domingo, 19 de junio de 2016


GUATIRE Y LA BATALLA DE CARABOBO:
una historia incompleta

Aníbal Palacios B.

Imagen: Dolis Quintana
 

El acontecimiento venezolano más relatado por historiadores, cronistas, ensayistas, e improvisados y patrioteros cuenteros de oficio y de afición, es a su vez, dada su trascendencia, el menos transparente de cuantos ocurrieron durante la guerra de independencia, en términos historiográficos.

 

De entrada, el título Batalla de Carabobo genera confusión, y en historia las indefiniciones siempre ocasionan polémicas, y las dudas, a su vez, restan credibilidad a la historia. Si a un absorto estudiante le preguntan cuándo ocurrió la Batalla de Carabobo y responde que el 28 de mayo de 1814, seguramente todos, docente incluido, se burlarían de él. Y resulta que efectivamente en esa fecha hubo una Batalla de Carabobo, muy importante, por lo demás. Entonces, ¿a cuál batalla nos referimos? Por antonomasia, se conoce como Batalla de Carabobo a un evento acaecido el 24 de junio de 1821, en Valencia, pero ocurre que la retórica lingüista es contraproducente en la narración de sucesos reales porque, entre otras razones, atenta contra un concepto básico en la investigación y posterior relato, denominado “rigor histórico”.


Historia para eruditos

Lo primero que se observa al leer las crónicas sobre la Batalla de Carabobo de 1821 es su narración en términos militares. Desde la escuela primaria nos enseñan que intervinieron compañías, tropas, batallones, divisiones, regimientos, escuadrones, pelotones, etc., indistintamente. Nadie se toma la molestia de explicarnos qué es y cómo está compuesto un batallón, un escuadrón o un pelotón, todo en grado superlativo, como corresponde al mundo militar. De las divisiones ni hablar, que ya bastante molestia nos generaba tratar de entender a la maestra cuando se esforzaba en explicarla, luego del sufrimiento (estrés le llaman ahora) que nos causó comprender la multiplicación. Tal vez de esa circunstancia se valen los militares para hacerse los locos y no dar detalles sobre su estructura organizacional.

Todo esto trae como consecuencia que casi doscientos años después se desconozca con propiedad cuántos soldados intervinieron en la contienda. Cada bando, patriotas y realistas, ofreció cifras dentro de un contexto estratégico válido para impresionar al enemigo pero carente de utilidad para fines de objetividad histórica. Desde 10 mil para unos y 6 mil para otros, siempre con ventaja numérica para los patriotas, hasta cifras más parejas y menos cuantiosas. Cada quien expone sus números, siempre inmensos y sin más explicaciones ni consideraciones de interés como por ejemplo lo concerniente a la dotación, alimentación y transporte de las tropas. Pareciera que cada soldado dispuso una cajita feliz con su taparita de agua correspondiente; para no hablar de otros temas relacionados con la especie humana y sus necesidades.

Y para corroborar aquello de que muchas, manos en el guiso ponen el caldo morado, hasta el mismísimo Carlos Marx, aquel que una vez (por cierto, por unos dólares norteamericanos) calificó a Bolívar de “canalla, cobarde, brutal y miserable”, y lo comparó con un “analfabeto,  sanguinario y corrupto” autonombrado emperador haitiano de mediados del siglo XIX, para consternación de los marxistas bolivarianos criollos, pues bien el revolucionario de marras no quiso quedarse al margen de lo acaecido por estos lares y ofreció sus cifras: 4 mil realistas contra 9 mil patriotas. Conclusión: Es falso el número de combatientes que, según nos enseñan, intervino en la batalla de Carabobo de 1821.

Carabobo 1821, ¿el comienzo del fin?

Debemos precisar que lo que hoy denominamos Venezuela, en términos jurídicos, políticos, territoriales, económicos y sociales existe desde 1930 y, ¿casualidad?, comienza precisamente en Valencia, muy cerca del Campo de Carabobo, a partir el denominado Congreso Constituyente de Valencia. En la Batalla de Carabobo de 1821 el ejército patriota logró una importante y significativa victoria que inclinó favorablemente la balanza para que dos años más tarde, con la Batalla Naval  del Lago de Maracaibo, se lograse el triunfo definitivo sobre las tropas realistas. Podemos convenir que con el triunfo logrado el 24 de junio de 1821 en Carabobo, el Departamento de Venezuela, que eso éramos en aquel entonces, aseguraba su independencia del reino español, pero la guerra no terminó allí, como se nos hace entender. Hubo que esperar dos años para lograr el objetivo de manera categórica e incuestionable, porque los reductos realistas en  Cumaná, Puerto Cabello, Coro y Maracaibo generan esperanzas en el ejército realista y si no inquietud, por  lo menos preocupación entre los patriotas. Los combates, enfrentamientos y escaramuzas continuaron hasta el 24 de julio de 1823 cuando en la citada Batalla Naval, las tropas que luchaban a favor de los españoles rindieron su definitivo y último esfuerzo.

¿Por qué se nos enseña que la independencia se logra con la Batalla de Carabobo de 1821 y no con la de Maracaibo de 1823? La batalla de 1821 fue el inicio de la liberación del Departamento de Venezuela o de la Capitanía General de Venezuela, que ambos nombres tenía según quien la aludiera.  Si a ver vamos, el Mariscal Francisco Tomás Morales, con la potestad que le confería su cargo de Capitán General de Venezuela, firmó el 3 de agosto de 1823 la capitulación que oficialmente puso fin a las hostilidades y de paso lo convirtió en la última autoridad del gobierno español en Venezuela, con las repercusiones políticas que el hecho implicó, dentro y fuera de nuestro territorio.

Antecedentes de la Batalla de Carabobo de 1821

Para no ir muy lejos, ubiquemos los antecedentes inmediatos de la referida batalla a partir del Tratado de Armisticio y el de Regularización de Guerra, dos acuerdos firmados entre la Gran Colombia (que no Venezuela) y el Reino de España representados por Bolívar y Morillo, respectivamente, en noviembre de 1920. Entre otras significativas consideraciones se estableció un cese de hostilidades y una tregua de seis meses que fue política y militarmente mejor aprovechada por los criollos, porque el enemigo esperaba directrices de la lejana y convulsa España que sufría su propia crisis institucional, que sin lugar a dudas incidió en las luchas libertarias de estos lares. El acuerdo concluyó antes de lo previsto. Maracaibo, que nunca se sintió parte del movimiento independentista, decidió unirse a la Gran Colombia en enero de 1821. Eso quiere decir que la guerra la reiniciaron los maracuchos con esa acción política y la culminaron ellos mismos con la acción militar sobre el lago, dos años más tarde.

 

Guatire en la Batalla de Carabobo: El Rodeo en el marco de la estrategia militar

Rota la tregua ambos contendientes sabían que Carabobo era el lugar que orientaría el rumbo por el que transitaría Venezuela. Por una parte, estaba muy cerca del poder político, Caracas y por otra, su condición de  encrucijada para acceder a cualquier lugar del país, lo convertían en lugar de importancia estratégica inequívoca y determinante. Así, sólo había que defenderla, los realistas, y atacarla, los patriotas. Pero estos optaron por una estrategia de distracción que haría creer a los comandantes españoles que el objetivo era Caracas, y para ellos dispusieron de uno de sus oficiales más destacados, y por ende con el suficiente prestigio para dar veracidad a las acciones militares que comandaba. José Francisco Bermúdez, inició un avance desde Oriente y enfrentó en Guatire, en El Rodeo para ser más precisos, el 12 de mayo de 1821, al ejército realista, al cual derrotó y persiguió por lo valles del Tuy y acosó hasta Caracas. El objetivo de Bermúdez no era tomar la ciudad, aunque no lo descartase, sino atraer fuerzas enemigas hacia él, y fue tan eficiente, que el Mariscal Miguel de la Torre, Comandante general de las tropas enemigas.se vio en  la necesidad de enviar tropas para retomar Caracas, y debilitó así las fuerzas con las cuales defendería a Valencia. La historiografía tradicional otorga poca relevancia a la Batalla de El Rodeo, pero sus protagonistas; es decir, el ejército patriota si valoró en su justa medida ese acontecimiento.

 
Guatire en el Correo del Orinoco

La primera edición extraordinaria del Correo del Orinoco (hubo dos más) publicada el 31 de mayo de 1821 fue dedicada a informar a Venezuela y al mundo sobre el éxito de lo que se conoció luego como la Batalla de El Rodeo, lo cual indica la importancia de la misma y que no fue un hecho casual, por lo que era necesario informar al ejército patriota que los planes se cumplían tal como se habían previsto, y que el general José Francisco Bermúdez había logrado atraer satisfactoriamente al ejercito adversario con sede en Caracas, para hacerle creer que la ofensiva final que se avecinaba tenía como objetivo esa ciudad .

La citada edición publica un oficio del general Bermúdez fechado en Caracas el 14/05/1821 en el cual notifica la “…evacuación de esta plaza por el enemigo después de haber sufrido ayer en el pueblo de Guatire un fuerte revés…”. La edición se complementa con otros informes relacionados con la batalla. Dos ediciones más tarde, N° 107 del 16 de junio de 1821, se publican notas sobre la trascendencia de la lucha escenificada en El Rodeo el 12 de mayo de 1821.

 
¿Retaliaciones históricas?

Si bien es cierto que la Batalla de Carabobo de 1821 fue determinante en la posterior liberación de Venezuela del dominio español, también lo es que la misma no terminó con la guerra. Hubo que esperar dos años más para lograr el ansiado objetivo, el cual se obtuvo no sólo con métodos militares en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, sino también en términos políticos con la capitulación por parte de Francisco Tomás Morales, hasta ese momento Capitán General de Venezuela.

 
¿Por qué se subvalora lo acaecido en Maracaibo? ¿Es acaso retaliación por la  actitud marabina de no identificarse con la causa independentista sino hasta el último momento? La  pregunta quizá tenga rasgos de capciosa, pero no deja de llamarnos la atención el hecho de que cerca ya de cumplirse doscientos años  de la referida batalla, 24 de julio de 1823, y de la firma de la importantísima capitulación, 3 de agosto de 1823, aún se desconozca este último documento; es decir ha existido un notorio desinterés en encontrarlo y difundirlo, bien en los archivos españoles o en los colombianos, aunque los maracuchos han emprendido una especie de  cruzada para recuperar dicho documento, tal  vez en el marco de una campaña de desagravio histórico, que por lo demás, compartimos.

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