sábado, 30 de abril de 2011

El Nazareno de Guatire y su leyenda

LA LEYENDA DEL NAZARENO DE GUATIRE

Aníbal Palacios B.
 
Un inusitado interés despertó en la población guatireña los actos conmemorativos de la Semana Santa de 2005 motivado a que después de 132 años, volvió a verse la cabeza del Nazareno que impactara a la bucólica aldea en el año 1873 y que, a falta de crónicas escritas, generó una leyenda en la cual se tejió una misma versión del suceso pero con diferentes protagonistas. En efecto, a través de la Academia de la Historia del Municipio Zamora anunciamos a la colectividad que durante los días miércoles, jueves y viernes santos, la Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro exhibiría la cabeza original que tuvo la imagen del Nazareno, gracias al acuerdo que gestamos  entre los descendientes de la familia Espinoza-Jaspe, custodios de la misma, y  la Sociedad del Nazareno. .

Leyenda y realidad
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la leyenda, en una de sus acepciones, como la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos, mientras otros diccionarios definen el término como la narración de sucesos fabulosos o imaginarios, generalmente basados en un hecho real; y eso es precisamente lo que rodea lo acaecido en Guatire en el año 1873. Se dice que durante la Semana Mayor, al momento de bautizar la imagen del Nazareno, entre sus padrinos estaba una pareja que vivía en concubinato, lo cual era desconocido por los vecinos.Esa relación de parejas hoy es muy común, pero en el siglo XIX no era muy aceptada por la sociedad.

Otra versión señala que fue el Jefe Civil, tampoco casado con su pareja, quien se empecinó en tener el honor de apadrinar la imagen, pese a que era público y notorio a el estatus de su relación, y nadie se atrevió a cuestionar su pretensión por tratarse de la Máxima Autoridad del pueblo; por entonces los Jefes Civiles mandaban de verdad. Para sazonar un poco esta última versión, logramos determinar que la Semana Santa de 1873 transcurrió entre el 6 de abril (Domingo de Ramos) y el 13 de abril (Domingo de Resurrección) y también que, ¿casualmente?, los registros públicos señalan que el general Silvestre Graterol asumió el cargo de Jefe Civil de Guatire a partir del 26 de abril de ese año; es decir, dos semanas después del Miércoles Santo. ¿Fue acaso destituido su predecesor por provocar una alteración del orden público? Debemos tener presente que eran momentos de guerras, levantamientos y revueltas que brotaban de manera silvestre por todo el país, y no había necesidad, ni era tolerado, que ningún funcionario público las provocara.

Los sucesos
Dice la leyenda que en el momento de proceder al ritual del bautismo, El Nazareno observó que sus padrinos eran pecadores y ante el asombro levantó la cabeza, los ojos brotaron de sus párpados, sacó la lengua, su rostro se deformó y soltó la cruz, manifestando así su indignación ante el agravio. Ciertamente, el Nazareno de Guatire no sostiene con sus manos la cruz que carga. En ese momento los asistentes al acto huyeron despavoridos del recinto y contaron a quienes no estuvieron presentes lo que habían visto “con sus propios ojos". La tradición oral, a falta documentos, se encargaría de transmitir lo ocurrido de generación en generación

La crónica
La Sociedad Sostenedora del Culto del Divino Maestro se fundó el 11 de abril de 1868; su primer Presidente fue Julián García y entre sus miembros estaba el padre José María Istúriz, Tesorero de la misma y párroco de esta feligresía para el momento en el cual se supone ocurrió esta historia. En el Libro de Acta de esta Sociedad  consta que el 3 de mayo de 1873, Baldomero Espinoza fue autorizado para trasladar a Caracas la imagen del Nazareno para sustituir la cabeza por otra semejante a la del Nazareno de San Pablo. En dicha Acta no se especifica por qué se deformó la imagen. Otro elemento que se sumó a la polémica que generó este acontecimiento gira en torno a la propiedad de la imagen y a la relación de Baldomero Espinoza con la Sociedad. Se dice que Espinoza no era miembro de ella, y por su gesto de sufragar la nueva imagen fue nombrado Miembro Honorario. Esta designación consta en el Acta del 03/05/1873; es decir un mes luego de ocurridos los hechos. Pensamos que bien pudo ser miembro de la Sociedad y recibir tal honor; de hecho, poco tiempo después fue nombrado Vicepresidente y meses más tarde, por razones no explicadas en los libros, renunció al cargo y a su condición de Miembro Activo, más no a su categoría de Honorario.

En relación a la propiedad del Nazareno, la familia Espinoza-Jaspe, siempre ha señalado que perteneció a ellos. Era costumbre en la época que las imágenes eran propiedad de las familias, y con el tiempo la donaron a la Iglesia o a las Sociedades. En la misma Acta que citamos del 03/05/1873 está explícitamente escrito que la imagen del Nazareno pertenecía a la Sociedad. No obstante, nos preguntamos ¿por qué Baldomero Espinoza conservó la cabeza original, una vez sustituida, y no la Sociedad? Tal vez los prejuicios propios de la época permitieron que la Sociedad no se interesase en ella.

¿Fue  originalmente suya la imagen? Es necesario acotar que el Nazareno estuvo por muchos años bajo la custodia de la Familia Espinoza, que por lo demás, vivía frente a la iglesia. En el año 1928 se construyó la capilla del Nazareno, ubicada en la calle Miranda, en la esquina que conduce al sector conocido como Candilito, y la remozada imagen fue llevada de la sala del hogar de los Espinoza-Jaspe hasta la nueva sede. De la Sociedad del Divino Maestro se conoce su Reglamento, que data de 1891, que nos sirvió de base para nuestra investigación, pero se desconocen sus estatutos y su primer libro de Actas.

¿Casualidades o causalidades?
¿Es acaso casualidad que la actual Junta Directiva de la Sociedad del Divino Maestro a cuyo frente están Ángel Pereira, Rosana de Persis y Marianela Velásquez, haya exhibido la imagen del Nazareno en esta Semana Santa? Nuestra inquietud nace de la connotación que tiene la Conmemoración Pascual en este año 2005. Como es del conocimiento general, la Iglesia Católica celebra la resurrección del Señor el primer Domingo después de la primera luna llena que ocurre luego del equinoccio de primavera (marzo 21), y este año ocurre una confluencia poco común, que acontece tres o cuatro veces en un siglo: el Día de la Anunciación (25 de marzo) coincide con el Viernes Santo, el anuncio de la llegada de Jesús con su pasión y muerte. La última vez que esto ocurrió fue en 1932; en el presente siglo se repetirá el acontecimiento en los años 2016, 2089 y 2095.

¿Qué observó el público?
Indudablemente hubo en la población  una gran expectativa por conocer la imagen de la cabeza del Nazareno. Para la gran mayoría era la primera vez que oían sobre la leyenda; otros conocían de ella a través de sus padres y abuelos, pero jamás habían visto la cabeza puesto que ésta no se exhibía en público, y sólo algunas personas privilegiadas allegadas a Edelmira y Esther Jaspe, nietas de Baldomero Espinoza, habían tenido oportunidad de observada, entre ellas Margarita Centeno, quien nos orientó hacia sus custodios.  La familia Jaspe manifestó que la imagen se "ennobleció" al volver al pueblo y sólo una expresión de asombro acentuada por unos ojos engrandecidos, queda como reminiscencia de lo ocurrido 132 años atrás. La boca abierta deja entrever la posibilidad de que ciertamente haya sacado la lengua y luego ésta se haya retraído; no faltó quien dijera que también se la habían cortado. Hubo quienes manifestaron que todo esto había sido un "invento" de la Sociedad para atraer gente a su sede. Lo cierto es que la expresión del rostro se suavizó. Tal vez el Nazareno perdonó el agravio y a las actuales generaciones sólo nos haya impuesto como penitencia el soportar malos gobernantes desde el centenario de los hechos narrados a esta parte, por lo que elevaremos nuestras plegarias por el perdón definitivo.

Colofón
Un nuevo elemento, quién sabe si casual o no, se sumó a los que ya conforman la leyenda. En los días previos a la Semana Santa, la Alcaldía del Municipio Zamora decidió arreglar las deterioradas escalinatas de la bajada de El Calvario, pero el contrato se lo dieron a alguien inexperto en la construcción de escalinatas o, en el mejor de los casos, desconocedor de la importancia de éstas en el ritual aldeano de la Semana Santa, y las construyó muy inclinadas. Cuando bajaban el Nazareno, y pese a los cuidados y previsiones que se tomaron, los cargadores perdieron el equilibrio ante los angostos escalones y el Nazareno estuvo a punto de caerse. Se requirió el concurso de muchas devotas manos para evitar un desastre, pero el generalizado criterio de los concurrentes estableció que el Nazareno buscó caerse para recobrar su original figura, que reposaba a tres cuadras de allí.

Elías Nicolás Centeno

Un Guatireño por convicción

 Aníbal Palacios B.


Elías Nicolás Centeno nació en Cariaco, estado Sucre, el 10 de septiembre de 1881. Su familia  emigró a Caracas, y José, el hermano mayor, se estableció años después en Guatire. En las postrimerías del siglo XIX el viaje de la capital hasta esta población había que hacerlo a caballo. En los primeros días de diciembre de 1893, Elías Centeno llegó a Guarenas, y de allí una familia amiga de José Centeno tenía el encargo de enviarlo  a Guatire. Como en ese momento no había quien lo acompañase, decidieron enviarlo en una yegua que al parecer se sabía el camino solita hasta la entrada del pueblo, de tantas veces recorrerlo. Allí lo estaría esperando José... Pero hubo un pequeño detalle que pasó inadvertido para todos: a la yegua la ensillaron con la cabeza hacia el Oeste y al arrearla, hacia allá se dirigió. Cuando Elías se percató de que transitaba el camino por el que había venido, torció el rumbo, y el destino, de cara al Este. Cuando llegó a Guatire, ahora sí, fielmente conducido por el noble animal, se despejó la cara de preocupación de su hermano por el retraso, y  cielo y valle dieron una cálida bienvenida a quien se convertiría en una figura de primer orden durante las primeras seis décadas de historia social, cultural, política y económica en el siglo XX de esta población.

El maestro
Elías Centeno se graduó de bachiller en Caracas, e inició estudios de Derecho que no pudo culminar. En Guatire fue comerciante, administrador, maestro, Director de la Escuela Federal, Registrador Subalterno, Concejal, músico -estudió bajo la batuta del maestro Régulo Rico, y formó parte de la Banda Unión Filarmónica-, poeta, pero fundamentalmente un hombre que se entregó por entero a trabajar por el fortalecimiento de las estructuras culturales de nuestro pueblo, junto con personalidades como Antero Muñoz, Ramón Alfonzo Blanco; Régulo Rico, Ágel María Daló y el padre Istúriz, entre otros. Como docente, tuvo entre sus destacados pupilos a Rómulo Betancourt, Vicente Emilio Sojo  y Ángel María Daló; el primero por voluntad propia.

Nos cuenta Margarita Centeno, hija de Elías, que dos casas más abajo de la residencia de Luis Betancourt y Virginia Bello (padres de Rómulo Betancourt), en la calle Miranda, las hermanas Hernández Suárez dirigían una escuela de primera enseñanza para niñas. En aquel entonces los planteles eran separados para varones y hembras, pero los varoncitos de pocos años solían recibir sus primeras enseñanzas de lectura y escritura en las escuelas para damas. Rómulo era, dada la vecindad, se convirtió en alumno irregular de este plantel, pero las mamaderitas de gallo de sus amigos más grandecitos se le hicieron insoportables y un buen día decidió irse directo a la escuela dirigida por Elías Centeno, ubicada a tres cuadras de su casa, en la esquina donde justamente hoy está el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa, que en la época conformaba una cuadra perteneciente a la familia Nicolai, dueños de la hacienda El Norte. Rómulo se dirigió al aula de Elías Centeno y entablaron el siguiente diálogo:

- “Don Elías, quiero que usted me enseñe”.
- “Pero Rómulo, no tienes la edad suficiente para asistir a este plantel”-
- “Yo no quiero ir más a la otra escuela, quiero ser alumno suyo”.

No hubo manera de convencer a Rómulo de que era muy pequeño para ese nivel; la terquedad, al parecer, le venía de niño al futuro dirigente político, quien jamás volvió a las aulas de las hermanas Hernández Suárez y e inició sus estudios formales de la mano de Elías Centeno..

Vicente Emilio Sojo decía que Elías Centeno era muy exigente con la ortografía, la caligrafía y la oratoria. A pesar de ser casi contemporáneos, el músico fue su alumno. En varias oportunidades contó la siguiente anécdota: - “Escribía en la pizarra con una letra muy pequeña, cuando Elías me dijo: “Esa garrapata de letra yo no la entiendo, me vuelves a escribir en castellano como te enseñé; hay que escribir para que los demás lean, y yo no entiendo lo que dice ahí”. 

Su actividad pública dentro de los acontecimientos sociales, culturales y políticos comenzó cuando a los 19 años fue designado Secretario de la Junta que asumió la reconstrucción del templo derrumbado por el terremoto del año 1900.  Bolivariano, de los de antes, Elías Centeno era casi el Orador de Orden Oficial de los actos públicos protocolares con motivo de las fiestas patrias. Fue designado Presidente de la Junta que celebró el Centenario de la Independencia, el 5 de julio de 1911.

En diciembre de ese mismo año, 1911, es nombrado apoderado del Distrito Zamora, ad honorem,  para resolver la disputa de límites con el Distrito Acevedo, cuyas autoridades sostenían que sus linderos llegaban hasta Reventón, muy cerquita de Araira. Ante las constantes disputas por parte de los concejos municipales de ambos distritos, el Gobierno del Estado Miranda decidió intervenir para solucionar el problema, y nombró al Procurador General para que mediara en la disputa. Elías Centeno, quien había investigado acuciosa y profusamente la  problemática, demostró los verdaderos linderos del Distrito Zamora, con documentos auténticos, con leyes territoriales y con mapas, no con cuentos de los abuelos e interpretaciones ligeras, logrando así solucionar definitivamente esta disputa que restableció los límites de Guatire por el Este, que son los que conocemos actualmente.

Se casó con María Derifa Guía, y tuvo tres hijos: Margarita (la Nena), Teresita y Elías. Derifa, como se le conocía, era pianista y guitarrista, además muy culta. Con motivo de la presencia de estudiantes presos por el régimen gomecista en las Colonias, prácticamente toda la población de Guatire y Araira se identificó con ellos, quizá más por razones humanitarias que políticas, pero lo cierto es que en una oportunidad estuvo a punto de ir a La Rotunda por una falsa acusación de antigomecista. “Él no trabaja por política, el trabaja por su pueblo” le precisó alguien al gobernante, y no fue detenido.

En el año 1930, el general Gómez dispuso que para conmemorar los cien años de la muerte del Libertador, cada pueblo debería contar con una Plaza Bolívar con su estatua alusiva al héroe de la independencia, financiada por el gobierno. Pero para Guatire no habría financiamiento de estatua alguna, “por alzaos”, le dijeron en la Gobernacion del estado Miranda. El cinco de mayo del año anterior un grupo de guatireños, en un alzamiento, habían dado muerte al Jefe Civil, compadre del general, lo que generó la posterior exclusión. Los habitantes de Guatire esta vez sí se alzaron en su totalidad y en un acto de resistencia pacífica, decidieron comprar ellos mismos su estatua. Se nombró una Junta presidida por Ramón Alfonzo Blanco, y conformada además por el presbítero Jacinto Soto, Manuel Hernández Suárez, Elías Centeno (Tesorero), Antero Muñoz, Régulo Rico y Pablo Antero Muñoz. La plaza se bautizó con el nombre de “24 de julio” en acto solemne el 17 de diciembre de 1930; pero dejemos que el propio Elías nos relate la historia:

 “...corría el mes de junio de 1930, se acercaba el 17 de diciembre, fecha del primer centenario de la muerte del Libertador, los principales pueblos de Venezuela, desde el mes de enero de ese año, se preparaban para la gran conmemoración con Bustos y Estatuas ofrecidos por el Gobierno Nacional y por los Estados. Este Distrito pidió un Busto que le fue negado; había cometido un pecado político: el brote revolucionario que tuvo lugar el 5 de mayo del año anterior, con pérdida de varios funcionarios del Gobierno. Pero  el pueblo no se amilanó, había que tributar un homenaje póstumo al Libertador, no con un busto como se había pensado, sino con una Estatua. Se nombró el 24 de Julio, día de su nacimiento, la Junta Directiva... (que acordó la inauguración de la Estatua, el mosaico de la plaza '24 de Julio', sus barandas y la construcción -a futuro- de un hospital que llevaría por nombre 'Santa Marta', ciudad donde murió el prócer)... Con este gesto correspondió Guatire a la negativa que se le hiciera, reconquistando así de manera insólita su derecho a ser un pueblo venezolano. No con fondos nacionales, sino con el dinero del pueblo...” 

Elías político
Fue Jefe Civil desde 1939 hasta junio de 1945, su gestión quedó enmarcada dentro de unos sencillos parámetros que expuso en una alocución pública: juró ser fiel guardián de los intereses comunales y respetar las leyes con igualdad, a su vez que exigió de los guatireños cumplir con su deber de ciudadanos. Sin demagogia, no ofreció prebendas y dejó claramente establecido que en el fiel cumplimiento de las leyes tienen igual responsabilidad gobernantes y ciudadanos. Aprovechó las relaciones que el cargo le confería, para gestionar, junto con otros destacados guatireños, la construcción del prometido hospital, que se inauguró a finales de 1939.
Rómulo Betancourt, perseguido político para la época, algunas veces se escondía en la casa de Chucho Pacheco, a una cuadra de la Jefatura Civil, iglesia de por medio. Cuando esto ocurría las hijas de Pacheco no salían a jugar a la plaza, por temor a deslices infantiles. Elías Centeno se percataba del hecho y mandaba un mensaje con los amigos: “Dile a Chucho Pacheco que le aconseje a Rómulo, que se vaya, que no me comprometa, que me lo están pidiendo y yo sé que él está allí...” y Rómulo no abusaba ni de la hospitalidad de Pacheco ni de la complicidad de Centeno. Al día siguiente las niñas volvían a jugar en la Plaza.

Una tarde, años después, se presentó en su casa un anciano, Elías lo reconoció enseguida, pese al convincente disfraz: “Rómulo, que haces aquí, no sabes el peligro que corres”.  “Ayúdame Elías, me andan buscando.”  “Me pones en un aprieto Rómulo, entre el deber de funcionario y el de amigo”... Privó la amistad, y Elías Centeno ayudo a escapar al fugitivo político. Años después Rómulo se acordó del gesto. Cuando derrocaron a Isaías Medina Angarita, las nuevas autoridades adecas dispusieron la detención de Elías Centeno, Ángel María Daló y Manuel María Yánez. No hubo maltratos físicos, sólo estuvieron detenidos. “No tomes agua de la que te ofrezcan allá”, le recomendaba una preocupada Derifa. Cuando al ahora presidente Rómulo Betancourt le llegó la noticia, se enfureció y ordenó la inmediata libertad de los detenidos. Al salir en libertad, todos se fueron inmediatamente a sus casas, pero en el hogar de los Centeno-Guía hubo un poco de angustia porque el jefe de familia no llegaba a casa... se detuvo a saludar a todos los vecinos que le manifestaban su solidaridad.

En los años 40 y 50 no ser adeco era casi una afrenta, además de un error político. Elías Centeno, entre otros pocos destacados personajes, no lo era, y se lo cobraron en 1958 con un sórdido, inmoral y  anónimo panfleto que trató de enlodar su figura junto con ciudadanos como Julio Omaña, Ángel María Daló y Andrés Pacheco Anderson, entre otros. Pocos años más tarde, en uno de esos días en los cuales Betancourt dejaba a un lado la majestad presidencial para visitar a sus viejos amigos guatireños, Rómulo le dijo: “¡Como te aprecio Elías! Casi como si fueras mi padre, lástima que no seas adeco, con esa cabeza que tienes”. Y Elías le respondió: “No soy adeco, Rómulo, sólo soy del pueblo y me preocupo por él”. Fue, si se quiere, una especie de desagravio político.

Este hijo adoptivo de la patria chica, tras décadas de actividad por su pueblo, dejó un vacío al morir, el 10 de abril de 1962.

Ángel María Daló

Paradigma Zamorano


Aníbal Palacios B.


Cualquier comunidad requiere de figuras ejemplares que marquen pautas de conducta social, de convivencia, solidaridad, humildad y por sobre todo de dignidad. Ángel María Daló representa en tal sentido una de los más prominentes ciudadanos nacido en estas tierras, y de ello da fe su comportamiento lineal como padre de familia, funcionario público,  profesional, y ciudadano que puso todo su intelecto a disposición del municipio que le vio nacer y crecer, sin pedir retribución alguna que no fuera más allá de la simple gratitud que todos los zamoranos le debemos.

Hace 108 años, un 19 de abril de 1903,  Araira servía de cuna para que Ángel María Daló diera una alegría inmediata a Olivo Daló y Rosa Dalponte, sus padres, y futura a todos los habitantes de esa población en particular y de todo el municipio Zamora, en general. Nació en una fecha significativa de nuestra república, y de allí pudo llegarle el gusto no sólo por conocer la historia en sí, sino fundamentalmente de difundirla, concentrando sus esfuerzos en el rescate del acontecer histórico y de la cotidianidad de Guatire y Araira.

De sus padres, inmigrantes italianos, heredó la dedicación al trabajo y la sencillez espiritual; porque más allá de los distintos méritos y grandes virtudes, en Ángel María Daló resaltaba su humildad, una característica que le granjeó el aprecio, la confianza, el respeto y la admiración de todos los vecinos de esta región mirandina. Se casó con Dominga Sandón, de cuya unión nacieron Rosa, Elena, Raquel y Judith, pero no fueron pocos los araireños y guatireños que se cobijaron bajo su recia y cordial figura para recibir consejos y orientaciones de diversa índole.

Fue un padre cariñoso -nos comenta Elena, su hija-, preguntaba, dialogaba y daba consejos; no ofrecía castigos pero tampoco premiaba actos como el de obtener buenas notas, porque el estudio era un deber de todo joven. Su sola presencia infundía respeto, y nosotros agregaríamos que no sólo a sus hijas, sino a todos quienes le conocieron.

Fue un hombre asiduo al trabajo, tenaz, constante, sudó con la faena dura de los tablones de caña y luego ejerció tareas administrativas en las mismas haciendas. A comienzos del siglo XX, ser autodidacta era una característica propia de cualquier persona a quien no le satisfacía limitarse a la enseñanza básica de leer, escribir y conocer las operaciones aritméticas. Ángel María Daló rápidamente entendió la necesidad de adquirir conocimientos para acceder a una profesión y estudió contabilidad, lo cual le permitió laborar en el campo público y privado con la misma dedicación, rigurosidad y honestidad con la que asumía todos sus compromisos; pero el asunto no era solamente labrarse una profesión, quería serle útil a estas poblaciones donde residía; la lectura, la investigación documental y la tertulia con los lugareños, le fueron proporcionando una sólida información que recopilaba metódicamente, para luego reflejar a las futuras generaciones la rutina de los habitantes de este municipio desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, porque la real historia de los pueblos no se observa en los hechos épicos, sino en la cotidianidad de su manera de vivir.

Entre sus amigos podemos mencionar a Elías Centeno, Pablo Antero Muñoz, Guido Acuña, César Gil, Cruz Hernández, Humberto Pittol, Gilberto Useche, Rafael Borges y Jesús María Sánchez, para destacar algunos porque, y esto lo relatan quienes le conocieron, Ángel María Daló era amigo de toda la comunidad, de la cual en cierta manera llegó a ser su confesor.

Como Administrador de Rentas Municipales se relacionó con todos los habitantes de Guatire y Araira, quienes acudían a él no sólo en busca de una solución a inconvenientes con el pago de impuestos, sino a solicitarle orientación para dificultades de cualquier tipo. Su pulcra gestión administrativa hoy la añoramos quienes habitamos en este municipio. Ángel María Daló supo conjugar sus obligaciones de funcionario público con su humanitario carácter, y en más de una oportunidad hubo de sufragar de su propio peculio servicios públicos -como el agua, por ejemplo-, porque una humilde señora le solicitaba que no le cortasen el servicio.

¿De dónde nace su interés por la historia local?

Ángel María Daló era buen conversador, pero fundamentalmente sabía escuchar; y tal virtud le permitió conocer cuentos e historias, muchas veces de sus propios protagonistas. Le gustaba hilvanar la información que obtenía a través de tantas personas, y contrastaba lo que le decían sus interlocutores con la versión que recogida en otras fuentes; así fue consolidando realidades que no figuraban en los registros oficiales y eclesiásticos. El éxito de sus crónicas radica en el hecho de haber sido un investigador acucioso, metódico y minucioso; no dejaba nada al azar, su credibilidad infundía confianza en todos quienes le conocían.

En una época en la cual no abundaban las opciones de entretenimientos, Ángel María Daló se apasionó por conocer la historia local, y se convirtió en una especie de enciclopedia viviente, fuente de investigación para todo aquel que necesitara enterarse no sólo de los acontecimientos ocurridos en el municipio Zamora de antaño, sino además su cultura, costumbres, actividades políticas, sociales y económicas; su casa pasó a ser algo así como una biblioteca pública abierta a propios y extraños, un aula de enseñanza de la historia regional, porque en él no hubo, jamás, signo alguno de mezquindad, y todo cuanto investigó lo compartió, aún sin haberlo publicado.

Optó por la crónica como recurso literario para dar a conocer cuanto supo, recopiló, oyó, investigó y observó; de esa manera llegó a conformar la base de datos más importante y significativa de Guatire y Araira, la cual dejó como legado a las generaciones futuras. Sus escritos, regados cual semillas en distintos medios escritos, han crecido, florecido y dado sus frutos. Fue Cronista de hecho y por derecho propio, el que le confería su amor por el terruño que le vio nacer y crecer. Oficialmente fue designado como tal, es decir, Cronista Oficial de la Ciudad, el 20 de abril de 1982, cuando se le declara Hijo Ilustre de este municipio, título éste que rinde justicia a quien sin lugar a dudas tuvo una vida meritoria dedicada a sentar las bases de la regionalidad.

Murió un 31 de octubre de 1990, a los 87 años de edad; y su herencia no la dejó a su familia sino a su comunidad, porque .Ángel María Daló no se dedicó a acumular riquezas sino conocimientos, y gracias a su dedicación, hoy conocemos más y mejor  a estas dos comunidades, Guatire y Araira.

domingo, 24 de abril de 2011

Colegio Santa María Goretti

Colegio Santa María Goretti
Patrimonio Institucional de Guatire

Aníbal Palacios B.

Para medir la importancia y trascendencia de lo que ha sido la labor educativa de en esta región de las Misioneras del Divino Maestro, cariñosamente conocidas simplemente como las monjas del Goretti, es necesario remontarse al Guatire semirural del año 1952, cuando llegaron a estos valles.

Nos atreveríamos a afirmar que la fundación del colegio Santa María Goretti tuvo más visión de futuro que de aquel lejano presente. Con una pequeña población en edad de asistir a la escuela primaria, el recién creado grupo escolar Elías Calixto Pompa cubría satisfactoriamente las necesidades pedagógicas de Guatire en aquel entonces, toda vez que concentró en su seno a las escuelas existentes; de hecho, el Elías Calixto Pompa fue la primera escuela que albergó a niños y niñas en un mismo salón de clases; anteriormente los varones estudiaban en el colegio Narvarte frente a la actual plaza 24 de Julio, mientras que las pequeñas damas asistían al Padre Puerto, ubicado un poco más arriba de la hoy Biblioteca Don Luis y Misia Virginia.

Posiblemente haya causado extrañeza que se fundara otra escuela exclusivamente para niñas, pero el padre Augusto Laboren, párroco local, consideró que la educación religiosa, como complemento de la formación laica, solamente podía garantizarse a través de un colegio dirigido por monjas, y nadie mejor que las Misioneras del Divino Maestro para esa tarea. Es así como el 4 de septiembre de 1952, en un local ubicado en la calle Miranda cercano a la capilla del Nazareno, que luego ocuparía el Liceo Ramón Alfonzo Blanco, las Hermanas de la Congregación, Soledad Rodríguez, Pipo y María López, fundan oficialmente esta escuela, según nos cuenta el doctor Gilberto Useche. El primer director fue el padre Laboren, y lo sustituyó el doctor Useche, quien  señala que esto ocurrió porque las monjas, de origen español, debían realizar una equivalencia de sus estudios para poder dirigir el plantel. Es a partir de 1954 cuando se cumplen con los requisitos exigidos por el Ministerio de Educación, y la hermana María Elena de Jesús asume el cargo de directora.

No le tomó mucho tiempo al Goretti ganarse la voluntad, el cariño y el respeto de los guatireños, y pronto las familias de Araira y Guarenas optaron por inscribir allí a sus hijas. El colegio se mudó a un local ubicado frente a la iglesia, y años más tarde se trasladaron al local que ocupaba el club social El Campestre, que modificado, remodelado y ampliado, hoy conocemos.

La nostalgia nos lleva a finales de los años sesenta y principio de los setenta cuando la congregación rompe algunos esquemas y abre sus espacios a los adolescentes guatireños a través de un club juvenil, bajo la conducción de la hermana Teresita Puertas, que orientó, y formó como líderes a no pocos muchachos y muchachas en una época en la cual no abundaban los lugares de esparcimiento y recreación. Lo que hoy conocemos como Movimiento Carismático Católico de alguna manera tuvo sus raíces, por lo menos en Guatire, para ese entonces y de la mano de esta simpática monja.

Transcurrieron 35 años para que el "Goretti" se convirtiera en escuela mixta; la congregación decidió llevar paso a paso este proceso, y en el año 1987 ingresaron por primera vez los varoncitos, desde el último nivel de preescolar.

viernes, 22 de abril de 2011

Una ballena en Guatire

La ballena del Liceo Ramón Alfonzo Blanco

Aníbal Palacios B.

                                                                                                          Tere Tere Nº 25, Octubre 2002
Durante muchos años, el esqueleto de la ballena que adornaba de manera imponente el patio interior de este liceo ubicado en la calle Miranda, fue el símbolo más representativo de Guatire.

Tuvo la doble virtud de atraer la mirada y la admiración de propios y extraños, porque no sólo fueron los visitantes foráneos quienes se vieron cautivados por su figura sino que también los lugareños se paseaban por el recinto estudiantil para apreciar lo que fuera un animal lleno de misterios marinos.

Eso sí, sólo los visitantes especialistas en la materia se ocuparon de saber la manera cómo había llegado esa ballena hasta Guatire porque, definitivamente, nadando no fue. Transcurridos 50 años desde entonces, esos recuerdos pasaron al olvido y allí hubiesen permanecido de no ser por el concurso de tres personas, para el caso concreto de este relato.  

El profesor Narciso Simón Rodríguez Guevara, quien en su condición de Subdirector y Secretario del liceo, escribió una minuciosa crónica donde resta importancia al esfuerzo individual de recuperar los restos de una ballena muerta hallada en los Totumos, y realza el trabajo colectivo de un grupo de personas que hicieron posible la tarea que más adelante se describe.

Fredis Guaramato, tiene el doble mérito de haber participado en las faenas de recuperación del esqueleto de la ballena y, quizás más importante aún, rescatado de algún olvidado archivo la crónica del profesor Rodríguez que aquí publicamos textualmente.

Emma Pinto (La Negra), fue la inspiración para que el cronista se interesa en la búsqueda de la información que nos llevó a Fredis y al profesor Rodríguez: rescató de una papelera de la Alcaldía de Zamora unas fotografías de la ballena que son fiel testimonio del relato. Un recién ungido funcionario municipal no entendió la importancia que para la revolución tendría un poco de huesos  fotografiados, ni se ocupó de preguntar, y los archivó en la papelera más cercana. El destino quiso que La Negra se encontrase en el lugar, y no dudó en recoger el preciado tesoro de la historia aldeana, y los conservase para toda la comunidad zamorana.

Primer esqueleto de ballena armado en Sudamérica


“El 25 de julio de 1961 nuestro amigo el pescador Juan Ramírez, por intermedio del señor Félix Germán Flores, nos avisó que en Los Totumos (cerca de Cabo Codera) había encontrado una ballena muerta encallada cerca de la playa.

El 1° de agosto muy temprano el director del liceo, Br. Manuel Ángel González S., los estudiantes José Antonio García, Cruz Eudoro Hernández, Rogelio Delgado, nuestros amigos Jorge León, Elpidio Porras, Félix Germán Flores y yo nos trasladamos a Carenero, luego en el bote de Juan fuimos a Los Totumos. La ballena estaba en descomposición, pero esto no fue obstáculo para extraer los maxilares inferiores de tres metros cada uno y la cola.

El día 6 regresamos de nuevo y procedimos a la separación del cráneo y a extraer los músculos que cubrían los costados y el tórax. Fueron desarticuladas las costillas del lado derecho y el resto de la región caudal.

Desde el 7 al 12 de agosto nos quedamos trabajando diariamente hasta el atardecer Rogelio Delgado, Elpidio Porras y yo. Para ese día ya se había extraído los órganos del tórax y del abdomen; sólo faltaba por desmembrar quince vértebras de la columna.

La tarea más incómoda y forzada fue traer el cráneo desde el lugar donde se descuartizó la ballena hasta los Totumos y de allí a Carenero, pero nuestro amigo Felipe Ordaz nos facilitó el jeep, el remolcador y él lo condujo por el tortuoso camino que fue carretera en un tiempo. Durante estos trece días Juan Ramírez en su bote cruzó la Ensenada de Carenero cuarenta y seis veces sin interés económico para transportar costillas y vértebras. La osamenta fue trasladada hasta Guatire en un transporte cedido por el señor Pedro Delgado y conducido desinteresadamente por el señor Francisco Ruiz.

El proceso de maceración y limpieza, y la estructuración del esqueleto y de la base metálica, duró ocho meses y medio. La base de hierro fue construida en el taller del Instituto. Participaron en esta labor los estudiantes José Antonio García, Pedro Luis Lugo, Carlos Guaramato, Hugo Hernández, Miguel Pérez Camacho, Francisco Antonio Martínez, Fredis Guaramato, Héctor Ramón Milano, Rogelio Delgado, Humberto Robledo Montalbán, y yo. Casi se me olvida el estudiante Carlos Jugo A. El señor Héctor Álvarez Rodríguez soldó toda la estructura de hierro desinteresadamente, con la buena colaboración de otro amigo nuestro, el señor Pedro Pérez González.

La preparación y montaje del esqueleto de 12, 46 metros de longitud se efectuó bajo la dirección y planificación del profesor de Ciencias Biológicas del Instituto, Br. Manuel Ángel González S. La labor ha sido dura, pero se ha trabajado intensamente en vacaciones y días de asueto porque ha sobrado buena voluntad.

El Instituto agradece a  todos su espontánea y eficaz ayuda.

El esqueleto de esta ballena junto con otros treinta esqueletos de vértebras y 2.140 muestras de Ciencias Biológicas preparadas en nuestro liceo, están en exposición durante las horas de labor y los domingos en la mañana.

Guatire, 30 de septiembre de 1962

Narciso S. Rodríguez Guevara
Subdirector-Secretario

El CEA

La trascendencia del CEA

Aníbal Palacios B.



En 1959, mientras Venezuela paría una democracia, en Guatire, con mayor modestia, se daba a luz el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco. El primer parto fue con “fórceps”, e intervinieron muchas manos en el alumbramiento; manos que luego quisieron moldear la criatura a sus propios intereses y sólo lograron desviarla, apenas salir de la adolescencia, por caminos ingratos hasta colapsar, y con ella, el país. Por el contrario el nacimiento del CEA fue natural, armonioso, con el afecto de padres y madres, padrinos y madrinas, vecinos bienintencionados y parturientas dedicadas; aquí sobró ternura y calor, cual humilde pesebre; no es de extrañar entonces que el fruto así concebido haya crecido con pasos firmes y vigorosos para transitar por la correcta vereda, que aunque llena de obstáculos -algunos puestos adrede-, jamás interrumpieron su sostenido y sano crecimiento.

Por aquella época, mientras Pedro Muñoz, Pepe, se dedicaba a instruir a los niños guatireños sobre la ejecución musical, Francisco Mujica enseñaba canto a los alumnos del Grupo Escolar Elías Calixto Pompa. Un buen día coincidieron en una de tantas tertulias culturales y Mujica expresó a Muñoz su preocupación porque el esfuerzo se perdía al egresar los niños del plantel. Poco después Francisco Mujica, por terquedad o perseverancia, formó un grupo coral con alumnos del liceo Ramón Alfonzo Blanco; Pepe, por su parte, mudaba su escuelita de música (llamada Enrique León -maestro de maestros-) de la calle Zamora a la calle Cardonal.

Francisco Mujica y Pedro Muñoz siempre conversaban sobre sus sueños y limitaciones en el ámbito musical, a Mujica le preocupaba la rotación de los componentes del coro, hasta que surge la idea de separarlo de la institución escolar y darle vida propia. El problema inmediato era alquilar un local, y de los menguados bolsillos de sus propios integrantes salieron los recursos necesarios para tal fin. Había que ponerle un nombre al grupo y surgieron muchos, pero uno se hacía evidente, sólo que implicaba una gran responsabilidad: llevar el nombre de Régulo Rico sin duda representaba un honor, pero también la misión de mantener en alto el nombre de un músico reconocido y apreciado como pocos. La familia dio el visto bueno correspondiente, y de los predios de la calle Rondón comenzaron a salir notas musicales que armonizaban perfectamente con la placidez nocturna del lugar, para que con el tiempo fuera conocido, y valorado por su excelente calidad vocal, en distintas ciudades del país.

Pero había voluntades, iniciativas, e ideas que no se podían canalizar a través del orfeón Regulo Rico. Surge entonces la necesidad de ampliar el espectro cultural y se crea el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco. La escuela de música Enrique León que dirigía Pedro Muñoz se integra al CEA, y todavía hoy continúa formando a los futuros músicos de la comunidad.

Emilio Bello un buen día asiste a un concierto del Orfeón y le agrada tanto la interpretación de Valles de Santa Cruz, que le pide al maestro Muñoz la partitura para ejecutar el vals en la Estudiantina Universitaria, de la cual formaba parte: no conforme con esto, este insigne guarenero pronto solicita crear una estudiantina en el CEA y él mismo se encarga de constituirla, instruirla y dirigirla: la Estudiantina Teófilo León, es uno de los baluartes de la institución y sin duda, en ella perdura la excelencia que le imprimió en sus inicios el maestro Emilio Bello Ricardo.

Poco a poco el árbol comienza a dar buenos frutos, y Víctor Regalado funda el Grupo de Danzas, que hoy bajo su nombre dirige Norelys Bustamante; se vislumbra luego la necesidad de formar una generación musical de relevo de las voces del Orfeón y surge la Coral Infantil Pedro Muñoz.

El horizonte se amplía

A finales de los años sesenta, la tradición del San Pedro comienza a menguar y a punto de extinguirse recibe el aliento del CEA, que lo rescata y dimensiona; Pedro Aristiguieta Flores, Francisco Mujica, Pedro Muñoz y todo un grupo de entusiastas muchachos se van al 23 de Enero a oxigenar esta manifestación cultural autóctona de los valles de Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, y logran su cometido. Hoy, tanto la parranda del CEA como la del 23 de Enero, se nutren de las nuevas generaciones para garantizar la permanencia de la tradición.

El CEA en Guatire es sinónimo de cultura

Paralelamente a sus propias actividades, el CEA organiza eventos para deleite de la comunidad zamorana. Así, figuras como Antonio Lauro, Alirio Díaz, Antonio Estévez, Carlos Almenar Otero, María Auristela Guánchez, Jesús Rosas Marcano, la Orquesta Sinfónica de Venezuela, la Orquesta Filarmónica Nacional, la Orquesta Típica Nacional, Ensamble Caribe, Ensamble Cachamay, Cantoría Juvenil de la Schola Cantorum, las corales de la CANTV y el Banco Mercantil, Germán Moreno, Germán Vergara, Numa Añanguren, Tomislav Juric, Régulo Pérez, entre otros, han puesto a nuestra disposición sus cualidades artísticas.

Incubadora cultural

El CEA ha sido cuna de distintas agrupaciones que como el Trío Rafael Borges (Carlos Jugo, Néstor y Eudis Blanco); Becuadro (Berto León, Pedro Muñoz, Douglas Graterol, Ingrid León, Marcelina Muñoz, Xiomara Pacheco); Dúo Paigua (Alexander Livinalli y Frank Blanco); Conjunto Criollo (Vicente Utrera y José Manuel Livinalli), han llenado un importante espacio en su momento. También agrupaciones como la Samba Santa Cruz y el Grupo Un, Dos, Tres y Fuera, tuvieron como sala de ensayos las instalaciones del centro. Más recientemente, el CEA ha sido factor fundamental en la constitución de la Academia de la Historia del Municipio Zamora, organización llamada a convertirse en portal de la idiosincrasia de las comunidades de Guatire y Araira. Y como un detalle que faltaba, el entusiasmo de Dunia Pacheco y Hugo Hernández permitió la formación de la Orquesta Típica de estos valles de la Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, con la prestancia de jóvenes músicos formados en estos predios.

¿Cómo lo han hecho?
“Con pendejos, ni a misa” reza un viejo refrán. Francisco Mujica supo rodearse de un grupo de sencillas pero valiosas figuras que tal vez inspirados en aquellas palabras del poeta Andrés Eloy Blanco: “Lo que hay que ser es mejor, y no decir que se es bueno...” le dieron forma y vida a la institución; así personas como Antonio Machado, Juan de Jesús Ibarra, Agustín Oropeza, Víctor Regalado, Delfín García, Jesús María Sánchez, Rafael Borges, Jacinto Reverón, Daniel Romero, Juan José Pacheco, Alberto Sequín Vera, Santiago Díaz, además de los mencionados Pedro Muñoz y Emilio Bello, ampliaron la dimensión del proyecto.

El aporte femenino, sin lugar a dudas de primerísima importancia, llegó de la mano de Duilia Rico, Ana Mujica, María Cristina Mujica, Tirsa Pinto, Enma Pinto, Luisa de Ascanio, Ada Olivier, Nicolasa Regalado, Mercedes Rondón, hasta llegar a decididas damas como Leyda Leroux y Marjorie Muñoz Pinto, quienes han asumido el reto de dirigir la institución. Todas estas personas, y tantas otras que mi memoria no alcanza a recordar, se constituyeron en un sólido equipo que convirtió sueños en realidades, y logró conducir a la institución por la senda del éxito.  El Guatire de aquel 1959 apenas albergaba una población urbana de unas 4 mil almas; el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco logró congregar alrededor de 60 personas para dar inicio a sus actividades. Parecieran pocas, pero si observamos con detenimiento, equivalía algo así como al 1% de esa población; es decir, además de calidad, había cantidad. ¿Se imagina usted que en esta época se constituya una organización que de entrada cuente con el entusiasta y activo apoyo de 1.200 personas?

Ese es el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco, aquella institución que un grupo de jóvenes conformaron bajo la tutela de Francisco Mujica Toro, y que ha logrado trascender en el tiempo hasta convertirse en un Patrimonio Cultural del Municipio Zamora.

Notas al margen

“Y es tan profunda esa identificación, que el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco escapa, en sus momentos de mayor grandeza, de las manos de sus creadores para irse a posar en el corazón de todos los guatireños y formar parte de su patrimonio espiritual”. (Alberto Sequín Vera)

“La obra del CEA no es producto de la fantasía, es el resultado del empeño de una legión de jóvenes en edificar un templo de luces y de saber”. (Jesús María Sánchez)

“Guatire está orgulloso del Centro de Educación Artística “Andrés Eloy Blanco”. La región tiene en él una esperanza cierta. Venezuela se complace porque el CEA forma gente para una Patria superada y culta”. (Juan José Pacheco)

“Las instituciones fundadas sin afán de lucro, son cual delicadas plantas de maravilloso verdor cuando se les cuida con cariño. El CEA es como esa planta cada vez más fresca y vigorosa”. (Ciro Alcalá)



jueves, 21 de abril de 2011

Rios de Guatire y Araira

Los ríos del Municipio Zamora

Aníbal Palacios B.


 

La palabra “rivalidad” proviene del latín “rivalis”, y esta de “rivus” (riachuelo, arroyo); es que antes los ríos eran tan importantes para las comunidades, que se solían generar disputas sobre su propiedad, acceso y uso. Cualquier quebrada o riachuelo era defendida y  protegida con afán, porque representaba la vida. Con el tiempo, los ríos fueron descuidados, y el hombre buscó otras excusas para pelearse con el prójimo.




Cuando empezamos a perder ríos
En el municipio Zamora, durante las primeras seis décadas del recién finalizado siglo XX, las autoridades políticas que rigieron el destino de la comunidad siempre se preocuparon por las ríos que bañaban nuestros valles, y cuando intervinieron en ellos fue con el fin de aprovechar parte de su caudal para acercar el agua a la población urbana. Vino luego el triste período que abarca desde los años setenta hasta el presente, donde una inmensa mayoría de los Concejales y la totalidad de los Alcaldes, se han comportado de manera negligente con el municipio en general y con sus ríos en particular, que desde entonces han sostenido una desigual lucha contra los políticos indolentes, los depredadores forestales, funcionarios indecentes, explotadores comerciales, invasores profesionales, usuarios inescrupulosos que confunden ríos con autolavados, ciudadanos indiferentes y organizaciones civiles impotentes.

A las autoridades municipales de 1936 les corresponde el honor de haber construido un dique en la Hacienda el Norte para llevar agua a la población, sin destruir el río, con menos recursos económicos, menos tecnología y sin legislación ambiental. Los gobernantes del Municipio de mediados de los años setenta llevarán en sus conciencias haber destruido el río Pacairigua, al cerrar el caudal del río Norte para llevar agua a la población de Guarenas; les pareció más fácil esa solución. Por ello pretendemos hoy reseñar una especie de inventario del potencial hidrológico del Municipio Zamora, con el fin de exhortar a la comunidad a enrolarse en una campaña de rescate de todas los ríos y quebradas que riegan los valles de Guatire y Araira, que permita legar a las generaciones futuras los que en buen estado recibimos de la generación que nos precedió.

Las lágrimas eternas del Ávila
Al extremo Oeste de la población, en el sector conocido como Zumurito, aunque no tan cerca del pico del mismo nombre, nace el río Santo Cristo, conocido como río Zamurito por efectos de la suplantación toponímica que el nombre de la antigua hacienda cafetera usurpó por cortesía de los pobladores urbanos. El río Santo Cristo discurre por las laderas y al llegar a la falda de la montaña recibe las aguas del río Perque, proveniente de predios guareneros y de esa confluencia nace el río Guatire, que por obra y gracia de la comodidad lingüística popular y la  negligencia e ignorancia de las autoridades municipales en materia toponímica,   se le conoce como El Ingenio, ante la majestuosidad de la antigua hacienda homónima donde se cultivaba caña de azúcar y naranjas. No obstante, insistimos, su denominación autóctona, oficial e histórica es río Guatire, nombre emblemático de la otrora apacible aldea Santa Cruz del Valle de Pacairigua y Guatire, cuyo apelativo defendemos por tratarse de la toponimia en la cual se fundamenta los orígenes de la población. El río Guatire riega uno de los dos valles que sirven de escolta a la colina donde se erigió el pueblo, tiene aproximadamente 8,5 kilómetros de longitud y al llegar al sector Las Barrancas se orienta hacia el Este en busca del río Pacairigua, al cual se une cerca de la entrada de Sojo.

Un poco más al centro del territorio zamorano nace el río Norte, cuya cabecera está justamente en la hacienda cafetalera del mismo nombre, a una altura de 1400 metros, cerca del pico Pinturel, su recorrido es de poco más 10 km. Una hermosa cascada, playa y balneario conocida como La Llovizna, que deleitó a varias generaciones de guatireños, era el regalo de despedida de este río, antes de unirse al río Aguasales, para dar vida al río Pacairigua. La falta de imaginación, la desidia, la incompetencia, la mediocridad, la negligencia o quién sabe qué intereses, llevaron a que las autoridades de entonces prefirieran arruinar un río que construir un dique, destruyendo a su vez un hermoso paraje recreacional cuyo diseño costó a la naturaleza sus buenos siglos para obsequiárselo a esta comunidad.

Si continuamos hacia el Este, nos encontramos con el río Aguasales, a veces llamado La Siria y definitivamente mal llamado La Churca, que no es más que un atractivo pozo: Nace entre las filas de Aguasales y las Perdices, entre 1600 y 1800 metros de altura y su longitud es de 9 km aproximadamente; al igual que el río Norte en su final, obsequia el Aguasales a la muchachada guatireña un hermoso y emblemático pozo para que luzcan sus dotes clavadistas, aunque con bastante riesgo físico. Lo cierto es que a pocos metros de La Churca, los ríos Norte y Aguasales llegaron a unir sus corrientes para formar otro de los íconos toponímicos representativos de nuestra ciudad: el río Pacairigua, a veces llamado Santa Cruz por la terca comodidad pueblerina de asociar el nombre del río a sus haciendas de caña.  Su longitud es de 12 km y cerca de la entrada de Sojo, los ríos Guatire y Pacairigua se unen, y se impone el nombre de este último hasta su confluencia, en El Calao, con el río Grande,  que a muchos kilómetros de allí recibirá también las aguas de los ríos Araira, Chuspita y Morocopo para adentrarse en territorios del municipio Acevedo.

Los cristales andantes de Araira
Ya en la acogedora Araira, tenemos el río homónimo que nace en las estribaciones montañosas que conforman los topos El Oso y Cogollal (o Majagual, como también le llaman) a una altura que varía entre los 1600 y 1800 metros sobre el nivel del mar; su longitud es de 18 km. aproximadamente desde su vertiente principal en el topo El Oso hasta su desembocadura en río Grande.

Si dejamos atrás las otrora Colonias y nos adentramos un poco en busca del famoso lar de las mandarinas, nos encontramos primero con el río Chuspita, que nace en las vertientes Este y Sur del topo Majagual, a unos 1400 metros sobre el nivel del mar, y drena entre las Pavas, topo Redondo y topo El Camejo, con un recorrido aproximado de 25 kilómetros, lo cual lo convierte en el de mayor longitud de los ríos de nuestro municipio; desemboca también en el río Grande, que recoge todas las aguas guatireñas con excepción del río Salmerón.

El río Salmerón nace en los sectores conocidos como Brazo Grande y Brazo Chiquito, montaña adentro, entre topo Redondo y la Fila del Viento,  aproximadamente a 1.000 metros de altura, se nutre con Quebrada Honda y se dirige a la Fila de las Perdices en un recorrido aproximado de 12 km., y confluye en la quebrada de El Bagre, en el sector las Tapas, a partir de  ese lugar pasa llamarse río Capaya, que nace en territorio zamorano y luego se dirige a regar los valles del municipio Acevedo, donde decae topográfica y ambientalmente.

Las montañas de Santa Rosalía y El Amarillo, a una altura relativamente baja de entre 400 y 600 metros, dan vida al río Cupo, que se nutre de las quebradas de María, los Saltrones y El Amarillo, y con una longitud aproximada de 13,5 km., drena también hacia el río Grande.

El Río Grande y su carga de angustia

Por la parte Sur es poca el agua que riega tierras guatireñas, pero allí tenemos al río Morocopo, con una longitud aproximada de 6,5 km. que nace entre las filas de Morocopo y Tierra Negra, al sudeste de Cupo y desemboca en río Grande, en  el sector Los Jobos del Municipio Acevedo. Es precisamente ese río Grande que tantas veces hemos mencionado, el mayor colector de las aguas zamoranas, y el único que no mana de nuestras montañas. Recorre una distancia aproximada de 18 kilómetros. Se trata del mismo río Guarenas que cambia el nombre al entrar en tierras zamoranas y al nutrirse de las aguas de estos valles. Se extiende por todo el flanco sur del municipio y su cauce natural fue modificado en parte por la construcción de la autopista de Oriente. Tiene el dudoso honor de recibir también las aguas servidas de Guarenas y Guatire, efectos estos que llegan al río sin ningún tipo de tratamiento, en franca violación del Decreto N° 883  del 11/10/95, que establece las Normas para la Clasificación y Control de Calidad de los cuerpos de Agua y vertidos o efluentes líquidos, publicado en la Gaceta Oficial Nº 5021, Extraordinaria, del 18 de diciembre de 1995.

Las Quebradas, chicas pero cumplidoras
En cuanto a las quebradas, la conocida con el poco elegante nombre de Cañaote del Barrio, otrora tuvo una denominación más ostentosa: los indios la llamaban Taparaquao, o quebradas de las taparas, y por su cauce fluía agua clara de manera constante. También se le llegó a conocer como quebrada de El Palmar, hasta que decayó su grandeza y con ella la sonoridad de su nombre.

Otra quebrada  que vio pasar mejores tiempos fue la de Care, o Cara, cuyas aguas también fluían de manera permanente. Por los lados de la Urbanización  La Rosa (donde nunca hubo flores sino gamelote que los vecinos acudían a rozar, en busca de alimentos para los animales domésticos, por lo que la llamaron simplemente “la roza”), tenemos a la porfiada quebrada Muñoz, que en su terco discurrir se negó a morir ante la acción urbanística y reapareció a poca distancia con otro nombre, laguna La Rosa, para ver si la dejaban quieta.

Por los lados de El Rodeo, en un sector hoy llamado Altamira, muy cerca del botadero de basura, también corre una quebrada que en algún momento llegó a servir de mucha utilidad a los agricultores de la región, hasta que vino el progreso y le interpuso un basurero. En su mejor época llegó a conocerse como la quebrada de Ceniza, cuando sus aguas regaron este pequeño valle ubicado en la entrada de Araira. Por su parte, el cauce de la quebrada de Canela sólo corría agua durante el invierno tropical.

Intención y anhelo imperecedero
Nuestra pretensión no es otra que la de insistir en la necesidad de establecer un programa de rescate de nuestros ríos, que permita, a la vuelta de quince años, verlos fluir nuevamente con la majestuosidad de antaño. Las leyes otorgan facultades a la comunidad organizada para tratar este problema que es demasiado delicado e importante como para dejarlo en las manos de los dirigentes políticos, que por lo demás han demostrado ser incompetentes para solucionarlo.