municipal |
Me preocupa disentir con amigos a quienes admiro, aprecio y respeto, tanto como me angustia coincidir con personas habitualmente más alejadas de mis ideales, quehaceres y pareceres, pero no es la primera vez, ni espero sea la última; del disenso se puede extraer útiles conocimientos. En este sentido opino que el debate en torno al nombramiento del nuevo cronista es pertinente pero extemporáneo, a la par de descomedido. Existen aspectos que me generan suspicacia, tal vez porque no logro entenderlos. El primero de ellos se refiere al hecho de discutirse vehementemente ahora un tema que debió debatirse hace justamente un año. Si el tan mentado artículo 6° de la ordenanza se modificó en febrero de 2021, ¿por qué no se cuestionó en ese momento? No había entonces interés alguno de por medio en la selección del cronista, por lo que la discusión tal vez hubiese sido igual de apasionada, pero más amplia, sincera, desaprensiva. Al respecto, mi impresión es que la discusión no está planteada en procura de determinar quién debe ser el cronista, sino para establecer quién no debería serlo y en ese sentido todo apunta, sin que se revelen nombres, que hay quienes desean que la designación no recaiga en José Manuel Milano quien, hasta la fecha de hoy, 8 de febrero de 2022, no ha sido postulado al cargo.
| René García Jaspe |
Se argumenta que el Concejo Municipal pretende seleccionar a un miembro del PSUV y eso para muchos es inaceptable porque, según ellos, se estaría imponiendo un criterio partidista al nombramiento. Pero resulta que el noble, apreciado y respetado amigo Marlon Zambrano, cronista de excelso estilo literario, poeta de la crónica, al confesar que pertenece a esa organización política le agrega un nuevo ingrediente al debate. Marlon es el único guatireño que puede presumir haber ganado dos premios nacionales de periodismo, ambos por cronista, por lo demás. Uno él solito en 2019, del cual por cierto aún nos debe el brindis, y el otro con Tere Tere en 2005, mensuario del cual es cofundador junto con José Manuel Milano, Elia Alonso y Coromoto Fajardo y en el cual durante muchos años, compartió también con René García Jaspe, Nelly Pittol, Rachel Citty Pittol, Nanci Fernández y quien suscribe). Si por una de esas tantas vueltas que da la vida Marlon Zambrano fuese nombrado Cronista Oficial del Municipio, ¿alguien en su sano juicio criticaría la designación por el mero hecho de pertenecer al PSUV? No lo creo. ¿Que no ha sido propuesto para el cargo? pues yo lo hago en este momento; tecnicismo superado. Entonces, ese argumento de la partidización no me convence. Cualquiera puede tener razones personales para no desear que José Manuel Milano sea el Cronista Oficial, eso lo respeto; pero nadie puede decir que carezca de méritos, credenciales y capacidad de trabajo para ejercerlo. Pertenecer al PSUV no disminuye la valía de ninguno de los dos.
Otro argumento es el de la injerencia política en la toma de decisiones. Los entes legislativos son instituciones intrínsecamente políticas; es su naturaleza y actúan en consecuencia. Si el alcalde Raziel Rodríguez tuviese mayoría en la Cámara Municipal la situación sería diametralmente opuesta; la misma dirección pero en diferente sentido; entonces la selección seguramente recaería en Rachel Citty Pittol, cuyas cualidades y capacidad de trabajo tampoco pueden discutirse, por tanto, ejercería su cargo con la misma brillantez que los dos miembros del PSUV. Pero, ¿se atrevería alguien a cuestionar ese nombramiento porque existiera una injerencia política en la decisión? Tampoco lo creo y me disculpan tanta incredulidad. Ese argumento entonces carece de sustento; ese no es el problema.
| Ángel María Daló |
El otro aspecto es la legalidad. Se critica a estos concejales recién instalados algo que se le toleró flagrantemente a los anteriores, y que es el causante de todo este lío: modificar el artículo 6° de la Ordenanza. Considero que la Cámara tiene el derecho de determinar la manera como debe elegirse al cronista; a fin de cuentas es su responsabilidad. Ramón Melinkoff, destacado profesor universitario, resalta como un principio administrativo fundamental que la responsabilidad no se delega. Usted puede delegar funciones, atribuciones, directrices y actividades; pero la responsabilidad seguirá siendo suya. El Concejo Municipal elige también al Contralor Municipal; ¿podemos elaborar una Ordenanza que establezca una comisión formada por un representante de la Alcaldía, otro del Concejo, un tercero de la Cámara de Comercio, uno más en representación de los contadores públicos que trabajan en el municipio y el otro del sector industrial? El Alcalde, por su parte, nombra al Síndico Procurador Municipal, pero debe recibir previamente la aprobación de la Cámara, que puede vetar el nombramiento. Si el Concejo Municipal, actuando conforme a la ley rechaza el nombre propuesto ¿qué haríamos? ¿Recogeríamos firmas de apoyo o protestaríamos frente al Centro Cívico exigiendo el reconocimiento? La Oficina del Cronista es un Órgano Auxiliar del Concejo, lo establece la ley, que además indica que el municipio “podrá crear”…; es decir, es optativo. Puede no hacerlo y aunque esa sería una salida políticamente incorrecta, pudiera darle largas al asunto mientras nosotros vociferamos. El Concejo Municipal, nos guste o no, tiene deberes que cumplir y el derecho a determinar cómo hacerlo; a fin de cuentas, insisto, es su responsabilidad.
En todo caso, el asunto jurídico es un tema discutible, lo admito; de interpretación, de tratar de establecer cuál era la intención del legislador y pudiésemos pasar meses tratando de resolverlo sin llegar a un acuerdo, o simplemente concluir que la intención era, justamente, enredarlo todo.
| Jesús María Sánchez |
En medio de este zaperoco, surgen voces que desvirtúan, enrarecen y hasta envilecen el debate a través de las redes sociales, o concretamente por medio de un grupo de WhatsApp, pese a la insistente y hasta ahora inútil recomendación de moderar opiniones para mantener la cordura, de manera de no agredir, ofender o vilipendiar a quienes adversamos. Una de esas voces es la del aspirante al cargo, Juan Ramón Colina, quien, en una carta de autopostulación, en lugar de resaltar sus propias virtudes comienza descalificando de manera irrespetuosa, desmedida, e intolerante a sus posibles rivales. Así, conceptuó a Jesús María Sánchez como un viejo caprichoso y se apresuró a inhabilitarlo porque la Ordenanza establece un tiempo de residencia en el municipio y él vive en Los Teques. Jesús María nunca ha deseado ser Cronista Oficial, de haberse interesado hubiese sustituido a Ángel María Daló. Pero si quisiese serlo en este momento ¿sería alguien capaz de vetarlo por ese tecnicismo o protestar una modificación de la Ordenanza que eliminara esa restricción? Cuesta creerlo pero sí, es posible. Para el aspirante Colina, poco importa que Nelly Pittol haya desarrollado una extraordinaria labor en la Casa Regional de la Historia de Petare e investigado y publicado diversos y significativos trabajos sobre Araira y Guatire; nada, es una vieja de 59 años y punto, no nos sirve. ¿Marlon Zambrano? A sus cincuenta años hay que jubilarlo. ¿Qué importan sus dos Premios Nacionales de Periodismo? Que los exhiba en la pared de su casa y se dedique a la poesía; a fin de cuentas es excelente en ese campo. En fin, todo aquel que tenga más edad que la suya no es apto para el cargo. Estas expresiones de Colina recibieron el apresurado, irreflexivo y, consecuencialmente, cómplice apoyo de algunas personas. Aquí vale decir que posteriormente Juan Ramón logró que una agrupación lo postulara y en esa ocasión se dedicó a resaltar sus atributos sin desmerecer los ajenos. También, en esta vorágine demencial ha surgido una campaña con opiniones destempladas, agresivas, contradictorias y hasta injuriosas en contra de los concejales (de los actuales, no de los responsables reales que conformaron la directiva anterior). Un esfuerzo (sin las injurias) digno de mejores causas. Por ejemplo, cuando Solamey Blanco colocó la estatua del indio aquel, ¿acaso consultó al sector cultura? No. ¿Estaba obligada a consultarlo? Tampoco. Pero a quien sí debió consultar fue a la antropóloga Nelly Pittol y al profesor René García Jaspe (escribió un libro sobre el origen prehispánico de nuestra población, ¿lo sabían?) quienes la hubiesen asesorado sobre las características fisonómicas de nuestros indígenas y se hubiese evitado ese desaguisado. Fueron pocos los cultores que reaccionaron contra Solamey cuando la alcaldesa frustró las pretensiones y necesidades zamoranas de recrearse en un parque zoobotánico en El Ingenio. No se oyeron voces estridentes como las de ahora ¡y miren que ese si fue un hecho trascendente para la comunidad! Tampoco hubo protesta cuando la Alcaldía dejó correr la destrucción de la casona de El Palmar, donde nació Elías Calixto Pompa, o las reliquias coloniales de El Ingenio. Más recientemente, cuando Thaís Oquendo quiso destruir al CEMAG, no fueron pocos quienes se hicieron los locos y voltearon la cara para otro lado, incluso Asopueblo, que tantos favores obtuvo del CEMAG. Esa organización, vale decir, pareciera haber sido creada para llegar al poder, disfrutarlo y usufructuarlo, porque desde entonces –para ellos- se acabaron los problemas en Guatire.
Todo lo expuesto es lo que genera en mí la suspicacia de la cual hablé al principio.
| Guido Acuña |
Como colofón a todo esto Arístides Martínez publico en su estado de WhatApp: “Es triste para la historia del municipio como están dividiendo con la política partidista el tema del cronista de Zamora. Tanta buena historia de Guatire y Araira tratando de echarle tierra…” ¡Arístides! Precisamente el gobernante que quiso enterrar la historia de Guatire y Araira cuando pretendió eliminar la trascendencia histórica que para los guatireños tiene su plaza 24 de julio. En aquella oportunidad el poeta Rafael Borges, José Manuel Milano y César Martínez encabezaron un movimiento que logró frenar la intentona; y lo hicieron de manera sosegada, metódica, planificada; sin agresiones ni estridencias.
Por lo demás, existe un error conceptual en torno a la figura del Cronista Oficial, se sobrevalora su función. El Cronista Oficial no está llamado a escribir la historia del municipio, ni siquiera a dirigirla. José María Franquíz Jiménez, Ángel María Daló, Elías Centeno, Guido Acuña, Jesús María Sánchez, Luis Felipe Muñoz y Andrés Blanco Delgado, entre otros, publicaron sus investigaciones sin ser cronistas oficiales. En Tere Tere está escrita buena parte de la historia zamorana, y sus redactores (René García Jaspe, José Manuel Milano, Marlon Zambrano, Nelly Pittol, Rachel Citty Pittol, Aníbal Palacios, Naci Fernández, Ángel Antonio Pestana y Juan Ramón Colina, entre otros) han publicado sus trabajos sin ser cronistas oficiales; y lo seguiremos haciendo. Así que no entiendo tanta alharaca.
La cultura en Guatire se ha dirigido, ha crecido, desarrollado, evolucionado y fortalecido sin la participación de las autoridades, y continuará así. Sobre esa premisa si considero que debemos organizarnos y exigir más a las autoridades; no sobre hechos circunstancias. En los últimos veinte años la cultura la han llevado adelante instituciones como el CEA, Tere Tere, las Sociedades Religiosas, el CEMAG y las Parrandas de San Pedro, Santa Isabel de Guía y San Juan, sin la determinante presencia de las autoridades locales. El Instituto Municipal de Cultura ni siquiera maneja su propio presupuesto y su accionar no obedece a las necesidades del sector sino a la voluntad de los alcaldes de turno. En tal sentido, ¿somos capaces de establecer una política cultural a corto, mediano y largo plazo con objetivos específicos y generales sustentables y susceptibles de ejecutarse? Eso si vale la pena discutirse. No lograremos nada si no actuamos en ese sentido; como dijera Marlon Zambrano, es nuestro momento
¿Alguien sabe cuánto dinero ha presupuestado la alcaldía en los últimos veinte años para la cultura y cuánto realmente ha gastado? ¿Han consultado al sector sobre la cantidad de recursos que se debe destinar a la cultura? Y algo mucho más significativo aún, ¿cuánto del presupuesto municipal se utilizó en el pago de una nómina al servicio del PSUV y no del municipio? ¿Cuánto dinero municipal se pagó en autobuses, viáticos y demás gastos inherentes a las marchas oficiales? Obtener esa información y supervisar la ejecución del presupuesto para la cultura y conocer su nómina, si es una bandera que vale la pena enarbolar; el otro camino sería persistir en el Síndrome de Sísifo.
¿Qué significa ser guatireño?
El término guatireño no es un simple gentilicio; es una condición humana arraigada dentro de nosotros que no se circunscribe a un origen geográfico. Es un sentimiento profundo, un amor incondicional por el terruño; una pasión. Es lo que nos distingue de los demás pueblos. La expresión “los guatireños nacemos donde nos da la gana” (parafraseada del dominicano Dellín Betances) no es arrogante porque presumir de un amor es valorarlo, realzarlo, gritarlo a los cuatro vientos. No importa dónde ni cuándo, se nace guatireño en cualquier lugar del mundo tan solo con valorar las grandes virtudes de esta humilde aldea mirandina, una vez conocido su legado histórico, sus personajes, costumbres, tradiciones, paisajes, leyendas y gastronomía. Años antes, Guido Acuña se lo había expresado a Rafael Borges: “Ah, es que así somos los guatireños”.
Bicentenario de la
Batalla de El Rodeo
Aníbal Palacios B.
Se cumplen, 12 de mayo de 2021, doscientos años de la Batalla de El Rodeo, evento histórico que resultó determinante para que seis semanas más tarde el ejército patriota obtuviera el triunfo que otorgó la independencia a Venezuela en el campo de Carabobo. La estrategia bélica consistía en confundir al ejército realista y hacerles creer que la batalla final sería en el valle de Caracas.
Rota la
tregua acordada en el Tratado de Regularización de la Guerra firmado en la
ciudad de Trujillo el 26 de noviembre de 1820, ambos contendientes sabían que
Carabobo era el lugar que orientaría el rumbo por el que transitaría Venezuela.
Por una parte, estaba muy cerca del poder político, Caracas, y por otra, su condición
de encrucijada para acceder a cualquier lugar del país, lo convertían en lugar
de importancia estratégica inequívoca e incuestionable. Así, sólo había que
defenderla, los realistas; y atacarla, los patriotas. Pero estos optaron por
una estrategia de distracción que haría creer a los comandantes españoles que
el objetivo era Caracas, y para ellos dispusieron de uno de sus oficiales más
destacados, y por ende con el suficiente prestigio para dar veracidad a las
acciones militares que comandaba.
José
Francisco Bermúdez, inició un avance desde Oriente y en lugar de tomar la vía
de Los Llanos para reunirse con el resto del ejército patriota en Carabobo, se
dirigió a Caracas y el 12 de mayo de de 1821 enfrentó en Guatire, en El Rodeo
para ser más precisos, al ejército realista, al que derrotó y persiguió por lo
valles del Tuy y acosó hasta Caracas. El objetivo de Bermúdez no era tomar la
ciudad, aunque no lo descartase, sino atraer fuerzas enemigas hacia él, y fue
tan eficiente, que el Mariscal Miguel de la Torre, Comandante general de las
tropas enemigas.se vio en la necesidad
de enviar tropas para retomar Caracas, y debilitó así las fuerzas con las
cuales defendería a Valencia. La historiografía tradicional otorga poca
relevancia a la Batalla de El Rodeo, pero sus protagonistas; es decir, el
ejército patriota si valoró en su justa medida ese acontecimiento.
La
importancia, la trascendencia histórica y el reconocimiento oficial de la batalla de El Rodeo como
acción bélica de incuestionable y determinante significación histórica se refleja
en el hecho de merecer una Edición Extraordinaria del Correo del Orinoco,
periódico oficial del ejército patriota. Después de 105 ediciones ordinarias, el
general Carlos Soublette, Director para ese entonces del periódico fundado por
Simón Bolívar, consideró que era necesario informar el éxito de la estrategia
concebida en el Alto Mando Militar.
La primera edición extraordinaria del Correo del Orinoco (hubo dos más)
publicada el 31 de mayo de 1821 fue dedicada a informar a Venezuela y al mundo
sobre el éxito de lo que se conoció luego como la Batalla de El Rodeo, lo cual indica la importancia de la misma y
que no fue un hecho casual, por lo que era necesario informar al ejército
patriota que los planes se cumplían tal como se habían previsto, y que el
general José Francisco Bermúdez había logrado atraer satisfactoriamente al
ejercito adversario con sede en Caracas, para hacerle creer que la ofensiva
final que se avecinaba tenía como objetivo esa ciudad .
La citada edición publica un oficio del general Bermúdez fechado en Caracas el 14/05/1821 (dos días después) en el cual notifica la “…evacuación de esta plaza por el enemigo después de haber sufrido ayer en el pueblo de Guatire un fuerte revés…”. La edición se complementa con otros informes relacionados con la batalla. Dos ediciones más tarde, N° 107 del 16 de junio de 1821, se publican notas sobre la trascendencia de la lucha escenificada en El Rodeo el 12 de mayo de 1821.
Durante la guerra de
independencia hubo más de 80 batallas además de Carabobo, y solo una, la
Batalla de El Rodeo, mereció ese honor. Así, el 31 de mayo de 1821 en un Correo
Extraordinario del Orinoco, se reseñó la batalla.
En el
Correo del Orinoco se puede leer, entre otras, información sobre el Discurso de
Angostura, los Congresos de Angostura y Cúcuta, el Armisticio de Regularización
de la Guerra firmado por Pablo Morillo y Simón Bolívar, las batallas de Boyacá
y Carabobo… y la batalla de El Rodeo.
La
batalla fue de suma importancia en el resultado final obtenido en 24 de junio
de 1821 en Carabobo, y no lo decimos nosotros, los guatireños, por el simple
hecho de ser tales, aunque como bien explicó el poeta Guido Acuña al también
poeta Rafael Borges, “Ah, es que así somos los guatireños”; no. Se trata de una
afirmación pertinente y absolutamente documentada. Es que desde el mismísimo inicio
del movimiento independentista los habitantes de este pueblo se involucraron en
la noble causa; recuérdese que un guatireño, el sacerdote Francisco José Ribas,
firmó el Acta del 19 de abril de 1810.
Aníbal Palacios B.
Hasta principios de los años cincuenta las calles
más importantes de Guatire eran la Bolívar y la Miranda. De hecho, la parte
urbana de Guatire llegaba hasta la intersección de la calle Sucre con una calle
Bermúdez que comenzaba en la esquina del Peligro (actual Center Plaza) y
culminaba su recorrido, de apenas dos cuadras, pocos metros después de las
Cuatro Esquinas.
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| Calle Bermúez |
Los pasajeros aliviaban esos largos viajes con apetecibles dulces como polvorosas, almidoncitos de yuca, pandehornos, arepitas, besitos de coco, papeloncitos de azúcar de Braulio Istúriz, conservas de cidras y limoncitos de la familia Espinoza-Porto, a la par de los deliciosos productos de las panaderías El Socorro, Moreno, Urrutia y la de Juan María Pereira. Es decir, la calle Bermúdez, en poco menos de cien metros de longitud generaba una intensa y significativa actividad comercial.
Guatire no tiene Plaza Bolívar
Aníbal Palacios B.
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| Vieja iglesia, viaja plaza |
Antecedente patrimonial
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| Plaza antigua |
La plaza de Guatire no tuvo nombre hasta finales del siglo XIX. Ubicada exactamente en el lugar que hoy ocupa el abandonado, feo e inútil estacionamiento del Centro Cívico, actual sede del Concejo Municipal, la plaza era un pequeño lugar de encuentro, con una fuente en su centro, rodeada de árboles, flores y palmeras, bordeada por una empalizada, que luego fue sustituida por una estructura de hierro y en lugar de la fuente se colocó un faro, y se arreglaron las caminerías. En 1917, por iniciativa de Antero Muñoz, comerciante guatireño de la época con gran ascendencia en la población, se logró que el Distrito Zamora del estado Aragua donara a Guatire un busto de Ezequiel Zamora, que fue enviado desde Villa de Cura hasta Caracas, y de allí, en una carreta, lo trasladaron a nuestra población; a partir de ese momento la plaza, que ya venía conociéndose como Zamora, tenía una figura representativa de su nombre.
Antecedente histórico
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| Jefatura Civil, al fondo |
El 5 de mayo de 1929, a las 4 y media de la tarde, hubo un alzamiento en Guatire contra el régimen de Juan Vicente Gómez. La conspiración local se enmarcaba dentro de una descoordinada rebelión nacional que en Miranda comandaba el general Norberto Borges. La insurrección fue abortada, pero los guatireños no se enteraron y actuaron según lo planeado. Los rebeldes no lograron tomar la Oficina del Telégrafo y la conjura fracasó, no obstante en el enfrentamiento murió el Jefe Civil Luis Rafael Ostos y un funcionario policial. Juan Francisco Pacheco era el jefe de los insurgentes que, entre otros, conformaban Néstor Silva, Eugenio Muñoz, Gregorio Suárez y Félix Mijares. Desde Araira se incorporaron Natividad Rojas y sus hijos Miguel y Simón González, Luis Mario Monroy y los hermanos Fernández, según una crónica de Ángel María Daló, quien agrega que Ramón Dorta no estaba implicado pero juzgó que de todas maneras lo acusarían y decidió sumarse al movimiento. Por su parte Andrés Pacheco Anderson (Pachequito), quien no tenía nada que ver con el asunto, se convirtió en el primer preso debido a que su ímpetu juvenil, tenía 18 años, le llevo a tomar el viejo Ford Tablitas del Jefe Civil e informar a todo el vecindario sobre los acontecimientos, para luego ir a Guarenas con el mismo propósito, pero fue detenido y torturado. Al resto de los alzados se les persiguió y luego de su detención fueron enviados a la cárcel de la Rotunda, lugar donde ya les esperaba Pachequito. A partir de ese momento Guatire cayó en desgracia para el gobierno del general Gómez, tanto así que se pretendió hasta silenciar su nombre, y según un calificado relato de Elías Centeno, prominente vecino de la época, cuando la prensa capitalina tenía la necesidad de referirse a Guatire, solía utilizar expresiones como “… de una población mirandina…”.
Para el año 1930, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador,
el general Juan Vicente Gómez, entre otras disposiciones, ordenó que cada
pueblo de Venezuela tuviese una plaza con un busto o una estatua del padre de
la Patria, financiada por el gobierno nacional. Cuando las autoridades
guatireñas fueron a Los Teques, capital del estado, y solicitaron en la
Gobernación de Miranda el busto de Bolívar que correspondía a nuestra población
se les negó la petición, por insubordinados. Ante esta situación, los
honorables ciudadanos guatireños constituyeron una Junta que conformaron el
doctor Ramón Alfonzo Blanco (Presidente), el padre Jacinto Soto (Vicepresidente), el
doctor Manuel Hernández Suárez (Secretario), Elías Centeno (Tesorero), Antero
Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz, entre otros, quienes no se quedaron
con los brazos cruzados y decidieron que la negativa de ayuda oficial no era
motivo suficiente para que Guatire no rindiera un homenaje a Bolívar, por lo
que decidieron solicitar a la población una colaboración para adquirir un busto
del padre de la patria. La respuesta fue tan contundente que los fondos
aportados (Bs. 27.139.80, según el autorizado testimonio de Ángel María Daló,
primer Cronista Oficial de la ciudad ) permitirían adquirir no ya un busto sino
una estatua a un costo de Bs. 30.281,67. La diferencia, Bs. 3.141,87, la aportó
la municipalidad. Eran tiempos de transparencia administrativa y no existía malversación;
en otras palabras… bueno, ustedes entienden.
Lo cierto es que acordaron remodelar la plaza y erigir una estatua en
lugar de un busto. La efigie escogida fue la de Bolívar estadista
y guerrero, como se le conoce. Se trata de una réplica de la escultura de
Pietro Tenerani (1789-1869) erigida originalmente para la Plaza Bolívar de
Bogotá en 1846, que fue la primera estatua pública del Libertador en el mundo. En
Ciudad Bolívar también existe una réplica de la misma obra, del año 1869, según
relata César Urbano Taylor en una publicación titulada Pietro Tenerani: el escultor del Libertador. De manera,
que no es cierto que la
estatua de nuestra plaza haya sido solicitada directamente al famoso escultor italiano
(ya había fallecido), ni importada desde Francia o Italia. No había recursos
suficientes para adquirirla, ni el tiempo para tramitarla, vaciarla y
trasladarla, ya que fue enaltecida el 17 de diciembre de 1930.
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| Plaza, vista desde el Grupo Escolar |
Por lo demás, las autoridades mirandinas consideraron un desacato que
los guatireños insistieran en tener su plaza y presionaron para que no llevara
el nombre del Padre de la Patria, por lo que se optó por denominarle Plaza 24 de Julio. Fue un acto de
resistencia pacífica activa contra el gomecismo, y toda la comunidad participó
en el mismo. Elías Centeno describió el momento de la siguiente manera: “…Con este
gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así
de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos
nacionales, sino con el dinero del pueblo…”. El 17 de diciembre de 1930, con un
solemne acto público, Guatire conmemoró los cien años de la muerte del
Libertador, y bautizó la plaza como 24 de
julio.
El busto de Zamora fue trasladado a la Plaza 5 de Julio, una pequeña franja de terreno colindante también con la calle Girardot, ubicada en lo que es hoy la entrada del Centro Cívico. A partir
de ese momento esa Plaza pasó a llamarse Plaza Zamora.
La defensa patrimonial
Años después, en 1995, el Alcalde Arístides Martínez y el Concejo Municipal
abatían la ilustre figura de su pedestal para sustituirla por una estatua
ecuestre; demostrando así un absoluto desconocimiento de los valores
patrimoniales del municipio que gobernaban, en una acción que subestimó el
ímpetu de una joven generación de guatireños, que logró movilizar a la
comunidad para impedir que la soberbia de unos funcionarios se impusiera por
sobre el sentimiento popular y relegara al olvido una gesta histórica que
representa precisamente una demostración de resistencia a las arbitrariedades
de los gobernantes. Fue el poeta Rafael Borges quien siguiendo los consejos de otro
viejo bardo guatireño, Elías Calixto Pompa (“… entreabre con amor tus labios viejos, y alumbra al joven que te sigue
el paso, con la bendita luz de tus consejos”), dolido, preocupado e
indignado, exclamó en la plaza ante un grupo de jóvenes: “!Cómo es
posible esa barbaridad; eso es un crimen contra los valores culturales de
un pueblo, a ustedes los muchachos les corresponde salvaguardar y honrar la
memoria histórica de esta comunidad, cómo vamos a dejar que nos quiten nuestra
estatua¡” Seguidamente detalló las intenciones de las autoridades
locales y explicó las razones por las cuáles la estatua
de Bolívar no era tan sólo un monumento más erigido al padre de la patria, sino
que tenía una connotación diferente para aquella generación de guatireños que
en el año 1930 se atrevió a enfrentar la tiranía para rendir homenaje al
Libertador. La arenga caló entre los jóvenes y el movimiento rescatista sumó
adeptos en toda la población. La gesta reivindicadora creció y se
constituyó el Comité Pro Defensa de la Plaza 24 de Julio, al frente del cual estaba,
entre otros César Gil, Cronista Oficial de la Ciudad, José Manuel Milano, César
Martínez, Oswaldo Gómez y Marcos Milano. Hubo movilización hacia los planteles
educativos, las organizaciones culturales, deportivas, políticas, vecinales y
ambientalistas de Guatire, lo que fortaleció al Comité.
Y se prendió la mecha.
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| Agravio |
El Alcalde pretendía colocar en la plaza una estatua de Bolívar civil encargada al prestigioso escultor Julio César Briceño, pero la comunidad guatireña no aceptó la imposición. No se trataba de rechazar una obra de indiscutible valor artístico e histórico como la figura creada por Briceño; se trataba de defender el legado histórico de la población, y así se le hizo saber al Alcalde y a los Concejales. Pero prevaleció la prepotencia de los gobernantes y la estatua fue bajada de su pedestal a pesar del sólido razonamiento que constituía el hecho de ser un genuino y enaltecedor patrimonio público, de esos que dignifican la lucha de los pueblos. La actitud del Alcalde enardeció a los guatireños y a la iniciativa del Comité de Defensa de nuestra plaza se le fue sumando gente, que poco a poco iba aportando su granito de arena a la causa, y es así como Pedro (Pepote) Muñoz entrega un documento de significativa importancia en la discusión planteada: el programa elaborado para los actos del 17 de diciembre de 1930, denominado: OFRENDA QUE EL PUEBLO DE GUATIRE DEDICARÁ A LA MEMORIA DEL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE, y en reunión realizada en el salón de sesiones del Concejo Municipal, se acuerda que la estatua debe permanecer en su lugar. Pero la soberbia obnubila el entendimiento, y el Alcalde decidió días más tarde desconocer dicho acuerdo bajo el argumento de que ese “grupito” de personas no representaba el sentir popular.
La Alcaldía decide invitar al doctor Marcos París del Gallego, Director
del Ceremonial y Acervo Histórico de la Nación, en su búsqueda de apoyo, pero
los delegados voluntarios de la comunidad guatireña iban multiplicándose día a
día y esta vez le tocó a Marcos Lander, viejo amigo del académico, sumar su
aporte: alertó al ilustre visitante sobre la polémica existente, y París del
Gallego, a la par de exaltar las bondades de la estatua ecuestre, lo cual nunca
estuvo en discusión, recomendó escuchar la voz del pueblo, y ese pueblo gritaba
¡Devuélvannos la estatua! Ante la sordera oficial aunada a una
campaña mediática que tenía por objeto descalificar la voluntad popular, la
movilización continuó, y el Comité decide convocar una Asamblea Popular para el
día 1º de noviembre de 1995 en la Casa Sindical; la masiva asistencia exigió a
los organizadores acciones contundentes para la defensa del patrimonio
histórico y cultural de Guatire; los miembros del citado Comité Pro Defensa de
la Plaza 24 de Julio lograron contener con mucho esfuerzo a la exacerbada e
indignada concurrencia. Privó la sindéresis y la Asamblea se canalizó dentro del
riguroso contexto histórico que le era propio. Ese día se acuerda por
unanimidad dar un ultimátum al alcalde en manifiesto escrito donde se insta a
colocar la estatua en su lugar de origen en un plazo no mayor de 15 días.
Volvió la estatua
Al final, las autoridades ceden ante el peso de las circunstancias, y la estatua pedestre regresa al lugar al cual pertenecía por decisión popular, el poeta Rafael Borges que se encontraba presente en ese momento aplaudía con el entusiasmo de quien ve en ese acto un desagravio a aquellos guatireños de 1930.
La estatua de Bolívar Ecuestre, del escultor Julio César Briceño,
inspirada en un cuadro del pintor Norberto Liendo, se convirtió entonces en una especie de jarrón chino, y comenzaron a buscarle desesperadamente un lugar, cualquier lugar, donde ubicarla. Su escultor negó categóricamente haber exigido a la Alcaldía que retire la estatua de su taller en Las Barrancas, y manifestó que pese a tener un convenio para su custodia, conservación, mantenimiento y protección, jamás le pagaron. El proyecto original era construir una plaza con el nombre del Libertador al lado del Centro Comercial Guatire Plaza, a través de un acuerdo de los constructores con la Alcaldesa Carmen Cuevas, cuya exigencia no fue concretada por ese gobierno. Años después, en 2016, los gobernantes de turno consideraron que ese espacio era más adecuado para ubicar buhoneros y construyeron allí una especie de centro comercial para ellos, mientras confinaban la estatua en la orilla del rio Guatire en la Urbanización Castillejo, en un parque denominado Paseo Ezequiel Zamora; un final que, podemos decir, no fue tan feliz.palacitto@gmail.com
Publicado en TereTere N° 42 - Junio 2004
Actualizado en guatireysugente - Noviembre 2020
Rafael Borges, perfil biográfico
Aníbal Palacios B.
Nació un 25 de octubre de 1916 en Macaira, un sector de Guatire en el cual también había nacido Vicente Emilio Sojo 29 años antes; de hechos sus casas eran contiguas.
Bautizado como Rafael Servando Borges Pellicer, sus primeras letras las aprende de la mano de la maestra Belén Blanco, por cuya sala pasaron dos generaciones de guatireños de principios del siglo XX. Una vez con el conocimiento de la lectura y la escritura, Borges estuvo bajo la tutela de Régulo Rico, el mismo que dirigió los pasos musicales de Vicente Emilio Sojo, pero la escala musical no compaginaba con Rafael Borges, se le daba mejor la métrica lírica.
Para
los jóvenes de escasos recursos económicos el Guatire de entonces ofrecía pocas oportunidades de trabajo: jornalero en las haciendas de caña o en las obras de
construcción, que para la época eran escasas. Pero su constitución física no le
ayudaba mucho para esos menesteres pues era alto y delgado o enjuto, para
utilizar un término ya en desuso, así que se dedicó a los espectáculos
artísticos de fin de semana ya que era contorsionista, cantante y declamador;
de hecho, tenía demanda como serenatero porque su repertorio romántico
gardeliano contaba con un valor agregado: su poesía. Ya comenzaba a escribir
sus primeros poemas solo que las oportunidades de publicar eran escasas, pese a
que hacia el año 1939 circulaban en Guatire dos semanarios, El Indio (de corte político opositor) y La Voz de Guatire (también de corte
político aunque gubernamental), pero Rafael Borges tenía una significativa
limitación: era joven, y en un mundo de adultos, los jóvenes tenían pocos
espacios. Autodidacta como cualquier ciudadano de su tiempo, ejerció de maestro
y de funcionario público lo que le facilitó la estabilidad económica necesaria
para casarse y dedicarse en sus ratos de ocio a la poesía. Su amistad con
Vicente Emilio Sojo le abrió puertas en los círculos literarios de Caracas, lo
que amplió sus conocimientos y sus horizontes: Aquiles Nazoa, Juan Liscano,
Miguel Otero Silva, Evencio Castellanos, Héctor Guillermo Villalobos, Mario
Briceño Iragorry, Nicolás Guillén...
En 1957
publicó Los Portales de la Aurora, poemario con el que cautiva a los críticos
literarios. Manuel Salvador Páez, por ejemplo, dice que Borges “… maneja a
perfección el soneto y, para ser sonetista se necesita, además de ser poeta,
dominar el endecasílabo…”, y lo compara con Petrarca. Resalta su manejo de las
octavas reales, lo que le hace recordar a Garcilaso de la Vega.
Salvador
Páez ejemplifica su análisis con la siguiente estrofa de su poema inspirado en
el terremoto de 1900:
Caravanas de alarmas
agoreras
Rasgaron prestas la
quietud del cielo;
el tiempo se detuvo
en sus fronteras
y el sol no pudo
levantar el vuelo.
La tierra alzó sus
voces lastimeras
como buscando a Dios
en su revuelo;
porque es en Él, -en
la justicia alcana-,
Donde hay perdón a
nuestra falta humana.
| Con Inocente Carreño |
Para Miguel Otero Silva…”Rafael Borges es un poeta de pueblo, nacido del pueblo y vuelto hacia él para cantarlo… Borges desentraña súbitamente metáforas de sorprendente valor clásico y maneja en ocasiones la técnica del soneto con mayor soltura que muchos poetas cultos que publican en las páginas literarias de los diarios”…
Poeta
lírico por excelencia, publicó en 1961 su Poética
Narrativa. Borges le cantó a su pueblo, a sus personajes, costumbres y
leyendas, que destacar algunas sobre otras se dificulta mucho, por tanto, y
solo a título enunciativo, señalamos: La
leyenda del Pozo de la Churca, Adiós al loco Tomás, Terremoto en Guatire en
1900, Décimas a la hermosura y al dolor del campo.
Autor
del Himno del Municipio Zamora, del Grupo Escolar
Elías Calixto Pompa y del Liceo Dr. Ramón Alfonzo Blanco, su poesía ha
sido compuesta musicalmente por músicos como Evencio Castellanos, Pedro Muñoz y
Antonio Machado.
Cuando
en el año 1995 las autoridades locales pretendieron eliminar la estatua
pedestre de Bolívar de la Plaza 24 de julio para sustituirla con una estatua
ecuestre, fue el poeta Borges quien alertó sobre el despropósito de la Alcaldía
y el Concejo Municipal; y explicó a las nuevas
generaciones las razones por las cuáles la estatua en cuestión no era tan sólo
un monumento más erigido al padre de la patria, sino que tenía una connotación histórica,
diferente para aquellos guatireños que en el año 1930 enfrentaron la tiranía
para rendir homenaje al Libertador. La arenga caló entre los jóvenes y el
desaguisado se impidió.
Rafael
Borges es el poeta más representativo del género en el Guatire de siglo XX;
murió el 16 de febrero de 2009.
Bibliografía:
ACUÑA:
Guido. Rafael Borges. Obra Poética. Contraloría General del Estado
Miranda. Los Teques, Octubre 1994
BORGES,
Rafael: Los Portales de la Aurora. Tipografía Matheus. Caracas, 1959
MILANO
M., José Manuel: Rafael Borges. Biografía. Alcaldía del Municipio Zamora.
Guatire, 2000.
Conocía un lejano y difuso cuento de abuelos que narraba un hecho ocurrido en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, pero por inverosímil no le dedique mayor atención. Parecía una de tantas narraciones propias de Julio Lezama, un personaje nacido en Las dos Quebradas (El Bautismo) a principios del siglo XX a quien llamaban “el hombre más embustero del mundo” por su facilidad para inventar amenas y estrambóticas fábulas que nadie creía pero que a todos divertía. Así que cuando Margarita Centeno, en su casa de Maripérez, me invitó a narrar esta leyenda le expliqué lo poco que me gustaba escribir sobre temas que no podían sostenerse documentalmente, y ese hecho en particular tenía mucho mito y escasa veracidad.
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho real. Eso es precisamente lo que rodea a lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Santa, al momento de bautizar la nueva figura del Nazareno (ceremonia acostumbrada cuando llegaba una nueva imagen al templo), entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos. Esa relación de pareja hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era aceptada por la sociedad. Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿fortuitamente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara innecesariamente sólo por satisfacer veleidades personales. .
Cuenta la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante su asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, abrió la boca con expresión de incredulidad, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación.![]() |
| Calle Concepción, casa de Baldomero Espinoza |
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| Iglesia vieja, plaza vieja |
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la alcaldesa Solamey Blanco decidió reparar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy cortas y demasiado inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado y calificado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba en su capilla, a tres cuadras de allí.