jueves, 6 de abril de 2017



La leyenda del Nazareno de Guatire
Aníbal Palacios B.

Un inusitado interés despertó en la población guatireña los actos conmemorativos de la Semana Santa de 2005 motivado a que después de 144 años volvió a verse la cabeza del Nazareno que alarmó a la bucólica aldea guatireña en el año 1873 y que, a falta de crónicas escritas, generó una leyenda en la cual se tejió una misma versión del suceso pero con diferentes protagonistas.

Conocíamos un lejano y difuso cuento de abuelos que narraba un hecho ocurrido en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua, pero por inverosímil no le dábamos mayor crédito. Parecía una de tantas narraciones propias de Julio Lezama un personaje nacido en Las dos Quebradas (Araira) a principios del siglo XX a quien llamaban “el hombre más embustero del mundo” por su facilidad para inventar amenas y estrambóticas fábulas que nadie creía pero que a todos gustaba. Así que cuando Margarita Centeno me invitó a narrar esta leyenda le expliqué lo poco que me gustaba escribir sobre temas que no podían sostenerse documentalmente, y esos hechos tenían mucho mito y escasa veracidad.
-¿Cómo que escasa veracidad?, ¡la historia es real!- respondió enfática. Por mucho tiempo yo tuve la cabeza del Nazareno en la esquina de esta sala. Le diré a Esther María que hable contigo y te explique lo ocurrido.

Se refería a Esther María Jaspe Espinoza, nieta de Baldomero Espinoza. Margarita ignoraba que Esther había fallecido pocos días antes de nuestra conversación y había solicitado la cremación y que sus cenizas reposaran en la capilla del Nazareno de Guatire. Tres días más tarde Gustavo y Luis Tortabú, hijos de Esther, se presentaron en la sede del CEA donde casualmente ese día había una reunión de la Academia de la Historia de Guatire; conversamos sobre la petición de su madre y les expliqué si se exhibía la cabeza del Nazareno durante la Semana Santa podía convenir con los directivos de la Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro que satisficieran  los deseos Esther María Jaspe Espinoza, y así ocurrió
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Leyenda y realidad
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho real; y eso es precisamente lo que rodea lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Santa, al momento de bautizar la nueva figura del Nazareno (ceremonia acostumbrada cuando llegaba una nueva imagen al templo), entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos. Esa relación de parejas hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era aceptada por la sociedad. Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿casualmente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara innecesariamente sólo por  satisfacer veleidades personales. .
 
Los sucesos
Dice la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante el asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación

La crónica
La Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro se fundó el 11 de abril de 1868; su primer Presidente fue Julián García y entre sus miembros estaba el padre José María Istúriz, Tesorero de la misma y párroco de esta feligresía para el momento en el cual ocurrió esta historia. En el Libro de Acta de esta Sociedad  consta que el 3 de mayo de 1873, Baldomero Espinoza fue autorizado para trasladar a Caracas la imagen del Nazareno para sustituir la cabeza por otra semejante a la del Nazareno de San Pablo. En dicha Acta no se especifica cómo ni por qué se deformó la imagen. Otro elemento que se sumó a la polémica que generó este acontecimiento gira en torno a la propiedad de la imagen y a la relación de Baldomero Espinoza con la Sociedad. Se dice que Espinoza no era miembro de ella, y por su gesto de sufragar la nueva imagen fue nombrado Miembro Honorario. Esta designación consta en el Acta del 03/05/1873; es decir un mes luego de ocurridos los hechos que narramos. Pensamos que bien pudo ser miembro de la Sociedad y recibir tal honor; de hecho, poco tiempo después fue nombrado Vicepresidente y meses más tarde, por razones no explicadas en los libros, renunció al cargo y a su condición de Miembro Activo, más no a su categoría de Honorario.
En relación a la propiedad del Nazareno, la familia Espinoza-Jaspe, siempre ha señalado que perteneció a ellos. Era costumbre en la época que las imágenes eran propiedad de las familias, y algunas de ellas las donaban a la Iglesia o a las Sociedades. En la misma Acta que citamos del 03/05/1873 está explícitamente escrito que la imagen del Nazareno pertenecía a la Sociedad. No obstante, nos preguntamos ¿por qué Baldomero Espinoza conservó la cabeza original, una vez sustituida, y no la Sociedad? Tal vez los prejuicios propios de la época permitieron que la Sociedad no se interesase en ella.
¿Fue  originalmente suya la imagen? Es necesario acotar que el Nazareno estuvo por muchos años bajo la custodia de la Familia Espinoza, que por lo demás vivía justo frente a la iglesia. En el año 1928 se construyó la capilla del Nazareno, ubicada en la calle Miranda, en la esquina que conduce al sector conocido como Candilito, y la remozada imagen fue llevada de la sala del hogar de los Espinoza-Jaspe hasta la nueva sede. De la Sociedad del Divino Maestro se conoce su Reglamento, que data de 1891, que nos sirvió de base para nuestra investigación, pero se desconocen sus estatutos y su primer libro de Actas.

¿Casualidades o causalidades?
¿Es acaso casualidad que la Junta Directiva de la Sociedad del Divino Maestro de ese año 2005, a cuyo frente están Ángel Pereira, Rosana de Persis y Marianela Velásquez, haya exhibido la imagen del Nazareno en esta Semana Santa? Nuestra inquietud nace de la connotación que tiene la Conmemoración Pascual en este año 2005. Como es del conocimiento general, la Iglesia Católica celebra la resurrección del Señor el primer Domingo después de la primera luna llena que ocurre luego del equinoccio de primavera (marzo 21), y este año ocurre una confluencia poco común, que acontece tres o cuatro veces en un siglo: el Día de la Anunciación (25 de marzo) coincide con el Viernes Santo, el anuncio de la llegada de Jesús con el día de su pasión y muerte. La última vez que esto ocurrió fue en 1932; en el presente siglo se repetiría el acontecimiento en pasado año 2016 y luego volverá a suceder en  2089 y 2095.

¿Qué observó el público?
Explicamos la leyenda en referencia por la prensa local y anunciamos la exhibición de la cabeza del Nazareno en su capilla; esto generó  en la población  una gran expectativa por ver esa imagen. Para la gran mayoría era la primera vez que oían sobre la leyenda; algunos estaban al tanto de ella a través de sus padres y abuelos, pero jamás habían visto la cabeza puesto que de desconocía su existencia y por ende no se exhibía en público. Sólo algunas personas privilegiadas allegadas a las hermanas Edelmira y Esther Jaspe, nietas de Baldomero Espinoza, habían tenido oportunidad de observarla, entre ellas Margarita Centeno, quien nos orientó hacia sus custodios.  La familia Jaspe manifestó que la imagen se "ennobleció" al volver al pueblo y sólo una expresión de asombro acentuada por unos ojos engrandecidos, queda como reminiscencia de lo ocurrido 132 años atrás. La boca abierta deja entrever la posibilidad de que ciertamente haya sacado la lengua y luego ésta se haya retraído; no faltó quien dijera que también se la habían cortado. Hubo quienes manifestaron que todo esto había sido un "invento" de la Sociedad para atraer gente a su sede. Lo cierto es que la expresión del rostro se suavizó; tal vez el Nazareno perdonó el agravio y a las actuales generaciones sólo nos haya impuesto como penitencia el soportar malos gobernantes desde el centenario de los hechos narrados a esta parte, por lo que elevaremos nuestras plegarias por el perdón definitivo, y nos libere de este tormento..

Colofón
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la alcaldesa Solamey Blanco decidió reparar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy cortas y demasiado inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado y calificado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba a tres cuadras de allí.
Cosas veredes, amigos míos.